20.6.14

Nota: 60 años viendo TV en Colombia

La caja mágica televisiva cumple 60 años en nuestro país. La oficina de información y propaganda de la Presidencia de la República, al mando del general Gustavo Rojas Pinilla, la puso a disposición inaugurándola un 13 de junio de 1954 con equipos de transmisión alemanes, y cámaras traídas de Estados Unidos, justo en el primer aniversario del Golpe de Estado, y con la consabida alocución presidencial. El dato hace parte de la historia, mera anécdota que seguro se encuentra en muchos textos que sobre la televisión colombiana se han realizado desde el ámbito académico o simplemente desde las columnas de opinión periodística; lo relevante es su impacto sociológico en la historia de las mentalidades, y su acción en las actividades colectivas e individuales en los entornos privados y hasta públicos de su difusión.

Cada individuo, y su familia, tendrán una experiencia con la forma de llegar a los programas de esos primeros momentos de transmisión en su ciudad, en algunos casos pagando centavos para hacerse acreedor de un espacio en la sala familiar y así ver la afamada puesta en escena de “la llegada del hombre a la luna” en 1969, o la novela de moda que inspiraba “mucho más que amor y lágrimas” como el título de la investigación de Clemencia Rodríguez y María Patricia Téllez sobre La Telenovela en Colombia. También en la retina las conglomeraciones de gentes que en la cotidianidad de una calle se instalan para ver imágenes de un evento -como observamos en el documental Oiga Vea, 1971- tras la vitrina de un almacén, efecto de actualidad constante cuando los logros deportivos se suman a la transmisión en directo.


El impacto del primer televisor en la casa debió significar la entrada a un nuevo escenario, el de la tecnología, y la presentación del “mundo al instante” con el ingreso de un nuevo artefacto que se posiciona en el espacio social de la sala, adorno casi decorativo de status al cual podían acceder pocos a su disfrute con el blanco y negro clásico, y el color especial que le dio más vida. Su tamaño, diseño, y marca, significó calidad garantizada que con el tiempo fue invadiendo otros sitios de la casa, los cuartos y hasta la cocina, mezcla exacta de lagrimeo telenovelero, y picadillo gastronómico con Brasil, Venezuela y México como exponentes mayores de sus culebrones.

Telediarios, comedias, teatro televisivo, series gringas, clásicos infantiles, superhéroes animados, musicales, noticieros, concursos, variedades, programas deportivos, eventos vía satélite, etc.; suman a la gran parrilla que durante mucho tiempo hemos soportado en uno, dos, tres, y hasta más de cincuenta canales en sesenta años. El ejercicio, al igual que en el cine, es revisar en los recuerdos nuestro encuentro con la TV, viaje con el tiempo y espacio que nos mostrará sensaciones especiales de programas televisivos, aquellos que los colombianos podemos ir identificando con la serie de artículos que la prensa nacional ha ido sacando en los últimos días, e inclusive con la serie del canal institucional del Estado.

*Sobre la imagen  

La imagen que acompaña el texto hace parte de la publicidad de la empresa de productos electrónicos japonesa Sharp filial Colombia en los años setentas. El  registro muestra la sesgada idea de la empleada de servicio negra a la orden de una familia en plena reunión para ver el programa favorito del momento. Posibilita entonces usarse como ejemplo de las concepciones sociales que fueron arraigándose en la sociedad colombiana y caleña, sobre el servicio doméstico, y cierto sector de nuestra sociedad vinculada con la raza. Recordar la polémica que suscito en el año 2011 cuando la revista Hola publicó la foto de las damas de la familia Zarzur en Cali con el fondo de dos empleadas negras posando con la porcelana de plata, y un gran título que informa: “Las mujeres más poderosas del Valle del Cauca (Colombia) en la formidable mansión hollywoodiense de Sonia Zarzur, en el Beverly Hills de Cali”.        

11.6.14

Al pueblo nunca le toca

En 1979 Álvaro Salom Becerra escribió Al pueblo nunca le toca, sátira política que recrea la vida de dos personajes antagonistas en las mieles políticas y partidistas durante gran parte del siglo XX. Asalariados de clase media, el uno, Baltazar Riveros, “era alto, magro, moreno, narigón, nervioso, extrovertido, optimista, franco y ateo”, liberal nacido en Une, Provincia de Cáqueza; el otro, Casiano Pardo, “era pequeño, obeso, blanco, chato, calculador, hipócrita, desconfiado, malicioso, enamorado y beato”, conservador engendrado en Choachí.

Para distinguir el talante de nuestros personajes, el autor expone las características típicas de sus personalidades, aquellas que con detenimiento podemos asumir como ordinarias en el sentir de algunos colombianos que se movían al vaivén de sus gustos políticos, mediados por la cotidianidad en la que vivían con referencias directas a la herencia familiar, sus propias dificultades personales y colectivas, y en ellas el contexto del país con sus idas y venidas cada cuatro años cuando a la hora de votar por el candidato predilecto, entendían que poco o nada les correspondía ese voto de confianza.

El Cachiporro:
…Baltazar, como buen liberal, era intolerante, dogmático y arbitrario. Defendía la libertad, pero la que tenían, según él, sus copartidarios para apelar a los godos, y a estos les negaba el derecho al pan y al agua. La justicia, en su concepto, había sido hecha para favorecer a sus correligionarios y perseguir a sus enemigos políticos. Proclamaba la igualdad entre los hombres si los hombres eran liberales, porque los conservadores, en su opinión, pertenecían al reino animal. La fraternidad sólo podía existir, a su juicio, entre los miembros de su partido, porque los del contrario debían ser tratados como bestias feroces. Y en materia social consideraba que el gobierno estaba obligado a suministrarles pan, techo, educación, salud, vestuario y diversiones a los liberales –y sólo a ellos-, a cambio de sus votos. Solía decir que todos los males del país se remediarían y se solucionarían  todos los problemas el día en que el pueblo llegara al poder. Y vivía aferrado a esa esperanza. El ejercicio del sufragio era para él un rito sagrado; se henchía de orgullo y sentía un placer voluptuoso cuando depositaba su voto, porque creía invariablemente que éste significaba una contribución decisiva a la salvación de la República, o sea a la ascensión de las clases populares al gobierno. Conservaba en su casa una bandera roja y asistía, llevándola consigo, a todas las manifestaciones liberales. Y llegaba al orgasmo en el momento en que, haciéndola tremolar, gritaba con todas sus fuerzas: “¡Viva el gran partido liberal!”. “¡Abajo los godos!”.        

El Godo:
…Casiano, como buen conservador, amaba el orden aunque era profundamente desordenado y la tradición aunque nunca pudo saber exactamente en que consistía. Era un celoso defensor del sacrosanto derecho de propiedad (de la ajena porque él jamás tuvo ninguna) y un entusiasta partidario del principio de autoridad, pero aplicado por regímenes conservadores para sostenerse en el poder y alejar de este a los liberales. Su filosofía política estaba resumida en dos fórmulas: “El poder es para poder” y “Cada Alcalde manda en su año”. Abominaba la libertad y la democracia, porque la primera –según decía- degeneraba en el libertinaje y la segunda era una farsa. Calificaba de demagogos y rabacholistas a los políticos de izquierda que le prometían al pueblo mejorar sus condiciones. Votaba rutinariamente en todas las elecciones, pero contrariamente a su amigo Baltazar no se hacia ninguna ilusión de que las cosas cambaran favorablemente con el triunfo de uno, u otro partido. “Gane quien ganare, esto seguirá igual o peor” –decía cada vez que se realzaba un debate electoral-. Y se burlaba de la optimista fe que su amigo personal y enemigo político mantenía en la llegada del pueblo al poder. “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja” –aseguraba con la orgullosa suficiencia de haber pronunciado una frase original-. Escéptico en política, era u creyente convencido en materia religiosa. Cuantas veces sentía hambre y no la podía satisfacer, se consolaba diciendo: “No sólo de pan vive el hombre” y esperaba encontrar en el cielo todos los que el sistema capitalista le había negado en la tierra. Cumplía, a su manera, el precepto de: “Amaos los unos a los otros”, ya que amaba a los unos (que eran los conservadores) como a sí mismo y odiaba a los otros (que, naturalmente, eran los liberales) como el diablo a la cruz. Añoraba las hogueras de la Inquisición para “los rojos descreídos y masones” y su acendrado catolicismo no el impedía violar los Mandamientos de la Ley de Dios, con excepción del 5º y el 7º, ni cometer –con religiosa regularidad- los siete pecados capitales. Eso sí se arrepentía periódicamente de ellos, pues se confesaba y comulgaba todos los primeros viernes. Obviamente los primeros sábados reanudaba sus actividades pecaminosas con renovado entusiasmo, pues pensaba –como la inmensa mayoría de sus copartidarios- que: “El que reza y peca, empata”.        
              

Los personajes centrales de esta historia se encontraran en diversos espacios de la capital bogotana, registrando ciertos sitios representativos –Botella de Oro, El Faisán Dorado, Windsor, Jockey Club, El Automático- y personajes de la vida cultural que en mesas contrarias al calor de un tinto o trago de aguardiente, escuchaban el palique irreconciliable de dos amigos extremos en sus gustos políticos, pero al final de cuentas amigos en sus necesidades básicas. La historia de Colombia se cruza como telón de fondo desde el año 1917, en momentos donde terminaba el gobierno de José Vicente Concha, y la llegada al poder de Marco Fidel Suárez, “teólogo inminente, a quien la circunstancia de no ser hijo legitimo, le había impedido consagrarse exclusivamente al servicio de Dios”.

En cada etapa de la vida nacional representada por los candidatos de turno, y el presidente elegido, el libro nos lleva por algunos acontecimientos que mezclan realidad y ficción con el dato anecdótico del “animal político” que nos administraba. Por ejemplo, para el presidente Miguel Abadía Méndez (1926-1930), “era mucho más importante cazar 100 patos en la laguna de “La Herrera” o hacer una serie de 50 carambolas, que los problemas y las necesidades de sus compatriotas”. El caso del ascenso de los liberales en 1930, y la puya directa al nuevo líder Enrique Olaya Herrera (1930-1934): “Un burócrata de tiempo completo, que no ha soltado la teta del presupuesto en los últimos 20 años, un perrito de todas bodas que, aún desobedeciendo las órdenes del General Herrera y de la Convención de Ibagué, aceptó la Legación de Washington y permaneció en ella durante ocho años, un lacayo servil del imperialismo yanqui que –hace dos años- en la Conferencia de la Habana, defendió la intervención americana en Cuba y Centro América y un campesino boyacense, convertido en aristócrata bogotano, que siente por el pueblo de que tanto hablas un profundo desprecio”. 

El Bogotazo se nos presenta con el afán enfermizo de un liberal desconcertado que entra en el escenario capitalino de la carrera séptima, y su ingreso a la Clínica Central para ver al líder inmolado y empañar su pañuelo con sangre; además los posteriores acontecimientos al convertirse en reo por sospechas de ser uno de los instigadores del desastre urbano, y su desenvolvimiento judicial con ayuda de su patrono banquero.

 Pasan los años: “Las de Lleras y Gómez, en España, habían sido las de que el Frente Nacional se prolongara por espacio de dieciséis años y por ese lapso se prolongó, ya que cuatro millones de ciudadanos entre los que se contaban muchos que ya no lo eran por haber muerto o no lo eran aun por ser menores de edad, refrendaron lo resuelto ya omnímodamente por los dos propietarios del país”. Y entre esos años burocráticos de repartición partidista, tenía que llegar uno al que se le adeudaba el solio de Nariño, Guillermo León Valencia (1962-1966), quien tuvo su “paloma” y “no se tomó jamás la molestia de leer un libro y así lo confesó paladinamente; no poseyó ningún título universitario pero sí numerosos trofeos, escopetas y perros de cacería…; tiene todos nuestros defectos: perezoso, bohemio, mujeriego, irresponsable, fanfarrón”.

En 1970 Misael Pastrana llega para culminar el injerto de los jefes, y con dudas de fraude se posesiona; luego, divididos y enfrentados nuevamente como en otrora, en 1974 “tres casas reales reclamaron sus derechos a la corona: la Casa López, la Casa Gómez y la Casa Rojas, equivalentes a la de Borbón, la de Braganza y la de Habsburgo”; y coronó “el pollo”, quien simbólicamente despellejaron en 1982 cuando quiso repetir ante el candidato que ofreció “casa carro, y beca”.

 Finalmente el autor nos despide con un nuevo representante de la vida pública liberal, Julio Cesar Turbay Ayala, “doctor honoris causa de varias universidades, poseedor indiscutible pero discutible de 7.000 libros, Coronel Honorario de las Fuerzas Armadas; experto en convenciones, manifestaciones, elecciones, transacciones, contemporizaciones y manipulaciones; padrino de 50.000 niños heredo-liberales y compadre –por ende- de sus 100.000 progenitores; dispensador de becas a aquellos y de empleos a éstos; astuto, ladino, habilidoso. Y había llegado resuelto a destruir su fama de hombre débil con actos de autoridad, a “reducir la inmoralidad a sus justas proporciones” y a apuntalar el sistema con fusiles y ametralladoras. Y decidido también a apurar hasta las heces la copa del honor y del placer. Para lograr lo primero, había dictado el Estatuto de Seguridad. Y para conseguir lo segundo, poseído por la “libido imperandi” y por una verdadera locura locomotriz, había viajado desaforadamente dentro y fuera del país, con una copa de champaña en la mano, oyendo himnos y salvas de artillería, dando y recibiendo condecoraciones, profiriendo y escuchando discursos lisonjeros. Y mientras el rey se divertía, habían crecido el hambre, el desempleo, la delincuencia, la mortalidad infantil, el tráfico de drogas heroicas, la inseguridad”.
Decoración de interiores, serigrafía, 1981. Beatriz González. 

Más de sesenta años de vida política son expuestos de forma crítica, divertida, y sarcástica, denotando un acertado conocimiento de la historia del país, lo que posibilita a través de las figuras de Baltazar y Casiano, entender que “al pueblo nuca le toca”, sugestivo título que indica dos momentos especiales de la acción electoral en proporción a un grupo de ciudadanos: los que convencidos en épocas preelectorales confían en que “ahora sí”, vendrán los cambios esperados; y los que decepcionados descubren que “todo sigue igual” sin importar el color político y el personaje de turno.

Tenemos un libro interesante que sirve de ejemplo para el presente que vivimos con la actual contienda electoral: lleno de políticos, lagartos, ciudadanos del común, delincuentes, violencia, y familias colombianas que parecen invisibles pero se notan en los intríngulis de diversos mensajes que el escritor inteligentemente pone para ser descubiertos, y analizarlos en los entornos de nuestro presente.                                    

*Álvaro Salom Becerra (1922-1987, Bogotá). Magistrado, diplomático, Periodista, y escritor. Otros títulos: Un tal Bernabé Bernal, Don Simeón Torrente ha dejado de... deber; El delfín, y Un ocaso en el cenit: Álzate Avendaño.
       

26.5.14

Cinematógrafo: aciertos y cinefobia en 1915

Nuestras revistas de cine se encargaban de difundir en sus medios publicitarios de divulgación algunas noticias que consideraban de interese general, para aquellos aficionados y expertos que se tomaban en serio la visita a los teatros, los comentarios críticos, y otras acciones paralelas que el cinematógrafo posibilitaba desde las imágenes noticiosas en el frente de batalla de la I Guerra Mundial, y el uso educativo que los filmes podían tener en complemento a la educación tradicional. En contexto, todavía en el año 1915 el cine se movía entre los debates de su eficiencia como medio artístico de difusión y ocio.

Divulgando textos de interés sobre cómo se percibía el cine en momentos cruciales para algunas zonas del país desde la exhibición, y el negocio fílmico, el ejercicio de transcripción que exponemos posibilita entender un poco las mentalidades del uso y contenido que las imágenes en movimiento a través de informaciones extranjeras, y replicas que denotan “elegantemente” una defensa decorosa.

Podemos encontrar en el breve texto asuntos como el declive del cine, su extinción, la variedad temática, la técnica, la estética, su uso educativo, y otras cuestiones claramente ligadas a un interés publicitario de los señores Di Doménico en su revista Olympia para seguir captando público insatisfecho, y ante todo fortalecer su negocio de exhibición con las posibles consideraciones que el público tenía con el atractivo, novedoso, y peligroso espacio de encuentro para ver historias silentes del mundo, y en algunos casos su propio contexto social.    
      
Texto: Olympia, Revista Cinematográfica Ilustrada. Bogotá, Julio 24 de 1915.  

¿Pasará el cinematógrafo?
Pasan y pasan las películas en todas partes del mundo. ¿Pasará algún día el interés que despierta el maravilloso proyector? Por aquí se ha publicado una especie de croniquilla yanqui, en la cual se afirma de manera dogmática la inevitable bancarrota de las funciones cinematográficas. El cronista dice que ya el público no quiere verlas, pues se encuentra de films hasta la coronilla. No sé con qué intención se habrá escrito esto, pero sí me permito creer que la verdad no es de la devoción del bachiller que cierra contra el brujesco aparato de Edison. Puede que estemos ante un caso de cinefobia. Ya en Caracas conocemos ejemplares, más o menos auténticos, de esta novísima y curiosa enfermedad. Tipos hay que en realidad odian sinceramente al cinematógrafo. No deja de ser un odio bastante cómico, pero al fin es un odio.

En cambio hay sujetos que solo por pose se declaran enemigos del inocente espectáculo y dicen pestes contra él. Esto no obsta para que después asistan a las funciones y gocen como unos benditos ante el desfile de las cintas impresionadas. Sucédele lo mismo que a esos detractores de la fiesta de toros que en las tardes de corrida se vuelven locos aplaudiendo y luego hablan, indignados, del salvajismo del espectáculo.

¿Sera posible que el público se canse del cinematógrafo? Yo no lo creo. Al contrario, observo que cada día se perfecciona y cobra más auge ese especial arte de las películas, que es, a no dudarlo, el que se presta mejor a la variedad. Hoy en día se obtienen maravillosos efectos en materia de paisajes, se realizan admirables obras de estética y se logra que grandes autores y artistas, comprendiendo que si hay legítimo arte en el cinematógrafo, contribuyan a sus prestigios con labores de filigrana. Películas hay que tienen la intensidad, la belleza, la gracia de verdaderas obras teatrales, aventajándolas en el hecho de que en la tela podemos contemplar el desarrollo amplio y completo de la acción en todas las situaciones y paisajes.

En cuanto a la inutilidad del cinematógrafo, se ha caído el cronista al declararla estáticamente. El cinematógrafo educa. Muestra los diversos aspectos de la vida, ya históricos, ya de actualidad y es algo así como un múltiple maestro gráfico para esas multitudes que circunscritas a una vida estrecha, ven de pronto desplegarse ante su vista diversos y notables panoramas del mundo. Además, en materia de experimentos científicos y de conferencias, las proyecciones son de una innegable utilidad ilustrativa. En los grandes centros civilizados se valen con frecuencia de las películas para tan alto y cultos fines. Y luego, para la historia, los films cinematográficos constituyen un admirable e irrecusable archivo. Por sobre las mentiras de las palabras prevalecen  los hechos, patentes y vivos en las cintas. En la actual guerra de Europa, los distintos Estados Mayores tienen operadores en los campos de acción, obteniendo por parte del cinematógrafo los más veraces documentos.
Atilano Pérez.                                                   



8.5.14

El Candidato

La campaña política a la presidencia de la república para el periodo 2014-2018, se ha caracterizado por ser aburrida en el plano del debate de las ideas programáticas en temas trascendentales como educación, cultura, economía, paz, etc. Cogemos las propuestas por noticias periodísticas o por el interés particular de buscar información en las páginas web de las campañas, y la publicidad televisiva que da ciertos lineamientos para identificar que tipo de país desean linear. Para otros es emocionante la campaña política por la “alta suciedad” de dos adversarios que otrora andaban cogidos de la mano, y hoy, divorciados, se sacan los dientes y las uñas con sus empresas oscuras de desprestigio. Noticia va, noticia viene, y los periodistas gozan con la inmediatez informativa que plantea día a día un nuevo escándalo.  

Las dudas de algunos electores para elegir candidato siguen vigentes, algunos invitan al voto en blanco; otros dicen no gustarles votar –nunca lo han hecho- porque no creen en la democracia; un gran porcentaje visita las mesas llevados del collar como borregos con el voto vendido; finalmente van los que dicen tener  convicciones políticas, y dan su golpe particular de opinión así queden en el anonimato electoral.  

En medio del fastidio, y  desinterés nacional por la “fiesta de la democracia”, les propongo a El Candidato, sacado de las entrañas de la historia del cine colombiano, cinta que “con sátira y humor nos revela como urbanizadores piratas y farsantes profesionales emergen como candidatos del pueblo, todos ellos se encuentran tras la figura de Clímaco Urrutia U.”  


Tal cual, como dice la caricatura del “boletín del consumidor”, estamos ante farsantes profesionales, vendiendo un producto de interés nacional del cual se usufructúan muchos, y otros ni siquiera lo conocen. Repetición de un cuatrienio que vemos como espectadores del circo nacional con patriotas salidos de todas las regiones del país. Atención, llegan los payasos, los malabaristas, los lagartos, los manzanillos, y con ellos un nuevo presidente, que suene el ¡himno regeneracionista!

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Datos resumidos de la película citada tomados del libro Largometrajes Colombianos de Cine y Video 1915-2005, Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, 2006, p. 82.

El Candidato        
1978 -101 min. –Color- 35 mm Ficción.
Dirección: Mario Mitrotti.
Guion: Humberto Martínez Salcedo, Mario Mitrotti y Bella Ventura.
Productor: Producciones Fílmicas Colombianas –Profilco, Global Films, Cinematográfica Nacional-.   
Interprete
s: Jaime Santos, Carlos Benjumea, Hugo Patiño, Carlos Muñoz, Pepe Sánchez, Humberto Martínez Salcedo, y un resto de personajes de nuestra historia televisiva y fílmica.

4.5.14

Cali, ciudad abierta

Arte y cinefilia en los años setenta
Katia González Martínez
Tangrama
Ministerio de Cultura
Colombia, 2014, 320 págs.

La autora es Maestra en Artes Plásticas de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), y Magister en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad de la Universidad Nacional de Colombia. Vinculada como asesora de la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales de la Alcaldía de Bogotá, profesora de arte colombiano en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y constante gestora de diversos proyectos alusivos al arte colombiano y latinoamericano que han tenido su divulgación en revistas de corte académico desde el campo investigativo de su disciplina. El libro hace parte de la Beca de publicación artística del Ministerio de Cultura en el año 2012, realizado por Tangrama y Katia González Martínez

El prólogo realizado por el historiador Ramiro Arbeláez, pone su acento en la acertada triangulación de las fuentes usadas para la investigación, las cuales hacen parte de un momento especial para la ciudad de Cali, y ante todo recientes con respecto a sus aportes y posibles diferenciaciones a la hora de narrar un hecho dirigido al objeto de estudio; por eso el agradecimiento del prologuista a la autora en relación al acertado trabajo metodológico de constatar con otras fuentes la información obtenida oralmente. Testigo directo del periodo estudiado, Arbeláez nos introduce rápidamente a ciertos momentos de la historia cultural de la ciudad, abrebocas necesario que sube el telón para trasladarnos en el tiempo, y el espacio del pasado setentero de una ciudad abierta a las diversas manifestaciones del cultivo artístico local con ribetes al ámbito nacional e internacional.               

En sus primeras líneas introductoras, la autora deja sustentado el origen de su pesquisa, la escogencia de los artistas  que “pertenecen a una generación cuya mirada fue testigo de la transformación urbana de Cali” (p. 16), y el planteamiento de su tesis a partir del texto de Carmen María Jaramillo Fisuras del Arte Moderno en Colombia (2012), sobre las coincidencias temáticas de cierta generación de artistas:

… Pero, ¿por qué se dio esta coincidencia entre ámbitos artísticos tan diferentes como la literatura, el dibujo, la fotografía y el documental?, ¿cómo surgió esa mirada crítica que indagaba otras realidades sociales y culturales de la ciudad que terminaría convirtiendo a Cali en motivo de investigaciones estéticas? Una respuesta que planteo, como tesis de la investigación, es que un activador de ese interés por la ciudad fue la cinefilia –una convergencia entre las tres perspectivas que escogí para la investigación-, entendida no solo como la afición o pasión desbordada por ver cine, sino en la actitud ávida de conocer y que llevó a convertir esa afición en una escuela que contribuiría a formar un ojo” (p. 16).            

La apropiación del título de la cinta de postguerra de Roberto Rosellini Roma Ciudad Abierta -1945-, transformada al contexto local caleño, advierte de entrada la intención de la autora de sobreponer la cultura fílmica de sus fuentes en tres características ligadas a gustos particulares: el cine mexicano de la Época de Oro; la exhibición cinematográfica del Cine club de Cali en comunión con Ciudad Solar; por último, la teoría de autor, insumo cineclubistico que servía de posicionamiento a través de las obras –entre muchas- de la nueva ola francesa, Ingmar Bergman o Billy Wilder. Gran panorama cinéfilo que demuestra las narrativas visuales observadas en espacios urbanos como los teatros de barrio, sitios de encuentro vinculados a una geografía cultural dentro del contexto de creación de los autores relacionados, y activados con la creación intelectual.


El marco teórico de Katia González, “el terreno de la investigación”, se sustenta en las tertulias sostenidas por la autora en momentos donde el proyecto no existía, y la salida intelectual en su proceso de formación e inquietud histórica en la maestría de la Universidad Nacional, continuando el camino con nuevas fuentes bibliográficas, y criterios metodológicos venidos de referencias relevantes a su parecer como los de la historiadora del arte Karen Cordero Reiman, y los historiadores Carlo Ginzburg, y Aby Warburg, modo particular de vincular sus aportes a las necesidades surgidas en el rompecabezas de armar una década especialmente importante por su impacto cultural, sumando referencias básicas que contextualizan el período desde las artes en el país, y una interesante visualización de trabajos documentales del llamado Grupo de Cali:

…El periodo a estudiar está enmarcado por una serie de eventos que señalan el punto de arranque del decenio, cuando en el mismo año 1971 se inauguraron el Cine Club de Cali, Ciudad Solar, lo VI Juegos Panamericanos y la I Bienal de Artes Gráficas de Cali. Y para cerrar la década, se lleva a cabo un evento que visto en perspectiva recoge y simboliza la mirada sobre la ciudad: la exposición d “Ever Astudillo dibujos, Fernell Franco fotografías y Oscar Muñoz dibujos”, realizada en el Museo de Arte Moderno La Tertulia en 1979 (p. 18).

Cuatro rollos nos llevan por Cali, ciudad abierta, en medio del arte y cinefilia en los años setenta, y expuestos por la autora así:

-Cali, años sesenta: el inconformismo de la vanguardia: “El primer capitulo indaga en la noción de vanguardia de la década del sesenta en la voz de los nadaístas, hace un recuento de los eventos artísticos más significativos, y de su papel en la circulación de aquellas ideas de vanguardia que me llevaron a poner de relieve la importancia de una generación de artistas en Cali” (p. 23).   

-Oiga vea: un zoom out panamericano: “propone una descripción del documental para relacionarlo con tres aspectos: la película Cali, ciudad de América, los VI Juegos Panamericanos y el movimiento estudiantil de 1971. El zoom out de una secuencia cinematográfica crea una metáfora para buscar explicaciones sobre la realidad local y la transformación de la ciudad de entonces” (p. 23). El complemento de este capitulo es el aporte del cineasta Luis Ospina, quien posibilitó para los lectores tener a disposición el documental Oiga Vea -1972-, dirigida con Carlos Mayolo, y producida con Ciudad Solar en formato 16 mm, blanco y negro y con 27 minutos de duración.

-Ciudad Solar: la ciudad de “unos pocos buenos amigos”: “Se reconstruye la historia de este espacio, epicentro de la formación cinéfila que logró reunir un grupo de jóvenes alrededor de las artes plásticas y el cine; que primero estuvo ubicado en el barrio la Merced y luego en El Peñón” (p.24).

-Ever Astudillo: no es papagayo sino blanco y negro: “recorrido por la ciudad marcado por seis dibujos que refieren cada uno a lugares específicos del sector oriental de Cali. Un día nos reunimos con el artista y le propuse hacer un recorrido por su ciudad; yo había escogido unos dibujos que conocí en su exposición retrospectiva del 2006, y Astudillo definió una ruta para ubicar esas seis obras que pertenecen al sector donde transcurrieron su infancia y juventud” (p. 24).

El valor agregado de la información analizada, compilada, y descrita por la autora, son los materiales visuales de diversas fuentes de archivos que complementan la información en cada capítulo; excelente trabajo que se convierte en un álbum de recortes de prensa, fotogramas, plegables, dibujos, portadas de revistas, carteles, poemas, planos,  fotografías, folletos, catálogos, cartas, afiches, escrituras públicas, entre otros. Atractivo ejercicio el de observar y leer esa información paralela que nos pone Katia, goce para los lectores en consonancia a su objetivo de recrearnos un momento histórico especial  en el que el arte en diversas manifestaciones, se cruza en la vida cotidiana de la ciudad.        

La novedad de Cali, ciudad abierta, es su relevancia para los estudios de las manifestaciones artísticas, y su historia en el entramado social de la capital vallecaucana durante un periodo en particular. Aporta a la historiografía del arte colombiano, y sigue llenando el panorama de un periodo atractivo para muchos por su impacto colectivo e individual en el sentir de crear, entregar e integrar una idea generacional con visos representativos que notamos en el presente.

Nota
Para los interesados, el  lanzamiento del libro se realizará el próximo jueves 8 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Hora: 5 pm. Salón: José Eustasio Rivera. Conversatorio de la autora con Sandro Romero Rey.  




         
   



    


21.4.14

Cinemateca La Tertulia, un rescate necesario

En Cali la producción fílmica ha sido una marca reconocida en el ámbito nacional e internacional, venida desde el periodo silente de nuestro cine, la experiencia  exitosa del cineclubismo vinculante de la década del setenta, hasta el desarrollo del Grupo de Cali –Caliwood- en el siglo pasado. Acciones compartidas paralelamente en algunos  escenarios de exhibición que hicieron parte de ese circuito convertido en nostalgia, y ejercicio de memoria constante con el rotulo de teatros de barrio, algunos ya destruidos, convertidos en iglesias de romería cristiana o parqueaderos vehiculares.    

Una sala en particular sobresale en la actualidad, decadente en su estructura arquitectónica, abandonada en los últimos quince años, y por fuera de los proyectos que la saliente directora del Museo de Arte La Tertulia parece llevó a cabo con sus desatinos administrativos conocidos a viva voz en reuniones internas o por fuera de los entornos museísticos de la ciudad. La Cinemateca la Tertulia se inauguro el 6 de marzo de 1975 con la cinta de Luchino Visconti Ludwig, El Rey Loco de Baviera, convirtiéndose en el escenario alterno de exhibición cinematográfica más importante de la ciudad por fuera de los circuitos comerciales, vigente durante muchos años con los ciclos dedicados al cine de autor, lo mejor del cine comercial, y festivales de interés nacional itinerantes.


Quien escribe vivió diez años en la actividad cotidiana de la Cinemateca de martes a domingo en dos horarios de programación, conoció el oficio de recibir o vender las boletas a los asistentes, programar, exhibir, operar los proyectores de 35 y 16 mm. en los que salían “las mil y una historias” dispares de centenares de directores venidos de recónditos lugares del planeta, y observar la decadencia en la que se fue sumergiendo por la falta de una dirección acertada. He visitado cada vez que puedo lo que queda de la sala en su sentido estructural, he observado la insoportable soledad de sus sillas –trescientas- con uno o dos cinéfilos desprevenidos que aparecieron en la “noche sin fortuna” de un día más de exposición en DVD de la película que pudo ser en 35 mm., pero que por daños y falta de mantenimiento no lo pudo ser, formato i-regular que parece se instauro, y ni siquiera convoca acertadamente al público por medio de la publicidad de los encargados de la comunicación en el Museo.

Mí visita a la Cinemateca La Tertulia siempre tiene el sentido nostálgico y curioso de  saludar a los amigos que deje: subo a la cabina de proyección, paso a la oficina con los afiches desorganizados, los libros y revistas en lo anaqueles empolvados, y la humedad de la pared que carcome el edificio y que bellamente algún amigo del director decidió intervenir con el retrato del susodicho, acción paralela que colinda con un viejo corcho que posee clavados algunos viejos papeles de quejas, denuncias, e imágenes de  directores y actrices que suman a la foto de los integrantes del “cineclub de los infames”. También inspecciono la sala y su característico olor expedido por la alfombra puesta en 1975, la puerta de acceso con el cartel que puse hace 15 años sobre un ciclo de patrimonio audiovisual, los viejos afiches enmarcados por los directores idos, y la pantalla que sigue allí inmovible como testigo de la historia del cine proyectada. Bajando a la sala subterránea y el baño colectivo, la sorpresa, sufrió la restauración deseada por muchas damas que pedían a gritos, en otras épocas, un mejor sitio con las condiciones necesarias de la salubridad pública.   

¿Y cuándo restauraran la Cinemateca? Pregunta que seguro muchos se hacen ante su retroceso y alejamiento de las prioridades de la dirección, algo que seguro tendrá un viraje ante el nuevo ciclo que se avecina en aspectos concernientes a la organización administrativa, y la gestión cultural ante los organismos estatales que podrían seguir colaborando en dirección de “meterle mano” a una de las salas más importantes del país para exhibir cine, encumbrándola con el respeto necesario que parece perdió en el edificio de al frente al dejarla a la deriva de su dirección desacertada e incompetente.   

Reinventar la Cinemateca la Tertulia debe ser un acto misional, de trabajo mancomunado e incorporando a viejos y nuevos dolientes que disfrutaron de sus mejores años, o de aquellos que apenas la distinguen como un escenario más del viejo entorno del “charco del burro”. No se trata de volver a reunir juntas asesoras para que diagnostiquen lo que ya está diagnosticado sin solucionar nada, se trata de volver sobre lo que se encuentra evaluado, y desde allí reinterpretar las necesidades descubiertas para buscar los recursos necesarios que pongan para el beneficio del público caleño la sala que todos queremos y añoramos se descubra nuevamente con la tecnología de ahora, y los ciclos fílmicos que no llegan.


 En octubre de 2009 escribí un texto sobre “las claves para dirigir una sala alterna de cine”, puntos que siguen vigentes y se suman a lo que debería realizar alguien que coordine la Cinemateca La Tertulia:

1-Que sea apasionado por el cine, es decir, que sufra de esa extraña enfermedad que Andrés Caicedo denominó “cinesífilis”, estando al tanto de la producción cinematográfica mundial, nacional y local; nutriéndose, y estando al día con publicaciones sobre el tema; asistiendo a festivales, seminarios y congresos para buscar espacios diversos y encontrar puntos de encuentro para posibles programas, retrospectivas y ciclos.

2-Que sea conocedor de las distribuidoras cinematográficas del país, amigo de sus administradores, algo básico para que un programa mensual se cumpla a cabalidad y no se le incumpla al público que llega convencido a la taquilla de la sala, y se encuentra en algunos casos, con la fatal noticia de que la película no llegó, y sigue en exhibición la que trae dos o una semana de presentación.

3-Tener y sostener una coordinación acertada con las personas encargadas de labores administrativas dentro de la institución a la cual hace parte la sala, involucrándolos para que ayuden a solucionar problemas –recoger las películas, enviar solicitudes, hablar con los encargados de las distribuidoras-, no para que se le solucionen los inconvenientes.

4-Ser aliado estratégico de otras salas alternas en la ciudad, la región y el país, encontrando opciones de distribución y programación que ayuden en ciertos momentos a solventar los vacíos de la oferta.

5-Ser un visitante asiduo al espacio de exhibición cinematográfica del teatro para conocer los problemas existentes concernientes a la proyección –necesidades del operador con las maquinas que tiene a su cargo, estado de los rollos etc.-, preguntar en la taquilla el movimiento de entrada, ser un revisor de los aspectos que posibilitan la conformidad de los asistentes con respecto a las Sillas, el aíre acondicionado, los baños, etc.

6-Escoger algunos días para visitar la sala alterna y hablar con el público asistente, puede ser a la entrada o salida, un ejercicio importante para conocer las opiniones sobre el filme exhibido, las quejas y elogios que se den, lo cual ayudará a mejorar sobre la base de su factor más importante.

7-Organizar actividades paralelas con respecto a las imágenes en movimiento: funciones al sector estudiantil, conferencias sobre la historia del cine, fundar o sostener un Cine club, publicar un folleto instructivo y en el mejor de los casos incentivar publicaciones de investigaciones con respeto al séptimo arte, etc.

8-Hacerse merecedor con el buen desarrollo de un proyecto de una de las convocatorias que el Ministerio de Cultura otorga anualmente con respecto a la investigación, exhibición, y publicación del área fílmica.

9-Gestionar y organizar espacios que inviten al público a otros puntos de encuentro como son una biblioteca especializada de cine, y una videoteca fija donde el espectador escoja la película y se le ponga en el reproductor y televisor asignado.

10-Hacer prevalecer el funcionamiento de la sala para su uso básico concerniente a la proyección cinematográfica, sin alterar su libre desarrollo cuando el programa ya está asumido con antelación
.                

Queda la preocupación expuesta, tal vez un grito para oídos sordos que suma por casualidad a lo que piensa y planifica la nueva directora del Museo La Tertulia. El tiempo lo dirá, y allí estaremos como testigos constantes de ese bello espacio público que soporta los embates de las transformaciones urbanas de Cali, intacto en su fachada, pero falleciendo internamente ante el paso del tiempo que cobra la falta de atención de los encargados de sostenerla, y hacerla brillar para seguirla pasando de película.      

9.4.14

Canaguaro

Director: Dunav Kuzmanich.
Guion: Dunav Kuzmanich, Pepe Sánchez, y Marcelo Romo.
Guion Literario: Isabel Sánchez.
Interpretes: Alberto Jiménez, Hernando Casanova, Eduardo Vidal, pepe Sánchez, Álvaro Ruiz, Arnulfo Briceño, entre otros.
1981, 87 minutos, color.
16 mm. Ampliado a 35 mm. Ficción.

Dunav Kuzmanich, chileno de nacimiento, llegó al país en 1975, dos años después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. Su experiencia en el país austral se traslada a Colombia en momentos  donde el Sobreprecio y la aparición de Focine, fomentaban un nuevo ciclo fílmico dentro de la cinematografía nacional. Además de dirigir, también fue guionista, montajista, y director de cámaras. Su accionar –en cine y televisión- lo podemos ubicar desde la producción Cadáveres para el Alba en 1975, hasta La Nave de los Sueños en 1996.

En el año 2013 el Instituto Distrital de las Artes –IDARTES-, la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, y Proimágenes Colombia, homenajearon al director, seleccionando y recuperando la obra en un paquete de películas que suman al repertorio ya reconocido de Cine Silente, Historia del Cine Colombiano, y la Colección 40/25.  Oportunidad única para los aficionados al cine nacional para conocer la obra de Dunav, y encontrar historias vinculantes con la cotidianidad de un país, en este caso la película que nos convoca desde ese oprobioso capitulo de nuestra historia denominada eufemísticamente “la violencia”.              


La cinta nos ubica de entrada en un momento trascendental para la vida política y social del país, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948, y lo que desembocó en el Bogotazo, escuchando parte de uno de sus discursos, y observando material de archivo de los desordenes de ese viernes negro. Después escuchamos otra voz –en off-, la de Juan Harvey Caicedo:

…. El 9 de abril de 1948 es asesinado en Bogotá el líder popular Jorge Eliecer Gaitán. La violencia, que hacia ya tiempo se abatía socarradamente sobre los campos de Colombia se desata ahora en Bogotá, la multitud  se vuelca en las calles buscando en quién vengarse, en quién descargar su ira, a quién hacer pagar por la muerte de sus más inmediatas esperanzas, se inicia la llamada época de la Violencia. Una larga guerra que se arrastrará por cinco años en todo el ámbito de Colombia, cientos de miles de muertos, atrocidades sin cuento, pueblos enteros desaparecidos bajo las llamas, familias que huyen sin saber a dónde, son el telón de fondo de una situación sin derrotero ni destino. El caos político encuentra salida en una guerra anárquica en la que el pueblo lucha porque se siente agredido, pisoteado, herido, aunque sin saber claramente que es lo qué busca, que es lo qué quiere, hacía dónde va. Pero llegó el momento en que ese inmenso número de muertos del pueblo colombiano, empezó a dar un sentido a la lucha, empezó a señalar un camino, empezó a decir ¡basta ya! Y es así como en los Llanos Orientales, se forma uno de los frentes más importantes en esa cruenta lucha por encontrar el camino hacía el destino del pueblo.             

El contexto histórico de la película va desde el Bogotazo hasta la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1948-1953). Los Llanos Orientales se convierten en el espacio geográfico donde ocurren los hechos, alzados en armas de la región que están vinculados indirectamente a uno de los partidos políticos, confluyendo en el constante conflicto de los abusos policiales de los llamados Chulavitas, con escenas de un horror que no cesa en la actualidad: despojo, desplazamiento, asesinatos, violaciones, etc. La garantía de tener mejores armas para contrarrestar al enemigo político, mantiene vivas las esperanzas del grupo comandado por Canaguaro, apodo del líder guerrillero –puesto por nacer en la vereda Canaguaro y por ser bueno para pelear- que se mueve entre los recuerdos de un pasado violento en que su familia sucumbió, y la realidad de su existencia. Las armas nunca llegan, “la guerra termina” dice uno de los emisarios, comienza un nuevo país, más incluyente, entreguen las armas, es el postulado. La acción es real, y en ella las guerrillas del llano con Guadalupe Salcedo, el resto es historia, píldora para la memoria, aquella que el artista Oscar Muñoz nos pone con su obra emblanquecida, borrosa, de esa fila de personajes anónimos de un momento histórico, y en ella, el guerrillero.    


El fuego, el sagrado corazón de Jesús, los godos, el Estado, un doctor bogotano, el espacio rural, un maestro de escuela, familias desplazadas, odio, venganza, hacendados ganaderos, entre otros, suman a la simbología de un accionar violento del cual no terminamos de sacudirnos, y podemos asociar a historias de vida con nuestros padres y abuelos, cada uno contándolo desde un punto de vista diferente, pero con lugares comunes.

Canaguaro es una película vigente, y básica en el repertorio del tema de la violencia en Colombia, sin lugar a dudas, aporta al debate como manifestación artística que soporta los embates del tiempo en momentos de dialogo.

*Agradezco a Rito A. Torres –Subdirector Técnico de la FPFC- por facilitar los materiales fílmicos del director Dunav Kuzmanich

3.4.14

Cineclubismo a pura letra

En el año 2003 empezó la publicación de una serie de libros dedicados al cineclubismo que llegaría a tres ediciones en el año 2013. Material de trabajo que visto en su totalidad suma 54 artículos con la compilación efectiva de Nicolás Román Borré, César Cortez RZ, y otras personas dedicadas al oficio de programar, exhibir, criticar, y conversar sobre cine. Entran en e repertorio  aficionados, cinéfilos, y expertos en el tema que tuvieron cabida en Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes, título que recorre la publicación editada para todos los públicos con sentido informativo y educativo.    


El primer libro –de bolsillo- estuvo coeditado por la Universidad Nacional, y la Asociación Nacional de Cineclubes La Iguana -2003-, propuesta inicial que entrega algunos textos que definen el concepto Cine club, sus  diversas acotaciones, y las expectativas surgidas al revisarse en su pasado, presente y futuro; la tecnología en el cine y sus cambios en el contexto de la producción y exhibición; además de experiencias personales y colectivas en el entramado de la vida cineclubista.  

La segunda parte -2009- de la trilogía no difiere en sus temas de reflexión de su antecesor, con escrituras sencillas que agilizan su lectura amena, llenas de experiencias personales ante el acto de oficiar como miembro de un Cine club e inclusive ante el escudriño de visitar una sala de cine porno en Cali. La presentación, más atractiva y personal que su antecesora, pone el énfasis sobre esa extraña enfermedad asociada al cineclubista denominada por Andrés Caicedo cinesífilis, acá una entrada:

….La esquizofrenia cinclubística es una enfermedad que la ciencia psiquiátrica no estima prioritaria dentro del campo de sus investigaciones. Dicha patología se diferencia de las adiciones del coleccionista cinéfilo o del crítico cinematográfico, en que estos encuentran un deleite individual en la acumulación de objetos o en la suma de placeres intelectuales; en cambio, el cineclubista necesita compartir con un público la experiencia sensorial que lo emociona.
Los síntomas que permiten reconocer la anomalía comienzan por una kinetofagia bulímica, enrojecimiento conjuntival y avitaminosis por falta de luz solar.  Los esquizofrénicos de esta índole fundan cineclubes en todas las instituciones que pisan; sus proyectores viajan alomo d emula, saltan charcos en barriadas, se humedecen en chalupa y respiran las estrellas de la noche en las sesiones al aire libre. (Nicolás Román Borré).

El Tomo III adhiere a su título central la periodización 1913-2013 Un Siglo de Cineclubismo, homenaje al origen del concepto en momentos donde el cine entraba en el escenario de la crítica, las vanguardias, y su posicionamiento como arte, explicación que podemos encontrar en el artículo de Felipe Macedo “Cine del pueblo, el primer cineclub”. El resto de reflexiones suman al espíritu de la obra de presentar diversos temas del universo cineclubista, sin desentonar en la practicidad de proponerle al lector una serie de escritos especiales y vinculantes con algunos espacios de exhibición dentro, y por fuera del país. 

En su exordio al tercer volumen, Nicolás Román Borré deja entrever “el término de un prolongado ciclo” de diez años, y entre líneas la necesidad de abordar el tema de “la legalidad, la ética o la moralidad de la proyecciones”. Significa  que la tarea no termina, seguro, alguno de los editores retomará la idea de seguir con el periplo de una saga literaria que siempre entrega historias, sorpresas y formas de comprender ese mundo lleno de intríngulis fílmicas por medio del oficio cineclubista, con los problemas consecuentes de convocar, dirigir, editar, organizar, y publicar un nuevo tomo sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes.      

Volúmenes
-Sorrel Aroca, Marlon Colmenares, Nicolás Borré, Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes, Universidad Nacional de Colombia, 2003.

-Nicolás Román Borré, Cesar Cortez RZ, Juan A. Niño J., Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes, Ediciones Pluma de Mompox S.A, 2009.

-Cesar Cortez RZ, Pierre Angelo González, Nicolás Román Borré, Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes 1913-2013, Un siglo de cineclubismo, Universidad de Cartagena, 2013.

Nicolás Román Borré, referencias en su blog al Tomo II y III
-http://nerb.over-blog.com/article-34757883.html
-http://nerb.over-blog.com/article-sobre-relatos-cuentos-y-ensayos-de-cineclubes-tomo-iii-1913-2013-un-siglo-de-cineclubismo-120368828.html
          

26.3.14

Andrés Caicedo: Sus cuentos completos

Un nuevo libro de Andrés Caicedo, la compilación de sus cuentos con la novedad de El Ideal, texto inédito del año 1965. Para los aficionados y seguidores de la obra “caicediana” la noticia es especial, así ya conozcamos sus cuentos, y se tengan otras ediciones que suman a la colección junto a sus obras biográficas de intimidad pura, y amplia socialización. Los tres itinerarios que el lector debe llevar a feliz termino se encuentran en el acto creativo de CalicalabozoAngelitos Empantanados (o historias para jovencitos), y El Atravesado.  A.C. se presenta fresco, y retoma su circuito por las ondas de la experiencia literaria; vigente, con nuevos y viejos lectores que reaparecen en sus líneas, y entran en contacto con su eterna juventud, y de fondo la ciudad de Cali en los sesentas y setentas del siglo pasado.


La nota introductoria –El anacrónico- estuvo a cargo del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, presentando a A.C. y parte de su nota suicida del año 1975 dirigida a su madre, donde recalca la que considera una frase irresistible, -el ojo de una cerradura por donde se alcanza a ver un mundo entero: “Yo muero”, escribe Caicedo, “porque ya para cumplir veinticuatro años soy un anacronismo”-. La escogencia de esta secuencia biográfica y epistolar encaja en lo que considera un diagnostico –dolorosamente- preciso. La conexión es directa con el joven intelectual del periodo y su falta de compromiso político ligado a la izquierda, la Revolución Cubana, y las relaciones intrínsecas con todo lo que “oliera y supiera a cultura”, tesis que le confirman Sandro Romero y Luis Ospina, complementada oportunamente con los gustos literarios de Caicedo, dejando el camino expedito para jugar con las frases y títulos del caleño:

…El mundo de Calicalabozo, ese mundo macabro poblado solamente por angelitos empantanados, obsesionado por contar historias para jovencitos –“Cali es una ciudad sólo para adolescentes”, solía decir -, ese mundo que traza con tanta crueldad los destinitos fatales de sus tristes protagonistas, está en todos estos cuentos: su oscuridad, sus vidas alucinadas, su sexualidad confusa, su existencia en los márgenes, sus brutales estrategias para huir del sufrimiento (el de la juventud, que los personajes no saben distinguir  del de la vida misma) que siempre acaban en el abismo y la perdición y el desencuentro irremediable (pág. 11).


El año donde se cumplen 40 años de la aparición de la revista de crítica cinematográfica Ojo al Cine, y el estreno de su obra cumbre ¡Que viva la música! en pantalla gigante, A.C. vuelve y se nos mezcla en la vida cotidiana, siempre habrá una razón en Cali para hablar de él, de su cine club, sus amigos, seguidores, y espacios urbanos por donde algún día la estela de su personalidad estuvo presente.             

El libro es para que usted sepa que Andrés Caicedo es todo un cuento.   

Fuente
Andrés Caicedo, Cuentos Completos, Alfaguara, 2014.     

Textos sobre la obra de A.C. publicados en el blog
http://yamidencine-y-filo.blogspot.com/2010/04/intimidad-caicediana-1era-parte.html
http://yamidencine-y-filo.blogspot.com/2010/04/intimidad-caicediana-2da-parte.html


19.3.14

Empresarios del cine en Buga -1918-

En el año 1918 se publicó un “pesado” y voluminoso libro de 725 páginas titulado Libro Azul de Colombia: Bosquejos biográficos de los personajes más eminentes, con el subtitulo: Historia Condensada de la República, artículos especiales sobre comercio, agricultura, y riqueza mineral, basadas en estadísticas oficiales. Recogiendo información de todas las regiones del país,  el valor agregado del documento son las imágenes que en algunos casos soportan el dato, convertido en valioso para registrar y sumar a temas de investigación de interés individual. El caso particular está dirigido a un ejemplo registrado en el Valle del Cauca con respecto al cine, y que exponemos a continuación.

-Empresarios teatrales Uribe, Concha & Pinedo
El texto se ubica en la ciudad de Buga e indica: “Especialidad en películas. Compran y toma en arriendo las últimas novedades cinematográficas, para los Departamentos de Caldas y el valle. Atienden toda propuesta par espectáculos teatrales. Capital responsable: $50,000.  Residencias: Emmanuel Pinedo, Cali, Valle; Francisco A. Uribe, Pereira, Caldas; Tulio Concha, Cali, Valle; Uribe, Concha & Pinedo, Buga, Valle” (pg. 692). Los tres personajes posan para la foto, en la acera de una casa tradicional bugueña de tapia baja y techada, y una calle empedrada, cada uno se ubica en perspectiva al espacio, y los objetos de su negocio fílmico de exhibición entre los que se encuentran carteles, latas de películas, y fotos que se ubican en la pared como decoración del entorno, sumando una pequeña maquina de escribir que se sostiene en un trípode, y lo que parece un rollo de película de un proyector que alcanza el registro del fotógrafo.


Emmanuel, Francisco y Tulio, debieron sentirse satisfechos al ser escogidos como representantes de un oficio donde participaban pocos, y del cual se sentían influyentes en los espacios geográficos que ponen en la nota. Comerciantes del cine, podríamos conjeturar que los teatros bugueños que usaban los servicios fueron el Teatro Granada –Cra. 12. Calle 9ª.- y el Teatro Montúfar –Cra. 14 Calle 7ª-, fantasmas de un pasado desconocido, sin voz en la tradición oral, y ausentes en su arquitectura local. La exhibición cinematográfica también debió presentarse en espacios alquilados por los ofertantes, negocio primitivo de los inicios del cine que todavía en el segundo decenio del Siglo XX se concebía exitoso, teniendo en cuenta que en Colombia ya los hermanos Di Doménico traían fortalecido el oficio desde la capital, por lo tanto los tres empresarios se movían en otras esferas donde tal vez el monopolio de los extranjeros no alcanzaba y la competencia no existía, quedando lamentablemente sin especificar las obras que se ofrecían, su nacionalidad, títulos, etc.


El dato presentado suma a los influjos por una historia del cine en el Valle del Cauca y sus circuitos de promoción y exhibición, los cuales han estado dedicados, casi en su totalidad, a la ciudad de Cali, centro promotor cinematográfico de influencia  para el país por las obras realizadas en sus diversos periodos, desde el silente, hasta la actualidad fílmica de sus nuevos cineastas. Finalmente, para beneficio de la región, hay una creciente incentivación de festivales y trabajos que recrean nuevas historias de ficción y documental de la vida cotidiana local, “rostros y rastros” anónimos que se convierten en movida audiovisual del presente.  

 Texto de consulta
-Jorge Posadas Callejas ed., Libro Azul de Colombia: Bosquejos biográficos de los personajes más eminentes, The J. J. Little & Ives Company, New York, 1918.
-Imágenes editadas por el autor del blog.