21.4.14

Cinemateca La Tertulia, un rescate necesario

En Cali la producción fílmica ha sido una marca reconocida en el ámbito nacional e internacional, venida desde el periodo silente de nuestro cine, la experiencia  exitosa del cineclubismo vinculante de la década del setenta, hasta el desarrollo del Grupo de Cali –Caliwood- en el siglo pasado. Acciones compartidas paralelamente en algunos  escenarios de exhibición que hicieron parte de ese circuito convertido en nostalgia, y ejercicio de memoria constante con el rotulo de teatros de barrio, algunos ya destruidos, convertidos en iglesias de romería cristiana o parqueaderos vehiculares.    

Una sala en particular sobresale en la actualidad, decadente en su estructura arquitectónica, abandonada en los últimos quince años, y por fuera de los proyectos que la saliente directora del Museo de Arte La Tertulia parece llevó a cabo con sus desatinos administrativos conocidos a viva voz en reuniones internas o por fuera de los entornos museísticos de la ciudad. La Cinemateca la Tertulia se inauguro el 6 de marzo de 1975 con la cinta de Luchino Visconti Ludwig, El Rey Loco de Baviera, convirtiéndose en el escenario alterno de exhibición cinematográfica más importante de la ciudad por fuera de los circuitos comerciales, vigente durante muchos años con los ciclos dedicados al cine de autor, lo mejor del cine comercial, y festivales de interés nacional itinerantes.


Quien escribe vivió diez años en la actividad cotidiana de la Cinemateca de martes a domingo en dos horarios de programación, conoció el oficio de recibir o vender las boletas a los asistentes, programar, exhibir, operar los proyectores de 35 y 16 mm. en los que salían “las mil y una historias” dispares de centenares de directores venidos de recónditos lugares del planeta, y observar la decadencia en la que se fue sumergiendo por la falta de una dirección acertada. He visitado cada vez que puedo lo que queda de la sala en su sentido estructural, he observado la insoportable soledad de sus sillas –trescientas- con uno o dos cinéfilos desprevenidos que aparecieron en la “noche sin fortuna” de un día más de exposición en DVD de la película que pudo ser en 35 mm., pero que por daños y falta de mantenimiento no lo pudo ser, formato i-regular que parece se instauro, y ni siquiera convoca acertadamente al público por medio de la publicidad de los encargados de la comunicación en el Museo.

Mí visita a la Cinemateca La Tertulia siempre tiene el sentido nostálgico y curioso de  saludar a los amigos que deje: subo a la cabina de proyección, paso a la oficina con los afiches desorganizados, los libros y revistas en lo anaqueles empolvados, y la humedad de la pared que carcome el edificio y que bellamente algún amigo del director decidió intervenir con el retrato del susodicho, acción paralela que colinda con un viejo corcho que posee clavados algunos viejos papeles de quejas, denuncias, e imágenes de  directores y actrices que suman a la foto de los integrantes del “cineclub de los infames”. También inspecciono la sala y su característico olor expedido por la alfombra puesta en 1975, la puerta de acceso con el cartel que puse hace 15 años sobre un ciclo de patrimonio audiovisual, los viejos afiches enmarcados por los directores idos, y la pantalla que sigue allí inmovible como testigo de la historia del cine proyectada. Bajando a la sala subterránea y el baño colectivo, la sorpresa, sufrió la restauración deseada por muchas damas que pedían a gritos, en otras épocas, un mejor sitio con las condiciones necesarias de la salubridad pública.   

¿Y cuándo restauraran la Cinemateca? Pregunta que seguro muchos se hacen ante su retroceso y alejamiento de las prioridades de la dirección, algo que seguro tendrá un viraje ante el nuevo ciclo que se avecina en aspectos concernientes a la organización administrativa, y la gestión cultural ante los organismos estatales que podrían seguir colaborando en dirección de “meterle mano” a una de las salas más importantes del país para exhibir cine, encumbrándola con el respeto necesario que parece perdió en el edificio de al frente al dejarla a la deriva de su dirección desacertada e incompetente.   

Reinventar la Cinemateca la Tertulia debe ser un acto misional, de trabajo mancomunado e incorporando a viejos y nuevos dolientes que disfrutaron de sus mejores años, o de aquellos que apenas la distinguen como un escenario más del viejo entorno del “charco del burro”. No se trata de volver a reunir juntas asesoras para que diagnostiquen lo que ya está diagnosticado sin solucionar nada, se trata de volver sobre lo que se encuentra evaluado, y desde allí reinterpretar las necesidades descubiertas para buscar los recursos necesarios que pongan para el beneficio del público caleño la sala que todos queremos y añoramos se descubra nuevamente con la tecnología de ahora, y los ciclos fílmicos que no llegan.


 En octubre de 2009 escribí un texto sobre “las claves para dirigir una sala alterna de cine”, puntos que siguen vigentes y se suman a lo que debería realizar alguien que coordine la Cinemateca La Tertulia:

1-Que sea apasionado por el cine, es decir, que sufra de esa extraña enfermedad que Andrés Caicedo denominó “cinesífilis”, estando al tanto de la producción cinematográfica mundial, nacional y local; nutriéndose, y estando al día con publicaciones sobre el tema; asistiendo a festivales, seminarios y congresos para buscar espacios diversos y encontrar puntos de encuentro para posibles programas, retrospectivas y ciclos.

2-Que sea conocedor de las distribuidoras cinematográficas del país, amigo de sus administradores, algo básico para que un programa mensual se cumpla a cabalidad y no se le incumpla al público que llega convencido a la taquilla de la sala, y se encuentra en algunos casos, con la fatal noticia de que la película no llegó, y sigue en exhibición la que trae dos o una semana de presentación.

3-Tener y sostener una coordinación acertada con las personas encargadas de labores administrativas dentro de la institución a la cual hace parte la sala, involucrándolos para que ayuden a solucionar problemas –recoger las películas, enviar solicitudes, hablar con los encargados de las distribuidoras-, no para que se le solucionen los inconvenientes.

4-Ser aliado estratégico de otras salas alternas en la ciudad, la región y el país, encontrando opciones de distribución y programación que ayuden en ciertos momentos a solventar los vacíos de la oferta.

5-Ser un visitante asiduo al espacio de exhibición cinematográfica del teatro para conocer los problemas existentes concernientes a la proyección –necesidades del operador con las maquinas que tiene a su cargo, estado de los rollos etc.-, preguntar en la taquilla el movimiento de entrada, ser un revisor de los aspectos que posibilitan la conformidad de los asistentes con respecto a las Sillas, el aíre acondicionado, los baños, etc.

6-Escoger algunos días para visitar la sala alterna y hablar con el público asistente, puede ser a la entrada o salida, un ejercicio importante para conocer las opiniones sobre el filme exhibido, las quejas y elogios que se den, lo cual ayudará a mejorar sobre la base de su factor más importante.

7-Organizar actividades paralelas con respecto a las imágenes en movimiento: funciones al sector estudiantil, conferencias sobre la historia del cine, fundar o sostener un Cine club, publicar un folleto instructivo y en el mejor de los casos incentivar publicaciones de investigaciones con respeto al séptimo arte, etc.

8-Hacerse merecedor con el buen desarrollo de un proyecto de una de las convocatorias que el Ministerio de Cultura otorga anualmente con respecto a la investigación, exhibición, y publicación del área fílmica.

9-Gestionar y organizar espacios que inviten al público a otros puntos de encuentro como son una biblioteca especializada de cine, y una videoteca fija donde el espectador escoja la película y se le ponga en el reproductor y televisor asignado.

10-Hacer prevalecer el funcionamiento de la sala para su uso básico concerniente a la proyección cinematográfica, sin alterar su libre desarrollo cuando el programa ya está asumido con antelación
.                

Queda la preocupación expuesta, tal vez un grito para oídos sordos que suma por casualidad a lo que piensa y planifica la nueva directora del Museo La Tertulia. El tiempo lo dirá, y allí estaremos como testigos constantes de ese bello espacio público que soporta los embates de las transformaciones urbanas de Cali, intacto en su fachada, pero falleciendo internamente ante el paso del tiempo que cobra la falta de atención de los encargados de sostenerla, y hacerla brillar para seguirla pasando de película.      

9.4.14

Canaguaro

Director: Dunav Kuzmanich.
Guion: Dunav Kuzmanich, Pepe Sánchez, y Marcelo Romo.
Guion Literario: Isabel Sánchez.
Interpretes: Alberto Jiménez, Hernando Casanova, Eduardo Vidal, pepe Sánchez, Álvaro Ruiz, Arnulfo Briceño, entre otros.
1981, 87 minutos, color.
16 mm. Ampliado a 35 mm. Ficción.

Dunav Kuzmanich, chileno de nacimiento, llegó al país en 1975, dos años después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. Su experiencia en el país austral se traslada a Colombia en momentos  donde el Sobreprecio y la aparición de Focine, fomentaban un nuevo ciclo fílmico dentro de la cinematografía nacional. Además de dirigir, también fue guionista, montajista, y director de cámaras. Su accionar –en cine y televisión- lo podemos ubicar desde la producción Cadáveres para el Alba en 1975, hasta La Nave de los Sueños en 1996.

En el año 2013 el Instituto Distrital de las Artes –IDARTES-, la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, y Proimágenes Colombia, homenajearon al director, seleccionando y recuperando la obra en un paquete de películas que suman al repertorio ya reconocido de Cine Silente, Historia del Cine Colombiano, y la Colección 40/25.  Oportunidad única para los aficionados al cine nacional para conocer la obra de Dunav, y encontrar historias vinculantes con la cotidianidad de un país, en este caso la película que nos convoca desde ese oprobioso capitulo de nuestra historia denominada eufemísticamente “la violencia”.              


La cinta nos ubica de entrada en un momento trascendental para la vida política y social del país, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948, y lo que desembocó en el Bogotazo, escuchando parte de uno de sus discursos, y observando material de archivo de los desordenes de ese viernes negro. Después escuchamos otra voz –en off-, la de Juan Harvey Caicedo:

…. El 9 de abril de 1948 es asesinado en Bogotá el líder popular Jorge Eliecer Gaitán. La violencia, que hacia ya tiempo se abatía socarradamente sobre los campos de Colombia se desata ahora en Bogotá, la multitud  se vuelca en las calles buscando en quién vengarse, en quién descargar su ira, a quién hacer pagar por la muerte de sus más inmediatas esperanzas, se inicia la llamada época de la Violencia. Una larga guerra que se arrastrará por cinco años en todo el ámbito de Colombia, cientos de miles de muertos, atrocidades sin cuento, pueblos enteros desaparecidos bajo las llamas, familias que huyen sin saber a dónde, son el telón de fondo de una situación sin derrotero ni destino. El caos político encuentra salida en una guerra anárquica en la que el pueblo lucha porque se siente agredido, pisoteado, herido, aunque sin saber claramente que es lo qué busca, que es lo qué quiere, hacía dónde va. Pero llegó el momento en que ese inmenso número de muertos del pueblo colombiano, empezó a dar un sentido a la lucha, empezó a señalar un camino, empezó a decir ¡basta ya! Y es así como en los Llanos Orientales, se forma uno de los frentes más importantes en esa cruenta lucha por encontrar el camino hacía el destino del pueblo.             

El contexto histórico de la película va desde el Bogotazo hasta la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1948-1953). Los Llanos Orientales se convierten en el espacio geográfico donde ocurren los hechos, alzados en armas de la región que están vinculados indirectamente a uno de los partidos políticos, confluyendo en el constante conflicto de los abusos policiales de los llamados Chulavitas, con escenas de un horror que no cesa en la actualidad: despojo, desplazamiento, asesinatos, violaciones, etc. La garantía de tener mejores armas para contrarrestar al enemigo político, mantiene vivas las esperanzas del grupo comandado por Canaguaro, apodo del líder guerrillero –puesto por nacer en la vereda Canaguaro y por ser bueno para pelear- que se mueve entre los recuerdos de un pasado violento en que su familia sucumbió, y la realidad de su existencia. Las armas nunca llegan, “la guerra termina” dice uno de los emisarios, comienza un nuevo país, más incluyente, entreguen las armas, es el postulado. La acción es real, y en ella las guerrillas del llano con Guadalupe Salcedo, el resto es historia, píldora para la memoria, aquella que el artista Oscar Muñoz nos pone con su obra emblanquecida, borrosa, de esa fila de personajes anónimos de un momento histórico, y en ella, el guerrillero.    


El fuego, el sagrado corazón de Jesús, los godos, el Estado, un doctor bogotano, el espacio rural, un maestro de escuela, familias desplazadas, odio, venganza, hacendados ganaderos, entre otros, suman a la simbología de un accionar violento del cual no terminamos de sacudirnos, y podemos asociar a historias de vida con nuestros padres y abuelos, cada uno contándolo desde un punto de vista diferente, pero con lugares comunes.

Canaguaro es una película vigente, y básica en el repertorio del tema de la violencia en Colombia, sin lugar a dudas, aporta al debate como manifestación artística que soporta los embates del tiempo en momentos de dialogo.

*Agradezco a Rito A. Torres –Subdirector Técnico de la FPFC- por facilitar los materiales fílmicos del director Dunav Kuzmanich

3.4.14

Cineclubismo a pura letra

En el año 2003 empezó la publicación de una serie de libros dedicados al cineclubismo que llegaría a tres ediciones en el año 2013. Material de trabajo que visto en su totalidad suma 54 artículos con la compilación efectiva de Nicolás Román Borré, César Cortez RZ, y otras personas dedicadas al oficio de programar, exhibir, criticar, y conversar sobre cine. Entran en e repertorio  aficionados, cinéfilos, y expertos en el tema que tuvieron cabida en Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes, título que recorre la publicación editada para todos los públicos con sentido informativo y educativo.    


El primer libro –de bolsillo- estuvo coeditado por la Universidad Nacional, y la Asociación Nacional de Cineclubes La Iguana -2003-, propuesta inicial que entrega algunos textos que definen el concepto Cine club, sus  diversas acotaciones, y las expectativas surgidas al revisarse en su pasado, presente y futuro; la tecnología en el cine y sus cambios en el contexto de la producción y exhibición; además de experiencias personales y colectivas en el entramado de la vida cineclubista.  

La segunda parte -2009- de la trilogía no difiere en sus temas de reflexión de su antecesor, con escrituras sencillas que agilizan su lectura amena, llenas de experiencias personales ante el acto de oficiar como miembro de un Cine club e inclusive ante el escudriño de visitar una sala de cine porno en Cali. La presentación, más atractiva y personal que su antecesora, pone el énfasis sobre esa extraña enfermedad asociada al cineclubista denominada por Andrés Caicedo cinesífilis, acá una entrada:

….La esquizofrenia cinclubística es una enfermedad que la ciencia psiquiátrica no estima prioritaria dentro del campo de sus investigaciones. Dicha patología se diferencia de las adiciones del coleccionista cinéfilo o del crítico cinematográfico, en que estos encuentran un deleite individual en la acumulación de objetos o en la suma de placeres intelectuales; en cambio, el cineclubista necesita compartir con un público la experiencia sensorial que lo emociona.
Los síntomas que permiten reconocer la anomalía comienzan por una kinetofagia bulímica, enrojecimiento conjuntival y avitaminosis por falta de luz solar.  Los esquizofrénicos de esta índole fundan cineclubes en todas las instituciones que pisan; sus proyectores viajan alomo d emula, saltan charcos en barriadas, se humedecen en chalupa y respiran las estrellas de la noche en las sesiones al aire libre. (Nicolás Román Borré).

El Tomo III adhiere a su título central la periodización 1913-2013 Un Siglo de Cineclubismo, homenaje al origen del concepto en momentos donde el cine entraba en el escenario de la crítica, las vanguardias, y su posicionamiento como arte, explicación que podemos encontrar en el artículo de Felipe Macedo “Cine del pueblo, el primer cineclub”. El resto de reflexiones suman al espíritu de la obra de presentar diversos temas del universo cineclubista, sin desentonar en la practicidad de proponerle al lector una serie de escritos especiales y vinculantes con algunos espacios de exhibición dentro, y por fuera del país. 

En su exordio al tercer volumen, Nicolás Román Borré deja entrever “el término de un prolongado ciclo” de diez años, y entre líneas la necesidad de abordar el tema de “la legalidad, la ética o la moralidad de la proyecciones”. Significa  que la tarea no termina, seguro, alguno de los editores retomará la idea de seguir con el periplo de una saga literaria que siempre entrega historias, sorpresas y formas de comprender ese mundo lleno de intríngulis fílmicas por medio del oficio cineclubista, con los problemas consecuentes de convocar, dirigir, editar, organizar, y publicar un nuevo tomo sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes.      

Volúmenes
-Sorrel Aroca, Marlon Colmenares, Nicolás Borré, Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes, Universidad Nacional de Colombia, 2003.

-Nicolás Román Borré, Cesar Cortez RZ, Juan A. Niño J., Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes, Ediciones Pluma de Mompox S.A, 2009.

-Cesar Cortez RZ, Pierre Angelo González, Nicolás Román Borré, Sobre Relatos, Cuentos y Ensayos de Cineclubes 1913-2013, Un siglo de cineclubismo, Universidad de Cartagena, 2013.

Nicolás Román Borré, referencias en su blog al Tomo II y III
-http://nerb.over-blog.com/article-34757883.html
-http://nerb.over-blog.com/article-sobre-relatos-cuentos-y-ensayos-de-cineclubes-tomo-iii-1913-2013-un-siglo-de-cineclubismo-120368828.html
          

26.3.14

Andrés Caicedo: Sus cuentos completos

Un nuevo libro de Andrés Caicedo, la compilación de sus cuentos con la novedad de El Ideal, texto inédito del año 1965. Para los aficionados y seguidores de la obra “caicediana” la noticia es especial, así ya conozcamos sus cuentos, y se tengan otras ediciones que suman a la colección junto a sus obras biográficas de intimidad pura, y amplia socialización. Los tres itinerarios que el lector debe llevar a feliz termino se encuentran en el acto creativo de CalicalabozoAngelitos Empantanados (o historias para jovencitos), y El Atravesado.  A.C. se presenta fresco, y retoma su circuito por las ondas de la experiencia literaria; vigente, con nuevos y viejos lectores que reaparecen en sus líneas, y entran en contacto con su eterna juventud, y de fondo la ciudad de Cali en los sesentas y setentas del siglo pasado.


La nota introductoria –El anacrónico- estuvo a cargo del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, presentando a A.C. y parte de su nota suicida del año 1975 dirigida a su madre, donde recalca la que considera una frase irresistible, -el ojo de una cerradura por donde se alcanza a ver un mundo entero: “Yo muero”, escribe Caicedo, “porque ya para cumplir veinticuatro años soy un anacronismo”-. La escogencia de esta secuencia biográfica y epistolar encaja en lo que considera un diagnostico –dolorosamente- preciso. La conexión es directa con el joven intelectual del periodo y su falta de compromiso político ligado a la izquierda, la Revolución Cubana, y las relaciones intrínsecas con todo lo que “oliera y supiera a cultura”, tesis que le confirman Sandro Romero y Luis Ospina, complementada oportunamente con los gustos literarios de Caicedo, dejando el camino expedito para jugar con las frases y títulos del caleño:

…El mundo de Calicalabozo, ese mundo macabro poblado solamente por angelitos empantanados, obsesionado por contar historias para jovencitos –“Cali es una ciudad sólo para adolescentes”, solía decir -, ese mundo que traza con tanta crueldad los destinitos fatales de sus tristes protagonistas, está en todos estos cuentos: su oscuridad, sus vidas alucinadas, su sexualidad confusa, su existencia en los márgenes, sus brutales estrategias para huir del sufrimiento (el de la juventud, que los personajes no saben distinguir  del de la vida misma) que siempre acaban en el abismo y la perdición y el desencuentro irremediable (pág. 11).


El año donde se cumplen 40 años de la aparición de la revista de crítica cinematográfica Ojo al Cine, y el estreno de su obra cumbre ¡Que viva la música! en pantalla gigante, A.C. vuelve y se nos mezcla en la vida cotidiana, siempre habrá una razón en Cali para hablar de él, de su cine club, sus amigos, seguidores, y espacios urbanos por donde algún día la estela de su personalidad estuvo presente.             

El libro es para que usted sepa que Andrés Caicedo es todo un cuento.   

Fuente
Andrés Caicedo, Cuentos Completos, Alfaguara, 2014.     

Textos sobre la obra de A.C. publicados en el blog
http://yamidencine-y-filo.blogspot.com/2010/04/intimidad-caicediana-1era-parte.html
http://yamidencine-y-filo.blogspot.com/2010/04/intimidad-caicediana-2da-parte.html


19.3.14

Empresarios del cine en Buga -1918-

En el año 1918 se publicó un “pesado” y voluminoso libro de 725 páginas titulado Libro Azul de Colombia: Bosquejos biográficos de los personajes más eminentes, con el subtitulo: Historia Condensada de la República, artículos especiales sobre comercio, agricultura, y riqueza mineral, basadas en estadísticas oficiales. Recogiendo información de todas las regiones del país,  el valor agregado del documento son las imágenes que en algunos casos soportan el dato, convertido en valioso para registrar y sumar a temas de investigación de interés individual. El caso particular está dirigido a un ejemplo registrado en el Valle del Cauca con respecto al cine, y que exponemos a continuación.

-Empresarios teatrales Uribe, Concha & Pinedo
El texto se ubica en la ciudad de Buga e indica: “Especialidad en películas. Compran y toma en arriendo las últimas novedades cinematográficas, para los Departamentos de Caldas y el valle. Atienden toda propuesta par espectáculos teatrales. Capital responsable: $50,000.  Residencias: Emmanuel Pinedo, Cali, Valle; Francisco A. Uribe, Pereira, Caldas; Tulio Concha, Cali, Valle; Uribe, Concha & Pinedo, Buga, Valle” (pg. 692). Los tres personajes posan para la foto, en la acera de una casa tradicional bugueña de tapia baja y techada, y una calle empedrada, cada uno se ubica en perspectiva al espacio, y los objetos de su negocio fílmico de exhibición entre los que se encuentran carteles, latas de películas, y fotos que se ubican en la pared como decoración del entorno, sumando una pequeña maquina de escribir que se sostiene en un trípode, y lo que parece un rollo de película de un proyector que alcanza el registro del fotógrafo.


Emmanuel, Francisco y Tulio, debieron sentirse satisfechos al ser escogidos como representantes de un oficio donde participaban pocos, y del cual se sentían influyentes en los espacios geográficos que ponen en la nota. Comerciantes del cine, podríamos conjeturar que los teatros bugueños que usaban los servicios fueron el Teatro Granada –Cra. 12. Calle 9ª.- y el Teatro Montúfar –Cra. 14 Calle 7ª-, fantasmas de un pasado desconocido, sin voz en la tradición oral, y ausentes en su arquitectura local. La exhibición cinematográfica también debió presentarse en espacios alquilados por los ofertantes, negocio primitivo de los inicios del cine que todavía en el segundo decenio del Siglo XX se concebía exitoso, teniendo en cuenta que en Colombia ya los hermanos Di Doménico traían fortalecido el oficio desde la capital, por lo tanto los tres empresarios se movían en otras esferas donde tal vez el monopolio de los extranjeros no alcanzaba y la competencia no existía, quedando lamentablemente sin especificar las obras que se ofrecían, su nacionalidad, títulos, etc.


El dato presentado suma a los influjos por una historia del cine en el Valle del Cauca y sus circuitos de promoción y exhibición, los cuales han estado dedicados, casi en su totalidad, a la ciudad de Cali, centro promotor cinematográfico de influencia  para el país por las obras realizadas en sus diversos periodos, desde el silente, hasta la actualidad fílmica de sus nuevos cineastas. Finalmente, para beneficio de la región, hay una creciente incentivación de festivales y trabajos que recrean nuevas historias de ficción y documental de la vida cotidiana local, “rostros y rastros” anónimos que se convierten en movida audiovisual del presente.  

 Texto de consulta
-Jorge Posadas Callejas ed., Libro Azul de Colombia: Bosquejos biográficos de los personajes más eminentes, The J. J. Little & Ives Company, New York, 1918.
-Imágenes editadas por el autor del blog.      

13.3.14

Escobar: Un capo ¡Che!

Revisando la amplia parrilla televisiva llegue al canal argentino T&C Sports en su programa de media noche “tiempo extra”, la sorpresa inmediata fue ver a un remedo de comediante tratar de imitar al Pablo Escobar –actor Andrés Parra-  de la serie televisiva colombiana -Escobar el patrón del mal- traspasada a otras fronteras, con ademanes, y un teléfono satelital ochentero que sumaba a los comentarios sexistas dirigidos a una dama compañera de set, y en forma extremadamente ridícula.

Inicialmente me pareció absurdo, pesado y por fuera de contexto, no imagine la misma acción con las denotadas parodias de “Sábados Felices”, por la simple razón de ser un tema delicado, y demasiado reciente en la historia del país,  por lo tanto sensible para muchos ciudadanos in-visibles de la vida social y política. Sin embargo, del lado argentino, el caso no es tan trágico y complicado, se asume como serie televisiva internacional, exitosa, y justa para levantar el rating de su canal televisivo en boga. Ahora, llevando al caso contrario el objeto de análisis -si el programa fuera colombiano-, y apareciera un cómico imitando  uno de los personajes de la dictadura, por ejemplo Jorge Videla, de contextura delgada, vestido de militar, con mostacho grueso, parlando a lo ¡che!, y diciendo “tírenlo al océano”, “llévenlos a la ESMA por comunistas, híncheles las pelotas”, y por casualidad algún ciudadano argentino lo viera, ¿cuál sería su posición?

Interesado por el tema visite la página del periódico El Clarín, encontrando algunas notas sobre la serie y su impacto mediático:

 -Primero, el artículo que da entrada a la serie recién estrenada valorando las actuaciones y la puesta en escena: “Si algún guionista de Hollywood hubiera escrito la historia de Pablo Escobar probablemente hubiéramos pensado que se excedía en imaginación. Sin embargo, Escobar tuvo una vida que traspasó cualquier límite de ficción y la televisión colombiana aprovechó ese material para transformarlo en serie”.

-Segundo, la infaltable entrevista a su protagonista Andrés Parra: “Si no fuera por la huella sangrienta que dejó en la historia colombiana, la figura de Escobar parece de tragedia griega. Si, hay algo de eso. Pablo es como un personaje shakespiriano porque vivió intensamente todos los estados y emociones humanas, y los expresó en toda su complejidad. Es impresionante cómo se inventa a sí mismo”.

-Tercero, la aparición de Carlos Salvador Bilardo –técnico de futbol vinculado en el pasado con el Deportivo Cali y la Selección Colombia-, según él como mediador del cartel de Cali y el cartel de Medellín: “Hay un solo caso, dos o tres, ni sé si hay tres, que no pude arreglar. Este es uno: Pablo con Miguel, no lo pude arreglar. Pablo Escobar, del cartel de Medellín, Miguel Rodríguez y Gilberto Rodríguez, del cartel de Cali... No lo pude arreglar, pero estuve a punto", se lamentó el Doctor en el programa "El equipo deportivo" de radio La Redonda. "¿Viste como me saco las fotos yo con las manitos adelante? Ellos me enseñaron”.

-Cuarto, el futbol en los tiempos de Pablo Escobar: “De todos modos, el principal vínculo de Escobar con el fútbol se dio a través de su intervención en los dos equipos de su ciudad: el Deportivo Independiente de Medellín y el Atlético Nacional. Pero no fue el único narcotraficante en esa búsqueda. El Mexicano asomó la cabeza en el Millonarios, a principios de los ochenta”.

-Quinto, la entrevista a Alonso Salazar, autor de la biografía de Escobar titulada “La parábola de Pablo. Auge y caída del gran capo del narcotráfico”, por el éxito en ventas de su libro a partir de la emisión de la serie televisiva: “Yo creo que es el poder de la televisión, en otros países de América Latina, en Estados Unidos, con el público hispano, también ha sido una serie de muchísimo éxito, al ser el libro la base de la serie también ha crecido en ventas”, explica el periodista, que fue alcalde de Medellín, la ciudad donde operó el cártel homónimo, comandado por Pablo Emilio Escobar Gaviria, el “hombre más importante del mundo después del Papa Juan Pablo”, como le gustaba de sí mismo”.  

-Sexto, un texto que explicaba las implicaciones del éxito de la serie en Colombia con el concepto de “narconovela” , agregando: “Colombia es un país en el que se produce una gran cantidad de telenovelas y series cada año, y entre las primeras polémicas que rondaron a "Escobar…" se contó una ya vieja discusión entre quienes ven en ésta y en otra larga lista de producciones que abordan el problema del narcotráfico ("El capo", "Las muñecas de la mafia", "El cartel de los sapos", por citar algunas) una tendencia apologética y quienes defienden la importancia de mantener presente la violenta historia reciente de la nación sudamericana”.

-Séptimo, la comparación inesperada con el capo de los capos cinematográficos, Don Vito Corleone, “el propio”, “El Padrino”,  juego de diferencias y similitudes, afirma el texto,  en cinco ítems: Geografía humana, lo primero es la familia, el hombre detrás de la máscara, de la ficción a la ficción, si lo digo yo. De la última parte anota el documento de Vito: “No es nada personal, son sólo negocios”, “No quiero matar a todos. Sólo a mis enemigos”, “Los desconocidos no deben saber lo que piensas”. Gracias a los subtitulados, son algunas frases que desentrañamos de los susurros y gruñidos del mentón de Brando. De don Pablo: “Al perro que tiene dinero, se le dice, Señor Perro”. “Hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y como las hago yo”. Su latiguillo es la palabra “Verraco”, la usa hasta como onomatopeya para eructar”.


Los artículos brevemente reseñados -faltan otros- exponen el interés temático y mediático que ha despertado las serie colombiana en el sur del continente, valoraciones interesantes que suman al repertorio analítico del espectador que se acerca a la pantalla chica para descubrir ese Escobar desalmado, violento, familiar, y demasiado humano. La fama lo antecede, algunos turistas deciden venir al país y preguntar de entrada por Escobar y el narcotráfico, aventurándose a visitar Medellín para realizar la ruta turística del personaje, constante y tonante realidad que marca a Colombia en el exterior, y que obras televisivas vinculadas al género de la “sicaresca” o “narconovela”, explotan comercialmente para beneficios de los canales privados sin importar los medios y las mediaciones.    

El tema tiene mucho de largo y ancho, atractivo para los investigadores de medios televisivos, y sus impactos socioculturales en el entorno del contexto colombiano con estudios de casos internacionales de exhibición. Así que muñecas, traquetos, mexicanos, patrones,  carteles, reinas, mágicos, y demás seres de ese oficio administrativo y comercial exitoso de la cocaína, tendrán su futuro en el análisis del por qué, cómo, y cuándo, se convirtió en fenómeno de la TV.   

Notas de prensa

-La imagen es un montaje realizado por el autor del texto.
  

6.3.14

Publicaciones de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano

Además de preservar nuestro patrimonio audiovisual, restaurarlo, y ponerlo a disposición de diversas comunidades interesadas en su uso, la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano publica diversos catálogos y textos de consulta básica para los interesados en el ámbito de la investigación del cine nacional. El objetivo, así de conciso, es socializar brevemente ocho de sus publicaciones, las cuales constituyen el trabajo consumado de un grupo de personas vinculadas a la institución en diferentes especialidades, cada una con aportes relevantes en el dato, el análisis, la selección, y ante todo el “espíritu” de una actividad bien hecha dirigida a unos pocos aficionados en la conservación de nuestros filmes y sus acciones paralelas enfocadas en foto fijas, afiches, folletos, hojas sueltas, registros periodísticos, entre otros.

Presentamos las obras:

-Guía de Organización del Centro de Documentación y Biblioteca
ISBN 978-958-95510-4-2
2006
La guía esta dividida en nueve partes incluyendo la bibliografía: 1. Estructura tipológica; 2. Clasificación; 3. Codificación; 4. Epígrafes o descriptores; 5. Catalogación y sistematización; 6. Procesos técnicos; 7. Servicios; 8. Estadísticas del centro de documentación y biblioteca.  El objetivo, en palabras de la directora Miryam Garzón de García, es la de “propiciar el acceso a la consulta por el mayor número de usuarios, sobre la información depositada en el centro de Documentación y Biblioteca, se presenta esta Guía de Organización, de manera que no solamente se de a conocer la forma como se ha ordenado al interior de la institución, si no que también sirva de modelo a los profesionales y a las entidades que acopian información en soportes escritos, electrónicos y ópticos como los de la multimedia”.


-¡Acción! Cine en Colombia
ISBN 978-958.8250-38-0
El libro-catalogo editado con motivo de la exposición celebrada entre octubre de 2007 y enero de 2008 entre algunas entidades como el Ministerio de Cultura, el Museo Nacional de Colombia, la Secretaria de Recreación y Deporte de la Alcaldía Mayor de Bogotá, significa un esfuerzo máximo por ubicar información básica y relevante de nuestra historia cinematográfica. La investigación y textos estuvieron a cargo de Pedro Adrián Zuluaga, con asesoría de Rito A. Torres, Jorge Nieto. Las páginas de este excelente trabajo editorial y de edición, están divididas periódicamente en seis partes: 1897-1915, el cinematógrafo en Colombia: redescubriendo y conquista de un país;  1916-1937, el cine silente o la Colombia idealizada; 1938-1959, el poder de las ideas; 1960-1977, árduos campos de batalla;  1978-1996, ¿Los años dorados?; 1997-2006, un gran supermercado audiovisual. En su introducción la directora del Museo Nacional explica que la exposición y el documento, “no hace una historia del cine colombiano sino que ofrece una mirada a la manera como el cine ha descrito la nación y cómo los colombianos hemos consumido el cine que se produce dentro y fuera de nuestro país”.  Valiosa compilación que sirve de derrotero para entrar en las páginas del pasado fílmico nacional con un lenguaje sencillo y directo para los lectores que les interesa el campo de la investigación cinematográfica nacional, y aquellos que ajenos al tema, y críticos constantes de nuestros estrenos internos, no conocen de nuestras realizaciones, debates, y encuentros.
       


-Versiones, subversiones y representaciones del cine colombiano. Investigaciones recientes 
XII Cátedra Anual de Historia, Ernesto Restrepo Tirado 
Ministerio de Cultura, Museo Nacional de Colombia, Patrimonio Fílmico Colombiano
Memorias. 2008, 263 p.
En el año 2011 dedique dos textos en el blog al libro, consultar en:



-Documentales colombianos 1915-1950
ISBN 978-958-95510-5-9
La periodización del catálogo expone 82 documentales, va “De Barranquilla a Cartagena” dirigido por Floro Manco entre loa años 1913-1916 a blanco y negro y silente; hasta “Señorita Bogotá” de Álvaro y Gonzalo Acevedo Bernal a blanco y negro, sonoro y del año 1950. Las fichas técnicas, comentarios y notas, se complementan en algunos casos con fotogramas de las obras. La investigación y textos a cargo de Rito A, Torres y Alejandra Orozco, pone en la opinión publica una guía interesante, básica y complementaria para cualquier investigador de nuestras imágenes en movimiento, “enfatizando la importancia de continuar con la búsqueda y recuperación de estas obras con el fin de afianzar el acervo de la memoria audiovisual del país”.    


-Publicaciones periódicas de cine y video en Colombia 1908-2007
ISBN 978-958-95510-6-6
El texto, bellamente editado, presenta una selección especial de nuestras revistas de cine, historia de fracasos y éxitos en medio de la exhibición y producción cinematográfica internacional y nacional. Iniciando con “Cinematógrafo” del año 1908, surgida en Bogotá, y dirigida por Manuel Álvarez Jiménez; culminando con “Enfoque Visual” publicada en Bogotá con la dirección de Alejandro Pérez y César Mauricio Pérez. Fichas, investigación, y textos, estuvieron bajo el criterio de Jorge Moreno, Juan Carlos Arango, Diego Rojas, y Rito A. Torres. En su presentación, la directora de la institución afirma que “constituyen un universo de sentido las publicaciones periódicas especializadas que recogen lo que dinamiza la producción cinematográfica al publicar textos que suscita la creación fílmica. Impresiones, conjeturas, posturas críticas y comentarios hacen correr la tinta e influyen en la aceptación del trabajo. Las revistas documentan la expresión  cinematográfica, prestan un servicio como punto de referencia para investigaciones y movilización del conocimiento y estudio del fenómeno artístico consignado en el celuloide. Conocido es el cine por las dinámicas que sugiere y las posiciones que alienta, su correspondencia con la realidad, las necesidades de la sociedad y los conflictos humanos, las ficciones que motiva y la forma como se asume lo representado, la forma de ser y ver la vida consolidan esta creación para el entendimiento como séptimo arte”.         

-Principios y técnicas en un archivo audiovisual
ISBN 978-958-95510-7-3
Ocho capítulos contienen este libro, incluyendo el glosario la bibliografía y los anexos. La memoria y el patrimonio audiovisual, la conservación,  los soportes audiovisuales, la clasificación, aspectos éticos y legales de la gestión de archivos, entre otros subtemas, los podemos encontrar en este instructivo texto que se enfoca visiblemente en la actividad cotidiana de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, y su hacer como entidad protectora. Con respecto al tema del patrimonio audiovisual nos indica: “Los primeros archivos de filmes y cinematecas fueron creados durante el decenio de los treinta del pasado siglo, al igual que la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF), conformada en 1938.  Los archivos comenzaron a guardar además de los soportes fílmicos de las imágenes en movimiento. Elementos como las bandas de sonido magnético, equipos y documentos en papel. Esta convergencia de diversos materiales provocó que en los años setenta y ochenta, en algunos países, el Estado agrupara la gestión de estos materiales tan diversos provenientes del cine y luego también de la televisión y el video, y se fusionaran los archivos de televisión y cine, creando, como en el caso de Inglaterra, el Archivo Nacional de Cine y Televisión; y en Francia el Instituto Nacional Audiovisual (INA)”.      

Disponible en línea:      



-Documentales colombianos en cine 1950-1992
ISBN 978-959-95510-8-0
El detalle y la minucia es ejemplar en este trabajo compilatorio, se presentan los datos de 1121 documentales, iniciando con “Colombia Incógnitas para los Censos Nacionales”, dirigido por Luis Moya Sarmiento en 1950, a blanco y negro, y en 35 mm.; finalizando con “Vea a Ver” de Arturo Jaramillo en 1992, a color y en formato de 16 mm. Agrega el libro un índice cronológico de documentales por año, de sus directores, y de series documentales en cine, además de las amplias referencias bibliográficas de su acervo documental.


-Carteles de largometrajes colombianos en  cine 1925-2012
 ISBN 978-958-57740-0-1
La edición de lujo que nos ofrece la fundación, se convierte en un libro de colección único para mostrar y presentar a los interesados en nuestro cine nacional, contiene los afiches elaborados por la fundación para sus obras restauradas, y aquellas que pertenecen al trabajo individual y colectivo de los directores del cine colombiano, imágenes graficas que denotan cierta belleza para el lector, reactivando por lo tanto la memoria cinéfila. Veremos entonces de inicio el homenaje a “Bajo el Cielo Antioqueño” filmada en 1925; para culminara con “Sofía y el Terco” del 2012 con la premisa de que “el cartel cinematográfico que se difundiría para publicitar la película colombiana atendía a una composición que develaba un juego conceptual entre la imagen y el contenido para producir un efecto visual provocador en el espectador. Se acude así a un tipo de desarrollo de las artes gráficas que modifica ligeramente la fotografía, introduce símbolos, ubica información con llamativos textos, datos concretos y directos de la realización de la obra y responde a las normas de la composición del color”.



Debemos agregar que estas publicaciones han tenido el apoyo del Ministerio de Cultura, el fondo para el desarrollo cinematográfico, y Proimagenes Colombia. Igualmente la institución ha editado nuestras primeras imágenes en la “Colección Cine Silente Colombiano”;  desarrollado trabajos documentales sobre la “Historia del Cine Colombiano” en 14 capítulos; y coproducido con la Cinemateca Distrital la “Colección 40/25 Joyas del Cien Colombiano”; películas de obligada consulta para los que enseñan cine colombiano, o simplemente lo asumen como una forma personal o colectiva de aprender esos sueños fotográficos en movimiento hechos realidad.    



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El orden de presentación de estos catálogos y libros publicados, traen la editorial de la directora de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, y en algunos casos la introducción de uno de los investigadores que regularmente son los mismos. Las ediciones varían, denotando la preocupación por entregar un trabajo bien elaborado con los datos precisos en forma de fichas técnicas, y periodizaciones que presentan los títulos, sumando las imágenes. En contra, y lastimosamente se generaliza a muchas publicaciones institucionales, estos trabajos se quedan cortos en su divulgación, reducida a pocos investigadores que se acercan por “casualidad” o de “lleno”, al hecho cinematográfico de nuestro cine colombiano, el cual en manos de la fundación, tiene un protector incondicional.
        
*Agradezco a Rito Alberto Torres M. –Subdirector técnico de la FPFC- por facilitar las obras para su revisión y consulta.              

Página FPFC


28.2.14

El cine llega a Cali –segunda parte-

A mediados del siglo XX encontramos otra información  sobre el cine, en 1907 llegó a Cali una empresa que con electricidad producida por un dínamo portátil, exhibió las primeras películas móviles, además:

[…] La sorpresa de nuestra ciudad al darse cuenta del cine, de que las figuras humanas caminaban y adoptaban posturas diferentes; de que los animales corrían con toda naturalidad, sobre el telón, fue extraordinaria, decimos, y no puede olvidarse. Es recordable el grito de admiración de una mujer al ver, en el Teatro Borrero, la aparición de un caballo que movía orejas y cola y obedecía el cabestro con toda naturalidad. Esta empresa de cine fue traída aquí por un cubano. La ciudad no cesaba de comentar el propio espectáculo.
Después en los años siguientes, hasta 1913, pasaban por aquí diversos empresarios, con sus proyectores que inicialmente atraían a las gentes. Pero las películas se exhibían sin ofrecer  las empresas a los asistentes ninguna comodidad. Parados veían éstos todo, especialmente en el patio de la casa Municipal, ubicada en el lugar donde se erigió el palacio para oficinas nacionales, los films cinematográficos. Las películas se contraían a cosas en verdad ingenuas. La vista del mar causaba perplejidad al público. Nada adquiere mayor belleza y relieve como el agua sobre el lienzo cinematográfico.
Fue 1913 el año en que apareció aquí el cine y fue organizado como empresa permanente, con asientos para el público asistente, es decir, con las mayores comodidades antes desconocidas. La empresa logro resonante y feliz suceso, en su etapa inicial, pero vino después la competencia que arruinó a los dos contendores, y los obligó ya debilitados, a unirse, con lo que los iniciadores resultaron lesionados gravemente y sacados del negocio.
Entonces en aquellos días lejanos, empezó la confección de las películas, digamos con temarios, en las que aparecían obras de mundial celebridad, como “Los Miserables” de Víctor Hugo, y otras de gran importancia que provocaban el delirio de las gentes. Había alguna imperfección en los mecanismos de entonces, pero siempre brindaban al público una diversión amena y colmada de interés.
No olvidamos el slogan empleado, desde luego sin necesidad, por las empresas cinematográficas de esa época: El teatro es mera parodia de la vida. El cine es la vida misma. (Relator, 1956).

El anónimo escritor del texto periodístico parece haber sido testigo de algunos asuntos narrados, aportando para el presente particularidades de ese proceso de consolidación del cine como negocio y espectáculo: primero, el asombro del público asistente ante ciertas imágenes que los dejaban perplejos, claro indicio de una novedad de divertimento que aportaba al monótono vivir de Cali, además de indicarnos que dicha empresa cinematográfica era de propiedad de un cubano que la vinculaba a las actividades del Teatro Borrero como añadidura a otros espectáculos; segundo, la llegada de otras personas con proyectores fílmicos que aunque atraían a los espectadores la comodidad no era apropiada, de pie soportaban la exhibición; tercero, ubicar 1913 como el año en que se instituyó el cine como una empresa permanente y de comodidades para este tipo de distracción; cuarto, el factor de la competencia que parece causó un detrimento en la cual no salieron favorecidas dos empresas cinematográficas, en este punto hay una referencia que ayuda identificarlas, según Hernando Martínez Pardo al narrarnos las primeras empresas distribuidoras de cine en Colombia, en Cali funcionaron en 1913 Cine Universal y Cine Olympia[i] explicando una controversia a partir de una referencia por medio de un documento publicado el 26 de noviembre de 1913 en su número 28 titulado El Defensor:

[…]El Cine Universal daba sus funciones en el Palacio Municipal por determinada suma. Más tarde vino el cine Olympia y, como era natural, el Municipio sacó el teatro a licitación, luego que hubo terminado el plazo del contrato del cine Universal. Iban estos dos empresarios a entrar en licitación en franca lid, quedándose con el teatro la empresa que aportara mayor suma para el arrendamiento del mismo. Se pensaba que los dos iban a competir sanamente, peo al abrir la licitación entró en discordia un tercer Cine, elevando tanto los valores del arrendamiento, que las dos empresas iníciales tuvieron que retirarse.
Al día siguiente de la adjudicación, este tercer cine se declaró en quiebra, quedando lógicamente con el teatro el Cine Universal, y pagando la primitiva suma de arrendamiento, burlando claro está, al Concejo Municipal, a los habitantes y a los empresarios del Cine Olympia. El Concejo al saber la tramoya resolvió no alquilar más el teatro, ni al Cine Universal, ni al Cine Olympia ni a ningún otro. Por todo esto, el Cine Universal resultó perdiendo, ya que no puede volver a presentar proyecciones, hasta que no terminen el salón de su propiedad (Martínez, 1978, pp.26-27).  

Regresando a las crónicas sobre esos primeros años de la exhibición cinematográfica en Cali, relacionando la remota época del cine silente, Alirio Piedrahita Camacho nos entrega un interesante texto (El País, 2 de febrero 1964), inicialmente referenciando nuevamente al Teatro Borrero como pionero de diversos espectáculos donde el cine entró como novedad en las diversas variedades –el teatro, la comedia, la velada lírica, la opereta, la zarzuela-; al Teatro Variedades que pertenecía al ciudadano P.P Jambrina y que pasaría a nuestra historia cinematográfica como director de Garras de oro en 1926; y el Salón Edén. Según el cronista, el primer teatro de cine mudo estuvo en manos del italiano Donato Di Doménico, quien aprovecho la inauguración de la luz eléctrica en 1910 para empezar su negocio privado con un proyector Pathe, en un espacio ubicado  hacia la esquina del costado sur de la plazoleta de Santa Rosa en el centro de la población, sin un nombre característico, simplemente reconocido como “el cine de Don Donato”, y bajo un telón de fondo blanco pequeño templado sobre un marco grande de guadua, los asistentes novicios se acercaron con cierto fervor al cine de aventuras y suspenso.


Piedrahita afirma que Di Doménico construiría luego –donde actualmente se encuentra el Teatro Isaacs- un nuevo sitio de esparcimiento denominado Salón Moderno,  edificación de madera y guadua que constaba de tres plantas divididas en platea, palco y galería –gallinero-. También se reseña otro pionero de la exhibición que no contó con la suerte suficiente para soportar su negocio, el dominicano Ramón Silva, que  en 1911 fundó lo que llamó Nuevo Circo “este coliseo fue destruido en cierta ocasión por una chusma enfurecida de gamines y adultos que, disgustados por el fracaso de una película de las llamadas “latas”, procedieron sin contemplaciones a derribar la rústica ramada del Teatro de don Ramón” (El País, 1964). Otra referencia está dirigida al Teatro Colombia –propiedad del circuito Cine Colombia-, cuya existencia empezó en 1929, y para la época en que se pública la crónica, todavía permanecía activo, teniendo el honor de ser el primer teatro donde se exhibió una película parlante titulada Alas en el año 1937. Un aporte de esta reseña periodística nos ayuda a identificar las características de esos viejos teatros pioneros de la exhibición cinematográfica como empresa en el entorno social de la ciudad: 

 […]El empresario alquilaba un solar grande o una casa que tuviera un patio extenso. En la parte frontal el empresario construía la llamada “casilla” destinada a la máquina y laboreo de proyección. Allí se guardaban las películas y demás implementos relativos a la industria. En los corredores (si era en casas) se instalaban los escaños (no había butacas) para comodidad de los espectadores de “primera”, como se les solía llamar a los del “palco”. En el patio, es decir, en puro “aire libre”, se distribuían unas bancas rústicas para los del pueblo y la muchachada. En el fondo del patio o solar se instalaba el telón o pantalla, una faja de lienzo fino o de percal blanco, templado en forma de cuadro sobre un marco de tarugos de guadua. En un tramo del corredor o ramada, el empresario ubicaba la sección del palco o referencia. Sobre las paredes de madera o guadua esterillada, se pegaban los afiches correspondientes a las películas de próximo estreno lo cual servía de adorno a manera de paisajes. La máquina o “proyector” era de distintas marcas y calidades. El comúnmente usado en la época a que se refiere esta crónica, era el PATHE, de manubrio o manivela, de tipo pequeño y liviano, el cual se instalaba sobre cualquier mesa o cajón grande. En la parte de enfrente de estos aparatos iban dos carretes grandes de hojadelata para envolver y desenvolver la cinta a medida que la proyección funcionaba. Para este ejercicio mecánico había necesidad de darle vueltas al manubrio como si se tratase de un molino de maíz. El “operador”, que era el mismo empresario, permanecía de pie durante todo el tiempo que duraba la película (unas dos horas y media, más o menos, según la cantidad de rollos que había que pasar). La maquina tenía un lente grande adicional y aislado para la proyección de “avisos” y propaganda.          
MUSICA MAESTRO
Para amenizar las funciones durante la proyección y al final del espectáculo, el empresario contrataba previamente la banda de músicos o una “orquesta de cuerdas”, en último caso, amenizaba sus películas con música al final..., las entradas eran muy concurridas, especialmente cuando se trataba de películas de aventuras. La propaganda para atraer el público consistía en repartir programas timbrados en papel ordinario de colores y también por medio  de “bocinas” parladas en las esquinas…
LOS INTERMEDIOS
En la mitad del espectáculo, los empresarios hacían una pausa (habrían un compás de espera) destinada al descanso de las recalentadas máquinas, preparación de los demás rollos y también para que el respetable consumiera sus golosinas (mecato), se tomará sus frescolas, saboreará los ricos cholados y demás comestibles que vendían dentro y fuera del teatro.  
ENTRADAS
Durante el desarrollo de esta nueva diversión científica, extranjera, privada y colectiva del CINE MUDO en nuestro añejo ambiente de comienzos del siglo XX, los precios de las boletas de entrada al espectáculo era de DIEZ CENTAVOS para el palco y de CINCO CENTAVOS para los de galería. Cuando se trataba de “salas” al aire libre (solares, patios) entonces valía cinco centavos la entrada general.
   
 Los teatros pioneros en la industria cinematográfica caleña hicieron parte de un circuito muy importante que involucró a la sociedad en un espacio de diversión único que avanzaba conforme al crecimiento urbanístico de la ciudad, promoviendo una serie de espacios que con el tiempo identificamos como Teatros de Barrio, fortalecidos en la década del cincuenta, sesenta, setenta y ochenta del siglo XX, pero venidos en detrimento con los cambios efectuados en la exhibición cinematográfica de la empresa Cine Colombia[i], que en mayoría las administraba, instalando sus salas en los llamados Cineplex ubicados en centros comerciales. Pero también existieron casos donde particulares eran dueños de sus salas y entraban en el negocio de la exhibición, contratando con las casas distribuidoras existentes en el país, con sucursales en las principales ciudades, algo que en la actualidad está centralizado en la ciudad de Bogotá.

Con seguridad los recuerdos de muchas personas en su asistencia a cine, le rememoran un teatro particular ubicado en su barrio, con función doble, y la posibilidad de seguir allí para repetirlas. La cultura cinematográfica por lo tanto fue cimentada en estos espacios y tal vez con la niñez y juventud vieron en el séptimo arte la posibilidad de seguir una carrera profesional, como directores de cine o académicos investiga[1]dores; críticos de lo observado  bajo la oscuridad, que reflejaba en un telón imágenes en movimiento, fundaron cineclubes, grupos de estudio, revistas especializadas e hicieron cine.
     

[i]La empresa fue fundada en 1927 por industriales antioqueños para a la explotación de espectáculos públicos y cinematográficos, dentro de sus negocios estuvo el de la adquisición de la empresa Di Doménico hermanos en 1928, lo que significaba en cierta medida entrar en el monopolio cinematográfico de las principales ciudades del país, con dedicación exclusiva al exhibición, más no a la producción.  Ver  Martínez Pardo, Hernando (1978). Historia del Cine Colombiano, Librería y Editorial América Latina, Bogotá, pp. 28-30.
[i]Ramiro Arbeláez afirma: “Las empresas Cine Olympia y Cine Universal editaban en Cali sendas revistas para promocionar sus películas y dar información general concerniente al cine. Ellas fueron: El Olympia, órgano del teatro Olympia, editada en Cali a partir del 19 de noviembre de 1.913 por la Compañía Nacional de Cinematógrafos, que trae en su primer número una referencia velada al pleito de la licitación y un planteamiento en favor de la libre competencia; la segunda revista es El Cine Universal, de la que no quedan ejemplares ni se conocen fechas de publicación, sólo la reproducción que hace la revista El Kine de Sincelejo, en 1.914, de un artículo escrito en la revista caleña por Tulio Hermil con el título "¿Qué es el cine?", donde plantea que "La misión del cinematógrafo, como la de la prensa, es esencialmente civilizadora. Hacer obra de verdad, obra de belleza, hacer obra de progreso: he ahí su fin". En Arbeláez, Ramiro (1999). El Cine en el Valle del Cauca, En Historia de la Cultura del Valle del Cauca en el Siglo XX, Proartes 20 años, Editorial Feriva, Cali.  
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