7.5.26

Una paradoja: cinéfilo sin club

Reseña: Hugo Armando Zapata Martínez (autor), Claudia Ximena Patiño (ilustraciones), Cinéfilo sin club, autopublicación, Cali, 2025.  

Supe de esta publicación por Oromo Librería editorial, quedando el interés por conocer su contenido, logrando, por coincidencias librescas, conocer a sus autores en la presentación de mi libro sobre Andrés Caicedo y el Cine club de Cali el pasado 28 de marzo en la citada librería del barrio El Ingenio, una bella casa acondicionada a los placeres de los títulos en diversos anaqueles junto a objetos, carteles, y fotos que se fusionan con el fascinante olor del café.

La nota biográfica de Hugo menciona de entrada que los relatos corresponden a “Crónicas de un profesor que convirtió el cine en pizarrón” desde su natal Palmira: literato, militante cineclubista en el cine club Nueva Visión y el Taller Historia y Lenguaje del Cine, y con la pasión de exhibir más de 1000 películas en su Cine club Kubrick, todo un guiño al genio neoyorquino. Tuvo además su revolución pedagógica con Cineducar Niños en el año 2009, proyecto auspiciado por el Ministerio de Cultura, conectando otro proyecto denominado Lenguaje en Movimiento, premiado por el Fondo Mixto del Valle.  Cierra su presentación anunciándonos su pasión educadora ligada a “demostrar que una película bien vista puede ser más reveladora que un examen y que el mejor efecto especial es el que ocurre cuando un estudiante descubre su voz”.

El número mágico de textos es 13, con 48 páginas en un diseño editorial entre tonos  blancos, grises  y negros, como en el cine clásico hollywoodense. Referencia diversos espacios de encuentro, familiares, y algunos en las esferas de una ciudad que también vibra el cine. Este catálogo memorístico, traído de lo privado a lo público, suma autores y obras que empiezan con un “papito Zapata” que guarda en un viejo baúl tesoros con el manto histórico que tenemos con la violencia política de mediados del siglo XX; y allí, un primer momento, el abuelo que lleva a su nieto a la aventura del encuentro con la sala oscura, la pantalla y el western spaghetti de Sergio Corbucci titulado Django -1966-: suenan las balas con silbido.      

También leemos una cinta televisada, con estreno de banca para el niño, y la transmisión de La Historia sin Fin -1985- en el “Canal A”, el del león; pasando a “decimo grado”, los recuerdos van a la secundaria con las referencias a un profesor, su clase, y el cierre de año para verse una película en formato VHS, una bien norteamericana con su línea infinita, como la del “loco Millán”. Pasamos a la Nacho, el cineclubismo, los descubrimientos, la constancia, el diálogo, el cine como vida.

Dos partes se conectan, “El Taller del Séptimo Arte” y “La Clase del Maestro”, dos sentidos textos que significan el foco del autor en su estructura teórica y de comprensión cinematográfica para asumir otro momento como cinéfilo, profesor, y gestor cultural, la escuela del cine ratificada desde su apreciación con el maestro Gutiérrez y el testigo que se pasa entre pares ante las singularidades de la amistad y la vida.

Las crónicas tituladas “El Nacimiento del Cine club Kubrick”, “El Cine que llegó a los Niños”, “La Maleta del Cineclubista” y “La Cosecha del Cine”, se correlacionan en sus dinámicas de buscar en el cine su exhibición, análisis y, las posibilidades de su importancia como acción pedagógica, en ese sentido, las compilaciones de estos textos se unifican en la estrategia de contar una historia de vida desde la experiencia sugestiva del cine. Llegamos a “la pandémica universal” del año 2020, y Hugo trasmite su desazón, nos cuenta su historia, tan parecida y conectada a nuestra humanidad cinéfila.   

Cierra este libro con un guion titulado La Bicicleta y un texto concluyente que homenajea a ese factor primario del precine titulado “La Persistencia Retiniana”. Pero tan importante como los textos, es el complemento visual a cargo de la ilustradora Claudia Ximena Patiño, quien, en cada página con sus trazos, nos rememora parte de lo que hemos leído. 

La memoria está llena de nostalgia, datos, y representaciones del pasado. Se trata de organizar los recuerdos en función de ir tejiendo historias cargadas de nombres, afectos, espacios, proyecciones, triunfos, fracasos, y cine, mucho cine, tal cual estas narraciones. Para quienes vivieron la época que se repasa, con sus referentes y situaciones, esta compilación será especial y significativa con temas que son universales, pero con otros muy locales, y allí está la activación de algún sentimiento para aquellos parches de amigos o seres solitarios que encontraron en el cine otra forma de aprender y enamorarse con el arte.

Nota: pueden conseguir la publicación en la librería citada al inicio.                 

25.3.26

El archivo audiovisual: una fuente para la historia

Reseña: Luisa Fernanda Ordoñez Ortegón, El archivo audiovisual y la escritura de la historia, Colección becas Idartes, Cinemateca de Bogotá, 2020.

En su nota biográfica, Luisa se presenta como “historiadora de la imagen en movimiento y archivista audiovisual”, sumándole una dedicada formación académica y profesional vinculante a la docencia y a proyectos de gestión del patrimonio audiovisual en archivos privados y públicos. Así, el libro que presentamos está escrito por una especialista en el tema que lo propuso en la convocatoria para la Beca de Investigación sobre la Imagen en Movimiento en Colombia -2018- en el ámbito de la escritura de la historia y su investigación desde el archivo audiovisual para contarnos una parte de la historia de Colombia.

Tomo nota en los agradecimientos sobre una reflexión que nos entrega la autora al partir del encuentro que tuvo con la preservación del archivo del director de cine Luis Ospina, y una pregunta central sobre el valor de las fuentes audiovisuales en la comprensión de nuestra historia, sumando su gestión en otros archivos, el de Eduardo Carvajal –este acervo, junto al citado, se cohesionan en el denominado Grupo de Cali- y su trabajo institucional desde Señal Memoria y la existencia de un vínculo indispensable:

 “el de la preservación con la investigación sobre patrimonio audiovisual, que no solo implica la indagación por los impactos de la política pública o el análisis de las producciones como obras terminadas, sino que se remite al inmenso aporte que los procesos de preservación pueden tener en la escritura e interpretación de la historia, remota o reciente, donde las imágenes en movimiento han tenido un papel protagónico” (p. 14).

La introducción “prende las alarmas” políticas de los opuestos con ejemplos directos al acontecer nacional, un síntoma de la imagen audiovisual, su interpretación y su fuerza mediática: “la fugacidad de las imágenes es inevitablemente un foco de ansiedad”, dice Ordoñez, manteniendo su disertación sobre la fuerza del dispositivo de análisis que cruza su investigación y su fuerza en el registro desde el fenómeno histórico y sociológico de la violencia, y que se sustenta a partir de unas preguntas resonantes para el futuro:

“¿En diez años será posible recordar estas imágenes y sonidos como documentos históricos?, ¿será la agencia de estos documentos una condición que trascienda a la interpretación de la historia política del país en el siglo XXI?, o más bien, ¿desaparecerán como parte de cortinas de humo que ocultan otros eventos de mayor trascendencia que necesitan más tiempo y distancia para ser estudiados por historiadores? (p. 19).

El futuro planteado por estas preguntas son singularmente plausibles en el escenario investigativo de la representación que se hace del país desde el centro de poder y las regiones como subsidiarias de acciones vinculantes a los diversos contextos sociales y culturales, ampliamente divulgadas por desiguales mecanismos de socialización audiovisual y mediática, tan amplias y complejas junto al rastro institucional de lo público, así como las posibilidades del sector privado y sus otras formas de ver y contar el escenario de la vida nacional.

Dice la autora que “el libro es una aproximación al lugar que el archivo audiovisual ocupa en la escritura de la historia del conflicto armado en Colombia en la últimas cuatro décadas”, explicándonos las posibilidades del concepto central que desarrolla al definir el registro audiovisual convertido en archivo, dirigido a procesos como el institucional; el de fuente de producción creativa; finalmente, en su uso contemporáneo, digital y de intercambio de información (pp. 20-21). Desde su uso e impacto, los archivos audiovisuales -trabajados en el texto-, convergen en la construcción de narrativas históricas que han sumado al factor creativo desde los documentales y las series televisivas, insumos básicos de reconocimiento en nuestra  cultura audiovisual, sumando la posibilidad de mediación educativa al considerar estas obras como “probables alternativas para el acceso al conocimiento histórico”, algo que se da por seguro ante las metodologías que se deben usar para estructurar temas y ser explicados con las diversas didácticas y sus medios.

Reescribir la historia desde la posición de archivista; el enfoque poscustodial y la ciudadanía digital; y la digitalización como reto adicional al del exceso de información; son los paradigmas que utiliza la autora para tejer su investigación con tres motivaciones que ella plantea desde la escogencia del periodo estudiado: la afectiva, la intelectual y la profesional. 

El primer capítulo titulado, El archivo audiovisual: amplitudes y estrecheces, es el registro analítico, teórico y de referencia para entender el valor del archivo en sus dimensiones conceptuales enfocadas en la historia del cine; lo audiovisual; lo digital; la escritura de la historia; el documental y los usos del archivo; medios y memoria; además de un balance de la producción académica sobre estos temas en el contexto colombiano. Sin lugar a dudas, este apartado es un valor agregado del libro que nos aporta diversos referentes para estructurar y revisar proyectos de investigación que escudriñen el uso del archivo audiovisual.

La segunda parte recoge El acceso a los archivos del conflicto en la década de los ochentas, una vuelta al pasado de los acontecimientos de la lucha guerrillera desde los archivos del M-19; los hechos  del Palacio de Justicia en el año 1985; los fallos y logros de los procesos de paz; el escenario internacional con la denominada Guerra Fría y la lucha contra las drogas; un caso de estudio desde Citurna Producciones; y la tragedia política de los candidatos presidenciales que vivimos en el año 1989 en avanzada al siguiente año. Quienes fuimos niños este periodo, conectamos con la autora en sus tres motivaciones, sobre todo en la afectiva, una especie de película de nuestro acontecer nacional, y el efecto narrativo de nuestras posibilidades de lectura a través de algunos medios, y los escuetos diálogos resultantes que solo reconsideramos en otros momentos, el intelectual y el profesional.            

Transitamos a La producción audiovisual como fuente secundaria, un tercer capítulo que pone el acento inicial en El Bogotazo; pasando a lo que denomina la autora “la producción audiovisual como fuente secundaria: entre el giro afectivo y el efímero streaming”, revisando algunos documentales y series que sugieren algunos referentes de análisis con unas obras ya reconocidas en el ámbito de exhibición, y planteando el dispositivo televisivo como objeto de estudio circundante, no solo a la contemporaneidad, sino a un momento histórico de la televisión nacional en trabajos realizados en la década de estudio propuesta por Luisa. La parte subtitulada, “El documental, el archivo y el afecto”, encontramos otro momento dirigido a las historias personales como columna vertebral de los relatos audiovisuales, un registro de análisis que posiciona teóricamente algunos referentes documentales que han sido estrenados en el mercado cinematográfico nacional, pasado a otras pantallas de representación y conexión con los espectadores. Por último, este capítulo pone el acento en “Las series de televisión, la historia y las pantallas ubicuas”, reseñando inicialmente algunos títulos clásicos, y centrando su observación en algunos títulos que hoy marcan una tradición en el imaginario del público colombiano.     

Pienso que quienes hacemos investigación histórica, desde las imágenes en movimiento, valoramos la generosidad del dato, el escrutinio y organización de la información para los lectores. Por lo tanto, la lectura y apropiación de estas pesquisas, con sus aproximaciones y resultados, terminan siendo indispensables para la educación audiovisual que incentivamos y sostenemos con nuestro entusiasmo, no siempre bien retribuido, pero en algunos casos muy valorado. Ocurre con la reseña de este libro, notamos el indudable ímpetu de una investigadora que se enfocó en el conocimiento del archivo y sus procesos de análisis y gestión patrimonial, pasando a otro momento de agenciamiento vinculante a unas teorías, unos hechos y sus formas de representación audiovisual e histórica.      

Nota 1: dejo a los lectores/as de esta reseña, el interés para buscar el libro e identificar cuales obras son citadas y analizadas, complementadas con una serie de imágenes.

Nota 2: pueden descargar el libro desde la página de Idartes y la Biblioteca Especializada de Medios Audiovisuales de la Cinemateca de Bogotá:

https://idartesencasa.gov.co/artes-audiovisuales/libros/el-archivo-audiovisual-y-la-escritura-de-la-historia-0