Reseña: Mady
Samper (2025), Mi Gabriela,
Impresión: Editorial Gente Nueva, 346 págs.
La autora de este libro se pone en la piel y memoria de Magdalena, la
hija de Gabriela Samper, una de nuestras documentalistas más representativas
que surcó el panorama cultural colombiano de mediados del siglo XX, hasta la
década de los setentas como amiga, cineasta, fotógrafa, gestora, publicista,
entre otras especialidades de su entorno. Descubrimos en esta narración, creada
en clave biográfica e histórica, su relevancia en el movimiento intelectual con
arraigo al panorama latinoamericano desde sus vicisitudes políticas, donde ella
-en momentos coyunturales del denominado Frente
Nacional- se ve inmiscuida como parte y contraparte hasta el punto de ser arrestada
junto a otros cineastas en una estrategia de seguridad vinculante al orden
internacional norteamericano.
En la contraportada encontramos una nota de intención del biógrafo e historiador
Enrique Santos Molano (1942-2024), afirmando que en este libro es imposible
distinguir la realidad de la ficción, con personajes reales y sitios que fueron
habitados, sentenciando: “Todo en esta novela es el trasunto de la magia que
impregna la vida de ciertas personas desde su nacimiento y las hace especiales,
tanto en la felicidad como en la infelicidad”. Para descubrirlo, debemos entrar
en la lectura de treinta y siete desiguales capítulos que cruzan las vidas de
Gabriela y Mady al lado mujeres, hombres y niños que se cruzan en un
caleidoscopio de emociones ante los acontecimientos que no se ven venir, pero
ocurren en una amplísima geografía que pasa por Bogotá, Cajamarca (Tolima), New
york, México, Cuba, etc.
Mady Samper logra cohesionar su vida privada con el acontecer que le
toca sobrevivir –por ejemplo, en apartado titulado “el abandono”-, poniendo acento
sobre diversas situaciones del acontecer nacional e internacional. Así, la autora deja entrever que su diario de anotaciones
es un insumo significativo para tejer la narración que encontramos, y como es cuestión
de recuerdos, ya sabemos que la memoria puede jugar a favor o en contra de
algunas situaciones que se quieren contar, en este caso, el paso del tiempo
posibilita “el riesgo” de poner a la opinión publica dos vidas cruzadas en medio
de tantos acontecimientos familiares, con infortunios y momentos destacados, señales
que descarnadamente podemos identificar en el texto.
Esta obra nos trae mundos vinculantes a la historia del cine, al documental
realizado en nuestro país, y referentes al Nuevo Cine Latinoamericano,
incluyendo relaciones al hacer audiovisual y sus formatos según la época que
vayamos identificando en los capítulos. Sobre esta relación con el cine, aparece
un relato dedicado a “Los santísimos hermanos” (1969), cortometraje reconocido
en el ámbito antropológico junto a “El páramo de Cumanday” (1965), y “El hombre
de la sal” (1969), además de otras películas de corte folclórico e informativo,
junto a la significativa mención de su trabajo como creativa desde el ámbito publicitario
con el camarógrafo norteamericano Ray Witlin.
Diecisiete fotos acompañan este escrito, además de notas que referencian parte del contexto que Mady trae a colación para integrar a su historia, junto a reseñas de nombres de amigos y colegas de Gabriela, aquellos de los inicios del Teatro Moderno en Colombia, y los miembros y fundadores del Nuevo Cine Latinoamericano, anexando la carta de protesta enviada por algunos directores de dicho movimiento cinematográfico en el año 1972, firmada por Miguel Littin (Chile), Glauber Rocha (Brasil), Julio García Espinosa (Cuba), Jorge Sanjinés (Bolivia).
Finalmente, este libro representa la importancia del retrato familiar en
función de un registro nacional y en parte global de la figura de una nuestras
cineastas más representativas de los años sesentas y setentas del pasado siglo.
Documento valioso para los interesados en redescubrir a Gabriela Samper desde
la mirada de una sus hijas, con vértices de intensidad que nos hace cercanos a
una parte de la historia del país que no conocíamos, esto, desde la intimidad y
el valor de abrir el corazón y ponerlo a latir al sentir de una mujer
valientemente decidida. Allí está, tal vez, parte de las respuestas que uno pueda
encontrar cuando conoce a “Mi Gabriela”.
Nota sobre el caso de la reclusión de la cineasta: En julio de 1972 Gabriela Samper fue acusada junto a Carlos Alvarez, Julia Alvarez, Manuel Vargas, y Jorge Morante, de ser parte del enlace urbano de la insurgencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN); en el caso de Gabriela, su acusación fue la de suministrar material fotográfico extraído del Instituto Agustín Codazzi, donde trabajaba como Directora del Departamento de Divulgación. Es conocido que fueron sometidos a presiones psicológicas, y torturas, pasando algunos meses en la “guandoca”, expresión coloquial que precisamente serviría a Gabriela para titular un libro publicado póstumamente de cuentos sobre la privación de su libertad. Partiendo de la referencia de Hernando Martínez Pardo en su “Historia del Cine Colombiano” (1978), este concluye: “Fue puesta en libertad al poco tiempo y restituida a su cargo, pero conservó el impacto de los interrogatorios y de la cárcel hasta el momento de su muerte, ocurrida el 16 de mayo de 1974” (pág. 309).











2.jpg)