5.2.12

La Puesta en Escena de los Dictadores –segunda parte-


Reseña: Cesar Sabater, Jaime Noguera, Kepa Sojo, Alberto González, Dictadores en el Cine –la muerte como espectáculo-, Centro de ediciones de la Diputación Provincial de Málaga (CEDMA), 2007, págs. 371.

Stalin
El texto de Kepa Sojo –Doctor en Historia del Arte, Universidad del País Vasco-, se titula Stalin el Dictador de Acero. Tras una breve reseña de Stalin, el autor analiza la relevancia del personaje histórico como personaje cinematográfico en cuatro  características: 1-Periodo estalinista, filmes propagandísticos sobre el dictador promovidos por su gobierno; 2-Cine norteamericano anti-nazi previo a al II Guerra Mundial; 3-La visión de Stalin y su época desde antes y después de la perestroika y el cine actual de los países del Este de Europa; 4-La representación del mito desde la óptica del cine occidental de las últimas décadas (pp. 237-238).

El culto a la personalidad de Stalin es abordado por el autor de una forma directa con respecto al uso de la cinematografía como medio de poder político:

[…] La presencia de Stalin como personaje cinematográfico en el cine de ficción soviético de la época viene marcada claramente por los acontecimientos políticos internacionales y por la propia situación socio-económica interior. Este tipo de cine hagiográfico, triunfalista, panfletario y propagandístico comienza a llevarse a cabo en 1937, y coincide con el desarrollo del tercer plan quinquenal de desarrollo promovido por el georgiano. Podemos establecer el año 1942  como limite de este primer momento de presencia del líder comunista  en películas del momento (pp. 240-241).

Las cintas de este periodo reseñadas por Sojo son: Lenin en octubre, Mijail Romm y Dimitri Vassiliev, 1937; El Hombre de la Pistola, Sergei Yutkevitch, 1938; El Gran Incendio, Mijail Ciaureli, 1938; Lenin en 1918, Mijail Romm, 1939; La Barriada de Vuiborg, Grigori Kozintsev y Leonid Trauberg, 1939; Siberianos, Lev Kulechov, 1940; Valeri Chkalov,  Mijail Kaltozov, 1941; La Defensa de Tsaritsin, Georgi y Sergei Vassiliev, 1942; El Juramento, Mijail Ciaureli, 1946;  El Tercer Golpe, Igor Savchenko, 1948; La Caída de Berlín, I y II, Mijail Ciaureli, 1949; La Batalla de Stalingrado I, Vladimir Petrov, El Primer Frente, 1949 y II Vencedores y Vencidos, 1950; El Inolvidable Año 1919, Mijail Ciaureli, 1952;  Torbellinos Hostiles, Mijail Kalatozov, 1953.


Con respecto al cine americano Pro-Soviético anterior al fin de la II Guerra Mundial, el autor nos presenta dos párrafos introductorios en donde se deja anotada la rareza de esta filmografía ante lo que posteriormente sucedería en la postguerra, referenciando dos filmes -Misión a Moscú, Michael Curtiz, 1944;  La Canción de Rusia, Gregory Ratoff, 1944-, igualmente anotando:      

[…] No obstante, es preciso recordar que la Unión Soviética y Estados Unidos fueron aliados frente al enemigo común nazi en la fase final del conflicto bélico. Es por ello por lo que, de manera tenue, se desarrolló en Hollywood un cine propagandístico  anti-nazi y curiosamente pro-soviético que se ve, desde el punto de vista actual, con  cierta sorpresa, ya que asombra ver al posterior enemigo número uno del bloque capitalista y a su cabeza visible, el temido Stalin, tratados con cierta simpatía y bonhomía frente al peligro alemán (p. 264).

Al analizar Stalin desde Rusia y los países del este antes y tras la perestroika, Sojo describe los cambios de un cine megalómano en torno al líder, y la desaparición de su figura luego de la denuncia política estalinista que desde el XX Congreso del PCUS llevó a cabo Nikita Kruschev, referenciando brevemente algunas películas (p. 270); también explica el giro suscitado con la llegada otro estilo de gobierno y las puestas en escena del personaje:

[…]Los años ochentas supusieron un período histórico de desgaste para el sistema soviético. De este modo, la llegada al poder de Mijail Gorbachov y sus propuestas aperturistas de perestroika y glasnost tuvieron su reflejo en un cine que iba a al deriva y lastrado por una situación socio-política que giraba éntrela nostalgia a los tiempos pretéritos y la denuncia a al época estalinista, que suponía una gran cruz a las espaldas de lo soviéticos. Era el momento de revisar un ay otra vez la historia por medio del cine para intentar eliminar el sentimiento de culpa que aún flotaba en el ambiente por lo sucedido años atrás. Stalin  y su época eran al cine soviético lo que era Vietnam para los norteamericanos o la Guerra Civil para los españoles (p. 271).    

Inclusive, se asume una nueva forma de abordar a Stalin en los años noventas, desde una mirada cómica y paródica para desmitificar su figura y estilo de gobierno, con cintas como El Camarada Stalin va a África, relacionado con el film español Espérame en el Cielo, el cual trata el tema sobre un supuesto doble de Franco; igualmente con cintas decididas a presentar otras miradas del georgiano como El Testamento de Stalin, además de otros trabajos fílmicos que fueron inclusive llevados a la pantalla chica (pp. 272-273). 

Para concluir este capitulo, Kepa Sojo reseña la visión occidental del mito desde la óptica actual, explicando cierto reposo que sobre la figura de Stalin se hizo después de su muerte en el lado occidental para representarlo cinematográficamente, sobretodo en el caso de las filmografías estadounidenses y británicas que buscaron en el personaje una opción de poner en escena su figura, en el caso hollywoodense con las caracterizaciones de conocidos actores como Robert Duvall, F. Murray Abraham, y Michael Caine; aclarando que muchas de las obras occidentales sobre Stalin, fueron películas para televisión e incluso teleseries por capítulos, pasando a referenciarlas brevemente  (pp. 274-275-276). Además de una breve conclusión, el autor nos regala la filmografía estalinista, y algunas referencias bibliográficas.

Otros dictadores   
Sobre otros dictadores recreados en el séptimo arte, Jaime Noguera hace una reflexión por espacios geográficos mundiales, sobre África sugiere que los dictadores de este continente no han sido llevados a la pantalla con la misma asiduidad que los surgidos de la cultura judeocristiana (p. 289); reseñando algunas obras donde aparecen dichos hombres, tal es el caso del dictador del Zaire Mobutu Sese Seko, el señor de Uganda Idi Amin –el más puesto en escena-, y Charles Taylor, jefe del Frente Patriótico Nacional de Liberia (pp. 290-291). Del continente Asiático, el más representado es Mao Zedong, desde la misma China hasta los casos occidentales de Hollywood en películas como Nixon de Oliver Stone, y Kundun de Martín Scorsese; igualmente, el militar golpista indonesio Suharto, el líder filipino Ferdinan Marcos, el camboyano Pol Pot, y finalmente el dictador norcoreano Kim Il Jong (pp. 295-296).  

Regresando al viejo continente, las referencias se dirigen a Lenin, Nikita Kruschev, Leonid Brezhnev, y Yuri V. Andropov desde el lado ruso.  Para el caso yugoslavo, la figura de Josip Broz Tito tuvo sus minutos fílmicos, en documentales informativos así como cintas de largometraje de ficción. El Francia, se suma el Mariscal Henri-Philippe Petain, además de listar algunos dictadores que todavía no han tenido la primicia de ser representados en el cine, y con cierta ironía obviar la cinematografía dedicada a los pontífices desde el Vaticano (pp. 297-302).

Las representaciones de dictadores en el mundo Arabo-Islámico, es poca, y según Noguera, su vertiente de ficción no ha tratado sus figuras de una forma seria. Entre sus puestas en escena se encuentra una parodia al Shah de Persia, interpretaciones de Ayatolá Jomeini, Muhammad Gadafi,  y Saddam Hussein (pp. 303-304). Finalmente, Latinoamérica, con la figura de Fidel Castro, primero como extra de algunos filmes –Escuelas de Sirenas, Holiday in México-, parodiado por Woody Allen en Bananas, así como otras referencias dedicadas a su figura. El panameño Noriega, el dictador chileno Pinochet, y dominicano Rafael Leónidas Trujillo, se suman a la celebridad cinematográfica con sus retratos en pantalla (pp. 305-306).


La muerte como espectáculo
El último artículo de este libro, escrito por Alberto González –Licenciado en Filología Hispánica-, es un ensayo mordazmente presentado que nos saca constantemente de la seriedad del tema, aunque para que ser serios a la hora de abordar los dictadores, mejor tomarlos en burla para aguantar sus desastres. Por lo tanto, el disfrute de su lectura nos lleva por cuatro muertes, la de Mussolini, Hitler, Franco y Stalin, cada una con una particularidad enredada en medio de análisis apropiados de disfrute único. La muerte, presente en cada uno de sus estilos de gobernar, no les fue ajena, cada uno tuvo lo que mereció en espacios diferentes, sucumbieron dependiendo de sus contextos históricos, por eso la descripción que nos presenta González se rige en sus formas y medios de utilizar sus figuras a favor de sus causas, políticas y guerreristas, cruzado con ejemplos vivos, literarios y  cinematográficos.

Cada dictador es retratado con sus entornos más cercanos, la fealdad de sus vidas posibilita entender un poco sus formas de raciocinio, valor agregado del autor, que con su conocimiento plasma un sinnúmero de hechos concernientes a la vida privada de estos personajes que igualmente fueron tan públicos. Por lo anterior, presento algunas citas, para ejemplificar la idea central de González:

[…]Muerte primera. Mussolini.
El 28 de abril de 1945 Mussolini muere de muerte doble. La suya propia, muerte fusilada en una cuneta, y la pública, muerte medieval y ejemplarizante (p. 311)
La muerte pública de Mussolini es, pues, una muerte de trofeo de caza, de pieza cobrada que  es puesta boca abajo para que se desangre y se oree. “Colgados boca abajo” subrayó Hitler en el parte que el entregaron el 29 de abril. (Boca abajo, piensas tú, para que se viera menos esa cabeza de Minotauro demoledora u desafiante. “Una muerte fea, innoble” pensaría posiblemente el Duce se si hubiera podido contemplar. Pero no se contempla, que está muerto y bien muerto de muerte colgada, apaleada y puesta del revés para que todo el mundo viera que siempre hay un castigo, una justicia y unos valores sólidos  sobre los que la sociedad se asienta etc.… (pp.320.321).      

[…] Muerte segunda. Hitler.
Hitler murió de muerte suicida de pistola, con acompañamiento de cianuro, el 30 de abril de 1945 (p. 322).
Ahí lo tenemos sentado en el sofá junto a su esposa. La cabeza apoyada contra el respaldo y la boca torcida en la que aún pueden verse restos de cristal de la ampolla que contenía el cianuro potásico. (Cuando se despidió de sus secretarias, ayudantes y mayordomos, les dio a cada uno de ellos una ampolla de veneno). En la  sien derecha, Günscher y Linge pudieron apreciar, como nosotros, un boquete negro del que manaba abundante sangre. Los pelos de alrededor estaban chamuscados por el fogonazo del disparo. La mano derecha inerte, después de haberse disparado con una pistola Walter 7,65. Eva Braun dispuso de otra pistola de menor calibre que no usó. Suicidada de muerte femenina acorde con la muerte suicidada de virilidad militar de su recién marido. (No es menester insistir sobre la estrechísima relación metafórica entre las armas y el falo) (p. 325).

[…] Muerte tercera. Franco.
Franco murió en su cama de muerte alargada. Empezó a morir a las once y cuarto de la noche del 19 de Noviembre de 1975. Su hija Carmen para que dejaran a su padre morir en paz, la que impuso a sangre y fuego a todos los españoles desde que el 18 de julio de 1936 se alzó en armas contra el legítimo gobierno de la República (p. 336).
Entonces Franco pudo morir por fin de shock endotóxico provocado por aguda peritonitis bacteriana, disfunción renal, bronconeumonía, úlcera de estómago, tromboflebitis, y enfermedad de Parkinson. Franco murió de viejo, en su cama y no de una gravísima herida en el vientre en acto de guerra. El gobierno de la República no le concedió la Laureada de San Fernando y Él, para reparar tamaña injusticia, se la concedió a sí mismo cuando estuvo bien derrotado y cautivo el pueblo español. Franco tuvo la suerte que no tuvieron Hitler ni Mussolini, que no pudieron saborear cuarenta años el poder. Franco fue muy  superior. Se sucedió a sí mismo en infinitas ocasiones y gobernó hasta casi cumplir los ochenta con el aplauso de todo el mundo, excepto Carrero Blanco, que desapareció por una calle de Madrid. España fue un inmenso coso taurino en aplauso unánime y entusiasta al único espada posible (p. 337)       

[…] Muerte cuarta. Stalin.
Por fin entran para recoger del suelo un cuerpo paralizado en su mitad, el habla perdida, respirando con dificultad hasta el día cinco de marzo que: “Abrió los ojos u dirigió una mirada extraña, furiosa, llena de temor ante la muerte, así como ante los rostros desconocidos de los médicos que se inclinaban ante él. Su mirada se posó en todos los presentes en una fracción de segundo y, entonces, en un gesto horroroso que aún hoy no puedo comprender ni olvidar, levantó la mano izquierda, la única que podía mover, y pareció como si señalara vagamente con ella hacia arriba o como si nos amenazara a todos. El gesto resultaba incomprensible, pero había en él algo amenazador, y no sabía a quién  ni a qué se refería…. Un momento después, el alma, en un último esfuerzo, abandonaba el cuerpo”. Svetlana (p. 362).

Posdata póstuma: El cuerpo de Stalin es entregado al momificador de Lenin. Volvió muy contento de sus vacaciones en el gulag siberiano para realizar el último trabajo. Piruetas de un destino justiciero y juguetón (p. 362).


En conclusión
El libro Dictadores en el Cine puede ser usado como una guía cinematográfica en los temas dedicados a los líderes políticos vinculados a la Segunda Guerra Mundial. Su organización aporta como catalogo de obras fílmicas con sus respectivas sinopsis y críticas, un valor agregado a los lectores que no conocen dichas películas, y que por medio de su lectura pueden acercarse para su uso en los espacios individuales o grupales, vinculados desde esta perspectiva, con la enseñanza escolar; lo anterior, es posible por las posibilidades actuales de consecución de algunas películas sobre las temáticas.

Cada uno de los autores, encargados de explicar la puesta en escena de los dictadores a través del séptimo arte o la televisión, conceden una reflexión acorde al objetivo planteado, el cual se hace implícito: describir un poco la vida de estos nefastos personajes, y ponerlos en el foco de sus representaciones más importantes en el uso del cine como medio político de exaltación pública de sus figuras, desde la “realidad” documental, hasta las formas ficcionales vinculantes con diversos aparatajes de producción cinematográfica expresados en la industria internacional, caso Hollywood.

La seriedad en algunos argumentos bajo una bibliografía apropiada, la anécdota que se atraviesa como estilo narrativo, el humor negro, la entrevista. y un apoyo en imágenes acertado, aportan al contenido general del libro. Para los que leemos el texto desde este lado del globo terráqueo, nos queda las ganas de haber leído un capitulo más completo sobre la representación de nuestros dictadores latinoamericanos del siglo pasado –de uniforme y de saco-, trabajo que seguro algún investigador acucioso del cine tratara de registrar con el pasar de los años, tal vez cuando los nuevos y viejos cineastas, se atrevan a retratarlos en sus más “sublimes” poses.          

4.2.12

La Puesta en Escena de los Dictadores –primera parte-


Reseña: Cesar Sabater, Jaime Noguera, Kepa Sojo, Alberto González, Dictadores en el Cine –la muerte como espectáculo-, Centro de ediciones de la Diputación Provincial de Málaga (CEDMA), 2007, págs. 371.

El prologo de este libro, titulado El Poder y los Poderes del Cine, fue realizado por el profesor de la Universidad de Málaga Demetrio E. Brisset, relacionando al arte cinematográfico como la gran creación del Siglo XX vinculado a grandes episodios del género humano: “El cine, espejo a menudo crítico del poder, al mismo tiempo que proyector de ilusiones al servicio del poder” (p. 11). La apuesta del prologuista es ubicar al lector en el objetivo planteado en el Festival de Benalmádena, dedicado a la exhibición de diversos filmes que pusieron en escena varios dictadores europeos en el Siglo XX, y al contenido del libro que publica diversas investigaciones sobre las relaciones de estos personajes con el cine:

[…] El cine de estos dictadores, no es homogéneo. Así, tenemos que Mussolini potenció su carácter comercial, fundando el Festival de Venecia en 1932, y abriendo 3 años después los estudios de Cinecittà. En cuanto a Hitler admirador de Mickey Mouse, conocía el poder de convicción del cine, por lo que ordenó en 1933 filmar artísticamente los aparatosos congresos nazis de Nurëmberg, convirtiéndose en épico protagonista de reportajes escenificados para su gloria. Por su parte, Stalin se impuso como personaje heroico en el cine soviético desde 1937, eligiendo como  su doble oficial al georgiano M. Gelovani, dedicado en exclusiva a interpretar el padrecito entre 1938 y su muerte. Respecto a Franco, guionista de su justificatorio filme Raza, amante de las comedias morales y los recuerdos imperiales, se erigió en eterno protagonista de los obligatorios No-Dos. Pero esta banda de 4 déspotas tiene en común haber utilizado el cine para apoyar el culto a su personalidad cuasi divina (p. 12).       


Franco
El primer dictador que entra en juego, es analizado por César Sabater –Licenciado en Historia del Arte, Universitat de Valencia-, capitulo titulado Franco cine sobre un Cineasta Frustrado. Inicia el artículo con una completa e interesante cronología del dictador, donde se introduce el encuentro con Hitler el 23 de de octubre de 1940, y la posible entrada de España a la Segunda Guerra Mundial, además de otros datos de interés general. La segunda parte está dedicada al No-Do, y la imagen de Franco en este noticiero cinematográfico, ver:http://yamidencine-y-filo.blogspot.com/2010/07/franco-en-franca-filmacion.html finalizando con la reseña de las películas Raza –José Luís Sáenz de Heredia, 1942-; Franco, Ese Hombre - José Luís Sáenz de Heredia, 1964-; Caudillo –Basilio Martín Patino, 1977-; Dragon Rapide –Jaime Camino,1986-, agregando la entrevista al protagonista Juan Diego; Madregilda –Francisco Regueiro, 1993- con entrevista de su protagonista Juan Echanove; Espérame en el Cielo –Antonio Mercero, 1988- agregando la entrevista al director de la cinta; Buen Viaje Excelencia –Albert Boadella, 2003- sumando la entrevista al protagonista de Franco, y al director de la obra.


Aquí podemos encontrar una reflexión minuciosa de la obra fílmica que retrata desde diversos puntos de análisis –serios, burlescos, oníricos, entre otros-, la vida del dictador español y su paso por el mundo despótico europeo en gran parte del Siglo XX; un punto agregado del autor del artículo, es vincular entrevistas de algunos de los actores de estos filmes, así como de sus directores. Lo anterior, posibilita conocer los vericuetos de llevar a la pantalla este tipo de personajes, y ante todo, colocarse en el papel de interpretarlo.

Hitler
El autor de este capitulo titulado Hitler Interpretando a Belcebú, Jaime Noguera –director del Festival de Cine de Benalmádena entre los años 1998/2007-,presenta su texto de una forma directa y sencilla dividida en 4 capítulos con referencias a las películas realizadas sobre este personaje . La primera parte titulada Cinefilias Hitlerianas, recrea los gustos del Führer, no es una cronología de su vida como en el caso de Franco, más si una aproximación a lo que en vida, mientras estuvo al frente de su fallida cruzada, vio, ordeno, y produjo en términos cinematográficos a favor de su causa, y que son anécdota hoy día.  Por ejemplo, refiriéndose a una de las parodias que tuvo “fortuna” de ver, Noguera afirma:

[…] Al líder nazi también le gustaba Chaplin, pero dejó de ver sus films una vez le informaron que tenía sangre judía. Aún así, sentiría curiosidad por ver que había hecho el cómico con El Gran Dictador (1940), haciéndose conseguir una copia a través de Portugal, que se hizo proyectar dos veces seguidas. Su secretario personal recordaba años después que el gran dictador (el auténtico) le había hecho gracia el film, prohibido en Alemania y países satélites. Se había reído, sobre todo, con la aparición del alter ego de Mussolini, Benzino Napolini, interpretado por Jack Okie. (pp. 92-93).

En el caso de los trabajos fílmicos ordenados, el autor presenta el caso de uno de los temas más álgidos en la segunda mitad del siglo XX referido a los ghettos, y que los mismos nazis pusieron sobre la pantalla:   
     
[…] Ese mismo año, 1940 el Füher supervisó las imágenes del documental antisemita Der Ewige Jude (1940) rodadas en el ghetto de Varsovia, muchas de las cuales mostraban a niños y ancianos moribundos por la inanición. También ordenaba, en su histérica cruzada xenófoba, que Jud Süs, la historia de un intrigante judío que viola a la hija aria de un concejal, siendo ejecutado por los vengadores alemanes de buen corazón, se exhibiese en todos los países ocupados tras el gran éxito del público obtenido en el Reich: veinte millones de espectadores (P. 93). 

Entre referencias fílmicas, y hechos centrados en el entorno de Hitler bajo el indicador de una obra cinematográfica, el autor nos introduce en su propuesta de cómo se exhibió la vida de este personaje en la pantalla mundial.

La segunda parte titulada Hitler Antes de Hitler, propone un balance de obras sobre el dictador que suman, según Noguera, más de cien obras en el mundo cinematográfico, desde la primera caracterización realizada por el actor Larry J. Blake en la película The Road Back -1937-, pasando por  la ya citada parodia de Chaplin, y las versiones animadas de Walt Disney y la Warner Brothers. Por lo anterior, tenemos en el resto del capitulo las referencias a las siguientes obras: El Triunfo de la Voluntad, Leni Riefenstahl, 1935; Apres Mein Kampf, Mes Crimes, Alexander Ryder, 1940; El Gran Dictador, Charles Chaplin, 1940; Hitler, Dead Or Alive, Nick Grinde, 1942; Ser O No ser, Ernst Lubitsch, 1942;  The Hitler Gang, John Farrow, 1944.

La tercera parte se titula De la Caída de los Dioses a la Caída del Muro, en sus últimas líneas de presentación, antes de pasar a las películas referenciadas, el autor anuncia, como si se tratara de un cuento: “Cae el muro de Berlín, Alemania se unifica, la URSS se desintegra, Yugoslavia se desangra en una cruel guerra civil. En algún lugar, Hitler sonríe” (p. 123), panorama final de un proceso de postguerra donde la figura del más “famoso austríaco” ha sido reiteradamente llevada a la pantalla. Los filmes que soportan este segmento son: Rommel, El Zorro del Desierto, Henry Hathaway, 1951; The Magic Face, Frank Tuttle, 1951; Der Letzte, Georg Wilhem Pabst, 1955;  Hitler, Stuart Heisler, 1962; They Saved Hitler’s Brain, 1968; El Monstruo No Ha Muerto, Alberto Rinaldi, 1970; Hitler: The Last Ten Days, Ennio de Concini, 1973; Los Niños del Brasil, Franklin J. Shaffner, 1978; Hitler –Ein Film Aus Deutschland, Hans-Jürgen Syberberg, 1978; The Bunker, George Schaefer, 1981; Inside  The Third Reich, Marvin J. Chomsky, 1982; Countdown To War, Patrick Lau, 1989;100 Jahre Adolf Hitler Die Letzte Stunde Im Fühererbunker, Christoph Schlingfensief, 1989.      


La última parte dedicada a la figura del líder alemán, se titula  Hitler, Cambio de Milenio, lo que supone igualmente nuevas interpretaciones del personaje en un nuevo contexto mundial que ha dejado atrás la guerra fría:

[…] Pasados ya los años de postguerra y muertos la mayoría de los protagonistas directos del conflicto, los directores y los intérpretes de los films han decidido tratar a Hitler como a un ser más humano, eliminado su faceta de científico loco de mirada pérdida que ríe de forma malévola cada vez que opina. “Desmabusizándolo” o “Descaligarizándolo”. Bruno Ganz declara, frente a algunas críticas que el acusan de presentar al público a un personajes sanguinario de forma encantadora en Die Untergang, que nadie come sopa de forma malvada. Hasta el más abyecto ser tiene sus motivos, y nadie se considera a sí mismo como “malvado”. Los psicópatas oyen voces, trabajan según órdenes divinas, están al servicio de extraterrestres o pierden la conciencia y se encuentran con las manos llenas de sangre y un cadáver en la nevera. Todos huyen de su yo. Muchos de ellos achacan sus crímenes a una fuerza exógena o endógena que les hace actuar en contra de lo sería su voluntad (p. 151).     

Además de algunas cintas brevemente presentadas, incluyendo el capitulo trescientos quince de la serie animada Southpark en la celebración de navidad donde aparece Hitler, el autor reseña: The Plot To Kill Hitler, Lawrence Shiller, 1990; Patria, Christopher Menaul, 1994; The Empty Mirror, Barry J. Hershey, 1996; Gespräch Mit Dem Biest, Armin Mueller-Stahl, 1996; Moloch, Alexander Sokurov, 1999; Goebbles Und Geduldig, KaiWessel, 2001; Max, Menno Meyjes, 2002;  Joe And Max, Steve James, 2002, en esta reseña se agrega al entrevista al actor que interpreto a Hitler, Rolf Kanies; Hitler: El Reinado del Mal, Christian Duguay, 2003, igualmente aparece la entrevista al protagonista Robert Carlyle; El Clon de Hitler, Christian González, 2003; Stauffenberg, Jo Baier, 2004;  El Hundimiento, Oliver Hirschbiegel, 2004; Hitler Meets Christ, Michael Moriarty, 2005;  Speer Und Er, Heinrich Breloer, 2005; Uncle Adolf, Nicholas Renton, 2005; Ellos Robaron la Picha de Hitler, Pedro Temboury, 2006; Mi Führer: La Verdad Más Verdadera Sobre Adolf Hitler, Dani Levy, 2007. Finalmente, además de presentar las reseñas de algunas películas sobre “el gran dictador” en sus cuatro capítulos, nos entrega Noguera un amplio listado de la filmografía hitleriana.
  
Mussolini
El autor del anterior capitulo, repite con Mussolini El Nuevo Cesar, explicando como el dictador italiano entra en el uso de la cinematografía para beneficio propio, y de su proyecto político con la fundación en 1935 de los mayores estudios cinematográficos de Europa: Cinecittà. Utilizando como referencia de análisis el texto de Román Gubern El Líder Político como Discurso ficcional, Noguera explica los temas políticos tratados en la película  Campo di Maggio encargada por Mussolini, y el paralelismo con Napoleón como referencia de engrandecer la figura del dictador.

Con respecto a la Propaganda, Censura y Promoción,  brevemente nos presentan como las obras realizadas en el periodo fascista, tenían en algunos casos mensajes directos al hecho político del presente italiano; también se reseña la entrada en los circuitos faranduleros con la creación de una de las muestras más importantes en la cinematografía mundial, el Festival de Cine de Venecia, así como la participación de su hijo en el engranaje de la cultura fílmica fascista:

[…]La sangre de la sangre del Duce tuvo su influencia en el desarrollo  de la industria fílmica italiana. Vittorio Mussolini, uno de sus hijos, fundó la revista Cinema, convirtiéndose en su director. También estuvo al frente de los estudios Cinecittà, donde intentó cumplir la voluntad paterna esforzándose en que el cine italiano idealizase el imaginario fascista y el mito cotidiano, haciéndolos inseparables para el espectador. Con tal fin había realizado un viaje a Hollywood, en busca de acuerdos comerciales con la industria cinematográfica norteamericana, justo cuando su progenitor firmaba el Pacto de Acero con el III Reich, por lo que fue recibido con hostilidad por los creadores de la fábrica de sueños, muchos de ellos judíos nada simpatizantes con la agresiva política antisemita de Hitler (p. 211).   


El aparte dedicado a las relaciones internacionales, se enfoca directamente a las sostenidas con Alemania y su homologo Hitler, bajo la anécdota de Dino Alfieri -quien había sido Ministro de Cultura Popular de Mussolini- en su libro Dos Dictadores Frente a Frente, y las semblanzas físicas de los dos “buenos amigos” en Berchtesgarden 1941, mientras observan algunos filmes de la hegemonía Nazi (p. 212-213). Finalmente, y antes de pasar al listado de sinopsis sobre el duce, Noguera nos presenta el listado de representaciones de Mussolini en la pantalla, además de las reseñas: Mussolini: Ultimo Atto, Carlo Lizzani, 1974; El León del Desierto, Moustapha Akkad, 1979; Mussolini And I, Alberto Negrín, 1985; Mussolini, Auge y Caída del Nuevo César, William A. Graham, 1985; Edda, Georgio Capitani, 2005. Como anexo, la filmografía Mussoliniana, más una amplia bibliografía de los dos capítulos escritos.  



25.11.11

100 Documentales para Explicar Historia / De Flaherty a Michael Moore


J.M. Caparrós Lera, Magí Crusells y Ricard Mamblona
Alianza Editorial, S.A.
Madrid, 2010, págs. 262

 El origen del cine tiene en el documental su primer proceso de editar el mundo por medio de las imágenes en movimiento, “actualidades reconstruidas” que llama Román Gubern, las cuales tuvieron un paso de mejor edición con la empresa francesa Pathe –el gallo que todo lo sabe y todo lo ve- y su diario fílmico, que se vinculo a la producción cinematográfica como un espacio de suma importancia para los espectadores del nuevo arte a principios del Siglo XX, ya que informaba el acontecer mundial a través de lo visual. Para el autor, “el cine ha descubierto su importancia como espejo de la historia y como vehículo de información. Su destino es el de contribuir a que los hombres, de diferentes latitudes y de diversas costumbres, puedan conocerse y comprenderse mejor y, en consecuencia, se sientan solidarios en sus problemas y en sus objetivos” (Gubern, 2006, pp. 242-249). Precisamente, el texto que se reseña, sirve para reflejarnos un poco en el espejo de la historia por medio de una realización mediada por diversos intereses: antropológicos, vanguardistas, noticiosos, históricos, deportivos, musicales,  políticos, etc. Como vehículo de información, entra en el espectro de las necesidades  metodológicas y didácticas que cada sujeto al que está dirigido el texto, quiera utilizar, en el contexto de un tema básico de enseñanza. Con respecto a la reflexión de conocernos y comprendernos mejor por medio de la acción del documental, las dificultades son muchas para llegar al clímax de lo que desea Gubern, tal vez se logré en el espacio de la intervención e interacción del observador y su guía –alumno/profesor-, pero después, ¿cómo queda esa participación activa o inactiva ante lo visto en la pantalla?, allí estaría la clave de una receptiva lección en el documental contemplado, además de preguntarnos: ¿qué tan efectivo resultó para ese público su comprensión del mensaje?, y ¿qué tan efectivo fue en su transmisión?                

El prólogo de 100 Documentales para Explicar Historia, fue realizado por el profesor Joan Oliver  Puigdomènech,  partiendo de la reflexión de Marc Ferro con respecto a la pregunta “si realmente existía una visión fílmica de la historia, si era verdad o no que el cine y la televisión habían introducido una nueva manera, una nueva dimensión de acercamiento metodológico como de contenido, a las materias históricas”, reflexión que dirigida a la recopilación, según su prologuista, es de obligatoria revisión por lo que ha significado el género cinematográfico del documental y su amplia divulgación en la actualidad. La otra pregunta que introduce  Puigdomènech es: “¿Qué las imágenes de los documentales sean reales les hace más fieles a los hechos históricos que el cine de ficción? El documentalista Llorenç Soler considera que el cine documental también es una ficción, que los elementos extraídos de la realidad al ser reorganizados por el director en el proceso de montaje generan un discurso cuyo sentido puede coincidir o no con la realidad” (p. 11). Las dos cuestiones planteadas son el itinerario propuesto para a través de la lectura de las guías publicadas, y la revisión de su materiales documentales, se puedan dilucidar.  
   

En su prefacio, J.M. Caparrós Lera explica el origen del libro, que tiene como antecedente 100 Películas sobre Historia Contemporánea que tuvo su primera edición en 1997, y una actualizada en el año 2004. Además, tiene como origen los cursos que sobre el tema fueron impartidos en la Universidad de Barcelona en el Master de Cultura Histórica y Comunicación. También, para los interesados en el tema, el profesor Caparrós entrega algunas referencias bibliográficas concernientes al análisis teórico del documental, para luego afirmar: “100 documentales para explicar Historia es, ante todo, un sencillo catálogo de películas –a base de breves reseñas, críticas e informativas-, con el propósito de aproximar a los universitarios y aficionados a este gran género y sus principales autores. De ahí que lo hayamos subtitulado De Flaherty a Michael Moore”, agregando, “somos conscientes que hemos hecho una selección subjetiva, pero son todos los que están, aunque no están todos los que son” (p. 14-15).
   
La introducción a cargo de Ricard Mamblona, reflexiona a propósito de lo que significa el documental y su responsabilidad social que siempre ha estado relegado por el cine de ficción, además su proceso en la historia hasta las formas reporteriles y estereotipadas ofrecidas por la televisión, y sus canales de oferta; también a su participación en los circuitos de exhibición y divulgación efectiva y amplia por medio de la digitalización: “Se crean Festivales y Mercados que ofrecen una gran visibilidad al público y el documental corre más que nunca por asociaciones de vecinos, bibliotecas, convenciones, conferencias, aulas y otras periferias tanto públicas como privadas. Nos encontramos en lo que se conoce como la era postdocumental, promovida, en gran medida, por la revolución tecnológica y las enormes posibilidades que ofrece la digitalización, tanto en las formas de producir documentales, como en las que éste es difundido al gran público” (p. 18). Mamblona, a renglón seguido, resume la historia del documental con sus principales obras y autores, algunas de ellas involucradas en el catalogo, para entregarnos en su último párrafo, un análisis sobre la puesta del documental en la actualidad, y su relación con el espectador, dirigida a la responsabilidad ética del documentalista como valor añadido: “La evolución del documental , en esta nueva era digital, permite al documental, ahora más que nunca, expresarse con una libertad extraordinaria. Se cierran filas, por fin, con los cánones primitivos del medio. Atrás quedan registradas grandes obras cinematográficas, y valiosos documentos para el mundo histórico. Ahora, desde la madurez, el documental  puede presumir de ser una forma cinematográfica diferenciada, donde la transformación no sólo tiene que ver con las formas de hacer, sino también en la manera en que el documental es pensado”  (p. 21). En las formas de hacer y de pensar el documental, esta el éxito de los experimentados y nuevos documentalistas, las historias contadas se asumen como una puesta en escena de la realidad bajo la diligencia de contar “algo” con eficacia, por eso la selección de los 100 documentales aportan al conocimiento de diversos acontecimientos, algunos más importantes que otros, pero bajo al dinámica de entregar un mensaje mediado por la realidad, y la tal vez la invención del llamado falso documental.  
  

El libro se divide en dos capítulos, primero, Grandes Clásicos y Películas Modernas, el cual a su vez se subdivide en cinco partes: Los inicios del cine documental, el periodo de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial, el nuevo orden mundial, un mundo desigual; desde Nanuk, el esquimal (1920-22), de Robert J. Flaherty, hasta Sicko (2007), de Michael Moore. El segundo capitulo titulado Historia de España Contemporánea, subdividido en cuatro partes: Segunda República y Guerra Civil, el franquismo, la transición, la democracia; desde Las Hurdes / Tierra sin pan (1933), de Luís Buñuel, hasta Hollywood contra Franco (2008), de Oriol Porta. Además de la bibliografía, se encuentra un índice de documentales, directores, y títulos originales.            

El libro 100 Documentales para Explicar Historia, invita a su revisión cuando se trata de encontrar un medio de explicación de nuestro pasado por medio de una herramienta didáctica en el ámbito del espacio escolar y universitario. Cada una de las fichas entrega la información básica de su producción, además de referencias al tipo de contenido y su calidad como obra artística. El valor agregado de este texto, son los aportes de sus autores con respecto a una selección minuciosa –que no deja de ser subjetiva-, y la posibilidad de entregarlo en forma de catalogo. Finalmente, por su objetivo educativo, el texto puede revisarse en desorden, eso si, partiendo de las necesidades y los gustos por un tema en particular.      

Bibliografía
-Román Gubern (2006). Historia del cine, Editorial Lumen, Barcelona.

11.11.11

Evento: Cine club de Cali: Reflexiones y Documentos, 1971-1979


Organizado
Área Cultural del Banco de la Republica –Cali-
Grupo de Investigación Nación Cultura Memoria
Departamento de Historia – Universidad del Valle
Auditorio Área Cultural Banco de la República –Cali-
Noviembre 16 de 2011  4 pm a 6 pm
Calle 7 N° 4-09
Teléfonos: (2) 8836945, Conmutador: (2) 6847750, Fax: (2) 8834352
Audiencia: público general

Conferencia y conversatorio
-Yamid Galindo Cardona
Estudiante Maestría en Historia –Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
Licenciado en Historia – Universidad del Valle

-Ramiro Arbeláez Ramos
Maestría en Cine y Televisión, Universidad de Sao Paulo, Brasil
Licenciado en Historia – Universidad del Valle


El evento tiene como objetivo entregar al Área Cultural del Banco de la República de Cali, los documentos que hicieron parte del archivo del Cine club de Cali en la década de los setentas. Por lo anterior, se presenta el inventario del material a entregar, especificando el tipo y número de folios que pasaran al espacio de su benefactor para posibilitar a los investigadores locales y regionales, interesados en el movimiento cultural de la década citada, su revisión.

Archivos del Cine club de Cali
-Carpetas del Cine club de Cali  1971-1979
Algunas de estas carpetas contenían su membrete que las identificaban, otras no. Fueron revisadas y catalogadas, en vía de una organización para su posterior utilización dentro de la investigación sobre el Cine club de Cali. 

-Libro de contabilidad con Numeración del 205 al 400
Nombre: “Registro de Películas Cine club de Cali”. Contiene 3 hojas sueltas de películas programadas en “Cine Subterráneo” del año 1971 a 1973, programado en “Ciudad Solar”. Más 6 folios con anverso y reverso que dan información referente a las películas programadas en el Cine club de Cali, desde el año 1971 a 1979 de las películas número 1 al número 403.

-Publicaciones Cine club de Cali. Contiene:
Boletines Ojo al Cine del número uno al cinco con las siguientes cantidades: Del uno -1-, del dos -3, del tres -4-, del cuatro -3-, del cinco -3-.
Hojas sueltas publicitarias, ciclo de Jhon Houston en agosto de 1971. Cantidad: 4
Hoja suelta. Propuesta programa ciclo de Cine Negro. Marzo-Abril de 1976. Cantidad: 1
Hoja suelta. Mejores películas de 1975. Enero de 1976. Cantidad: 2
Hoja suelta. Programa septiembre de 1971. Cantidad: 1
Plegable Mala Compañía. Abril de 1975. Cantidad: 4
Cartón con artículo de prensa de Hernando Salcedo Silva referente al Cine club de Cali Cantidad: 1
Articulo de prensa. Cali, domingo  9 de septiembre de 1973. El Crisol -Habla Sergio Leone-
Plegables Cine club del TEC. Dirigido por Andrés Caicedo. Cantidad: 14 programas.

 -Materiales del Cine club de Cali Boletines de Exhibición.  Contiene:
Boletines de programación semanal.
Crítica cinematográfica.
Estudios de filmografía mundial.
Balances de películas.
Otros.
Cantidad: 185 documentos foliados. Año 1971-1977

-Materiales del Cine club de Cali. Contiene:
Boletines de programación semanal.
Crítica al cine colombiano.
Música antillana en el cine cubano.
Otros.
Cantidad: 20 documentos foliados. Años 1976-77-78-79

-Correspondencia Recibida. Contiene:
Informes de la Federación colombiana de Cineclubes.
Envió de películas.
Control de espectáculos. Exoneración de impuestos.
Cartas dirigidas a Ramiro Arbeláez.
Tarjetas de navidad y año nuevo.
Otros.
Cantidad: 100 documentos foliados. Año 1970-1978

-Correspondencia Enviada. Contiene:
Cartas, información variada.
Cantidad: 71 documentos foliados. Año 1973-1980

-Correspondencia por Contestar. Contiene:
Cartas recibidas y por contestar.
Cantidad: 33 documentos foliados. Año 1974-1978

-Correspondencia recibida Ojo al Cine. Contiene:
Cartas, postales, telegramas, otros.
Cantidad: 104 documentos foliados. Año 1973-1979

-Materiales Ojo al Cine. Contiene:
Critica cinematográfica.
Cantidad: 24 documentos foliados.

-Cuentas  Revista. Contiene:
Listado de suscripción a la revista Ojo al cine, colaboradores y cortesía.
Cantidad: 7 documentos foliados.

-Revista Ojo al Cine # 6 Borrador.  Contiene:
Textos de la fallida Ojo al Cine # 6 / Editorial.
Cantidad: 13 documentos foliados.


-Tarjetas del Cine club de Cali
Las tarjetas eran entregadas a la entrada del Teatro San Fernando, como guía de programación, allí se especificaban el ciclo, la fecha y las películas; además de una imagen impresa. 

Año 1971
Abril: Plegable: Ciclo Godard, primer ciclo. Cantidad: 2
Abril: La mujer casada. Cantidad: 2
Mayo: Ferdy Mayne. Cantidad: 1
Mayo: La danza de  los vampiros. Cantidad: 1
Junio: Diario de una camarera. Cantidad: 2
Julio: Mía Farrow. Cantidad: 1
Octubre: 2 de Rossen, 3 de Bergman. Cantidad: 1
Noviembre: 1 de Chabrol, 3 de Losey. Cantidad: 1
Diciembre: Otra de Chabrol, 2 de Truffaut, 1 de Buñuel y la mejor película del año. Cantidad: 1

Año 1972
Enero: 2 de Brooks, 1 de Penn, 1 de Perry. Cantidad: 3
Febrero: 1 de Preminger, 1 de Mulligan, 1 de Demy, 1 de Hopper. Cantidad: 1
Marzo: 4 de Buñuel, 4 de Wilder, 2 de Marynlin Monroe. Cantidad: 1
Abril: 2 de Truffaut, 2 de Hitchcock, 1 de C. Harrington. Cantidad: 2
Junio: Igmar Bergman. Cantidad: 1
Julio: Lindsay Anderson. Cantidad: 1
Agosto: Richard Fleischer. Cantidad: 3
Septiembre: Claude Chabrol. Cantidad: 2
Octubre: Stanley Donen. Cantidad: 2

Año 1973
Enero-Febrero: Alfred Hitchcock. Cantidad: 1
Marzo: Joseph Losey, Orson Welles. Cantidad: 1
Abril: Rafelson, Furie, Forman, Coppola. Cantidad: 2
Junio: Luchino Visconti. Cantidad: 2
Agosto: Ford, Fellini, Wilder. Cantidad: 2
Septiembre: Cine Mexicano. Cantidad: 2
Octubre: Cine Colombiano. Cantidad: 2
Noviembre-Diciembre: Cine Rojo. Cantidad: 2  

Año 1974
Enero: Las mejores películas del año. Cantidad: 2
Febrero: películas de Gangsters. Cantidad: 2
Marzo: Cine Francés. Cantidad: 2
Abril: Cuatro estrenos. Cantidad: 2
Junio: Bergman-Buñuel. Cantidad: 2
Julio: Brooks-Bogdanovich. Cantidad: 2
Septiembre: Cuatro estrenos. Cantidad: 2
Octubre-Noviembre: Jean Luc Godard. Cantidad: 2
Noviembre-Diciembre: Cine Rojo. Cantidad: 2  

Año 1975
Febrero-Marzo: Sam Peckinpah, Noel Black. Cantidad: 2
Mayo: Truffaut, Losey, Romero. Cantidad: 2
Junio: Igmar Bergman.  Cantidad: 2
Julio: Misterio. Cantidad: 2
Agosto: Luís Buñuel. Cantidad: 2
Agosto: Programas dobles. Cantidad: 2
Septiembre: Programas dobles. Cantidad: 2
Octubre-Noviembre-Diciembre: Varios directores.  Cantidad: 2  

Año 1976
Octubre: Varios directores. Cantidad: 2
Noviembre-Diciembre: Catherine Denueve. Cantidad: 2

Año 1977
Enero-Febrero: Francois Truffaut. Cantidad: 2
Febrero: Exhibición especial. Reed México Insurgente. Cantidad: 2
Marzo: Buñuel. Cantidad: 2
Abril: Oestes. Billy The Kid Daba Asco. Cantidad: 2
Mayo: Alfred Hitchcock. Cantidad: 5
Agosto: Carlos Saura. Cantidad: 2
Septiembre-Octubre: Varios directores. Cantidad: 1
Noviembre-Diciembre: Claude Chabrol: Varios directores.  Cantidad: 1  

Año 1979
Enero-Febrero-Marzo: Cine Alemán. Cantidad: 2

¡Quedan invitados! 

 

2.11.11

Álbum Familiar


Helena Rodríguez.
Museo Arqueológico La Merced
Fondo de Promoción de la Cultura.
Impresora Feriva S.A.
2011, págs., 60. 
Cali.

La autora del  Álbum Familiar es Maestra en Artes Plásticas del Instituto Departamental de Bellas Artes en Cali, ha realizado diversas exposiciones colectivas e individuales dirigidas a su tema de estudio e investigación concerniente a la fotografía desde el año 2000. El texto que se reseña es complemento de la exhibición que con el mismo título se expuso en las instalaciones del Museo Arqueológico La Merced, cuyo curador y objeto de estudio fue Miguel González, explicando que el proyecto ha sido trabajado desde varios ángulos y posibilidades: “Representan la exploración por fotografías de varias décadas, de distintos formatos y de diversos autores. El ejercicio también implica la reproducción y la edición de las mismas para ajustarlas a una uniformidad. Se han trasferido a blanco y negro todas para buscar unidad y finalmente se han intervenido en el computador pintando las imágenes. Este último gesto recrea la idea de iluminación  que era practicada cuando la fotografía a color no existía y era menester aplicarle a mano la policromía”. 

En su libro Observado e Interrogado -2010-,  Miguel González había entregado parte de su álbum fotográfico privado desde el año 1971, en sus actividades de Ciudad Solar, hasta sus vacaciones en la isla Elefanta de Mumbai del año 2010, es decir, se expuso en su trasegar cotidiano en innumerables espacios y con diversos personajes, una puesta en escena individual bajo el lente del tiempo expresado en la fotografía. Si en el libro citado, las imágenes no son el centro de estudio -hacen parte de un texto sobre su vida-, en Álbum Familiar se convierten en el centro de atención e intervención sin un texto que nos distraiga, desde el niño Miguel en 1951, hasta su visita a los vestigios de Chichén Itzá en México del presente año. Volviendo a su presentación, González enfatiza: “Este álbum con fotografías consecutivas en orden cronológico describe inevitablemente los residuos del tiempo y los distintos sucesos de la existencia. Inevitablemente se convierte en una confidencialidad expuesta y en la violación de lo privado en aras de lo público. Irónicamente el álbum familiar que ha sido reformulado en sus formatos y cromatismo aparece como una especie de documento falso y cosmético”.


Los residuos del tiempo expuestos, son una marca privada que su dueño ofrece sin mediar las diversas posibilidades que eso conlleva en su uso, desde la exposición en una sala museística donde los observadores entran en el juego de la artista, llevándose la policromía de una vida; hasta la publicación en un documento de apoyo donde el poseedor de estos registros hace su propia reflexión. Siendo un documento falso y maquillado, nos lleva a arquetipos vinculantes con las formas de engaño que hemos vivido en los últimos años desde el aparataje institucional del estado colombiano, tal vez sin buscarlo, Helena Rodríguez, a través de retocar las fotos de su objeto de estudio, nos pone un ejemplo vigente usado manidamente con la frase “no todo parece lo que es”.

El curador agrega al álbum una entrevista a la artista, para aclarar los antecedentes de su producción y la relación con lo fotográfico, sobre Álbum Familiar responde lo siguiente:

M.G.: En la presente serie se vale de la apropiación de imágenes para armar el conjunto. Interviene mediante la coloración y somete a una horizontalidad todas las obras uniformando las distintas estampas en pequeño formato de este conjunto. ¿Cómo resultó la experiencia?

H.R.: Ha sido un trabajo arduo de coloración en la pantalla de computador. He pintado minuciosamente cada detalle para reinventar cromáticamente todo el conjunto. La iconografía va desde la infancia hasta el presente y documenta la trasformación del protagonista. El Álbum Familiar es algo íntimo y privado. Las dimensiones de las fotos quieren ser consecuentes con esta idea. La nueva propuesta se articula como una biografía a  través de las imágenes que señala una travesía particular.


La biografía foto pintada, foto fija de una travesía, se convierte en un aporte plástico a través de la figura de uno de los curadores más importantes del país, un paso más a la colección que Miguel González ha venido publicando sobre sus textos curatoriales. La obra de la artista insinúa una entrada al mundo privado de una persona pública por medio de la observación y el tacto, ¿qué resulta?, una intromisión individual o colectiva en el espacio de un salón, o una apreciación individual tras el paso de cada hoja del Álbum Familiar publicado.

Contenido de Álbum Familiar
-Presentación del Curador Miguel González.
-Entrevista de Miguel González a Helera Rodríguez.   
-Sesenta fotografías intervenidas –Policromía-
-Currículo de Helena Rodríguez.
-Listado de obras.
-Currículo de Miguel González.

Imágenes
-Caratula del libro Álbum Familiar.
-Foto 35, junto a al tumba del poeta francés Guillaume Apollinaire, Cementerio Pére Lachaise, Paris 1985. De Clemencia Varela.
-Foto 45, Hablando por teléfono, Cali 1997. De Fernell Franco.