8.9.15

Convocatoria: Revista Historia & Espacio Nº 46

Dossier: Historia del Cine Colombiano y Latinoamericano

La revista Historia & Espacio del Departamento de Historia de la Universidad del Valle,  invita para el número 46 a interesados en presentar artículos especializados y orientados hacia la Historia del Cine Colombiano y Latinoamericano. Cines nacionales, historias locales y regionales, entran en el contexto de nuestras imágenes en movimiento, desde sus periodos fílmicos silentes entrando en la sintonía del cine sonoro universal; pasando por una importante tradición desde el reconocimiento y análisis del llamado Nuevo Cine Latinoamericano, y en este, las obras y autores que marcaron cierto influjo relevante en la puesta en escena de nuestras historias documentales o de ficción; hasta los últimos veinte años de cierto boom mediático –escuelas de cine, festivales, coproducciones- regido por la aceleración de la tecnología, y con ella nuevos investigadores que se suman a la significativa tarea y proceso práctico de investigar, ver, leer, y escribir sobre cine.     

Ahora bien, la historiografía, el patrimonio audiovisual, las representaciones históricas adaptadas –cine histórico-, las publicaciones, los archivos fílmicos, la exhibición cinematográfica, entre otros temas del amplio escenario y posibilidades de la Historia del Cine, tienen cabida para el proceso de selección y evaluación, bajo los criterios exigidos por la revista, y atendiendo las condiciones de rigurosidad de la especialidad temática que se abordará en este Dossier.

En búsqueda del cine como territorio, abordamos el momento discursivo propuesto por la historiadora francesa Michele Lagny al plantear:

[…] ¿De qué hablamos cuando hablamos de cine desde una perspectiva histórica? De filmes, sin duda, Pero a no ser que nos contentemos con una descripción filmográfica (de tipo arqueológico), hablamos también a través de ellos o, a propósito de ellos, de muchas otras cosas que parecen darles, a la vez, sentido, espesor y valor. Hablamos de las formas que aparecen en dichos filmes, de las instituciones que los producen o que los controlan, de los equipos o de los autores que los realizan, de los públicos que los reciben -o no- y de los espectáculos que los presentan o influyen, de las representaciones sociales que “reflejan” o inducen, del impacto político o ideológico que se les puede reprochar o exigir (Lagny, 1997, 26).

Los diversos escenarios que identificamos en la cita, posibilitan entender la importancia que tiene en la actualidad acercarse a la historia del cine desde sus propios contenidos y espacios de representación, que en muchos casos vienen definidos por una marca donde sobresalen acciones culturales con líneas directas y enmarcadas en lo educativo, económico, político, y social; temas coyunturales que son reflejo de nuestras realidades, y que a través del cine son puestas en dispositivos de enunciación; así, distinguimos en la actualidad el Cine Colombiano en la plataforma de un reconocimiento mundial que se inscribe en el Cine Latinoamericano. 

          
Siguiendo la línea que nos trazara Allen y Gomery, reconocemos en la actualidad esos “enfoques tradicionales en la historia del cine” en cuatro partes: Historia Estética del Cine, Historia Tecnológica del Cine, Historia Económica del Cine, Historia Social del Cine. Dentro de estas clasificaciones, podríamos enumerar otros elementos de reflexión vinculantes al oficio de mirar el séptimo arte como objeto de estudio de gran alcance, y que seguro los investigadores interesados en esta convocatoria, sabrán definir en los objetivos de sus pesquisas:

[…] Cuando el historiador del cine se doblega ante las técnicas de los historiadores, su práctica se confunde con la de la historia. Es pues normal que la historia del cine se encuentre enfrentada a la contradicción que supone la doble aspiración a la cientificidad y a la globalidad. Es preciso tomar partido: como la historia general, la historia del cine puede ser exhaustiva, global, explicativa, parcial, incompleta, hipotética, y plantea una serie de cuestiones que acabarán modificando las imágenes provenientes de otros puntos de vista sobre la sociedad (Lagny, 285).   
    
Nos encontramos ante una oportunidad interesante en el escenario de las revistas especializadas y de alto impacto en historia. Al asumir la responsabilidad de que el Dossier sea dedicado al cine, y a sus diversas imágenes a través del oficio del historiador, nos ponemos en ruta desde la capital vallecaucana, la cual sobresale en el ámbito internacional como área geográfica de cineastas, documentalistas y expertos en la producción de obras que tanto en el pasado como en el presente, sobresalen por su valor y posicionamiento con el pasar de los tiempos.    
     
En ese orden de ideas, temas, y posibilidades de la Historia del Cine Colombiano y Latinoamericano, invitamos a los interesados que hayan realizado investigaciones concernientes al tema propuesto, a que envíen sus textos para ser evaluados y considerados para su publicación. La fecha límite de postulación de artículos será hasta el día 13 de noviembre de 2015, en consideración a las normas para publicación en la Revista Historia y Espacio de la Universidad del Valle.

Para revisión de las pautas para publicación, revisar el siguiente enlace:

Cordialmente,

Yamid Galindo Cardona.
Coordinador del dossier

Fuentes
LAGNY, Michele. (1997). Cine e Historia. Barcelona: Bosch Casa Editorial, S.A.
ALLEN, Robert, GOMERY, Douglas. (1995) Teoría y Práctica de la Historia del Cine. España: Paidós Comunicación. 

4.9.15

Doscientos Años de Una Carta

Toda isla, se sabe, es la cumbre de una montaña. Fue en Jamaica, proscrito, y así vigilado por el amor y la muerte, donde Bolívar tuvo por fin la gran visión del continente como un todo y de la lucha que debía librar para obtener su libertad.
William Ospina.

El 6 de septiembre de 1815, Simón Bolívar escribió desde la isla de Jamaica uno de los documentos más relevantes en el escenario de la confrontación por la independencia de nuestros países suramericanos de la corona española.   Subtitulada “Contestación de un Americano Meridional, a un caballero de esta Isla [Henry Cullen]”, la Carta de Jamaica corresponde al segundo de los textos relevantes escritos por el libertador, lo que llama Ramón de Subiría “el eslabón que enlaza el Manifiesto de Cartagena con el Mensaje de Angostura”.

En la biografía escrita por Indalecio Liévano Aguirre, cuyo capitulo dedicado a la carta titula Estrategia Política de la Revolución, el autor nos presenta a un Bolívar arruinado, derrotado, y arribando a la isla caribeña con el objetivo de fundamentar una nueva base política para la revolución; hospedándose en una habitación sencilla con el ojo vigilante de una “mujer de edad indefinible pero de aspecto desagradable”, espacio sencillo que era necesario acorde a las penurias y realidades del personaje. Allí, en territorio “amigo”, el Libertador buscó relaciones directas con el gobierno británico a través de sus emisarios en Jamaica por medio de misivas,  las cuales quedaron sin contestación por la experiencia ya tenida con Francisco Miranda, y las dudas “a comprometerse  o a comprometer sus recursos en aventuras poco seguras como parecían entonces las encaminadas a derrocar el poder de España en América”.

En su estancia, busca apoyo moral y económico sin contraprestación al señor Maxwel Hyslop, pero la fortuna lo llevará nuevamente a un capitulo más de su vida amorosa al lado de la criolla dominicana Julia Cobier, quien lo recibe, conoce sus penurias, y acoge para acompañarlo en su sueño libertario: “Desde entonces se les vio juntos frecuentemente, y por el camino de su mutua tristeza fueron llegando a una intimidad inevitable para esas dos naturalezas sanas, que en la proximidad de sus cuerpos sentían temblar inesperadas ilusiones del alma”. En conclusión, Liévano Aguirre afirma que “el amante feliz salvó al jefe revolucionario vencido”, viabilizando que ese ser humano retomara el optimismo y las energías para escribir un texto tan relevante en “momentos tan poco propicios para que Bolívar mirara con confianza el porvenir”.   
     
Así, antes de resumir la carta en sus partes más relevantes, detengámonos en la cita del biógrafo para entender la relevancia de un documento básico en el proceso de independencia latinoamericano a la luz del presente:

[…] Historiadores, sociólogos, hombres de Estado y poetas se han detenido con asombro ante este formidable documento político que, escrito por un pobre desterrado, sin medios ningunos para obrar ni casi para subsistir, describe con sin igual profundidad lo problemas políticos del Nuevo Mundo, analiza con intuición profética las características presentes y futuras de las distintas nacionalidades americanas –de México, el Perú, Centroamérica, Argentina, Venezuela y la Nueva Granada-, y formula soluciones cuya magnitud y acierto apenas ahora comienzan a comprenderse.  Su visión de una América unida en una gran confederación de naciones libres y guiadas por aspiraciones internacionales comunes, apunta en esta Carta de Bolívar por primera vez, y ante ella el lector no sabe qué admirar más: si la grandeza del propósito o el contraste entre la magnitud del ideal soñado y las modestas y adversas condiciones en que se debatía quien tuvo el valor intelectual y moral de concebirlo.

Podemos identificar cinco puntos de contestación de Bolívar a Cullen en la Carta, siempre con la aclaración de ser un conocedor a medias de otras regiones del Nuevo Mundo por fuera de Venezuela y la Nueva Granada, con referencias –entre otros- directas a Humboldt, Montesquieu y Las Casas. Siendo un documento del género epistolar, marca una pauta interesante en aspectos políticos y sociales que él ha vivido y combatido en un primer paso independentista; el cual, en ese momento, marcha hacía otro escenario de disputas y posibilidades.

1-Inicialmente la referencia al pasado español en sus colonias desde el momento de la llamada Empresa de Conquista, y los oprobios adyacentes enmarcados en masacres, esclavitud, y explotación, a lo que Bolívar responde: “Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serían creídas por los críticos modernos, si, constantes y repetidos documentos, no testificasen estas infaustas verdades”. 

2-Sobre el contexto de “los muy oprimidos americanos meridionales”, responde haciendo un balance y aclarando que “el lazo que la unía a la España está cortado”, agregando:

[…] El habito a la obediencia; un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca  benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza, nos venía de España. De aquí nacía un principio de adhesión que parecía eterno, no obstante que la conducta de nuestros dominadores relajaba está simpatía, o, por mejor decir, este apego  forzado por el imperio  de la dominación. Al presente sucede lo contrario: la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos; todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz, y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas, ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, la América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria.  

Ante este desahogo de un criollo ilustrado, exiliado, y combatiente, prosigue un balance que abarca Río de la Plata, Chile, el Virreinato del Perú, la Nueva Granada, Venezuela, Nueva España, y las islas de Puerto Rico y Cuba; entregando algunas cifras, resultados, y sucesos de una primera instancia independentista que reflejan en el autor cierta incertidumbre y drama ante sus resultados fatídicos. Concluyendo esta parte con preguntas directas al continente europeo y su falta de visión ante esa “vieja serpiente” que desea reconquistar América: “¡Qué! ¿Está la Europa sorda al clamor de su propio interés? ¿No tiene ya ojos para ver la justicia? ¿Tanto se ha endurecido, para ser de este modo insensible?”. Recriminación que desemboca igualmente en Norteamérica por la falta de colaboración, y la soledad con la que sus hermanos del sur han quedado frente al enemigo trasatlántico colonialista.

3-Mencionando a Napoleón Bonaparte, y su alevosía contra Carlos IV en España, y comparando con el caso de “los monarcas de la América Meridional”, responde Simón Bolívar a Henry Cullen con tal autoridad para dejar claro que “no admite comparación”, ya que Moctezuma en México, y Atahualpa Inca del Perú, “sufren tormentos inauditos y los vilipendios más vergonzosos”, mientras que los europeos “son tratados con dignidad, conservados, y al fin recobran su libertad y trono”.


4-El futuro, el estado actual del continente, y la política de cada provincia, son temas que le interesan al ciudadano británico con una pregunta por demás complicada para el devenir de lo tiempos que se avizoran en la tensión con España: “¿si desean repúblicas o monarquías, si formarán una gran república, o una gran monarquía?”. Ante la consulta, el venezolano se explaya en su repuesta teniendo en cuenta lo complicado que es el tema de la “futurología”, y las pocas cifras que se tienen del grupo poblacional, estando disperso y en las mayores dificultades ante la inestabilidad que conlleva la situación de emancipación, las pugnas internas, la reconquista, y la nueva intervención patriótica.

Bolívar afirma que “la posición de los moradores del hemisferio americano ha sido, por siglos puramente pasiva: su existencia política era nula”. Más adelante encontramos unos párrafos dedicados a lo ocurrido en 1810, poniendo en contexto nuestros países e iniciando con la situación europea “cuando las águilas francesas sólo respetaron los muros de la ciudad de Cádiz, y con su vuelo arrollaron los frágiles gobiernos de la Península”. La disertación prosigue afirmando que las juntas populares, el sistema federal, las instituciones  perfectamente representativas, y la falta de centralización gubernamental, son los caminos que marcaron los primeros pasos de los nuevos gobiernos establecidos después de 1810, concluyendo:

[…] En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina. Desgraciadamente estas cualidades parecen estar muy distantes de nosotros en el grado que se requiere; y por el contrario, estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y codicia.
   
Esta aclaración relevante, en el acto de afirmar “lo que somos” debido a una tradición colonial, parece el corolario inevitable que resultará de nuestra independencia y su posterior proceso de fortalecimiento de las naciones durante el Siglo XIX, con muchos caudillos, guerras civiles, y decisiones a propósito de que sistema de gobierno implementar, y una constante nostalgia por el alejamiento de “la madre patria”. 
 
Ante el escrutinio que hace el expatriado por los espacios de nuestra América, llega al escenario de la geografía que conoce y anhela libertar:

[…] La Nueva Granada se unirá a Venezuela, si llegan a convenirse  en formar una república central, cuya capital Maracaibo, o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas, en honor de este héroe de la filantropía, se funde entre los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahía-Honda. Esta posición, aunque desconocida, en más ventajosa por todos respectos. Su acceso es fácil y su situación tan fuerte, que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganado, y una grande abundancia de maderas de construcción. Los salvajes que habitan serán civilizados y nuestras posesiones se aumentarían con la adquisición de la Goajira. Esta nación se llamaría Colombia como un tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio. Su gobierno podrá imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar de un rey, habrá un poder ejecutivo electivo, cuando más vitalicio y jamás hereditario, si se quiere república; una cámara o senado legislativo hereditario, que en las tempestades políticas se interponga entre las olas populares y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo, de libre elección, sin otras restricciones que las de la cámara baja de Inglaterra.  Esta constitución participaría de todas las formas, y yo deseo que no participe de todos los vicios. Como ésta es mi patria tengo un derecho incontestable para desearle lo que en mi opinión es mejor. Es muy posible que la Nueva Granada no convenga en el reconocimiento de un gobierno central, porque es en extremo adicta a la federación; y entonces formará, por sí sola un estado que, si subsiste, podrá ser muy dichoso por sus grandes recursos de todo género. 

En este párrafo de la carta notamos la posición de estadista de Simón Bolívar como hombre público, político, y militar. Propone un espacio intermedio para fundar una nueva capital, entra en esa instancia clásica decimonónica entre “civilización y barbarie”; propone nuevos territorios y un nombre a ese nuevo Estado; además de poner como ejemplo a Inglaterra y sus instituciones constitucionales, claro sesgo europeizante que el libertador utiliza como signo de buen gobierno ante los posibles vicios que se pueden suscitar. Su panorama es interesante, y con el tiempo se vera ejemplificado en las realidades resultantes del triunfo en la guerra, y la disputa en el terreno gubernamental. 
 
5-El último análisis en respuesta a su remitente, está referido a las alteraciones importantes y felices originadas “por efectos individuales”. Para responder, Bolívar toma un ejemplo de la tradición indígena mexicana: Quetzalcóatl, dios de la cultura mesoamericana, y enfatiza sobre los misterios de la cosmogonía, y los sincretismos ocurridos en algunas referencias del orden social y religioso; lo anterior, para concluir que “felizmente los directores de la independencia de Méjico se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa virgen de Guadalupe por reina de los patriotas; invocándola en todos los casos arduos y llevándola en sus banderas”.

La unión como esfuerzo dirigido en los designios de la revolución; la división y la guerra civil entre conservadores y reformadores; el aislamiento y abandono de otras naciones hacía el proyecto independentista; y la debilidad del estado; son temas que concluyen el ejercicio escrito de posicionar unas ideas que se van cohesionando en respuesta a comentarios y dudas de los objetivos que se plantea Simón para el futuro suramericano, y en él, su personalidad como hombre que ha fracasado y desea renovar vínculos y energías con un sueño a medio construir, y truncado por los aires imperialistas de España en las colonias del Nuevo Mundo que aprovecharon un momento de debilidad para alterar el orden de su destino.  
         
Finalmente, nos encontramos doscientos años después leyendo una carta que marca cierto camino -y predice en parte- de lo que sucedería después de 1819 en el proceso de afianzamiento de nuestras repúblicas latinoamericanas. Documento histórico que tomamos desde el presente, donde la figura de quien la escribió, ha sido movida desde la derecha a la izquierda, y viceversa en parámetros políticos para posicionar ideas y motivos de sublevación, incluyendo los actos venidos de la historiografía con sus usos y abusos. Igualmente como elemento de cultura epistolar que sirve para leer en la actualidad con los ojos del escrutinio, valor agregado que aprovechamos para invitar al lector para que la busque en su biblioteca bolivariana, o la baje de la internet; y así tomar su tiempo en dedicarle unos minutos a un documento políticamente revelador.           

Bibliografía
-Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar, Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1983.  

-Ramón de Zubiría, Breviario del Libertador, Editorial Bedout S. A., Medellín, 1983.  

-Simón Bolívar, Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815. (Revisada y leída del texto de Ramón de Zubiría)

-William Ospina, En busca de Bolívar, Editorial Norma, Colombia, 2010.

Anexo fílmico              
El gobierno de Venezuela, con su política cultural enfocada a la Villa del Cine, ha realizado en los últimos años una serie de películas dedicadas a la figura de Simón Bolívar, entre ellas una obra que presenta los momentos del Libertador en Jamaica y los hechos y vicisitudes que lo llevaron a esta instancia. La imagen que complementa este texto dedicado a los 200 años de la Carta de Jamaica, corresponde a la cinta que a continuación presentamos en su sinopsis, y que ya habíamos exhibido en el programa de las Segundas Jornadas de Cine e Historia realizadas en la Casa Quinta de Bolívar en agosto del año 2014.
Bolívar, el hombre de las dificultades
Director: Luis Alberto Lamata. Año: 2013. Venezuela.
Sinopsis: Venezuela está en guerra. El país se encuentra dividido en dos mitades. Hay familias enteras desgajadas en bandos opuestos. Corre el año de 1815 y la Segunda República cae estrepitosamente. El gran derrotado es Simón Bolívar, recién nombrado Libertador, quien sale fugitivo desde Cartagena, con la muerte pisándole los talones. Bolívar llega a Jamaica en medio de las peores dificultades, sin dinero ni amigos. Busca ayuda de otras naciones para liberar a América. Europa le cierra las puertas. El presidente de la rebelde Haití acepta recibirlo y escuchar sus propuestas. Esta noticia le devuelve el ánimo. Lo que ignora es que ya en la isla está listo un complot para asesinarlo. La conjura falla, pero Bolívar se va hacia Haití muy abatido. En Haití los problemas no cesan. Allá llegan los patriotas venezolanos que huyen de la caída Cartagena, dispuestos a bajar del pedestal de jefe al Libertador. En medio de una acalorada asamblea, Bolívar propone liberar a los esclavos para escándalo de muchos, pero será esta propuesta la que cambie los vientos de victoria a su favor. Bolívar zarpa de Haití como comandante de una pequeña pero valiente flota, dispuesta a dar la vida por sus ideales. Se inicia una nueva batalla de las muchas que librará el Hombre de las Dificultades por llevar la libertad a la América hispana. (Tomado de:  http://www.bolivarlapelicula.com/)


      

    


11.8.15

Memorias de Mayolo

Ese lunes Carlos Mayolo llegó media hora antes de la presentación del libro Ojo al Cine -publicado por editorial Norma, 1999- y me pidió que le abriera la Cinemateca La Tertulia para recordar, dijo él, un poco de “el grupo de Cali”, sentándose en las primeras gradas junto a la bombilla de reconocimiento, y sacando del bolsillo trasero de su amplia bermuda, un caneco o media de aguardiente para pasar el rato junto a la sonoridad de la música que ya empezaba a sonar desde la cabina de proyección, a donde llegó para indicarme con su gran acento caleño, que la cambiara por salsa para ambientar la tarde y la noche cinéfila que se venía, cómplice de un libro que sus amigos Luis Ospina y Sandro Romero habían hecho posible con la edición de los documentos más representativos de la crítica fílmica de Andrés Caicedo.

Nacido en Cali en 1945, y fallecido en Bogotá en el año 2007, Carlos Mayolo se vinculó a la vida cultural de la ciudad desde el cineclubismo, la publicidad, el cine, el documental, el cortometraje, la dirección de arte, la actuación, la edición de revistas, la publicación de textos, la televisión, las colaboraciones con otros directores, la docencia, y la rumba. Su participación es relevante en el contexto del cine colombiano durante las décadas de los años setentas y ochentas del siglo pasado, no se puede pasar por alto su influencia en el cine nacional sin revisar su trayectoria como realizador en obras relevantes para entender la memoria y el olvido de Cali en representaciones de ficción o documental valoradas con conceptos venidos del orden local reconocidos en el ámbito latinoamericano como pornomiseria y gótico tropical.
 
Juiciosamente, Mayolo hizo ejercicio de recordación de sus actividades familiares,  personales, colectivas, y artísticas; a falta de un libro, nos dejó dos para entender su trayectoria e identificar a través de sus evocaciones como la vida cultural en su trasegar se cruza con la historia del país con Bogotá y Cali como protagonistas, y en ellas los vínculos con las imágenes en movimiento con momentos ágilmente narrados para el agrado del lector que inmediatamente se conecta con la propuesta escrita.     

El primer libro del autor caleño se publicó en el año 2002 con el título ¿Mamá que hago?, con un subtitulo bastante sugestivo que indica “Vida secreta de un Director de Cine”, inconsistentes relatos que en sus primeros 17 textos nos ubica en relación a su entorno familiar, estudiantil, y juvenil. El resto de documentos sobrepasa los 40 títulos, mezcla de actividades de un director de cine en el proceso de formación independiente a través de Bogotá y Cali, menciones directas al Nuevo Cine Latinoamericano, amistades eternas y efímeras, fiestas constantes, viajes fílmicos, festivales, documentales, largos, cortos, mujeres, delirios, drogas, actores, hoteles, casas, sociedades, rupturas, comunas, cineclubes.

En resumen, nos encontramos ante una agitada vida que se percibe en la misma escritura que proporciona al lector, invitándonos al afán de llegar a la otra historia, a voltear la página y meternos de lleno en la vida privada de un notorio director de cine en el ámbito de nuestra cinematografía. Diario intimo que saca a la luz publica mucho de otras vidas paralelas que se complementan con el archivo fotográfico del director, encontrándonos con la fortuna de reconocer al ser humano en medio de tanto rollo filmado en un contexto propicio para el desarrollo de un momento particular en el cine colombiano bajo el criterio del Grupo de Cali, y en el, Carlos Mayolo.



Un año después de su deceso, salé el libro La vida de mi cine y mi televisión, texto mejor editado e intervenido que el anterior, y dividido en cuatro partes: Cine, Televisión, La Enseñanza del Cine, y Piel Color de Miel. Al igual que su antecesor, el trabajo de Sandro Romero Rey es importante por su compromiso de organizar y dar coherencia a las memorias de Mayolo; su trasegar como cineclubista setentero, y amigo del director en caminos de su trabajo audiovisual, posibilitaron conectar los manuscritos entregados por el director, y ubicarlos racionalmente para su edición. El complemento visual de esta obra corresponde a las fotos de Eduardo “La Rata” Carvajal, y el valor agregado de una copia en DVD  del cortometraje Agarrando Pueblo.

En su texto introductorio El Juego de ¡La lleva!, Mayolo nos indica:

[…] Escribí ¿Mamá qué hago?, las memorias de mi vida. Mucha gente me preguntaba por qué no hablaba de mi obra. Este libro es acerca de la vida de mis películas. Pensé escribir del cine lo que hice y lo que hago. Pero, analizando mi bio-filmografía, descubrí que había muchas cosas sobre casi 40 años de oficio. Cosas que había que decir, sobre todo de un cine adherido al país, pues yo hice mi trabajo según lo que las ideas y mi entorno me ofrecía y me exigía. Me tocó inventar todo. Nadie me había explicado nada. Fue una relación piel a piel con un país y un oficio que se dejaban rozar y a veces desbaratar (pág., 24).

Conocer la vida de un director de cine es entrar en la dificultad constante de la creación, y la satisfacción certera de la narración puesta en movimiento con la imagen. Con este libro tenemos un documento más explicito al oficio, sirve como testimonio de una época en la historia del cine y la televisión colombiana sin dejar a un lado la anécdota –necesaria en cualquier biografía-, y los innumerables datos que posicionan el relato.  Si con la primera parte encontramos referencias directas a la cotidianidad del encuentro con el teatro de barrio –matinal, vespertina, noche-,  reflexiones en torno a algunas de sus obras, el concepto de sobreprecio, Caliwood, y demás actividades de su vida en “largo y corto” metraje; con la televisión entramos en otra etapa del autor y sus encuentros entre dos formas de narración diferentes, pero que él hace una sola con su peculiar forma de dirigir.

Desde el punto de vista del lector interesado en la Historia del Cine Colombiano, el tercer capitulo dedicado a La Enseñanza del Cine, es relevante en el papel que muchos directores de cine tienen en su vida profesional, aquella dedicada a la docencia, a la pedagogía de mostrar las formas, medios, herramientas, y criterios que esta actividad artística tiene en los diversos procesos de realización. Con los títulos “la imagen y la realidad”, “hagamos una película colombiana” y “material de   apoyo”, Carlos Mayolo entra en el escenario de lo que él aprendió sin haber ido a la escuela, y que presentó en diversas invitaciones a dictar cursos, conferencias, talleres, etc., durante el trascurso de su vida.   
    
Si ponemos sobre la balanza los dos libros autobiográficos de Mayolo, encontramos diferencias marcadas en los contenidos: El primero, dirigido a un público general con los criterios básicos del anecdotario familiar, y los encuentros con un grupo amplio de amigos en los diversos espacios geográficos que nos entrega, con datos minuciosos, y textos irregulares que denotan falta de interés en su elaboración u olvido marcado por los huecos de la memoria. El segundo, se revela como un texto mejor elaborado y organizado, con criterios de edición determinados que posibilitan otro encuentro con el director, lo que podríamos entender como un libro dirigido a otro tipo de lector, aquel dedicado al cine y la televisión que busca encontrar referencias directas del trabajo realizado por el director.

En conclusión, los libros reseñados hacen parte de un género ya reconocido en la amplia bibliografía del cine y su historia. El director es la estrella, maneja otros datos y referencias del amplio mundo que tiene entre sus manos, los pone en palabras con la coherencia de un plano secuencia donde los actores, la producción, “el detrás y delante” de cámaras, el montaje, la postproducción, la exhibición, y todo lo que incluye el sentido practico de un oficio artísticamente dificultoso y atractivo, se analiza bajo la lupa del tiempo, y con entornos distintos que da la experiencia de quien pone la vida al alcance del ojo, el oído, y lo proyecta en una pantalla.                 
     
Textos
Carlos Mayolo, ¿Mamá que hago?, Editorial Oveja Negra, Colombia, 2002.      
__________, La vida de mi cine y mi televisión, Villegas editores, Bogotá, 2008.

Nota
La Cinemateca Distrital de Bogotá publicó en el año 2015 el Cuaderno de Cine Colombiano No. 21 Carlos Mayolo. Además se restauraron algunas de sus películas en una colección importante que pronto será lanzada.

Anexo 1.
El cine siempre
Carlos Mayolo, ¿Mamá que hago?, Págs., 119-120.      
Los unos, los otros, los sociólogos, los antropólogos y hasta los periodistas sobrevuelan sobre la verdad, la usan, la sistematizan, la vuelven fugaz, pero no son capaces de detenerse y comprometerse con lo que está ahí.

El cineasta, con otro método, mitifica las conjeturas, tiene que convertir la realidad en verdad. Usa todos los mecanismos médicos para poder devolver esa enfermedad, que es enfrentarse con la miseria de la ignorancia. Un médico sabe cómo se trasplanta un corazón, pero un metido a opinar no sabe nada, Quedarse con los justo y devolver los valores es un método implícito al cine. Dar recibiendo, entender sin saber, explicar permanentemente con la curiosidad, entender la verdad a punta de ingnorantazos, ver o sentir la luz después de un trabajo terco con las tinieblas.

Admiro al cine, porque parece un ave que vuela y al mismo tiempo empolla lentamente una verdad. Nada puede explicar lo claro. Sólo el cine, con esa pereza metódica (pereza metódica es esperar a que pase una nube para filmar con doscientos extras) va acumulando o juntando lo suelto, lo que no se sabe, hasta volverlo una sola cosa expresiva que es la verdad del riesgo. El cine es el descanso de las curiosidades. El cine es un amor mutuo entre el espectador y el autor. El cine es la conducta del instante, cada vez más indómito y comprometido con la curiosidad.

La primera vez que fui a cine, también habían llevado a una niñita a ver la misma película. Yo la vi al otro lado del pasillo, con su faldita levantada, no le llegaban las piernitas al suelo. Me miró en medio de su bombón. Yo me tropecé como siempre, que no sé para dónde voy. Me siento con mi mamá al lado, que, por supuesto, era grandísima, comparada con la niña. Empieza la película, que era una foto grande que se movía. Y yo, como hasta el sol de hoy, preguntando: “¿Y este quién es? ¿Y por qué le pega al otro?” La película era sobre la vida de San Francisco de Asís. Estaba siempre lloviendo, aunque estuvieran en una habitación. Le pregunto a mi mamá que por qué llueve adentro, donde rezaba San Francisco, y mi mamá prefirió no explicarme. Hoy me he dado cuenta que la película estaba rayada. Volteo a mirar donde estaba la muchachita y ya había acabado de comerse el bombón. Entonces me miraba. Aprendí a ver a oscuras y viendo cine. Es una atracción. En esa ocasión, usé mis cejas, que mi mamá me ha siempre ponderado: las levanté como muñeco de ventrílocuo y la niñita reaccionó botando el palito del bombón al suelo y me miró. En ese momento sonó un trueno y yo creí que iba a llover adentro del teatro: era que San francisco se había muerto. Primera persona que yo vi morir en mi vida. Sin saber que era la muerte, empecé a llorar desesperadamente. Mi mamá al no saber qué hacer conmigo me sacó del teatro. Tan pronto yo me voy de la sala, la niñita empieza a llorar también. Ahora pienso que no le hubiera tenido tanto miedo a la muerte si hubiéramos podido llorar juntos. 
  
Después el cine se volvió colores y las películas no se rayaban tanto. Había un teatro que se llamaba el Trans Lux, que quedaba en un sótano. Allí mi mamá me mandaba con la niñera. Yo nunca me quería salir. Era cine continuo. El monstruo de la laguna negra, Superman con el vestido arrugado. Aprendí, de haberlo visto hacer a otros, que si uno hacía un zeppelín con el cucurucho de maní y lo tiraba a la película, podía entrar aun huequito que tenía la pantalla. Me apertreché de todos los cucuruchos de maní posibles y repetía la película hasta poder logra que el zeppelín quedara en un ojo de Tarzán, luego de Jane, luego de Chita, pero era mi zeppelín  incrustado en la pantalla. Me llevaban a las diez de la mañana y regresaba a la casa a las tres de la tarde a tratar de hacer todo lo que había visto en las películas. Definitivamente el cien cambia la vida. Todos, o la mayoría de los gestos, sobre todo los groseros, los aprende uno en el cine: musiquita para cualquier gesto, ¡tan tan tan tan!, y ya viene la última peleíta al lado del precipicio  y ¡pun! se rompe la película, prenden la luz y el teatro lleno de cucuruchos de maní en el suelo. Pero el que yo había tirado a la pantalla continuaba haciendo una sombra negra.       

Anexo 2.
Así soy yo
Carlos Mayolo, La vida de mi cine y mi televisión, Págs., 271-272.
Tengo mi manera de tener. Me necesito. Soy yo mismo y eso que no tengo talento para poder ser más feliz. Amo lo que me gusta. No necesito ni unos zapatos nuevos, no necesito un carro para gastar gasolina, no he tenido la cobardía de dudar de mi para tener un hijo, no soy empleado endeudado. Participo con mis propios elementos, estoy comprometido conmigo, he sido y quiero ser feliz, me conozco más mis debilidades y mis defectos que quien cree tener cualidades.

Yo no estoy engañado por creerme una flor permanente. Sólo florezco cuando se dan las circunstancias y el momento. Doy toda mi fuerza casi a cada instante de mi vida. Quizás sea religioso o, como los indios que mambean, me gusta estar en un momento plácido. Cumplo, leo, me entero, trato de interpretar el mundo con mis condiciones.      

A los pilotos les gusta volar, a los marineros el mar, a las putas la noche, a los poetas el mundo revelado. Yo no tengo sino lo mío. Estoy más seguro acostumbrándome a mí. Si no supiera dónde está mi dicha, sería un desgraciado buscándola. Entiendo lo que puedo, invento lo poco que me sale. Pero no me perdono aburrirme. Encuentro en el placer de tener mi tiempo una especie de religión. Cuando oficio en mis actividades, soy efectivo, explico lo que para mi es posible. La muerte se me hace innecesaria. Cuando disfruto de la vida como puedo, no pierdo el tiempo pero tampoco creo ganármelo.

Lo que conozco lo uso y, ya conocido, es como una mina de oro que no puedo dejar de explotar. La felicidad está en la paz y la paz se consigue con la curiosidad de uno mismo. Si yo pudiera escribir, pintar, hacer películas, encontraría la misma paz que tengo. Comparto todo lo que busco. Creí ser jovial pero nunca, desde chiquito, me gustó el mundo de lo común.  Yo soy un curioso y creo me sé conocer. Ofrezco lo que puedo y tengo mi manera de pasarla. Me da pánico aburrirme y, sobre todo, tratar de entretenerme con lo que no me interesa o no me gusta. Me cuesta trabajo, pero tengo mi silencio adquirido con mi inagotable inocencia que no quiero perder.         

    

20.7.15

Documental (es): Reflexiones de un estilo narrativo

Ver un documental significa entrar en un modo des-conocido interpretado por personajes que son tan cercanos a nuestros escenarios de vida, y con un estilo narrativo influenciado por esquemas venidos de la experiencia de ver, observar, analizar, leer, y fundamentar una idea valiosa para su exhibición por medio de un montaje efectivo, con temas variados que exponen la ciudad, el campo, mujeres, hombres, niños, ruinas, conflictos, desastres, noticias, violencias, personajes, archivos, olvidos, memorias, ciudadanos desconocidos, e innumerables temas  que la vida cotidiana nos entrega en su pasado y presente.  

En la Historia del Cine reconocemos el género documental como punto de partida del cinematógrafo -1895- con las primeras obras de los hermanos Lumiére; pasando a un segundo plano con los emisarios regados en muchos lugares del orbe que llevaron la “realidad” de actos gubernamentales, conflictos bélicos o el diario vivir; encontrando en las primeras décadas del siglo XX su papel como divulgador efectivo de ciertas noticias en momentos de conflictos bélicos, y expediciones científicas. Pasando a tener relevancia como forma de narrar el mundo en evolución con otro momento, el artístico, con criterios de autores que asumieron el documental como una de sus particularidades de presentar realidades en variadas perspectivas de enunciación.             

Como explicación académica, el documental significa:

[…] montaje cinematográfico de imágenes  visuales y sonoras propuestas como reales y no ficcionales. El film documental presenta casi siempre un carácter didáctico o informativo que intenta principalmente restituir las apariencias de la realidad, mostrar las cosas y el mundo tal y como son…; El documental sólo plantea el problema del universo de referencia. Concierne también a las modalidades  discursivas, ya que puede adoptar las técnicas  más diversas: film de montaje, cine directo, reportaje, actualidad, film didáctico, hasta film familiar. La evolución de las formas  en el cine está presente para demostrar que las fronteras  entre documental y ficción nunca son herméticas y que varían considerablemente de una época a otra y de una producción nacional a otra (Aumont, Marie, 2006, p. 67).

Realidad y ficción, conceptos que también se ponen de manifiesto al momento de entrar en las latitudes del montaje en el documental, ¿qué tan manipulable puede resultar esa realidad?, ¿cómo se puede distorsionar y hacer creíble en el eje central de la obra? Preguntas directas que desenfocan en el llamado falso documental donde la manipulación tiene sentido, en el objetivo que busca el director al presentarnos una “verdad falseada”, y al descubrir que los espectadores asumen los hechos representados como acciones verídicas en el marco de un contexto social que conoce.    

Tener en nuestra bibliografía un libro que aborde el documental desde diversas voces, significa un aporte al campo del audiovisual colombiano que puede usarse en marcos teóricos y diseños metodológicos para el proceso de formación integral. Por lo tanto, uno de los alcances académicos de las Escuelas de Comunicación o Cine y Televisión en Colombia, es lograr contribuir al acervo editorial de nuestras universidades en textos que den cuenta de la experiencia y las formas de afrontar un tema particular, inclusivo a varios tipos de lectores, desde aquellos que se encuentran ligados al ámbito académico –profesores y estudiantes- y los que aparte des-conocen el objeto de estudio.

Ahora bien, hacemos una lectura del documental como género audiovisual expuesto en el libro Documental (es) -primera edición, 2015- con los criterios de una interpretación teórica y metodológica a cargo de los editores Manuel Silva Rodríguez y Diana Kuéllar, profesores e investigadores de la Escuela de Comunicación  Social de la Universidad del Valle, pertenecientes al Grupo de Investigación en Sonido, Imagen y Escritura Audiovisual CALIGARI.  El texto, nos convoca a una conversación con las  voces directas de veintiún (21) especialistas bajo la esencia amigable y dinámica del dialogo permanente a través de la entrevista. 
    
El capítulo introductorio titulado Algunas ideas sobre el (lo) documental, nos ubica en un marco teórico para entender desde la historia del cine, y referentes  desde el arte, la sociología, la antropología, y la comunicación, las formas de entender el documental con una bibliografía básica e importante, que cualquier investigador sobre el tema debe apropiar para sus objetivos académicos desde esta forma de contar historias. Silva, a través de este texto, abre las puertas para que el lector tenga bases fundamentales del género que se analiza, posibilitando su uso como texto de consulta, y de obligada lectura en los vericuetos de la enseñanza del cine desde sus líneas teóricas y metodológicas, ahí su alcance y beneficio.

Significativo que las entrevistas que se publican tengan el rotulo del  entrevistado en su autoría, Voces… Ideas que se plasman desde diversos campos disciplinarios con un mismo objetivo, y con títulos llamativos sacados de la misma reflexión de los entrevistados. En su orden, el lector encontrará la siguiente apuesta analítica que pone de manifiesto el documental  como temática de reflexión y discusión:

1-La revolución del documental es el paso de ser representados a autorepresentados.
Pedro Adrián Zuluaga 
2-El cine documental no está para modas.
Patricio Henríquez 
3-Con cualquier película uno escribe la historia a través de la ficción.
Víctor Gaviria
4-Lo real está ligado a una experiencia de ruptura del lenguaje.
Oscar Campo
5-Estoy conectado a imágenes y sonidos perdidos.
Alan Berliner 
6-El documental es una manera de relacionarse con el mundo.
Marta Hincapié
7-Una mirada documental a la guerra en Colombia desde el arte.
Juan Manuel Echavarría
8-Estamos simulando el cine con otras tecnologías.
Jorge La Ferla
9-Del documental al cine de gánsteres.
Antonio Dorado
10-Una mirada desde la universidad.
Ernesto Correa
11-Mejor hablar de gesto creativo que de género cinematográfico.
Marta Andreu
12-A veces la ficción puede entrar donde no puede  el documental.
Oscar Ruiz Navia
13-Invitar al espectador a participar, ese es el ejercicio interesante.
Santiago Herrera
14-El pictch es vender tu idea y tu película en el menor tiempo posible.
Marta Orozco
15-La escritura en el documental y la ficción.
Carlos Henao
16-El sonido en el documental.
-César Salazar
17-En el documental casi todo es territorio por explorar.
Sergio Wolf
18-El cineclub de Cali: de la cinefilia ala realización era una paso más o menos lógico.
Ramiro Arbeláez
19-La Muestra Internacional de Documental: Ventana y espejo del documental.
Ricardo Restrepo
20-¿Qué cosa es un documental de creación?
Hernán Rivera
21-Personaje y testigo de medio siglo de cine en Colombia
Luis Alfredo Sánchez

El amplio listado presenta el documental desde diversas perspectivas con momentos relevantes en su contexto histórico; valor agregado de este libro que busca en las interpretaciones individuales a través de experiencias personales y colectivas, poner de manifiesto que los caminos diversos recorridos con obras, y visualizaciones, dan cuenta de nuestra cotidianidad que en muchos casos evidencian realidades urbanas, familiares, y de la misma situación del país en momentos de guerra, paz, y reconciliación.   

Este libro posiciona la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle en su ya reconocida experiencia, formando estudiantes en el campo documental con logros directos en la cinematografía colombiana plausibles en el presente. Sin lugar a dudas, la compilación que tenemos en nuestras manos, tiene una marca especial para ser usada como guía de lectura y de debate con aquellos interesados en el documental, con una perspectiva académica desde su realización y los espacios posteriores de análisis.

Finalmente, debemos agregar que el documental funciona como dispositivo de memoria, en su proceso de investigación, creación y divulgación, así como en su recepción a través de significativos escenarios de visualización, tanto en los clásicos de representaciones fílmicas que parecen declives ante el desarrollo de otros espacios, así como en los contemporáneos a través de plataformas más globalizadoras.   

Libro reseñado
Manuel Silva Rodríguez, Diana Kuéllar, Documental (es), Programa Editorial Universidad del Valle, Colección Artes y Humanidades, Cali, 2015, (Págs., 302).

Libro citado
Jacques Aumont, Miche Marie, Diccionario teórico y critico del Cine, la marca editora, Buenos Aires, 2006.  




7.7.15

Léxico Colombiano de Cine, Televisión y Video

En el repertorio de cualquier biblioteca - personal o publica-, los diccionarios son importantes como consultores directos de algunos conceptos que los especialistas e investigadores asumen en sus pesquisas. Lo que significa en las diversas disciplinas un repertorio único de vocabularios que el ámbito académico debe apropiarse para textos escritos o diversos momentos de la vida profesional. En el caso del cine, la televisión y el video, tenemos un léxico colombiano publicado por el Instituto Caro y Cuervo en el año 2000, texto relevante “que da cuenta de unas dos mil voces que se han introducido en el español colombiano en las tres últimas décadas”.

La presentación, a cargo de Jaime Bernal Leongómez, nos indica brevemente el origen e importancia de este libro:

[…] En efecto, es sabido que la lexicografía –el arte, la técnica o el oficio de componer diccionarios (la preferencia por uno de los tres términos no viene al caso) – se remonta a épocas bien lejanas en la bruma de la historia.  Se tiene evidencia de que la primera actividad lexicográfica fue llevada a cabo por acadios y sumerios en el año 2600 a.C. Se consolidó en Grecia y Roma y desde allí la tarea de elaborar lexicones se paseó por la Edad Media y en los tiempos modernos ha sido una actividad valiosísima que se acrecienta cada vez más. […] En ese orden de ideas, la elaboración de diccionarios monolingües, bilingües, plurilingües, el auge de las nuevas ciencias y tecnologías impone la necesidad de diccionarios especializados que le den cuenta del enorme acervo léxico que se llega, desde todas las disciplinas, al turbulento río del idioma.  

Para los iniciados, y expertos investigadores en las tres vertientes que se especifican, este diccionario sirve de complemento para su uso efectivo cuando los términos y dudas asaltan en el proceso de hallar las fuentes, y redactar los informes; además de ubicarlo didácticamente para emplearlo en la exposición de conceptos básicos en medio de procesos de enseñanza y aprendizaje de nuestras áreas audiovisuales.


La introducción a cargo de Luz Marilyn Ortiz S., expone desde los fundamentos teóricos de la lingüística las formas, momentos, y esquemas en los que se estructura el léxico con procesos bibliográficos y orales realizados en Medellín, Cali y Bogotá, y divididos en cinco fases: Recolección de materiales de diversas fuentes escritas y orales; Revisión de los materiales; Selección definitiva de entradas; Revisión final y análisis del material por especialistas en los campos trabajados; Impresión del vocabulario.

Con el siguiente listado y abreviaturas, el lector podrá navegar en sus páginas:

Tc: Tecnicismo
EG: Español general
J: Jerga
O: Oral
E/O: Escrito y oral
E: Escrito
C: Cine
V: Video
T: Televisión
SIN.: Sinónimos     

Desde “ABERRACIÓN [EG] [E/O]. Defecto inherente a las lentes y a los sistemas ópticos, lo cual es causa de imágenes imperfectas”, hasta “ZUMBIDO [EG] [E/O]. Reproducción acústica de la frecuencia de la red, que se manifiesta en forma de franjas claras y oscuras cruzando la imagen en la pantalla de un receptor”, encontramos para el conocimiento y uso las palabras más usadas en el vaivén de los contextos profesionales cuando el cine, la televisión, y el video hacen parte de nuestro diario acontecer desde la producción o la investigación.

Finalmente, debemos indicar que es un texto encomiable que denota responsabilidad en las búsquedas de los contenidos, y su organización desde los métodos de una de las disciplinas de la lingüística. También es importante resaltar que después de 15 años de su publicación, mucha agua ha corrido en la tecnología, los medios, y esquemas de interpretación académica a los cuales está dedicado el libro, lo que significaría un nuevo ejercicio de búsqueda y revisión, eliminando e incorporando conceptos.

*Luz Marilyn Ortiz S., Gloria Joya C., Pilar Londoño M., Rigoberto Carlosama O., Léxico Colombiano de Cine, Televisión y Video, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo CII, Santafé de Bogotá, 2000,  (228 páginas).