12.6.13

Los Recuerdos del General

El 23 de noviembre de 1974, el General Gustavo Rojas Pinilla –Tunja, 12 de marzo de 1900, Melgar, 17 de enero de 1975- entregó la que sería la última entrevista concedida en exclusiva para el primer número de la Revista de Historia. Fernando Umaña Pavolini fue el entrevistador, aclarando en una línea que dicha conversación fue “revisada y corregida por la familia del General”, por lo tanto se trata de recuerdos corregidos. El título del artículo “las guerrillas en el llano y otras cosas más…”, presenta diversos temas de la vida política del país donde el personaje central estuvo presente, entre otras el nacimiento de las guerrillas, las posiciones de la dirección nacional liberal, la iglesia católica, las fuerzas armadas, la pacificación, entre otras.


El objetivo del presente texto es presentar la versión del militar sobre el golpe del 13 de junio de 1953 que lo llevaría a gobernar al país hasta el 10 de mayo de 1957, cuando la violencia política aún vigente, la censura periodística, los paros nacionales, y las agitaciones estudiantiles en combinación con las burguesías políticas y otros sectores, llevaron a su dimisión entregando la llamada “dictablanda” a una junta militar de transición para iniciar otro proceso conocido en nuestra historia social y política como Frente Nacional.  

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Versión del Golpe del 13 de Junio

F.U.P.- Cuéntenos sobre el 13 de junio.


G.R.P.- Bueno, al principio vino aquella situación tan dura y Laureano resolvió mandarme a España, mandarme a inaugurar el vuelo de Avianca, el 17 de abril del 53. Yo dije: “Laureano lo que quiere es sacarme de aquí  dejarme allá de Embajador para que no vuelva”.

Total que llamé al chófer y le dije: “Eche mi maleta al carro pero no la suba al avión, porque yo no voy a viajar; usted no se lo dice a nadie”. Me llamó el Ministro de Guerra que era el responsable de todo lo que estaba pasando porque los militares, tal vez injustamente, le echaban la culpa a todos los fracasos por su demasiada amistad con Laureano. Me llamó por teléfono y me dijo: “General, yo paso por usted para llevarlo al aeropuerto, con mi General Lombana, mi secretario”. Yo le dije: “Por supuesto, no había inconveniente”. Llegó, nos subimos al carro, llegamos a Techo que estaba lleno de gente. “¡Ay mi General, no se vaya! Que no se sabe que va a pasar aquí”. “No hombre, es fuerza mayor, voy a llevar a María Eugenia para que conozca a Europa, la china ha estudiado muy bien”. Cuando llamaron los pasajeros al avión, me levanté y me dirigí al patio; detrás de mí venía el Ministro de Guerra y detrás el General Lombana. Toda la oficialidad de Bogotá formó una “U”, cerrando para que nadie pudiera entrar al avión. Frente a la puerta del avión había una bandera y luego militares, formados codo a codo; nadie podía pasar; cuando llegué los militares me vieron y me dieron paso. Fue a pasar el Ministro de Guerra y lo empujaron no lo dejaron pasar. “No puede pasar, le dijo un sute y se cerró. Yo pasé la fila y en vez de dirigirme hacía el avión me puse al lado de la bandera; ya todos los pasajeros habían subido. El segundo mío de viaje era el Coronel Escandón; salió Escandón y me dijo: “Mi General sólo falta que mi General suba”. Yo le dije: “Lo encargo que me represente porque yo no viajo a España”. Los militares tiraron la gorra al aire y gritaron: “Viva mi General Rojas, abajo el Gobierno”.

Ahí estaba la señora de Urdaneta; lo llamó por teléfono y le dijo: “Roberto, el General Rojas no viajó a España y dicen que de aquí va a coger para palacio a hacerse cargo del Gobierno”.

Bueno… yo tomé el carro con mi ayudante y me dirigí  a mi Despacho, saqué los dólares que me habían dado para el viaje y le dije a mi ayudante: “Tome teniente vaya a Tesorería y entregue estos dólares que me han dado para viajar y saque doble recibo del Tesorero, firmados por él, porque luego dicen que no los quise devolver”. Luego seguí trabajando: me llamó por teléfono Urdaneta (él me decía Gustavo): “Gustavo me alegra mucho que no te hayas ido. ¿Y qué vas hacer?” “No… Aquí trabajando, despachando estos asuntos urgentes…?  

Laureano vio que no había podido salir de mí. Como había tenido un encuentro duro con Laureano cuando lo conocí, él sabía mi modo de ser. Entonces “El Siglo” empezó a atacarme; fui y hablé con el Gerente y le dije:

“Les prohíbo que vuelvan a hablar de las Fuerzas Armadas o les cierro el periódico”            

“¿Le cierra el periódico al doctor Laureano Gómez?

Y le respondí: “Sí, le cierro el periódico. Al día siguiente mandé un oficial con tropa: “Revise la edición, si hay algo contra las Fuerzas Armadas, decomísela. Y evidentemente, venía una catilinaria contra mí. Después preparé el banquete del 22 de mayo e invité a todos los Comandantes de las Fuerzas Armadas, Cuerpo de Tropa, Generales en retiro, Cuerpo Diplomático, Alzate, Ospina, etc. Fue el famoso discurso del 22 de mayo del que dijeron que había sido el Golpe de Estado. Se acentuó la tirantez con Laureano, la cosa más brutal, hasta que me fui el jueves anterior al 13 de junio. Tenía yo un coctel para despedir la misión americana, lo preparé en la Escuela Superior de Guerra y ordené que todos los Comandantes de Tropa de Bogotá fueran al banquete; con cada uno de ellos hablé separadamente y les dije:

“Me voy para Melgar mañana y vuelvo en el primer avión del lunes, durante mi ausencia ustedes no reciben ordenes sino mías. Ni del Presidente, solamente verbales del General Rojas Pinilla. Esta es una orden general que tienen todos los Comandantes”. Me sorprendió mucho que al otro día por la mañana, me dijo un amigo y muy amigo de Laureano “¿Te vas mañana para Melgar? “Sí, me voy mañana”.

“Te apuesto una caja de whisky a que cuando regreses te han dado de baja”.

“Con esta condición te la apuesto, de que si el Gobierno me da la baja se cae”.
Me respondió: “A eso sí no le apuesto, porque el Gobierno se cae”.

“Entonces vamos a hacer una cosa, vamos a apostar doce monedas de cincuenta centavos”, y las sacó. Yo saque una y dije: “Que sean trece”.

Por eso era que en Palacio, en mi escritorio, había trece monedas de cincuenta centavos. Y evidentemente me fui, y di orden que si pasaba algo en Bogotá, un avión diera tres vueltas sobre la finca mía en Melgar y me esperara en Flandes.

Me estaba bañando (tengo un sexto sentido para las cosas) y le dije a Carola: “Salgamos ya porque el avión salió de Bogotá y tenemos que irnos. Salí, almorzamos, nos preparamos y evidentemente llegó el avión, dio las tres vueltas, era un DC-3. Me llamaron al teléfono, era Berrío Muñoz y Duarte Blum, me dijeron: Es urgente que regrese inmediatamente”.

Cuando salí de Melgar puse el radio y ahí decían que había tomado posesión Laureano, que me había dado de baja; solté la risa y dije: “¡Viejo pendejo!”. De ahí en adelante me encontré con el primer carro de detectives que habían mandado para que me asesinaran; los habían mandado por Fusa y por Girardot. Yo llevaba un carro con ametralladora y soldados armados adelante y otro atrás, luego iba el carro mío; nos encontramos en una curva, en un puente, casi se va abajo el carro de los detectives. Al llegar a Techo había una compañía esperándome y al salir de techo había otro carro de detectives; se salvaron milagrosamente porque yo iba en un camión del ejército y el que manejaba la ametralladora los vio y los iba a matar. Yo alcance a subirle el cañón y le dije: “No les haga nada, vea que están muertos de miedo”. De manera que habían dado orden de que me mataran.


Laureano se largó de palacio y se perdió, no se pudo encontrar; mejor dicho se escondió, el único que sabía donde estaba era Luis Ignacio Andrade. Cuando yo le dije a Urdaneta, siga usted mandando aquí con el apoyo nuestro, a mí no me interesa el gobierno, él dijo: “Pero mientras Laureano no renuncie, yo no puedo asumir porque él es el Jefe del Estado”, entonces le dije a Andrade: “Por qué no vas tú que sabes dónde está Laureano le sacas la renuncia, la traes y sigue todo normal. Te vas en el carro mío con mi ayudante para que no te pase nada, porque la ciudad está tomada, y si te ven, tú que eres Ministro de Gobierno de Laureano, te puede pasar alguna cosa”. Pero yo lo mandaba para saber donde estaba Laureano. Regreso y dijo: “Mi General, Laureano dice que antes de firmar la renuncia, para que siga gobernando Urdaneta, prefiere que usted se haga cargo del Gobierno”. De manera que quien dio el golpe del 13 de junio fue Laureano Gómez. Sencillamente así, y luego dicen que lo desterré. Lo primero que yo hice fue rodear la casa de Laureano, porque le iban a meter candela. Tuve que enviar una compaña para evitarlo. Los liberales lo iban a matar, pero pensé: lo matan y después dicen que yo lo maté: entonces tengo que sacarlo del país, y tengo que sacarlos a todos, porque si Álvaro se queda es al primero que matan, eso sí,  porque era el que iba y venía con las razones. Luego, para demostrarle que yo no lo sacaba por odio ni por nada de esas cosas, fue cuando dicte el Decreto: “Los Presidentes en el exterior ganan en dólares”, y le puse tres mil dólares. Ningún Embajador ganaba esa vaina y dicen que lo exilié para que se muriera de hambre. Vea usted, es que no hay derecho, no hay derecho a mentir en esa forma (págs. 15-17).  

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La información venida de la memoria del General, hace parte del anecdotario de la forma como llegó al poder con particularidades especiales. El contexto colombiano antes, durante y después de su llegada al gobierno como presidente, queda escuetamente presentada en está parte. Como documento es importante por escuchar la voz de Gustavo Rojas Pinilla, y plantear el momento de su desencuentro con Laureano Gómez, que ausente del gobierno por problemas de salud desde el año 1951, ejercía la suficiente influencia en un sector del partido conservador, entre ellos al designado Roberto Urdaneta. Los avances, logros y fracasos, de lo vivido bajo su mandato, quedan en la tribuna de la investigación histórica que clarifica está etapa en momentos difíciles en lo social ante la Violencia política partidista acentuada desde el año 1948.

Luego de sesenta años la violencia heredada de esos tiempos ha mutado, viejos y nuevos actores se han sumado al entramado de nuestras regiones y ciudades, siendo el espacio rural el más afectado. La esperanza sigue viva, construyéndose y forjándose dificultosamente con la Paz anhelada que alguna vez tuvieron las guerrillas del llano en los años cincuenta, y representada en un nuevo capítulo sostenido en la delgada línea de los acuerdos que las aves de rapiña pican constantemente.                  

Fuente
Fernando Umaña Pavolini, Las Guerrillas en el Llano y otras cosas más…,-última entrevista con Gustavo Rojas Pinilla-, Revista de Historia, Nº1 Vol. 1, Bogotá, Agosto de 1975. 
Imágenes
-Sin referencia de autor,  corresponden a la Revista de Historia.
Nota
Para el interesado en el tema, revisar las siguientes obras:
-Cesar A. Ayala Diago,  Resistencia y oposición al establecimiento del Frente Nacional: Los orígenes de la Alianza Nacional Popular (Anapo) Colombia 1953-1964, Universidad Nacional de Colombia, Colciencias,  Produmedios, 1996. 
_______________, Nacionalismo y populismo: Anapo y el discurso político de la oposición en Colombia, 1960-1966, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Historia, Cindec, Colciencias, 1995.      









7.6.13

María -1966- de Enrique Grau

La noticia de una obra fílmica restaurada siempre traerá la consecuente alegría de los pocos aficionados e interesados en la historia del cine colombiano, costumbre que cada cierto tiempo la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano nos entrega en el proceso de conservación de la memoria audiovisual del país, está vez con la adaptación de María dirigida por Enrique Grau en 1966, una más en el entramado del Siglo XX que ubicó la obra literaria de Jorge Isaacs en la número uno de las versiones para cine y televisión.


En el boletín informativo de la fundación podemos encontrar el listado de “obras marianas” realizadas en el país, desde la cinta de Rafael Bermúdez Zataraín realizada en México en 1918 y de la cual no existe copia alguna, hasta la serie televisiva dirigida por Lisandro Duque en el año 1991 que particularmente se “desempolvó” hace poco para ser trasmitida en el canal público y cultural del Estado Señal Colombia:

    María en el audiovisual
1938, México, Chano Urueta
1956, Colombia, Bernardo Romero Lozano
1966, Colombia, Enrique Grau
1970, Colombia, Alfonso Castro Martínez
1972, Colombia, México, Tito Davison
1972, Colombia, Luis Eduardo Gutiérrez
1985, En busca de María / Jorge Nieto y Luis Ospina
1991, Colombia, Lisandro Duque Naranjo

La Cinemateca Distrital fue el espacio de exhibición para degustar visualmente está extraña joya psicológica que reinterpreta el idilio hecho tragedia de la “calentura” -como diría una avezada amiga- de sus personajes centrales. Según los créditos, el padre de Efraín se llama Jorge Isaacs, interpretado por el maestro Santiago García que tal cual se nos presenta como si fuera fiel estampa de uno de los oleos del escritor vallecaucano. Vemos a Emma celosa, fastidiada con su hermanastra, y hasta incestuosamente enamorada de su hermano, escena que podemos observar en uno de los cuadros oníricos de Efraín ante el desastre de su vida por la muerte de su amada; el resto, lo dejo para el interesado en el filme cuando tenga la oportunidad de verlo en algún espacio de exhibición pública o tal vez en la televisión nacional.


Igualmente fue grato conocer a Francisca Ponce de León, la actriz que a sus escasos 15 años se acercó a la piel de María para sufrir los achaques amorosos y patológicos que la llevaron a su muerte, la misma actuación que cuarenta y cuatro años antes Stella López Pomareda hiciera para nuestro primer largometraje. Cuarenta y siete años después la tenemos en frente, hablando de los vericuetos del rodaje, de la censura familiar, con la misma sonrisa coqueta que sensualmente le ofreció a Efraín en una de sus escenas, emocionada ante la posibilidad de verse en pantalla, restaurada, y vigente como estrella de una de las mejores obras de vanguardia realizada en el país, que seguro para algunos puristas de la obra literaria, se trató de una pésima adaptación, y para los cinéfilos, un punto importante en la creación artística con las posibilidades que el cine le otorgaba. 
           
María (Colombia - 1966 - 90 min. - 8 mm - Color - Ficción)
Dirección: Enrique Grau.
Guión: Alberto López / Enrique Grau y Alberto López (Adaptación).
Dirección de fotografía: Alberto López y Diego León Giraldo.
Cámara: Diego León Giraldo.
Iluminación: Diego león Giraldo.
Fotofija: Hernando Tejada.
Montaje: Enrique Grau, Alberto López, Arturo Esguerra y Camilo Calderón.
Script: Carmen Sirauki.
Coordinación: Élmer Vásquez.
Decorados - Vestuario: Enrique Grau.
Maquillaje - Peinados: Lucy Tejada.
Producción: Alberto López y Enrique Grau / Camilo Calderón (Asistente).
LocacionesFinca "Aguascalientes" en Tabio, Cundinamarca, Colombia.
Exhibición: 27 de junio de 1966, Teatro Ferroviario de Cali dentro del 2° Festival de Vanguardia realizado en dicha ciudad
Intérpretes: Francisca Ponce de León, Arturo Esguerra, Sofía Prieto de Soto, Germán Vargas, Mauricio Vargas, Susy de Vargas, Diego León Giraldo, Santiago García.
Nota: película experimental en la cual, con aves negras y pavos reales, postales viejas y flores secas, objetos de tocador y piezas de anticuario, se recrean los toques manieristas o teatralizados del romanticismo criollo y se ironiza en torno al recato de María y su desdoblamiento vampiresco. Algunos de estos datos artísticos y técnicos de la película están consignados en la claqueta firmada por Enrique Grau, expuesta como parte de la colección de objetos y equipos audiovisuales de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Esta entidad conserva 52 minutos de esta película.

Fuente
Jorge A. Moreno, Jorge Isaacs y su obra en el audiovisual,  Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, http://www.patrimoniofilmico.org.co/anterior/noticias/109.htm, boletín informativo número 23, revisado junio 6 de 2013.

Nota restaurativa

María, 1966, Enrique Grau, silente, color.
Se establecieron dos fuentes para la recuperación de esta película filmada y estrenada en formato de 8 mm. La primera un casete de U-matic el cual una vez sometido a la limpieza de la superficie magnética (tape check) y rebobinado (refrescamiento) fue objeto de una captura a disco duro. En el análisis de este se observaron dos tipos de degradaciones, una producto del original en soporte fílmico, que ya estaba estropeado al momento del telecinado (roturas, rayas y encogimiento) además del que afecta al soporte en cinta magnética que permaneció guardada durante muchos años, que presenta el deterioro que afecta a este soporte de video analógico.

La otra fuente fue una nueva captura  desde el original en soporte fílmico en 8 mm pero con una tecnología de hoy que supera la de proyección, usada en el pasado, para la obtención de la copia a U­matic. Se utilizó un telecine­escáner  Memory­Debrie que utiliza un espejo gal­vanométrico que rastrea el marco de la película fotograma a fotograma y la registra en una matriz de tres CCD, lo que permite capturar una imagen estable con una definición mucho mayor, este trabajo se realizó en la Filmoteca Vasca.

Se procedió a la comparación de los dos archivos (el capturado desde U­matic y el nuevo telecine). Se analizaron los tipos de archivos y se complementaron escogiendo los fragmentos que se encontraban en mejor condición. Posteriormente se aplicó una limpieza y restauración digital de imagen así como una colorización.

19.5.13

Glosa sobre el cadáver de un dictador


Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.
Charly García.


En vida y muerte, eternamente el dictador será grotesco. Algunos fallecen por la fuerza de la providencia, ancianos, enfermos y en mansiones vigiladas al lado de los suyos, quienes apropiaron o desconocieron la otra facha, la monstruosa. Otros como el prócer de la patria, mueren “en átomos volando”, víctimas de sus practicas de desequilibrio institucional. Por último están los dictadores que no lograron escabullirse del juicio de la historia,  “afrontaron” veredictos civiles que los ubicaron tras las rejas con condenas dignas de sus actos: a cadenas perpetuas o a la pena de muerte con las “botas puestas”.        

Quisieron muchos entrar en la eterna soledad del olvido, pasar de agache ante sus oprobiosos actos, y asumir que simplemente estuvieron en el instante que los necesito la historia en que se inscribieron para colocar en orden el Estado de las cosas, con patrocinios externos en frío y caliente que asumieron los cruzados llenos de estrellas para alinear sus ovejas descarriadas. En ese contexto, nuestros petulantes dictadores atiborrados de reconocimientos en sus aplanchados uniformes, penetraron el aire libre respirado por todos, lo secuestraron, le pusieron límites, lo organizaron en edificios, caballerías o escuelas oscuras con la luz exigua del torturador, aquella que dejaba notar la punta de su nariz, y el aliento a muerte de su voz en la extraña amabilidad de las posibilidades de decidir el soplo de vida para su victima. Culminación de otra jornada irracional.  
  

El día siempre fue oscuro para las victimas del opresor, entregadas a la incertidumbre, buscaron la salida con el idilio hecho sueño de libertad, la que ganaron con la muerte y con suerte la supervivencia, alargada con la dulce victoria de ver a su victimario enmarañado en la realidad de sus actos, postrados, poco avergonzados, y seguros de que lo realizado estaba en el destino manifiesto de su recorrido por este mundo. Pobres seres humanos.

¿Qué se hace con el cadáver de un dictador? Se promociona, se recuerda con el afán del olvido, se esconde, y en últimas se reinventa ante la sospechosa presencia de admiradores que comparten, y sienten su ejemplo como el suyo ante los desequilibrios de su universo.  Quedando la satisfacción que el altivo y locuaz personaje, yace mudo, no grita, no ajusticia, no envía señales para su gran acto, soportando la pesada tierra que mancho con su puño.

El deleite se siente, se respira mejor, bien muerto está, un dictador nos ha dejado, que nunca viva un dictador.   

-Imagen editada de Videla y Pinochet.

23.4.13

Lanzamiento del libro Historia de Cali Siglo XX


Día: Abril 30 de 2013.
Hora: 2 pm.
Lugar: Centro Cultural de Cali

El Grupo de Investigación Nación/Cultura/Memoria del Departamento de Historia de la Universidad del Valle, presenta su libro colectivo sobre la Historia de Cali Siglo XX, acto especial para exhibir a la comunidad educativa caleña y sus interesados una obra intelectual de gran envergadura con reconocidos y nuevos historiadores. El objetivo central es entregar algunos rasgos históricos de la capital vallecaucana a las instituciones educativas en tres tomos –Espacio Urbano, Política, Cultura-, para que integren a sus procesos formativos desde las Ciencias Sociales en sus temas transversales. El ejercicio es importante para que las actuales generaciones se identifiquen desde el presente con el pasado de la ciudad que los acoge, actividad que obviamente se socializará por los profesores en sus espacios de enseñanza y aprendizaje.

¡Quedan invitados!



Adjunto la invitación del señor rector de la Universidad del Valle.
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Carta del Rector
Apreciadas profesoras y apreciados profesores.

Me es grato informarles que la Universidad del Valle en conjunto con el señor Alcalde de Santiago de Cali, hemos acordado realizar el “Acto de Lanzamiento” de la obra escrita HISTORIA DE CALI SIGLO XX, el día 30 de abril de 2013. En este espacio esta cordialmente invitada toda la ciudadanía, para  conocer la historia de Cali por medio de esta valiosa obra. En este sentido,  les adjunto la tarjeta de invitación.

Esperamos contar con su presencia en este evento especial.
Sea esta la oportunidad para agradecerles su valiosa participación en la elaboración y definición de esta obra, tan importante para nuestra ciudad,  y que servirá de referente a los investigadores y escritores de otros lugares del país y de América Latina.

Reciban un cordial saludo, 

IVAN ENRIQUE RAMOS CALDERÓN

Ver reseña y contenido de los tomos en:

12.4.13

Paz


En su momento esas palomas de la paz pintadas sobre el asfalto de nuestras calles me parecían meros adornos de un gusto individual o colectivo, que a semejanza de un fin de año cuando se pintaban imágenes concernientes a la navidad o al equipo campeón del futbol colombiano, se sumaban al jolgorio especial con mensaje directo. Sin embargo descubrí siendo todavía un niño en la década de los ochentas, y en pleno gobierno de un conservador literato, que se trataba de una campaña gubernamental que insistía por una salida negociada al conflicto, con intelectuales que se la jugaban en pos de un anhelo nacional sin pensar que la “mano invisible” y sus extremos políticos, tensionaban para que fuera un intento fallido, triste paloma de paz que caía ante el corte de sus alas.

Esa primera experiencia, sumada a las que ocurrieron en la transformación política del país con la promulgación de la Constitución Política de Colombia en 1991, llenaron de esperanza la posibilidad de acuerdos para un cese total del conflicto por medio del dialogo sin importar el color y tendencia política, pero sentimos, descubrimos, y observamos que los años noventa fue una copia bien hecha de los oscuros espacios del tira y afloje de dos bandos nacionales en plena oposición bélica, sumando otros rasgos paralelos que metían candela en conocidos e insospechados territorios geográficos que apenas distinguíamos.

Mediáticamente un bogotano raizal conservador busco el proceso de paz para su beneficio electoral y lo alcanzó, sentado en su silla de la casa de la carrera séptima, planteo un despeje para conversar y estrechar la mano, pero esa “silla vacía”, con una bandera tricolor al ir y venir del viento y llena de huecos en una región desconocida para gran parte de la sociedad colombiana, sería el presagio definitorio que el norte y sur de las partes era diferente, así la fiesta con el “entusiasmo” y la “agüita pa mi gente” en plena plaza de la paz, confundiera los bandos y las personas en plena danza, al igual que los desfiles de “lagartos” que veían la oportunidad de usufructuar para su beneficio dicho proceso, y delegaciones variopintas que iban, solicitaban y regresaban sin nada.     

En medio de la maraña y la crítica constante, un antioqueño con verborrea ascendía aprovechando la coyuntura política y el error de su adversario psicológico al no llegar a acuerdos, instaurándose en el país un nuevo período de marcada huella guerrerista que acentuó el conflicto con uno de los actores, y llegó a un acuerdo con su antagonista, en medio de “padres de la patria” que quisieron refundarla, y acciones tristemente paralelas que ubicaban a la población en acciones “negativamente positivas”. Amangualado con la clase política a través de prebendas notariales, y ajustes burocráticos, cuatro años más se sumaron a su trono buscando el año 2019, truncado por la gracia magistral del orden institucional de un poder tan cercano y tan lejano a sus necesidades.


Llegada la hora de elegir nuevamente, la capital puso a su hombre con apoyo de la casa de Nariño, y cuando todo parecía seguir igual, hubo un giro gradual del proceso que volcó las energías a la búsqueda del empeño de muchos, y hecatombe de pocos, apareciendo las talanqueras directas y con rostro que posan su mano oscura con guante blanco, ahí en ese estado social y político estamos, en la coyuntura de los extremos que se convierte en peligrosa por caminar la delgada línea del éxito o el fracaso, ¿por cuál línea camina usted?

Para un grupo las marchas aportan poco al sentido esencial de la causa manifiesta en un objetivo central, los apoyos varían dependiendo su promotor y énfasis, un ejemplo reciente es el año 2008 y las dos concentraciones nacionales que se realizaron: La primera, en febrero con un claro sesgo al “no más FARC”,  posicionada por el gobierno de turno en los canales privados televisivos, y cadenas radiales que enfatizaban sobre “el clamor nacional” ante el opuesto estatal culpable de todos los males del país; la segunda, en abril pregonando su realización a favor de las “víctimas del Estado”, menor en cantidad, vigilada sospechosamente por el Estado, y al final en el caso bogotano, con una intervención policial ante los desmanes de un grupo minoritario. Observándolas, fue notoria la diferencia en asistencia, convocatoria, y homogeneidad temática y mediática, aunque su objetivo final fueran las victimas del país sin importar el sesgo político, algo que pocos entienden asumiendo el “cadáver exquisito” de los ciudadanos desconocidos del titular que distinguimos como muertos ideológicos de la lista diaria del pasado y el presente.

El 9 de abril de 1948 después de la una de la tarde, la multitud de gente se desbordaba en una Bogotá apacible y siempre de luto al bogotazo. La muerte de su líder político, posible salvador nacional de las necesidades del pueblo en las próximas elecciones presidenciales, caía muerto ante las balas de un grupo invisible que fraguo su crimen, algunos afirman que en ese acto se partió la historia del país acentuando la violencia, otros, que simplemente fue la consecuencia de los enfrentamientos políticos de alta alcurnia donde el poder disputado quedaba en la vía lineal de las formas regulares que habían regido al país hasta ese momento.


Sesenta y cinco años después Bogotá se manifestó a favor de un clamor general, sin su luto regular ante las incidencias del cambio climático, la ciudad estuvo colorida, alegre, y humana, en una mezcla de rostros que mostraban diversos colombianos sin importar las diferencias regionales, olores en mezcla continua que llenaban el ambiente de un aura especial ante el desborde de una necesidad histórica con imágenes de paz. Organizaciones sociales se expresaron en el carnaval de la igualdad: pancartas, denuncias, cantos, pitos, tambores, representaciones teatrales, ofrendas florales, y actos simbólicos, sumaron al engranaje general de un comienzo de ruta establecido en la plaza de Bolívar, la cual se rebosaba  constantemente ante la marea humana de caminantes que llegaban a la meta del inicio de sus esperanzas.

Pero obviamente la marcha no fue ajena al discurso político, y en la tarima dispuesta para dicho fin, pasaron tres figuras políticas del momento, cada uno (a) con su estilo dispuso de  arengas y posiciones con vivas de apoyo, y comentarios “bajo cuerda” de desaprobación. El acto central, afirmaba el emocionado presentador, sería la lectura de la Segunda Oración por la Paz, la primera se había realizado en esa misma plaza en el contexto de la Manifestación del Silencio pero desde el edificio Lievano el 7 de febrero de 1948 por Jorge Eliecer Gaitán. Emocionado, esperé que su lectura fuera ejecutada por el poeta autor de tan necesarias palabras, el “poeta de la patria” afirmaba el locutor, sin embargo nuestro poeta las cedió a otra boca y aliento para la multitud, que poco pudo hacer para hacerlas dignas de su ejercicio locuaz, en conclusión, no me hizo erizar.


La marcha mostró la fuerza de las organizaciones sociales y políticas, la necesidad de una salida negociada al conflicto, y un ímpetu por apoyar esta oportunidad única que vivimos sin la ceguera ideológica que obnubila nuestra realidad social, aquella que directamente reconozco en historias particulares y familiares en diversos procesos. La paz es de todos, no tiene color político, lo que resulte será beneficioso en medio de la reparación a las víctimas, un ajustado acuerdo, y porque no, una idea común del país que soñamos.                        
   

29.1.13

El cine: única diversión en la Bogotá de 1939


Un artículo publicado por la Revista Estampa de Bogotá en noviembre de 1939, presenta con un título ambicioso el recorrido por los cines bogotanos y algunas de sus características en la vida cotidiana capitalina. Crónica interesante que deja entrever los espacios de exhibición fílmica, que para el momento hacían parte de un circuito que sumaba 19 salas, y tenía en construcción otras para ampliar los horarios de esa oferta única que según el escritor había hecho de sus pobladores “unos cineastas supremamente empedernidos”. Las inexistentes salas, algunas borradas del panorama urbanístico, otras restauradas, hacen parte del proceso social de ocio de nuestro pasado bogotano, donde el cine funcionaba como una opción asequible y estratificada, la cual fue ganando en aficionados y oferta diaria.

Actualmente, el cine no es la única diversión, sigue siendo una posibilidad económica y cercana al entramado de nuestra sociedad con los denominados multiplex en centros comerciales ubicados en los diversos puntos cardinales, y una oferta especial y por fuera del contexto, las denominadas salas alternas, con dos posibilidades que marcan la pauta con ciclos representativos de un cine por fuera del engranaje comercial, y la apuesta por las obras documentales de corto y largo aliento de nuestro cine nacional.       


Presentamos a continuación un artículo que describe  y expone los espacios de exhibición cinematográfica capitalina a finales de la década de los treinta, su aporte es importante y mínimo a un estudio de los teatros usados para este fin, que ya en alguna oportunidad, presentamos con la reseña de una investigación, y las reflexiones sueltas y concretas expuestas en algunos textos de Historias en Cine-y-Filo.    


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Historia de los cines en Bogotá
Por: Ernesto Camacho Leyva.

Los cuatrocientos mil habitantes de la ciudad de Bogotá, Capital de la República de Colombia, Capital del Departamento de Cundinamarca y del Municipio mismo de Bogotá, solamente tienen una diversión: El cinematógrafo.

Triste y desesperante realidad contra la cual han luchado todos, cuantos habitan esta urbe cosmopolita y friolenta de la cual se dijo alguna vez que era la Atenas Suramericana. Y digo realidad contra la cual han luchado, no porque quiera liberarse el público de ella, ni porque la fastidia, sino porque ha traído desesperación el hecho de que esa es la única manera que haya de distraer momentáneamente la abulia que nos carcome, alejando las esperanzas y mortificaciones de la vida cotidiana; de ese tedio que nos trae esta vida azarosa y de vanas esperanzas a largos plazos, de la única manera de distraer el espíritu tratando de encontrar alivios fugaces, llevando el pensamiento hacia los hechos reales o inverosímiles que nos presenta la pantalla de plata.


Ya se dirá que el bogotano cuenta con infinidad de centros sociales y culturales, con parques y jardines, cafés y clubs, paseos a los alrededores, parques mecanizados y no se cuántas otras cosas que dizque sirven para distracción y solaz de los que habitamos en esta altiplanicie a la altura de dos mil quinientos y tantos metros sobre el nivel de los mares. Pero, tampoco es menos cierto que todas esas cosas que llaman clubs solamente son frecuentadas por reducidos grupos sociales; que los parques no son una diversión propiamente dicha; que los paseos son muy relativos, estando limitados a quienes tienen medios automotores de locomoción y que los cafés, no dejan de ser tabernas destinadas a un juego de billar, unas copas o un rato de charla fastidiada por orquestas rechinantes. ¿Dónde hay aquí un vaudeville o teatro de variedades, un teatro de comedias, otro de zarzuelas y operetas? ¿Dónde hay un cabaret decente a donde pueda irse con personas de honor? No tenemos nada de esto. Las compañías de opera son cosas que ya olvidamos. Las de dramas y comedias vienen de visita esporádicamente. Los cabarets no existen. Los coreográficos no son paras señoras; la “Ciudad de Hierro” o parque mecanizado, sólo nos visita una vez cada cuatrocientos años. De manera que al bogotano solamente le cabe rellenar los salones cinematográficos. Y por este hábito somos unos cineastas supremamente empedernidos.

De ello es prueba que en la ciudad existan actualmente 19 salas cinematográficas que ostentan presuntuosas el nombre de teatros y que funcionan permanentemente. Hacia el sur solamente hay 2; en el centro antiguo de la ciudad hay ocho; al centro norte hay cinco y hacia el extremo de lo que se llamaba el “Versalles bogotano” existen cuatro. De tantas salas de cine, solamente merecen el calificativo justo de teatro unas cinco, pues las restantes son apenas salas de cine. En la plaza del Barrio Chapinero se construye otro salón y sobre la carrera séptima entre calles 22 y 23 , la Compañía de Seguros está terminando el teatro “Colombia”, copia del Roxy de New York, y que será, a no dudarlo, lo más suntuoso y elegante de las ciudades suramericanas.

Los habitantes de Bogotá hace diez años apenas conocían cuatro salones de cinematógrafo, que eran El Olympia, El Faenza, El Bogotá, y El Cinerama o teatro para niños. El Olympia es lo que pudiéramos llamar el decano de los salones, pues su construcción data del año 1912. El famosísimo teatro del Bosque, que fue el primero que tuvo Bogotá y que se levantaba en el lugar que hoy ocupa la Biblioteca Nacional en el Parque de la Independencia, desapareció. En estos dos últimos se dieron cita alegre y novedosa los “filipichines” y las “flores del jardín bogotano”, a presenciar esas largas películas mudas, en series, que traía el señor Di Doménico, el primer empresario cinematográfico que tuvo la capital. En el año de 1918, vino la inauguración del teatro Bogotá, y en el 23, se inauguró el Faenza, que fue considerado como “lo mejor de lo mejor”. Indudablemente ese teatro vino a ser el mejor dotado de la época, el más espacioso, el más cómodo, el más suntuoso. Y hoy día continúa siendo uno de los primeros salones exhibidores de películas. Porque había que ver cuáles eran los otros “Teatros”. El del “Bosque” no tenía cubierta y en las noches de luna no se veía la proyección de escasa potencialidad luminosa; los asientos eran banquetas de madera en desorden y en el “patio” o galería no los había. El “Olympia” ya tenía cubierta y algunas bancas de listones, y el “Bogotá” por el estilo, pero a pesar de tantas deficiencias el público devoraba las películas, por cierto inmoralísimas, según decires de nuestros hermanos centenaristas, de Francisca Bertini y Pina Menichelli. Recordáis hermanos centenaristas aquellas películas que se llamaron “Blanco contra negro”, película con la cual estrenaron el Olympia; “La juventud del diablo”, “Madame Sons Gene”, “La ley del profeta”, “Mesalina”, “Las dos niñas de Paris”, y “Matías Sandorf”?


El “Bogotá” había decaído notablemente, pero cuando vino el cine sonoro fue el primero en instalar los aparatos, lo que la dio nueva vida al salón. Vino luego la apertura del Real con la misma innovación y vinieron después rápidamente la construcción de teatros, el rejuvenecimiento de los ya existentes y la instalación de parlantes. Así, vimos desaparecer la orquesta que amenizaba la proyección y otras costumbres que eran de rigor y que le daban al espectáculo una amenidad mayor. Porque, los caballeros que se llamaban enantes “cachacos”, luego “filipichines”, posteriormente “Glaxos” y que ahora se denominan “Chupos”, tenían la muy curiosa manera de pasearse por pasillos y corredores en los largos intermedios de la función, piropeando a damas, ojeando bellezas y buscando novia. Esto constituyó en su época las delicias de unos y otras y daba al salón una animación especial –la que ahora que nos hemos enseriado tan extremadamente- nos parecería ridículo.

Salones y teatros fueron así, de diez años a esta parte, naciendo a la vida pública. Pero hay más curiosidades: En el año de 1930, las funciones solamente eran nocturnas y empezaban a las ocho y cuarto de la noche. La competencia impulsó el negocio y los empresarios en su afán de coger más ganancias instauraban la vespertina a las seis en punto de la tarde. Después se establecieron las funciones llamadas de matiné y últimamente las matinales que apenas tiene unos cuatro años de instaurada. Desaparecieron las “galerías” que todos los salones tenían necesidad de reservar para la gente obrera, debido a la escases de salones propios para ella. Pero sin embargo, aún no está el cine continuo, debido quizá a que el método de vida de nuestra urbe no permite público para tales cosas.        
              
            
        
                                                

22.12.12

Nochebuena


Siempre la expresión “ya le llegó la nochebuena”, la vinculaba con el plato trifásico de natilla, buñuelos y manjarblanco, productos elaborados caseramente que solían repartirse en la tarde del 25 de diciembre después de entregar los regalos del amigo secreto. Palabra que significa el momento que antecede en el mundo católico la navidad, nacimiento de Jesús, niño dios mediático que debe otorgar el regalo respectivo a los niños como por arte de magia. Y cada región celebrará el momento con una comida especial, venida de la tradición culinaria que no cambia o se transforma levemente. Sobretodo ahora, que el mercado te invita a adquirir sus productos tomados de otras tradiciones, esta vez externas. Tamales, lechonas, ajiaco, pescados, etc., suman al mantel tradicional. Jamones, pavos o pollos rellenos, arroces mixtos, etc., se agregan al plato externo. Cada arte comestible es especial, sobretodo por la compañía familiar, así sus comensales comiencen a dejar de lado algún ingrediente –cebolla, pasa, pimentón-, o expresen un no ante la posibilidad de un pedazo de carne de origen porcino, como suele ocurrir constantemente.


Celebrando la navidad, desde el lado tradicional del almuerzo o cena de media noche, y desde el Cali Viejo, Alfonso Bonilla Aragón –Bonar- en su habitual columna Birlibirloque para un veinticuatro de diciembre de 1967, explicaba:

[…] Ayer sábado despertó la hermosa señora, -Aurita, Martha, Norita, Florencia, Aura Lucia, Maritza – y después de decapitar un bostezo civilizadísimo, recordó que hoy era Nochebuena, y entonces, asumiendo la totalidad de sus funciones, descolgó el blanco teléfono y después de marcar el número de su club o restaurante favorito, ordenó los platos con los que habían de regodearse –almuerzo o cena-, los hombres de la casa y la gente menuda. Y así llegaran hoy a las mansiones, adornadas no con él castizo pesebre –que eso es vulgaridad aldeana-, sino con tristes  y soñolientos pinos, los pavos en serie y las tortas al por mayor. Y todos saborearan los acartonados muslos con guarnición de papas al vapor y los biscochos con maizena. Tal vez el abuelo, tal vez el señor de la tribu sí, como yo, es largamente cincuentón, extrañaran otras sazones y otros sabores. No los jóvenes, que esos no saben lo que fue la comida del Valle del Cauca cuando era cocinada con leña y en olla de barro y en sartenes de cobre, y no como ahora con electricidad o gas, y en esos artefactos pitadores que más parecen caricaturas de locomotoras que trebejos de buen yantar. 

Ahora se cena para nochebuena. Y es lógico. Ya no se apuestan aguinaldos, ni de los decentes, ni de aquellos otros “A perder pluma”, en los que fue campeón Gustavo Lotero, quien sostiene que fue capaz de cobrar seis en una sola noche, con lo cual se puso al par de Hércules, que convirtió en mujeres a no sé cuantas miles de vírgenes, con lo cual no se realizó una hazaña, sino que metió, como mi maestro “Plumitas”, una de las  más grandes mentiras de la historia….

Y tampoco se va a misa de Gallo gran pretexto para enamorados furtivos y óptima oportunidad para señores canasteros. (Advierto que así no se llamaban, como ahora, los que jugaban  “canastas”, sino los que, como cierto gran poeta, gustaban de los favores de las muchachas de la Cofradía de Santa Zita –no sé cómo llamarán en Popayán-, a las que en Cali disciplino y condujo al cielo ese extraordinario guión de progreso y varón cabal que fue llamado, con gran acierto, fray Alfonso de la Concepción Peña.  

En mis tiempos, y por lo menos en el Estado Llano al que siempre he pertenecido y dentro del cual moriré lo importante de la Nochebuena era el almuerzo, dado que era día de ayuno con abstinencia pues no se comía carne, (pero de res), y sólo se hacía una refección fuerte, al mediodía, para que los señores pudieran apecharse después sus resacados desde las “Esdrújulas” y demás galante ralea, y los muchachos prepararse para la Misa que amenizaban los “Porrongos” y otros genios del canto, amén de las bandas de “Garrón de Puerco” con que “Vilachí” y mi “Pila de Crespo” contribuían a la cultura melódica del villorrio. 

El almuerzo de Nochebuena, que era una antología para el paladar, constaba de:
Sopa de pandebono con queso y Guevo (Guevo con “G” y no con “h”) porque era producto de la flor del solar y no de los concentrados de ahora.  

Frijoles con garra, en la mesada de los pobres. Pero el tratamiento requería varios días de trasnocho para las leguminosas y un cerdo alimentado en el traspatio familiar, con las sobras anuales del propio condumio.

Pavo para la ración de los poderosos. Pero unos y otros honrados con encurtidos de grosella y chulquín.      

Y de postre, en el Cali Viejo, antes de que llegaran los “paisas” –que a mi también me trajeron-, manjarblanco o “majarblanco”, por favor, -Kety-, dulce desamargado que es a mi ver, con la sopa de tortillas y las tostadas de plátano la mayor contribución de mi Valle a la cultura occidental, y hojaldres, aderezo español pero que aquí tomó pronta carta de ciudadanía gracias a cierta aspereza del trigo vernal.

Con los “de abajo” arribaron la natilla y los buñuelos…

Bonar con cierta nostalgia, siente en los sesentas que la tradición cambia en la sultana vallecaucana, pero nada se ha transformado en la actualidad, en algunos espacios familiares del valle del río cauca se sigue con las prácticas universales,  locales y las heredadas de la colonización antioqueña; la navidad y el fin de año colombiano, seguirá siendo el mismo sin variaciones trascendentales: desde octubre los almacenes comenzaran ofrecer sus productos navideños, encenderán las luces –algunas ciudades mejor que otras-, ofrecerán el árbol, aparecerán los papá Noel, los programas radiales con las mismas canciones, y así sucesivamente el mecanismo se pone en marcha en la dinámica anual donde lo más importante son las vacaciones, el descanso, y el encuentro con las personas que más queremos.

Así es la nochebuena, un producto cultural de arraigada costumbre que disfrutamos en el calor familiar; y como sucedió hace diez años, o el año pasado, las actividades no se modificaran, a lo mejor con la salvedad del familiar ausente –como dice la canción-, que estará disfrutando en otro espacio, y otras costumbres, una fiesta de sentido religiosa, guapachosa, y gastronómica, disculpa certera bien acomodada al calendario occidental.

¡Feliz Nochebuena!  

Fuente    
Libro, Historia de la Capilla de San Antonio y el Corrillo del Gato Negro, varios autores, publicado en los años setentas en Cali.