1.10.12

El Manzanillo


En noviembre de 1943 se publicó en la revista trimestral “El Teatro” la comedia en tres actos El Doctor Manzanillo de Luis Enrique Osorio, estrenada en el Teatro Municipal de Bogotá por la Compañía Bogotana de Comedias. Según la presentación correspondía a una “acción en cualquier provincia de Colombia. Época actual”. Dieciséis personajes hacen parte de la historia, entre los que se encuentra Cesar Manzanillo –político profesional-, además de un cura, un policía y un bobo -entre otros- en un pueblo ficticio llamado Chirití. La obra teatral no cobraría importancia en la historia política del país, si de allí no hubiera salido una de las expresiones más usadas en el medio de los “padres de la patria” y sus alfiles burocráticos, “manzanillo”.

El personaje de la acción teatral se mueve entre las adulaciones constantes sin importar el color político o doctrinario, los favores “sospechosos”, la palanca, las promesas quiméricas, el manejo de presupuestos ajenos, el ofrecimiento de puestos; todo un ¡doctor! de esos que se encuentran por la inmediaciones de la Plaza de Bolívar de Bogotá, y los sitios gubernamentales de nuestros municipios. Un ejemplo del periplo de Cesar Manzanillo, nos deja un poco de su figura política, por ejemplo en dialogo con el sacerdote del pueblo:

...Cura- He tenido mucho gusto de estrechar su mano… Siempre he admirado a las personas inteligentes… y activas.
Manzanillo- Muy amable doctor… Y muy honrado en considerarme su amigo… No hay razón para que entre nosotros no reine completa armonía.
Cura- Razón, ninguna.
Manzanillo- Doctrinariamente, nosotros proclamamos la separación de la Iglesia y el Estado… Pero en cuanto a armonía… y mutuo respeto… y sobretodo reciproco afecto… claramente lo dice la nueva cara fundamental… Así que… siempre a la orden, doctor.
Cura- Lo mismo le digo yo: a la orden en la casa cural.
Manzanillo- Honradísimo. Iré a visitarle.
Cura- Aprovecharé esa oportunidad para mostrarle la iglesia. ¡Está tan destartalada!... ¡No se imagina cómo encontré eso!
Tomasa (dueña del Hotel de Chirití)- Daba lastima. Gracias a que su reverencia…
Cura- Yo estoy aquí desde hace un mes, nada más.
Tomasa- Y lo quieren tanto ya, como si hiciera un siglo.
Manzanillo- Muy merecido.
Cura- Es que yo pienso distinto de los que venían antes por aquí. Soy de la escuela nueva… Venían a predicar odio, a exaltar los ánimos…Y eso no está bien.
Tomasa- ¡Con los rojos que son aquí!... Piense, doctor, que al otro párroco, para sacarlo del pueblo, lo montaron en un burro, y al pobre animal le prendieron cohetes en la cola.
Pirulo (personero de Chirití) -Le buscó tres pies al gato.
Cura- (tomando a Pirulo del brazo) Pero en el fondo son buenos… No es más sino saberlos llevar…Yo no me ocupo sino de arreglar la iglesia y… y a ver si con influencia, doctor, nos consigue un pequeño auxilio para embaldosinar y acabar las torres. 
Tomasa- ¡Ay sí!
Manzanillo- Tratándose de usted, doctor, será el primer proyecto que presente… Para usted, doctor, no digo dos torres: dos basílicas. ¡Notre Dame y Santa Sofía!
Cura- ¡Qué bondadoso! (p. 12).

Ahora, preparando la cosa política:

Manzanillo- ¿Ya viene esa gente, personero?
Pirulo- Le movilicé todas las veredas donde tengo influencia… Usted va a ver que quien mueve aquí más hilos no es don Tiberio, como todos creen… Vienen los de Rioblanco, los de Rionegro, los de Aguaclara, los de Aguasucia, los de Lagunagris… ¿Voy a inundarle esa plaza, para que se convenza!... Y si bajan los de Tierraseca, que es la única vereda enemiga, las dos entradas del pueblo están bien guardadas. Dudo que se atrevan esta vez a interrumpirnos el libre ejercicio del sufragio. 
Manzanillo- Cuidado, personero, cómo perdemos. ¡Le va el pellejo!... Ya sabe que, teniéndome a mí en la asamblea, la secretaría es suya. Desde ahí observaremos lo demás y…
Pirulo- Tiene que portarse bien…Piense que tengo un hermano con cinco hijos… y dos sobrinas más necesitadas que esa de misiá Tomasa.
Manzanillo-  No se afane. Para todos habrá.
Pirulo- Y luego, doctor, que a esto hay que darle un vuelco… Le hablo como izquierdista. Andamos diciendo que hay una revolución en marcha, y no la veo por ninguna parte.
Manzanillo-Si, indudablemente. Hay que acelerar la marcha, que impulsar el ritmo.  
Pirulo- Sin ir muy lejos, ahí tiene usted a don Lino, que robó todo lo que pudo en la época de los empréstitos. Ahí está tranquilo, dueño de casi todo el pueblo, extorsionando a los habitantes y mandando al parada… Y el alcalde, detrás de él, como un perro faldero, esperando propina… y detrás de don Tiberio, porque fue quien lo hizo nombrar… Y los dos gamonales, don lino y don Tiberio, de brazo, porque son compadres… riéndose de todo para sus adentros… Estas son las cosas con que yo no puedo, doctor Manzanillo…Hay que comenzar por barrer a ese alcalde, que es un elemento pernicioso.
Manzanillo-Descuide, mí querido amigo. ¡Ya barreremos!... La escoba es hoy, en nuestras democracias, el primer instrumento de reforma social (pp. 13-14). 



Treinta escenas contienen la obra de Osorio, una parodia en escena de la vida política nacional en un pueblo cualquiera, y con unos personajes tradicionales en el entramado social y cultural del período en que fue escrita. En los créditos de la revista “El Teatro” se afirmaba que había completado hasta el 5 de septiembre de 1943 -en la noche-, las primeras cincuenta   representaciones, gozando de alta popularidad entre los asistentes bogotanos hasta el punto que el personaje principal calo en el imaginario social capitalino hasta extenderse a otras latitudes de Colombia, sobretodo en los cerrados círculos de los políticos de turno y sus contradictores, en idas y venidas de la línea burocrática en departamentos, capitales, pueblos, y sus respectivas extensiones.

En 1953 Gonzalo Cadavid Uribe compilo un libro a propósito del lenguaje popular antioqueño, allí hace mención al significado manzanillo, lo que indicaba su importancia dentro del lenguaje “común y corriente”; la definición fue retomada y ampliada por Mario Alario Di Filippo en 1964, exponiéndonos las características del personaje –sustantivo masculino- en la “selva” política nacional, que con claridad podríamos vincular a algunos personajes de nuestra actualidad institucional desde los pulpitos del senado, congreso, procuradurías, asambleas, concejos, etc., cada uno busque su candidato. A continuación la definición presentada por los autores citados:            
  
Manzanillo
Político sin escrúpulos que mira sólo al lucro personal. “Se aplica a los conservadores que dominaron el municipio de Bogotá hasta el 8 de junio de 1929 y que se imponían a las elecciones por medio de barrenderos o empleados del aseo, y de 1934 en adelante a los nuevos ricos del poder” (Julio Cesar García).
“En la fauna política, el manzanillo es el más despreciable de los animales, siendo todos despreciables. Hombre sin moral, sin decoro, poseído de un alto concepto de su grandeza, virulento, cobarde y falaz que pone a su servicio toda la bajeza de los hombres y toda su falta de hombría de bien para sus fines siempre oscuros. Llámese Manzanillo porque sus frutos y su sombra, como los del árbol de ese nombre, son dañinos y venenosos. Forman su cohorte perdularios, buscalavidas, incapaces, matones y zarrapastrosos. Su clima propicio es el aplanchamiento, la delación y el comité. Cañas huecas, cualquier viento adverso échalos por el suelo. Tanto es así, que de los diez millones y medio de Manzanillos que prosperaron en regímenes anteriores, ninguno ha sobreaguado, y es un consuelo saber que de los once millones que ahora actúan tampoco ninguno sobreaguará a su hora. (Gonzalo Cadavid Uribe, Oyendo Conversar al Pueblo).     
       
El más despreciable de los animales de la fauna política, siendo todos despreciables, tal es la figura del manzanillo en nuestro contexto, siendo aplicable al resto del mundo, hasta el punto que el reconocido Barreras diría: “cortados con la misma tijera”. A diferencia de los extintos dinosaurios –con el respeto que ellos se merecen-, estos “lagartos terribles” se mueven con ligereza transando, copiando, vendiendo, sobornando, alardeando porque sacaron “cincuenta mil votos”, llevando tunas, comprando propiedades incautadas, montados en carruseles de contratación, reeligiéndose, prestando a sus hijos los carros oficiales, incrementando sus sueldos, comprando zonas francas, etc.     

A moverse con cuidado, en cada ciudad tenemos nuestros manzanillos moviéndose en las esferas más altas y bajas de nuestra sociedad, buscan el momento preciso para actuar y entrar en acción, se visten de traje o informal, posan de sabios, nos manipulan y hasta gobiernan; por lo tanto reconocerlos, desenmascararlos, y ponerlos en el escarnio público, es el primer paso para romper la fila en la cual organizados tragamos entero y hacemos parte de las parodias de esos artistas.    

Bibliografía
-Gonzalo Cadavid Uribe, Oyendo Conversas al Pueblo: Acotaciones al lenguaje Popular Antioqueño, Medellín, Imprenta de la Penitenciaria Central de la Picota, 1953.   
-Luis Enrique Osorio, El Dr. Manzanillo, El Teatro –Revista Trimestral- Volumen I, Bogotá, Noviembre de 1943, Número 2.
-Mario Alario Di Filippo, Lexicón de Colombianismos, Cartagena, Editorial Bolívar, 1964.  
       

8.9.12

Cine en la arena, y no es del torero


Asistí a una función cinematográfica especial en la clausura de la Semana del Cine Colombiano, en un espacio que cambio su razón de espectáculo dirigido a los toros donde la sangre, la arena, y su especial público mezcla de farándula y estrato social se aliaban. El cambio se dio por las presentaciones culturales que atraen a otro público, presenta otros entornos, y experimenta otras sensaciones en lo que se ve y escucha, me refiero a la ya reconocida Plaza Cultural La Santamaría.    


En plena noche del viernes me acerque a la plaza y entre en la fila, que ya larga, avanzaba lentamente, no para apreciar el espectáculo de la muerte de un animal, sino al disfrute de las imágenes de un país por medio del arte cinematográfico, debo admitir que las emociones son extrañas, la ubicación para apreciar la cinta es incomoda, y el viento de los cerros fuerte y muy frío en el enredo del circulo arenoso que ya no ve movimientos con el capote, banderillas sangrientas en posición fastidiosa, muletas carmesí en idas y venidas, y estoques a la defensiva. La pantalla, elemento básico que recibe “el tragaluz del infinito”, es la anfitriona solitaria que tiene al frente a sus fanáticos, gran mezcla de edades que ríen, aplauden, se evaden, y satisfacen ante lo visto.  

La película exhibida fue la ganadora del premio del público quien voto su preferencia en El Tiempo y Vive.in., según los datos del Ministerio de Cultura y el Área de Cinematografía, la cinta ganadora Apaporis, en Busca del Río, de  Antonio Dorado ganó con 5.988 votos, trabajo documental cuya sinopsis es la siguiente:

[…] Siguiendo los pasos del etnobotánico Richard Evans Schultes, en un diario de viaje desde Mitú hasta el río Apaporis, documentando secretos del conocimiento indígena y vivencias únicas en este rincón inexplorado de la selva amazónica. Algunas experiencias son relatadas por su alumno Wade Davis, autor del best-seller One River y explorador en residencia de la National Geographic. Con imágenes únicas, se revelan secretos milenarios como la preparación del yagé, a coca en polvo y el curare, además de una reveladora práctica para revivir a los muertos. Un documental auto-reflexivo en el que se cuestiona el desplazamiento de la guerra hacia la selva, cómo pese a la lucha de los chamanes por combatir los espíritus malignos, las comunidades se ven asediadas por la desaparición de sus lenguas y culturas (Catalogo Semana del Cine Colombiano, p.10).  



En medio de la presentación de su director, y los créditos requeridos, se dio luz y foco a la noche fílmica nacional, que en medio del frio se fue calentando con el fondo de un documental colombiano con factura caleña.  

Una apuesta a la “Bogotá más Humana” fue el objetivo del alcalde Gustavo Petro con la medida de cambiar el sentido de divertirse en este espacio arquitectónico de la ciudad donde muchas faenas han pasado por su historia: las de tauromaquia, las teatrales, las musicales, y las políticas, todas bajo el escenario de la vida nacional en el centro de poder.  Pero ya en la Plaza Cultural La Santamaría existe un antecedente con respecto a la exhibición cinematográfica en este espacio, lo narra Hernando Martínez Pardo en su Historia del Cine Colombiano publicado en 1978, inicialmente comenta las labores de  Marco Tulio Lizarazo al utilizar parlantes móviles instalados en carros para publicitar películas, y luego ante el éxito, el de proyectar cintas populares y gratuitas en la Plaza de Toros de Bogotá en la década del cuarenta:

[…] No fue difícil convencer al Alcalde de la ciudad para que le prestara el lugar. La financiación vendría de la proyección de publicidades por medio de “vidrios”, además de la gran publicidad que consistía en presentar el espectáculo a nombre de una empresa. La película la alquilaba en una casa distribuidora y él personalmente se encargaba de anunciar la proyección por medio de hojas volantes y del altoparlante móvil. La primera sesión tuvo tal éxito que la plaza de toros se llenó, las empresas interesadas en pasar “vidrios” se multiplicaron y el Alcalde le mandó gente para que le ayudara a organizar al público. En las siguientes sesiones Marco Tulio Lizarazo incluyó grupos de danzas para completar el espectáculo. El resultado fue que los teatros vecinos (Olympia, Santa Fe y otros) se quedaron vacíos; sus propietarios se quejaron ante el alcalde y a los 15 días de haberse iniciado las proyecciones populares de la Plaza de Toros fueron suspendidas. La amenaza de los teatros de declarase en huelga y de no pagar impuesto surtió efecto ante el Alcalde (pp.173-174).      

Lizarazo fue un negociante del cine que vio una oportunidad de oro, y en un espacio particular, teniendo una experiencia a usanza de los pioneros que llevaban el cine como espectáculo de feria, con la diferencia de estar patrocinado por algunas empresas y el aval de un Alcalde que tal vez obtenía beneficios. He ahí un bello ejemplo histórico de la historia cinematográfica colombiana desde el ámbito de la exhibición, que traída al presente con el ejemplo comparativo de la proyección fílmica del viernes 7 de septiembre, nos demuestra como podemos apropiarnos de espacios que parecían no podían tener otras actividades –aunque esporádicamente las tuvieran- diferentes para las que fueron creadas, en este caso cambiando la lidia de los toros por sobrevivir, a la vida del público ante los sentimientos impregnados por el cinematógrafo.   

Finalmente, les recuerdo que “hay cine en la arena y no es del torero”, una opción de divertimento para compartir en familia, y gratis.  

5.9.12

Héroes y Villanos del Cine Iberoamericano


Presentación del libro, Auditorio Fundadores, calle 22 No 5-91- Bogotá
Miércoles, 12de septiembre de 2012.

A continuación presento el comunicado de prensa del lanzamiento del libro Héroes y Villanos del Cine Iberoamericano, del cual fue editor y compilador el profesor Jerónimo Rivera Betancur, y donde colaboré con un artículo titulado Simón Bolívar Superestrella: Un Balance Cinematográfico y  Televisivo. Quedan cordialmente invitados a la presentación, allí hablaré del texto publicado en compañía de otros autores.

Comunicado de prensa: Lanzamiento libro Héroes y Villanos

La ausencia de personajes arquetipo o de buenos héroes y villanos en el cine colombiano fue lo que inspiro  al profesor Jerónimo Rivera Betancur, Jefe del Área Audiovisual de la Universidad de La Sabana y Director de la Red Iberoamericana de Investigación en Narrativas Audiovisuales (INAV)  a emprender una búsqueda puntual: explorar si esta situación se repetía en los países iberoamericanos y confirmar la relación entre personajes e identidad nacional o regional.

El punto de partida era el conocimiento previo del cine colombiano, analizado como un cine más de anécdotas que de personajes, y la posibilidad de esbozar un panorama más amplio con el fin de encontrar aquellos personajes de nuestras pantallas que presentan espejos de la realidad de Iberoamérica, generando identificación o rechazo en los públicos acostumbrados a ver, principalmente, productos comerciales provenientes de la gran industria cinematográfica.


Es así como surge el libro Héroes y villanos del cine iberoamericano, un proyecto de la Red INAV, editado por la editorial mexicana Trillas, el cual presenta 16 capítulos provenientes de nueve países (España, México, Argentina, Chile, Venezuela, Brasil, Perú, Uruguay y Colombia). El prólogo fue escrito por el profesor español Lorenzo Vilches, una de las mayores autoridades en el tema. 



El libro contiene una gran gama de temas, como la relación entre los héroes y villanos en la narrativa, personajes de ficción versus personajes reales, la construcción de personajes en las coproducciones y personajes arquetípicos, entre otros. 



Los autores, expertos en investigación audiovisual y con altas titulaciones, pertenecen a más de 20 universidades iberoamericanas. No obstante, tiene un tono didáctico, pues pretende ser un texto de referencia fundamental para los cursos de cine y las investigaciones realizadas en dichas universidades, es decir que lo podrán entender y disfrutar estudiantes universitarios, cinéfilos y profesores.



Este texto se presentó oficialmente en el tercer encuentro de La Red INAV, que se llevó a cabo el 24 de mayo en Sevilla y Málaga (España) y será presentado en Colombia el próximo miércoles 12 de septiembre a las 6:30 p.m. en el Auditorio Fundadores Calle 22 No 5-91 de Bogotá.



Principales hallazgos
Riqueza cultural. Aunque el enfoque era Héroes y Villanos en general, luego cada país aportó sus características e intereses particulares –cuenta Jerónimo Rivera, coordinador del proyecto– y allí es donde el libro cobra mayor vigencia, pues esto permitió que entraran temas como la migración en México, la industria en España o la Legislación en Chile, que terminan aportándole una riqueza cultural muy interesante al libro. El antihéroe, característica común en Latinoamérica. Los análisis muestran que en otros países tampoco hay grandes héroes y villanos. Un punto común es la frontera borrosa que hay entre el héroe y el villano e inclusive el héroe como antihéroe, como respuesta clara al cine de Hollywood, que se basa en Héroes y Villanos puros. Esta respuesta de Iberoamérica es precisamente mostrar esos Héroes de la vida cotidiana, que luchan sin tener dinero o altos estudios. El héroe del día a día y no el súper héroe.



Antihéroes y villanos protagonistas. Esta es una apuesta muy Iberoamericana. Es un personaje que tiene más atributos negativos que positivos, pusilánime, atormentado, que no confía en si mismo y quizás con un pasado oscuro, pero muy interesante porque no genera tanta identificación con el público, pero le imprime a las películas más realidad y corazón. A diferencia de la filmografía norteamericana o europea, porque aquí son historias de la lucha diaria, donde la evolución de los personajes no es tan radical, donde incluso el personaje puede empezar y terminar igual.



El capítulo de Torrente. Este es un capítulo muy interesante, porque Torrente es el personaje más rentable para cine español, parodia un poco de James Bond, antihéroe, caricaturesco, bizarro, estética de lo feo, pero que llama poderosamente la atención en España.



Otros héroes con una mirada distinta. Por ejemplo, en Colombia y Venezuela aparece un Simón Bolívar que la ficción se ha encargado de desvirtuar, para mostrar su lado humano. Héroes y Villanos de la vida real, pero representados desde los noticieros y la ficción, caso Pablo Escobar, un personaje que se construye desde los noticieros, el cine y la televisión. 



Componente histórico. El libro hace un análisis especialmente a partir del S. XXI, a pesar de que en algunos capítulos, como el de Perú, se hace un recuento histórico de sus Héroes y Villanos del cine.



Relación estrecha con la realidad nacional de cada país. En cada país existen sus propios Héroes y Villanos, pero no hay referentes para toda Iberoamérica, por lo menos en el cine reciente. Hay prototipos de héroes latinoamericanos como Cantinflas o Chespirito, pero en términos generales no un gran héroe que congregue multitudes y que genere una identidad latinoamericana o iberoamericana.



Sobre la Red INAV
La Red INAV fue fundada en 2005 y actualmente tiene 106 investigadores provenientes de 12 países. Empezó sus labores como un grupo de investigadores y amigos interesados en fomentar el desarrollo y la cooperación iberoamericana en el campo de la investigación audiovisual y desde entonces, el fortalecimiento del trabajo solidario entre sus miembros ha permitido el desarrollo de importantes actividades conjuntas, como la realización de dos encuentros iberoamericanos, dos especiales para revistas internacionales, varias investigaciones conjuntas y la cooperación en seminarios y congresos en distintos países. Este libro es el primer producto a gran escala del grupo. 

Para mayor información comuníquese con Claudia Jasmín Flechas G., jefe de la Cuenta de Prensa de la Universidad de La Sabana, al 8615555 Ext.: 2432, cel.: 3107697025. Correos electrónicos: jasmin.flechas@unisabana.edu.co o jazz.flechas@gmail.com




1.9.12

Cine Colombia 80 Años de Película –2da Parte-


Investigación histórica: Enrique Santos Molano, María José Iragorri Casas. Cine Colombia S.A., 2011, págs. 130.
El capítulo seis, tiempos difíciles, pero fascinantes, inicia con el año 1946 y el advenimiento de un nuevo período gubernamental con la vuelta del partido conservador y la figura Mariano Ospina Pérez; pero la fecha cumbre para mostrar que sucedía con el circuito Cine Colombia, es el 9 de abril de 1948 y el denominado Bogotazo por la muerte del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, exponiendo los investigadores que cintas se exhibían ese día y sus respectivos valores en la boletería, dato de prensa que sólo sería eso, pues ese día las funciones de cine fueron suspendidas: “Todos los cines permanecen intactos, en contraste con las ruinas que se ven por todas partes. Por disposición de la alcaldía y del toque de queda imperante, los teatros se cierran doce días, desde 9 hasta el 20 de abril, inclusive. Las perdidas sufridas por los empresarios en ese paréntesis equivalen a un incendio” (p.82).

Seguir con los negocios en el mejoramiento técnico y exhibidor de la empresa Cine Colombia, es un plus exitoso en las décadas del cincuenta y sesenta, por ejemplo: contratar con la casa Eagle Lion, poseedora de los derechos de películas como Alicia en el País de la Maravillas y la adaptación mexicana de la obra literaria colombiana de José Eustacio Rivera, La Vorágine; la construcción del teatro El Cid en Bogotá ubicado en la carrera 9ª con calle 24, con 1200 butacas y estrenándolo con la cinta en technicolor El Águila del Destino;  como anécdota especial, y que seguro muchos ciudadanos colombianos recordaran, se hace mención a la exhibición de la película mexicana El Mártir del Calvario, estelarizada por Enrique Rambal Jr., y dirigida por Miguel Morayta Martínez, estrenada en Bogotá y en simultanea durante la semana santa de 1956: “Las localidades se agotan en las tres funciones diarias del jueves, el vienes y el sábado santos. Por cerca de medio siglo El Mártir del Calvario será la película más jugosa adquirida por Cine Colombia, que la repone cada semana santa, con éxito que se mantiene hasta el 2003, último año en que se exhibió” (pp.84-86).


La entrada del sistema de proyección denominada Cinema-Scope, trae la necesidad de acondicionar los teatros para poder exhibir las películas que se habían filmado con éste sistema, y que se usa con pantallas alargadas denominadas wide screen, siendo la primera película filmada con esta técnica El Manto Sagrado, filmada en 1953 y estrenada en nuestro país en 1955 en el teatro El Cid de Bogotá (p. 87). También la combinación tecnológica del cine estadounidense y europeo –Cinema-Scope /Sonido estereofónico- hace posible buscar otros espectadores  por parte de Cine Colombia que veían en las películas europeas otros temas por descubrir; igualmente, su acuerdo con Columbia Pictures que tenía los derechos de las obras de Mario Moreno “Cantinflas”, dándole al publico colombiano el gusto “cantinflesco” de ver el 16 de julio de 1956 por primera vez Caballero a la Medida (p. 88). La empresa de exhibición cinematográfica nacional no es ajena a las tragedias del país, y la explosión del 7 de agosto de 1956 en Cali en la zona céntrica se lleva uno de sus teatros, el Salón Roma. Películas como Al Compas del Reloj –Rock Around the Clock-, con Bill Haley y sus Cometas; El Último Cuplé, con Sarita Montiel; Los Diez Mandamientos, y la cinta colombiana El Río de la Tumbas, de Julio Luzardo; Cleopatra, con Elizabeth Taylor y Richard Burton; y La Novicia Rebelde, con la bella Julie Andrews, se convierten en estrenos que marcan en el número de asistentes durante semanas de programación (pp.88-91), a pesar de el azote de la censura mediada por la curia y luego la clasificación que cambiaria las reglas del juego de exhibición fílmico en un país que con los dirigentes encargados de clasificar -que cine ver-, se pasaban de “conservadores”, pero que con el pasar de los tiempos fue cambiando en su legislación constitucional hasta la resolución 0016 de 2005 expedida por la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura (pp. 91-94).

Los nuevos tiempos de Cine Colombia, finalizando la década de los sesentas, y lo que sigue en la década del setenta, trae consigo una serie de novedades acorde a las necesidades de la época, donde el público asistente tiene prioridades. Institucionalmente aparece el logo CC en diciembre de 1971, año en el que inaugura el Autocine El Limonar en Cali. En 1972, “empieza a manejar su propio negocio de comidas  al explotar directamente las confiterías de sus teatros y, en algunos casos, arrendar los espacios destinados para esta actividad”, negocio alterno que entra en función con la construcción de nuevas salas con menor capacidad de asistentes, construyéndose el Centro Cinematográfico -antecedente a los multiplex- en Bogotá entre la calle 24 y la Avenida Jiménez, los denominados Cinema numerados del 1 al 4 y caracterizados por colores, marcan otra pauta en la exhibición, sumándole la aparición de Unicentro, y el Centro Comercial Chapinero, espacios que albergan las salas de Cine Colombia en medio de la política adoptada en 1978 de tumbar los teatros de barrio que dejen de ser rentables (pp.95-98).


La entrada de Cine Colombia al Grupo Grancolombiano renueva el “negocio fílmico” dirigido a otros espacios de inversión en tres filiales –Inversiones Cineco, Caribe Films y Fundación Cine Colombia-, trasladando la dirección de la empresa que desde sus inicios había estado en Medellín a la capital colombiana (pp. 98-99). En esa nueva perspectiva de inversión, aparece dentro de sus funciones el doblaje y producción de películas, con relación a la primera labor se alían con RTI televisión teniendo una breve experiencia con el doblaje de la serie televisiva europea Los Reyes Malditos, trabajo que alcanzaría sólo unos capítulos al descubrir que éste mercado no era adecuado para su comercialización en Latinoamérica; el vinculo de Cine Colombia con Centauro Films, resulta en la coproducción de la taquillera cinta colombiana interpretada por el “gordo Benjumea” El Taxista Millonario, la adaptación de la novela La Abuela al cinematógrafo en 1980, entre otras; esa incursión bipartita entre exhibición y producción, resulto en años siguientes con la creación a Acocine, una asociación entre distribuidores, productores y directores (pp. 99-101).

Otro negocio entra en los circuitos de su trabajo cinematográfico, el video casete: “La venta en el mercado clandestino de una copia pirata de Los Reyes Malditos en formato de video casete, mueve las alarmas en el grupo, dueño a la sazón de la mayoría de las acciones de RTI y de Cine Colombia, y se pide a esta última empresa que averigüe sobre el mercado de los video casetes y la posibilidad de comercializarlo legalmente en el país”, una reflexión interesante que nos entrega datos de los avances técnicos de la nueva forma de ver películas e inclusive sobre la televisión a color y lo que esto significaba en el mercado internacional de una de sus empresas (pp. 101-102).
              
La parte final del capitulo presenta los cambios suscitados por las dificultades del Grupo Grancolombiano acaecidas por sus malos manejos financieros, donde el Estado colombiano desde el gobierno de Belisario Betancur entra en el debate con  un severo control de los grupos financieros, y a la cual Cine Colombia no fue ajeno, teniendo nuevamente una reestructuración; igualmente, la empresa decide apostarle a una revista de divulgación de sus obras de exhibición titulada Toma 7 en 1982 (pp. 103-105). Brevemente se expone la aparición de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano en 1987, donde Cine Colombia junto a Focine y la Cinemateca Distrital, juegan un papel preponderante junto a Intercol, quien era la propietaria de innumerables archivos cinematográficos, entre los que se encontraban el Archivo Fílmico de los Acevedo (p. 106). Los últimos años con el Grupo Grancolombiano, tiene un punto importante dentro del contexto internacional, la deuda externa y la restricción de divisas del gobierno de Betancur, lo que trae dificultades con los proveedores estadounidenses de películas:

…Los productores estadounidenses rechazan cualquier acuerdo distinto al pago directo en dólares por sus películas y decretan, como años atrás, el bloqueo a Colombia. La compañía debe defenderse con el stock de películas propias y con las que logra negociar en los festivales de Cannes (Francia) y el Mifed (Milán Italia). Acocine plantea la Ministerio de comunicaciones la situación poco menos que catastrófica en que se encuentra la industria exhibidora, y obtiene las resoluciones 3440, 3442 y 3443, que autorizan un aumento en el precio de la boleta, crean la categoría de salas especiales, con precio de $100 la boleta, y señalan normas para al exhibición de películas especiales. Estas medidas, y el Decreto 1676 del Presidente de la República, que aumenta el 35 % la exoneración de impuestos nacionales a la industria exhibidora cuando se presenten cortometrajes de producción nacional, “alivian un poco la situación de industria exhibidora” (p- 107).
        
Cada etapa de Cine Colombia trae cambios trascendentales, y la década de los ochentas no es ajena en los posicionamientos gerenciales, así como en los de exhibición, por ejemplo, al abrir el espacio hacia las películas europeas y latinoamericanas con Roissy Film de Francia, Cine Internacional de Alemania, RTVE de España y el ICAIC de Cuba. Al nacionalizarse el Banco de Colombia, la empresa cinematográfica se pone en venta, adquiriendo el paquete mayoritario de acciones -en 1988- la empresa vallecaucana denomina Grupo Mayagüez (pp. 108-111).  

El último capitulo de este libro, la era del multiplex, recoge el decenio final del Siglo XX, época turbulenta por la violencia con los narcotraficantes, el miedo social que se sentía en los espacios públicos, y el racionamiento energético -la señalada “hora Gaviria”-, lo que merma la asistencia a las salas, pero sin menoscabar otros proyectos que nacen en 1992, como el Cine & Bar en la Hacienda Santa Bárbara en Bogotá, y el Autocine Piedragrande en Cali (pp. 113-115). La televisión y el alquiler de video, suman a otros factores para detrimento de las denominadas salas de barrio, teatros que caen en desuso para Cine Colombia, situación que no era ajena para otros espacios del circuito cinematográfico mundial, por lo tanto, nacen en Europa los denominados multiplex “que recuperan el público y que reiteran el cine como el espectáculo favorito en los centros urbanos grandes, medianos y pequeños…, el teatro multiplex consiste en un complejo arquitectónico integrado por varias pantallas, taquillas y confitería comunes, para ofrecer al público distintas opciones de películas en un ambiente cálido” ; en el país se inaugura el 2 de diciembre de 1993 el Multiplex Cine Colombia Andino de Bogotá con cuatro salas (p.116-118). Las últimas reflexiones están dirigidas a la relación con el Cine Colombiano;  la tecnología implementada en sus salas en pro de su público; la responsabilidad social con los más necesitados; los reconocimientos y distinciones; las películas más taquilleras de la era Mayagüez; la celebración de sus 80 años en el 2007; el uso del cine digital y la tercera dimensión; finalizando con una nota del cambio de dueños en pleno siglo XXI, al pasar de la empresa vallecaucana al Grupo Santo Domingo.       

Consideraciones finales
Difícilmente se puede encasillar esta investigación histórica en la clasificación que nos entrega Allen y Gomery en su texto teoría y práctica de la historia del cine y que presentan en cuatro ítems: estética, tecnológica, económica, y social; con riesgo, podríamos afirmar que tal vez recoge mínimamente un poco cada una sin desarrollar a profundidad las temáticas, sólo dejando brochazos insubstanciales que obligan a la búsqueda de estos temas en otros textos, o por el contrario a investigarlos. Ahora, es obvio que se trata de una investigación histórica por encargo y remunerada, que exalta una labor institucional en el marco de la exhibición cinematográfica en Colombia, apareciendo los nombres y sus obras, el contexto del país en menor medida, y ante todo resaltando logros en el ámbito del nacimiento y desarrollo de una empresa.

Es un libro bien escrito y de lectura rápida, con imágenes de apoyo que complementan los textos, divididos en cada capitulo con innumerables títulos; el tono institucional de su escritura, no posibilita encontrar tensiones criticas que aporten a la reflexión del lector, por ejemplo la relación como empresa de distribución con los teatros independientes, y el movimiento de cineclubes en las décadas de los sesentas y setentas en ciudades como Bogotá, Cali y Medellín, o la situación de los teatros de barrio que eran de su propiedad y que por su envergadura arquitectónica en algunos casos, pasaron a engrosar “la sociedad de los teatros muertos”, sin imaginarse que hacían parte del patrimonio nacional.

Su aporte a la Historia del Cine en Colombia, desde el ámbito de la exhibición cinematográfica es satisfactorio, posibilita conocer la formación y cambios en las formas y medios de exhibir el cine, donde lo tecnológico, arquitectónico, económico y social suman en el conjunto. Sin lugar a dudas, la empresa de exhibición cinematográfica Cine Colombia ejerce el monopolio de su actividad en el país, con una cartelera monótona de la formula hollywoodense del momento que se instaura por varias semanas en casi todas sus salas, con excepciones valorables en su circuito cuando eligen que una de sus sedes exhiba el denominado cine arte o películas independientes, o involucre algunos ciclos de orden nacional como ocurre con eurocine; con respecto a las cintas colombianas, algunas pasan sin pena ni gloria en sus carteleras –por poca asistencia- otras se quedan lo suficiente para el rédito, agregando que en los últimos años la oferta, demanda, y calidad,  se ha ampliado.
 
Finalmente, esperaríamos un trabajo alterno, de un investigador desligado del “encargo institucional” para que busque, se inmiscuya, critique, y aporte otro texto con diferencias primarias al reseñado, que deja un gran paso con las fuentes citadas, entre las que se encuentran las reseñas periodísticas y las actas de junta.         

31.8.12

Cine Colombia 80 Años de Película –1ra parte-


Investigación histórica: Enrique Santos Molano, María José Iragorri Casas.
Cine Colombia S.A., 2011, págs. 130.

La historia institucional de la empresa de exhibición cinematográfica más antigua de Colombia, contiene siete capítulos que entregan información básica del origen y desarrollo de sus actividades desde el año 1927. Es un libro de “lujo” si lo entendemos en el orden de su trabajo editorial: diseño, papel, imágenes, etc., escrito en español y en ingles, idiomas que se encuentran en la mitad  de su grosor. Libro de sencilla lectura e innumerables datos institucionales mezclados escuetamente con la historia del país.     

El capitulo uno, hace una revisión de los orígenes del cine, desde los primeros encuentros con el arte fotográfico convertido en movimiento, pasando por los inventos hasta la aparición de los hermanos Lumière y el nacimiento del cine; la llegada del cine a Colombia con sus primeras noticias registradas en la prensa nacional, y el alba de la exhibición y producción de éste arte en nuestro territorio.       


El capitulo dos, titulado Nacimiento de Cine Colombia, repasa inicialmente la fundación de la Compañía Cine Colombia en Medellín el 7 de junio de 1927 con el propósito de “construir salas de cine y explotarlas comercialmente, alquilar, comprar y vender películas y exhibirlas o distribuirlas” (p. 27), apareciendo los nombres de su fundadores y los valores económicos de la constitución de esta sociedad; agregando que la empresa abrió oficinas en Cali y Bogotá, empezando con salas en arriendo hasta negociar el primer teatro en la capital antioqueña - el Circo España-, hasta su relación trascendental con los Di Domenico Hnos. Cía., a quienes le compraron su empresa de exhibición en 1928 por un valor de un millón doscientos cincuenta mil pesos:

…A este negocio, que evidencia cómo los esfuerzos de Cine Colombia se orientan hacia una clara y decidida política de crecimiento en el mercado nacional de cine, sigue el arrendamiento del principal cien de la capital de la república, el Olympia, entonces de propiedad de una sociedad de inversionistas bogotanos que se lo había comprado a los Di Domenico. En Cali se arrienda el teatro Colombia que, como el Circo España de Medellín, era descubierto, y en Bogotá operan el Faenza, un teatro de gran capacidad y elegancia.  La fiebre del cine en al capital de la República es de cuarenta grados, y los siete teatros de fines de la década de los veinte se llenan en todas las funciones, aunque la publicidad pagada en los diarios es nula. Sucede lo contrario en Medellín. Cine Colombia mantiene diariamente avisos pagos en los dos periódicos de a bella villa, peor los cuatro teatros de Medellín apenas llenan la mitad de sus cupos y ninguna película dura en cartelera más de un día, salvo aquellas que despiertan  el interés y la curiosidad del público, por  ejemplo las de la adorable actriz Bebe Daniels, la serie de acción y suspendo El Arquero Verde (en diez episodios) o la espectacular superproducción Ben Hur (pp. 29-32).


La garantía de calidad y entretenimiento estuvo sustentada con las relaciones ya vigentes con los teatros comprados, y las que la empresa comenzaba a realizar con las distribuidoras internacionales, las norteamericanas –Metro, Paramount, First National y United Artist-, y las europeas –Pathé y Ufa-, siendo síntoma de buen cine en el ámbito del público que asistía al espectáculo cinematográfico; pero el negocio de estos empresarios pasaría a otros niveles, el de comprar teatros ya diseñados y con cierta tradición exhibidora, a la construcción de sus propios “palacios”, el primero de ellos estrenado en Medellín el 7 de julio de 1931 con el nombre de Teatro Granada.

El acápite titulado apoyo a la producción nacional, explica los pormenores de la exhibición de dos cintas colombianas en sus salas, la primera de ellas Tuya es la Culpa, coproducción colombo-italiana rodada en Cali por la empresa Colombia Films Company, y el caso de la productora paisa Bolívar Films S.A. con el polémico film dedicado a la vida de Rafael Uribe Uribe en 1928 -una de las figuras públicas colombianas que más ha sido llevada a la pantalla-, entrando en debates públicos con los ordenes gubernamentales contrarios a su ideología política, y que tendría cierto panorama de censura a pesa de ser presentada en otros espacios del ámbito nacional (pp. 35-36).

Con respecto a la responsabilidad cívica, brevemente se expone un ejemplo en función de construcciones públicas como son la pavimentación y el alcantarillado en Medellín en el año 1928, y su accionar social como empresa comprometida con esta causa. El título, momento de peligro, presenta los pormenores de una necesidad surgida, la proyección de cine sonoro, apareciéndole a Cine Colombia competencia en la ciudad de Cali con la compañía Cine Bolívar, quienes marcarían la pauta con la exhibición de la primeras cintas con sonido traídas al país. En ese orden de ideas, la junta directiva le apunta al  cine sonoro, pero con cautela, teniendo en cuenta las repercusiones en los teatros de la nueva competencia, es decir, el riesgo de una nueva inversión económica que significaba cambios en las formas de observar y sentir las películas, debería tener un punto de análisis seguro en su decisión para dar ese paso, puntos que son expuestos en una reunión efectuada en abril de 1929 y que concretan las preocupaciones existentes por el avance cinematográfico al cual debían acceder, trascritas en el texto estos puntos, presentamos la segunda parte de lo que pensaba Fernando Isaza como gerente:  

… Aunque el gerente estime que es muy difícil  y muy costoso establecer en Colombia el cine hablado o el cine con sonidos, no lo considera imposible. Por lo tanto, su parecer es que sería muy peligroso para la Compañía que otro competidor le tomara la delantera en este sentido, ya que, según se ha dicho, aquella innovación establece un verdadero negocio nuevo, que posiblemente puede llegar a desalojar el cine silencioso. Para conjurar este peligro el gerente sugiere que se envíe a Nueva York un hombre hábil y suficientemente conocedor del negocio, a fin de que haga un estudio detenido y completo del cien hablado y del cine de sonidos y de la posibilidad de establecerlo en Colombia más o menso tarde. La opinión personal del gerente es que esta innovación no puede establecerse aún en Colombia, pero ni él tiene una información completa y suficiente  que el permita formar un juicio definitivo, ni cree que sea prudente permanecer inactivos cuando otros están estudiando el problema en Nueva York y tratando de buscarle una solución aceptable para Colombia (pp.40-41).

El capítulo tres, los años sonoros, presenta las idas y venidas de la inversión de Cine Colombia, y su entrada en la bolsa de Bogotá, catapultándola como una empresa importante en el país; además de su adaptación al cine sonoro en los teatros que tenía a su administración, datos que se corroboran con diversas actas de la junta encargada de tomar decisiones, con información precisa del agente de esta empresa en Cali que informa sobre como se ha percibido esta curiosidad sonora en la competencia -Cine Bolívar-, y en las instalaciones del Teatro Municipal de Cali cuando el 14 de junio de 1929 se exhibió la primera cinta parlante en Colombia, cuyo título Don Juan, era un musical distribuido por la Warner Brothers (pp. 43-47).

El capítulo cuatro, la crisis no es para los débiles, contextualiza inicialmente el período, la crisis económica de 1929 que con su coletazo mundial alcanzó a nuestro país, y el cambio de gobierno y hegemonía en 1930 con la llegada de Enrique Olaya Herrera a la presidencia de Colombia. El documento prosigue con el proceso de consolidación del cine sonoro en algunos teatros tomados en arrendamiento, caso del Teatro Apolo en Bogotá y el Teatro estrella en Santa Marta; también se narra el proceso de adaptación a la crisis, donde las dos empresas rivales de exhibición cinematográfica entran en comunión con el Gran Festival de Cine de Bogotá en junio de 1930 en los seis teatros capitalinos que hacían parte de los circuitos, lo que significaría según los autores, en el preámbulo para la compra y absorción de Cine Bolívar S.A. (pp. 56-57).

Dos pequeños párrafos entran en el tema, primero la mención a la película exhibida en Medellín a mediados de 1930 con el título Tempestad, obra que escenificaba los últimos días de la Rusia zarista, y los pormenores de la Revolución Rusa en 1917, tema que es visto por los miembros de la junta de Cine Colombia como de alta carga emotiva por referirse al comunismo, optando por enviarla a la bodega. El segundo tema, nuestro genio en Nueva York, hace referencia al trabajo realizado en la capital del mundo por algunos emisarios de la empresa, y a Foción Soto Echavarría, agente que con sus capacidades, parece le dio un giro importante al negocio de consecución de las películas con mejor cartel para el ámbito colombiano.

La última parte de éste capítulo, la tempestad de la crisis, se ocupa de los reordenamientos de Cine Colombia, de sus apuestas y trasegar en medio de la crisis económica que no da tregua, entre sus logros, la compra de la competencia Cine Bolívar, adquiriendo 274 nuevas películas entre silentes y sonoras, lo que la catapulta en el mercado  nacional, sin embargo “pierde uno de los teatros capitalinos en arrendamiento, el Faenza, que pasa a una empresa de poder exhibidor internacional, la Paramount:

…A Cine Colombia le gusta la competencia, que considera sana para distribuidores y exhibidores, y beneficiosa para el público. Entrega a finales de diciembre de 1930 el Faenza a sus nuevos dueños y el 1 de enero de 1931 despliega un aviso de página en los periódicos de Bogotá, en el que se anuncia distribuidor en Colombia de Fox, Metro Goldwyn Mayer, radio Pictures, First National Pictures, Universal Pictures, Vitaphone, Warner Brothers y Sono Arte Productions
Los teatros de Cine Colombia están equipados con western Electric Sound System, y en Bogotá cuenta con cuatro salas de primera categoría: teatro Real, “el salón de al aristocracia”; teatro Apolo, “donde oirá y verá lo mejor”; teatro Bogotá, “el palacio del sonido” y teatro Nariño, “el de los grandes éxitos” (pp. 62-63).             
                         
El capitulo cinco, Cine Colombia S.A., presenta un giro en su razón social, al convertirse en sociedad anónima, figura que les permitió recapitalizarse para soportar los embates venideros de los impuestos, entre los que se encontraban el de la defensa nacional como resultado del conflicto con el Perú en 1932; sin embargo, en medio de las dificultades, las labores de mejoramiento en sus teatros siguen con respecto a las adecuaciones para el cine sonoro, las relaciones con otros empresarios, y la invitación para que en muchas poblaciones del país se animen al negocio artístico y fructífero de la cinematografía, en años donde el cine parece marchar sobre un camino sin obstáculos en su parte creativa, y se posiciona como séptimo arte (pp. 65-68).

En 1935 con nuevo gobierno -Alfonso López Pumarejo-, se aclara el panorama con la rebaja de impuestos en el negocio de exhibición cinematográfica, lo que posibilita seguir invirtiendo en teatros y equipos apropiados a lo que exigía el período para una acertada proyección cinematográfica; entre los nuevos negocios aparece el contrato exclusivo con las productoras argentinas para exhibir sus obras, inaugurando sus ciclos con El Día que me Quieras, donde el “zorzal criollo” aparece en todas sus dimensiones actorales y musicales, lo que facilitó que las directivas de Cine Colombia trajeran a Carlos Gardel con contrato exclusivo para actuar en el teatro Real de Bogotá desde el 14 de junio, realizando diez conciertos con éxito total hasta su viaje a Medellín el día 24, y al día siguiente -cuando su destino sea Cali para presentarse en el Teatro Jorge Isaacs-, entre a la posteridad con el fatídico vuelo de la aeroempresa Saco que en medio de la pista aérea se estrella incendiándose, y allí el reconocido cantautor (p. 69). 


El cine en nuestro idioma, traído de Argentina y México, es una de las apuestas exitosas de la empresa Cine Colombia en la década de los treinta y cuarenta, una necesidad para aquellos ciudadanos “que no hablan ni entienden otro idioma, y a quienes les fastidia la lectura de subtítulos” (p. 70). Pero igualmente la consolidación de su programación sigue vigente por sus contactos directos con empresa distribuidoras del mejor cine mundial, donde además de Hollywood, las cintas europeas y japonesas entran en el circuito:

… La gran novedad de finales de los treinta es el primer largometraje en color que viene a Colombia, Las Aventuras de Robín Hood, con la pareja favorita de Hollywood, Errol Flynn y Olivia  de Hallivand, “en glorioso technicolor”, presentada en Bogotá en el teatro Roxy el 9 de marzo de 1939, y agotada al boletería dos días antes del estreno por una multitud de espectadores ávidos de conocer la revolución cromática del cine. El 29 de agosto el Roxy pasa Confesiones de un Espía Nazi, largometraje de intriga y suspenso, sobre exhibición tienen muchas dudas los distribuidores, pues no quieren herir susceptibilidades. La guerra mundial estalla cinco días después con la invasión de Polonia por el tercer Reich. El 20 de septiembre Cine Colombia en homenaje a Varsovia, capital de Polonia, devastada y ocupada por las tropas nazis, exhibe en el Roxy Los Húsares de la Muerte (p.72).               

Además de los datos fílmicos entregados, suma la exhibición de Blanca Nieves y los Siete Enanos de Walt Disney en 1939, que bate records de taquilla y es estrenada en simultánea en el teatro Roxy de Bogotá y Junín de Medellín. Un dato de la forma de no aceptación o reproche ante una cinta que disgusta a los espectadores, lo representa la acción de “el pateo –golpes al piso con los zapatos”, que se da en las funciones nocturnas del teatro Junín, lo que significa una responsabilidad mayor con respecto a la escogencia de las obras fílmicas y su logro como obra. El año 1943 trae consigo una dificultad económica e institucional, la nueva alza en los impuestos cinematográficos por parte de la alcaldía de Bogotá, el resultado, un cierre en los teatros capitalinos en forma de protesta, el aviso “no hay funciones” opera como presión junto al “suspendidas las exhibiciones hasta que al alcaldía suspenda su resolución”, resultando cierta protesta publica de los asistentes cinéfilos que veían como su principal espacio de divertimento se clausuraba, creando cierta zozobra y disgusto hasta que las directivas de Cine Colombia deciden reabrir con un leve alza en al boletería. También es importante anotar la aparición del considerado primer teatro de barrio dentro del circuito de exhibición, se trataba del Teatro Palermo en Bogotá - ubicado en la calle 45 con carrera 13-, el cual podía albergar 650 personas y tenía como agregado en su parte alta, el salón de Té Palermo, estrenado el 6 de diciembre de 1946 con la película de Alexander Korda, Lydia; el capitulo culmina con la información de la celebración de los veinte años de la empresa en 1947, y los datos concernientes a este acontecimiento  (pp.74-79). 

19.8.12

Cocinar es hacer magia, glosas sueltas


Aprender a cocinar debe ser una tarea básica en nuestro proceso creativo de aprendizaje junto al círculo básico familiar y los diversos entornos con los que nos vamos encontrando en nuestras vidas, convirtiéndose con el pasar de los años en un acto de supervivencia individual y colectiva. La gastronomía se convierte en un patrimonio cultural que vamos adquiriendo, siendo su poseedora más vital –casi siempre- nuestra madre, decimos entonces “no hay como la comida que prepara mi mamá”, extrañándola, y buscándola cuando el espacio lo amerita, y los manteles se preparan. En el caso colombiano, y su variopinto territorio, la diversidad alimenticia es amplia y llena de “secretos”, recetas, y aportes al sentir local, regional y nacional, que aunque comparte la fórmula, la apropia con otros ingredientes cuyos resultados son únicos.

Desde el punto de vista de la historia cultural, su aporte es importante al ser parte de la vida cotidiana de nuestras sociedades, en algún caso, fácil de rastrear, en otros, con dificultades extremas en sus fuentes. Por lo tanto, los archivos notariales - mortuorias, ventas, testamentos, otros-, las crónicas antiguas –de indias-, los cuadros de costumbres, el arte pictórico, etc., entregan elementos que han posibilitado a los investigadores desentrañar esa historia de nuestras costumbres culinarias y sus orígenes, sus aportes y encuentros con otros elementos de la preparación de un alimento, y finalmente, la más importante de todas, entregar a los interesados datos de relevancia a su arte.  

Preparar un café –si es posible colado y no en cafetera-, hacer un arroz –con la cantidad de agua necesaria y el aceite ajustado-, hervir una “aguapanela”, fritar o tibiar un huevo, asar una arepa, cocinar unas pepas –frijoles, lentejas, garbanzos, blanquillos- remojadas con antelación, cocinar papas, fritar patacones o tajadas, picar tomate y cebolla para un guiso, etc., se convierten en actividades culinarias periódicas de nuestro cronograma alimenticio anual, las cuales en el común vivir se aprenden en los entornos familiares, una escuela inicial que debe ser aprovechada con tacto, vista y olfato en nuestra cocina casera, la cual es única en la forma y ubicación de sus utensilios de uso, donde un extraño podría fácilmente perderse si asume entrar y sazonar.            

Otro tipo de preparaciones requieren de un aprendizaje y practica mayor, platos centenarios heredados por tradición oral que han pasado por diversas generaciones: sancochos, tamales, guisados, lechones, pescados, aves, colaciones, tapados, rellenos, sopas, arroces, bebidas, etc., entran en el repertorio regional de nuestro país multicultural, ofreciéndose como platos tradicionales que hacen parte del entorno turístico que se apropia. Encontrando con singularidad los mismos platos pero con variaciones que distinguen la región, el ejemplo más clásico es el denominado sancocho, plato típico de las zonas calientes y con acento tradicional de nuestro pasado africano, lo dice Eugenio Barney Cabrera: “Sango: toda cosa revuelta, mezcolanza de objetos, ensalada o revoltillo; el sancocho, está compuesto básicamente de plátano y carne vacuna, de carne sesina de preferencia, siendo peculiar así mismo el de “cola de res y el de aguja” frescas…, Si sango y sancocho en sus acepciones no culinarias quieren decir lo mismo esto es, algo así como “olla podrida”, es la última palabra la que más recuerda el caldero de los negros del Siglo XVI y la olla que prepararían sus descendientes en minas y “senzalas”, en donde quiera que ellos obligadamente se asentaron” (Barney, 1979: págs.55-56).



Sin embargo, esa tradición culinaria, aunque sigue vigente y con claro acento patrimonial, ha pasado a otros niveles, el comercial e internacional por medio de los enlatados, el de la practicidad dirán unos, el de la pereza expresarán otros, y así, en  un recorrido por algún almacén de cadena, encontraremos en uno de de sus estantes: carne y pollos desmechado, tamal, lechona, frijoles, sancocho, lentejas, etc., que suman al producto de exportación nacional que seguro algún comensal raizal lo pone en su canasta de compra, lleno de adictivos, saborizantes, y resto de químicos que lo conservan. Algunos, cambian entonces los sitios de almuerzo tradicional –corrientazo, hecho popular por Betty la Fea-, sus entornos familiares, galerías o plazas de mercado, por la “practicidad” de abrir una lata o la mejor de todas, preparar sus propios alimentos, en un país tan amplio en su oferta alimentaria.

Cocinar es hacer magia: se prepara el menú, se buscan los ingredientes, se toma de allí y de acá, el líquido vital entra en función, se prende el fuego en la estufa–leña, carbón, llama  de gas-, se pone la olla, se juntan los sabores, se revuelve, se tapa, se destapa, se prueba, se huele, se sirve, se come. Disfrutamos solos o en compañía, recibimos comentarios –sinceros o melifluos-, pasamos con agua, jugo o vino –algunos con gaseosa-, alguien repite, otro deja algo, quedan sobras –se regalan o se guardan-, la soledad llega, aquella que anuncia que los platos están “limpios” de comida y “sucios” con los rasgos del paso de las herramientas de consumo: cuchara, tenedor, cuchillo. Finalmente, un montón de trabajo espera en el lavaplatos, aquel que muchos miran de reojo y dejan a su suerte.                     

Las glosas sueltas que he escrito, tratan un sinnúmero de temas con un punto en común, la cocina y sus variados elementos dentro del entorno social en el que se enmarcan. Espero tenga su efecto en aquellos que no se han atrevido en algún momento de sus vidas, al espectáculo del acto creativo de preparar un alimento o bebida, ¡háganlo, es para su beneficio personal, el mundo los espera, sorpréndalos! También es para los atrevidos, los que traspasaron la frontera que divide el espacio de la cocina con el resto de la casa, y asumieron el reto, los que descubrieron el sabor, sazón, textura y vieron en el rostro de sus comensales una mirada de aprobación, y una sonrisa de satisfacción ante lo ofrecido en la mesa.     

Buen provecho. 

Fuente
Barney Cabrera, Eugenio (1979). Notas y Apostillas al Margen de un Libro de Cocina, imprenta Departamental, Cali.                     

Imagen tomada de: http://carlosprieto.net/?s=sancocho+de+pocho