14.6.09

La Gran Obsesión -1955- Una Película Vallecaucana para Colombia


Por: Yamid Galindo Cardona

En octubre del año pasado la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano reestreno la película dirigida por Guillermo Ribón Alba y producida por Tito Mario Sandoval filmada en 1955 y titulada La Gran Obsesión. Teníamos noticias de esta cinta con la aparición de la investigación de Hernando Martínez Pardo titulada “Historia del Cine Colombiano” en el año 1978, allí nos indica el autor que este film había sido realizado por la compañía Dow Bayer Films of Colombia, con sede en Cali y estrenada el 5 de septiembre de 1955; además su director, en entrevista entregada al periódico nacional El Tiempo, contaba que estudio Ciencias Sociales en la Universidad de Berkley, además de argumentista y guionista de la Warner y la Metro por cuatro años, que a su regreso a Colombia había trabajado en el Colegio Santa Librada y la Universidad del Valle.[1]

Luís Ospina entrevistaría a Tito Mario Sandoval en 1994 para su documental Cali, Ayer, Hoy y Mañana, un documento que presenta las opiniones de este colaborador de Ribón Alba, entregándonos su visión de cómo se realizo la película, su exhibición y problemas internos suscitados con la copias de esta producción. En septiembre del año 2005 Ramiro Arbeláez presentó una ponencia titulada ¿Por qué salvar La gran obsesión?, en el evento de archivos fílmicos organizado por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y la Universidad del Valle, pero realizado en la Universidad Autónoma por razones de “protesta y piedra” mayor; allí el historiador Arbeláez nos esgrime las razones por las cuales esta cinta nacional debía de restaurarse, razones expuestas antes de presentar una copia del material existente para ser tratado:

[…]La película que vamos a ver (y con esto acabo) hay que restaurarla por muchos motivos: el motivo general de su valor histórico cultural, de su forma y de sus contenidos. Para sólo nombrar algunos, hay en esta película aspectos históricos importantes para la historia de las comunicaciones, para la historia del paisaje vallecaucano, la historia de su arquitectura, la historia de las relaciones sociales. Hay contenidos tanto explícitos como implícitos, y hay que advertir que estos últimos —como nos lo enseñó Marc Ferro— son aquellos que pueden contar las cosas más dicientes de una sociedad. Hay en la película toda una ideología, no es la única de la época, pero hace parte de ella. Hay una ideología social, una valoración de las relaciones sociales, de las relaciones afectivas, hay una concepción del amor y de los roles sexuales, hay una valoración de la ciudad y también del campo, y una valoración del primer mundo, de Europa.
Pero también hay una estética, una estética cinematográfica, una estética dramatúrgica, una estética musical, una estética escenográfica y gráfica, pero por muy lejanas que esas estéticas estén de nuestros patrones, de nuestros gustos, eso no puede causar la discriminación de la película.
[2]

En el año 2008 Ramiro Arbeláez viajó a Queens New York y entrevisto a Guillermo Ribón Alba, un aporte para la historia de la cinematografía colombiana por la información tan importante entregada, que desconocíamos de este director y su cinta La Gran Obsesión, este trabajo puede observarse en la Revista de estudios Colombianos en su última edición dedicada al cine colombiano.[3]

Con la implementación de la Ley 814 de 2003 llamada Ley de Cine, el trabajo de la fundación se extendió a la restauración y preservación de esas primeras obras sonoras realizadas en nuestro país, siguiendo la tradición ya bien ganada que se traía con salvar nuestro cine silente, y que en la actualidad podemos disfrutar como patrimonio fílmico básico para comprender nuestra nación de principios y mediados del siglo XX, factor que ya algunos investigadores han descifrado con esta herramienta de investigación como son las imágenes en movimiento. El apoyo del Ministerio de Cultura para duplicar a material de seguridad nuestro cine añejo, es la base de la restauración de La Gran Obsesión, labor que se realizó en los laboratorios Iskra de Madrid de la capital española. Es el primer largometraje argumental de producción nacional en colores, realizada en Cali, y el paisaje del Valle del Cauca como escenario natural con su vía férrea. Filmada utilizando película reversible –película virgen, que tras su exposición en la cámara, se procesa para formar una imagen positiva sobre el mismo soporte original, eliminando así la etapa de copiar el positivo a partir del negativo- Super Ansco Color de 16 milímetros.[4] Sobre este formato es importante anotar el análisis técnico que se hace en el folleto editado por la Fundación patrimonio Fílmico Colombiano en cabeza del subdirector técnico Rito Alberto Torres:

[…] El uso de la película reversible en 16 mm permitió que tanto la calidad del registro de imagen en color, como el montaje y la edición fueran más económicos y menos complicados; a lo cual hay que agregarle la decisión por filmar con película Ansco, que cubría el mercado del cine aficionado con emulsiones cromogénicas del tipo technicolor, y no con otras de las marcas disponibles en el mercado de entonces, como la Eastman Color de Easmant Kodak, destinadas al cine de grandes presupuestos. Las características de los materiales Ansco permitieron fijar una imagen de buena calidad, así como disminuir las abrasiones y la suciedad por el uso en la proyección, lo que a la postre benefició la conservación de los rollos de La Gran Obsesión y permitió la preservación mediante duplicación de los únicos originales encontrados en copia positiva de 35 mm del tipo Ansco Color; estos materiales han resultado muy estables y no parecen afectarse por la decoloración a pesar de las condiciones de almacenamiento, no siempre óptimas, a que han estado sometidos.[5]

El 16 de agosto de 1955 se preestreno en simultánea La Gran Obsesión con cuatro copias en igual número de teatros de la capital vallecaucana: Bolívar, Colon, Belalcazar y Avenida. Cómo muchas de las películas de mitad de siglo, la expectativa creada en los diarios locales para atraer público y hacer un capital acorde a la inversión, superaba la calidad del film. La película caleña traía como gancho la participación musical de Carlos Julio Ramírez –Tocaima 1916, Miami 1986- reconocido cantautor que tenia bien ganada su fama como artista en Hollywood actuando al lado de la actriz Esther Williams en el musical Escuela de Sirenas –Bathing Beauty, George Sidney, 1944-; este barítono nacional interpreto tres canciones, siendo la más reconocida “Bésame Morenita” del compositor Álvaro Dalmar -1925-1999- con el apoyo del trío Grancolombiano. También participa el compositor bolivarense Julio García -1917-1993- dirigiendo su grupo que con el tiempo se conocería como Orquesta Los Diplomáticos.[6] La historia de esta cinta regional registra la salida de una joven mujer campesina a la vida de la ciudad, en este caso Cali para tener un mejor presente y futuro, casándose con un rico hacendado y viajando de luna de miel a París y la costa azul francesa; el regreso a la región trae una nueva vida, y un hecho traumático a la joven, su esposo es asesinado en la hacienda por uno de sus peones. En la historia de este film, para Rito Alberto Torres, presenciamos el transito de personajes del campo a la ciudad, así como el antagonismo de costumbres y moralidades entre estos dos universos, así como la representación del empoderamiento de los personajes femeninos, en un marco de arribismo social que hasta ese momento no había sido representado en el cine colombiano.

Hay puntos de su filmación que merecen mucha atención por su factor documental y nostálgico:

-El ferrocarril: el viaje de la protagonista desde su pueblo a la capital utilizando el tren, es un hecho particular que nos muestra como este servicio de transporte era importante en la época, con imágenes de un verde natural mientras se moviliza, y su llegada a la estación para presentarse como monumento arquitectónico que aún preservamos. Este servicio de transporte no lo tenemos vigente en la cotidianidad, sólo como medio de carga a puerto seco de Buenaventura a Buga, y esporádicamente como uso turístico.

-La vuelta a Colombia: El ciclismo ha sido uno de los deportes bandera en nuestro país, en esta película, a la par que nuestra protagonista se mueve en su nuevo espacio representado en Cali, vivimos la llegada de una etapa de la vuelta Colombia en bicicleta del año 1954 con el púbico observante de la caravana y la aparición de dos estrellas: el francés José Beyaert y nuestro campeón Ramón Hoyos Vallejo.

-La arquitectura: La ciudad siempre es el fondo cada vez que una producción se realiza, allí identificamos calles, edificios, escenarios públicos, entre otros; es el referentes estético por excelencia que permite confabular un guión con esa naturaleza muerta ya existente entre ladrillo, concreto y pintura. En La Gran Obsesión vemos rasgos de la ciudad de Cali en el año 1954, con su arquitectura destruida –es decir, la que ya no existe por la desfachatez de nuestros administradores que creyeron que la modernidad era destruir lo viejo para edificar o dejar avenidas, caso más patético lo sucedido con el hotel Alférez Real -, envejecida y reformada: observamos la avenida del río, el Paseo Bolívar, entre otros.

Fuera de los anteriores puntos, permite este film hacer un análisis histórico y social sobre los encuentros existentes entre lo rural y la ciudad, las características del hacendado que tiene su fuente de fortuna en el campo y sus asuntos administrativos en la capital; las relaciones subalternas claramente presentadas entre una mujer campesina y un hombre rico empresario; la música popular como género que si gustaba en las clases sociales altas, ejemplo demostrable con las escenas de esta cinta, siendo uno de sus aciertos; los mobiliarios, decoración y objetos de uso domestico y diario que se nos presentan; la moda en el vestir a traje completo y corbata de los hombres, y vestido que deja ver poco a las damas. En resumen, los elementos psicológicos, sociológicos, históricos y arquitectónicos que nos aporta este film, son de una riqueza única para entender la sociedad vallecaucana de mitad de siglo XX, valor patrimonial que con los ojos de nuestro presente podemos esculcar.


[1]Hernando Martínez Pardo. Historia del Cine Colombiano. Librería y editorial América Latina, Bogotá, 1978, pp.198-199.
[2]Ramiro Arbeláez. ¿Por Qué Salvar la Gran Obsesión? http://www.patrimoniofilmico.org.co/docs/
[3]Ramiro Arbeláez. Vivo, recordado, y recordando. Entrevista a Guillermo Ribón Alba, director de La gran Obsesión (1955). Realizada en Queens New York, el 15 de agosto de 2008.
[4]Folleto de la película La Gran Obsesión, Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, octubre de 2008.
[5]Ibíd.
[6]Ibíd.

22.5.09

¡Cine arte, cine clásico, cine de cartelera!


Por: Yamid Galindo Cardona

En Bogotá, cuando caminas por la calle séptima en vía a la diecinueve, encuentras a una serie de vendedores ambulantes, o empleados de la informalidad que tanto aqueja a nuestro país ofreciendo películas a viva voz con el lema: ¡Cine arte, cine clásico, cine de cartelera! Tienen ocupadas sus manos con la oferta cinematográfica, y en unos metros, parte del mercado sobre algunos cartones que ocupan parte del espacio público -siempre listos a huir cuando un par de “hombrecitos verdes” vienen a su asalto-, y si la cinta que usted quiere, no esta allí, pues simplemente el vendedor pide una espera para inmiscuirse en medio del conglomerado humano para traerla, y la trae.

Lo que llamamos piratería, es el asunto de la venta, algunos la persiguen hasta judicializarla por violar lo que conocemos como derechos de autor, otros la aceptan como una vía propicia de tener a la mano muchos filmes, y el mismo reconocimiento underground –algo que algunos artistas aceptan- que esto trae, llegando inclusive a las esferas de la música. La operación es sencilla, es más económico obtener una película en la calle, que en los centros de distribución reconocidos que pagan impuestos y todas las medidas de ley. Se encuentran cintas de distribución económica bien editadas desde $9.000 hasta $30.000; pero igualmente encontramos precios que oscilan entre $45.000 y $230.000, por colocar un ejemplo, una cifra fuerte para personas que como yo, gustan de conseguir lo mejor de la cinematografía mundial. Pero una película pirateada oscila entre $2.000 y $5.000, o en los mejor de los casos $1.000, lo que vale un DVD en limpio o virgen. Igualmente tenemos programas en la web que nos posibilitan bajar películas, y la más común esta representada en cada disco duro que tenemos en nuestras casas, con reproductor y copiador de DVD, creándose un circuito descontrolado que pasa por nuestros familiares y amigos, donde hacemos copias de alguna película que conseguimos “original” o “quemada”.

El cine desde su nacimiento comenzó a dividirse en temáticas que con el tiempo se convirtieron en lo que llamamos géneros, pero el cine que es la representación de las imágenes en movimiento, es uno solo en su esencia más pura. Las tres formas en que nuestro vendedor ambulante ofrece el cine, es la caracterización con la cual una persona del común se le acerca a comprar el producto. Por lo anterior, paso a definir las tres clases de cinematografía que se nos ofrece.

Cine arte
De entrada es una redundancia decir “cine arte”, ya que el cine es considerado el séptimo arte, y no se escucha, ni se lee los conceptos pintura-arte, música-arte, escultura-arte, etc. Las imágenes en movimiento se consideran arte desde la aparición del texto vanguardista denominado Manifiesto de la Siete Artes escrito en 1911 y publicado en 1914 por Riccioto Canudo, este autor afirma que la idea de que el cine pudiera ser un arte, no surgió en las inventivas de sus propios creadores, ni Thomas Alba Edison, ni los hermanos Auguste y Louis Lumiére tuvieron una concepción estética del cine durante los primeros años del nuevo invento. A Canudo se le debe el difundido término Séptimo Arte, como resultado de un postulado, creyendo ver en el cine un epicentro y una posible culminación de varias artes: pintura, arquitectura, escultura, poesía, danza y música. También se le deben otros escritos en los que propone el concepto de fotogenia - cualidad fotográficamente favorable o expresiva de un personaje o un objeto-, el porvenir del cine hablado, del cine en color y la enseñanza del cine; fundó el primer cine club conocido: El club des Amis du Septiéme Art; afirmando en su manifiesto que la teoría de las siete artes ha ganado mucho terreno, aportando una clasificación a la total confusión de géneros e ideas como una fuente de nuevo reencontrada. Reprochó a los llamados tenderos del cine que se habían apropiado del término Séptimo Arte, sin aceptar la responsabilidad impuesta por la palabra arte; centro su llamado de atención en los cambios del cine, que en palabras del autor estaba empezando a balbucear para entrar en la infancia, cercano a la adolescencia, a despertar su intelecto y a multiplicar sus manifestaciones.[1]

El mal usado concepto Cine Arte empezó a escucharse en nuestro territorio colombiano hace aproximadamente diez años atrás, en la publicidad de algunos espacios que le daban cabida a algunas distribuidoras independientes, que introducían el otro concepto más acertado denominado Cine Independiente –aquel cine que estaba realizado por fuera de las productoras reconocidas, con historias nuevas, nuevos directores, actores etc.-, y que exhibían y exhiben las denominadas igualmente salas independientes representadas en cinematecas, cine clubs, teatros de los museos, espacios universitarios etc. Igualmente, el concepto Cine Arte fue recogido por un programa de televisión que todavía pone a trasnochar a algunos los días viernes, con la mala idea de dos presentadores que hacen demasiada larga la exhibición de su excelente programación. El Cine Arte es el que se considera alternativo, no comercial, con historias por fuera de los parámetros establecidos, inclusive algunos en nuestro país ubican al cine europeo y latinoamericano en esta categoría. Tomándome el atrevimiento, Cine Arte es aquel que cada uno desde su criterio después de observar una cinta, le da a una obra cinematográfica por el mensaje que le entrego desde la puesta en escena, la dirección, la actuación y el mensaje final entregado, lo cual posiblemente le arranco lágrimas, rabias o risas, inclusive, porque no la entendió.

Cine clásico
Acertado concepto en el que algunas obras de la cinematografía mundial se han convertido por su aporte a la industria, y el arte. Dentro de cada género encontramos obras de este tipo, y cada país posee sus obras clásicas. El cine clásico podríamos definirlo, recogiendo las palabras del profesor Lauro Zavala como “aquel que respeta las convenciones visuales, sonoras, genéricas e ideológicas cuya naturaleza didáctica permite que cualquier espectador reconozca el sentido último de la historia y sus connotaciones. El cine clásico, entonces, establece un sistema de convenciones semióticas que son reconocibles por cualquier espectador de cine narrativo, gracias a la existencia de una fuerte tradición”.[2] El vendedor de este cine nos ofrece en la calle copias de Lumiere, Mélies, Chaplin, Eisenstein,Wilder, Truffaut, Godard, Polanski, Fellini, Buñuel, Pasolini, Visconti, Huston, Kurosawa, Bergman, Kubrick, Hitchcock, Kazan, Bertolucci, Welles, Visconti, Tarkovski, Renoir, Peckinpah, Saura, Fassbinder, Herzog, Coppola, Allen...

Cine de cartelera
El vendedor se te acerca con una hoja plastificada con la oferta del cine de cartelera, y al final con el logo de la empresa Cine Colombia, obviamente es el gancho para indicarte que ya ellos tienen la última, inclusive sin estrenarse, del estreno de temporada. Y como los precios de la boletería en este circuito de salas es costosísimo para un gran porcentaje de la población, que mejor que comprar lo que la cartelera ofrece. Pero ver este tipo de copias es lo peor que te puede suceder, empezando por la pésima imagen –borrosa, desenfocada-, las risas de fondo cuando la escena es divertida, la cabeza de alguien que va al baño y la misma cuando regresa, el niño que habla, y la señora que pasa por una de las filas con crispetas y vasos de gaseosa; así que ves dos películas, la pésima copia y los transeúntes inoportunos que reflejan su sombra cuando se paran de su silla.

Los espacios abundan con la oferta de copias cinematográficas en el formato DVD: universidades públicas, pulgueros, centros de fotocopiado e internet, y seguro un vendedor nómada que se arriesga con el cine a su puerta. Si en algún momento se encuentra a uno de estos vendedores en la calle, seguro esta guía que brevemente le he presentado, le servirá para identificar el producto; y si usted, es una persona que aborrece este mercado, que le podemos hacer, esa es la tecnología y nos puso a la mano la posibilidad de ver obras de la cinematografía que antes era imposible observarlas. Y por ahora los dejo, porque tengo en el reproductor una copia de La Parada de los Monstruos de Tod Browning del año 1932, una película clásica del género de terror, a propósito, me la copio un amigo.



[1]Joaquín Romaguera I Ramio- Homero Alsina Thevenet. Textos y Manifiestos del Cine. La Estética. Manifiesto de las Siete Artes. Cátedra, Signo e Imagen. España 1989.
[2]Lauro Zavala. Cine clásico, moderno, y posmoderno. http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n46/lzavala.html

30.3.09

Ahora todos somos fotógrafos


Por: Yamid Galindo Cardona

Las cámaras manuales están guardadas en los armarios, por lo menos en aquellos donde llegó la cámara digital y le creo facilidad al ser humano para retratar el presente y volverlo inmediatamente pasado. Otros la guardan celosamente y todavía realizan el arte de establecer una imagen, sin embargo ya trabajan con la digitalización, ya que la realidad los obliga a aprender día a día con las nuevas aplicaciones que el invento entrega, facilidad destinada a los usos diversos que la fotografía.

Otrora el oficio de fotógrafo era de pocos, en algunas poblaciones los profesionales de este oficio tenían gabinetes que adornaban dependiendo el cliente y la ocasión, para dejar en la posteridad las imágenes de una familia, o la misma historia del pueblo con su arquitectura, personajes y acontecimientos sociales, políticos y culturales. Con el trascurrir de los años aparecieron más fotógrafos, los cuales se desplazaron nómadamente por parques, calles, y cualquier sitio donde el acontecimiento fuera digno de retratar, siendo los parques centrales de cada ciudad o los barriales, focos de este oficio; el paseo del domingo estaba ambientado con la vuelta de cada ocho días a ese sitio social, comerse un helado, hablar, retratarse, y despejar el alma para recibir la misa de siete, digno acto para empezar la semana. Cada fotógrafo se distinguía por tener un grueso maletín lleno de fotos sin entregar y cobrar, rollos usados y sin usar, lentes, diversos flashes, y otra cámara por si acaso no funcionaba la preferida de marca Pentax o Nikon, sumaba diariamente a su espalda una masa que seguro con el tiempo se convirtió en joroba; algunos decidieron que el oficio era duro por la competencia y ofrecieron sus servicios a domicilio, adquiriendo nuevos clientes y convirtiéndose en el fotógrafo de cabecera familiar, llegaban y te hacían colocar el mejor vestido, te decían como pararse, ponían tu mano en la cintura y luego gritaban: “di whiskies” para que la boca se transformara en sonrisa y la imagen quedará lista.

Pero había familias que nunca requerían de los servicios de un fotógrafo profesional, ya que en el mismo hogar la afición por las fotos estaba en cabeza de los padres, que tenían una buena cámara y asumían este oficio en cualquier instante, y siempre se mantenían en la medida de los avances de este arte, aquel que explotaban con su propio circulo afectivo en diversos espacios; consumían rollos con mucha afición, algunos para revelar, otros para simplemente quedar allí estancados y guardados celosamente; aprendían inclusive a armar el cuarto oscuro y de estudio para asumir allí otra labor de trabajo artístico, con el tiempo se afiliaron a grupos de fotógrafos aficionados que luego se profesionalizaron, hicieron exposiciones, se pusieron a tono con la tecnología, publicaron catálogos e hicieron viajes.

Luego cambiaron las salas particulares por las casas fotográficas, la tecnología llego, las fotos de carnet salían rápido y algunas con la instantaneidad del caso y el afán del cliente, ofrecieron cámaras más sencillas para el uso general, revelaban tu rollo y te ofrecían otro en contraprestación por preferirlos, te entregaban una bolsa de mediano tamaño con algunos álbumes de uso personal, los negativos y un calendario; sin embargo, a pesar de este servicio, todavía la profesión de fotógrafo se mantenía por la calidad de la foto, el revelado y el papel con las imágenes expuestas.

El avance tecnológico que llegó con la fotografía digital en los años noventa del siglo XX, y se intensifico siete años atrás de este nuevo milenio en nuestro espacio colombiano, hizo que su uso fuera alto, llegando a las esferas de la telefonía celular. Con esta nueva perspectiva, las casas fotográficas volvieron a reinventar su oferta, ya que pocos llegaban con rollos a revelar, labor que justificaba su existencia en el mercado; ofrecen entonces diversas marcas de cámaras digitales, la impresión computarizada del registro con los retoques necesarios si son del caso, y las fotos de carnet ya son todas instantáneas con la acción en algunos casos de tu aceptación, es decir, entras al cubículo, te registran fotográficamente, sales, te muestran la imagen, y tu decides si queda o no. Lo anterior, es un acto constante cada vez que se toma una foto con la cámara digital, regresamos al punto de salida expresado en el foco y la pantalla del ser humano que tiene entre sus manos la cámara, y observamos ese pasado reciente para dar nuestro visto bueno sobre el retrato, poseemos el poder para decidir que eso que ya está, pueda ser borrado y repetido, sueño logrado por un instante que dice mucho de nuestra vanidad. La digitalización de la fotografía ha logrado que seamos parte una red global, por ejemplo, si retratamos “la calle del calvario” en pleno centro de La Candelaria en Bogotá, y la montamos en una cuenta de internet o una red social en la cual nos inscribimos, podríamos enviar esa imagen en instantes a Ushuaia, rapidez que no se tenía antes, y que ha facilitado muchos trabajos que eran demorados, ejemplo más oportuno, un corresponsal de prensa, o para el caso de quien escribe, la investigación histórica.

Ahora todos somos fotógrafos, tenemos a nuestro alcance un sinnúmero de posibilidades para acceder a una cámara digital, con precios y marcas variadas que cada año desarrollan mejor su tecnología. Pero no por tener una cámara digital se hace buena fotografía, su uso también posee una técnica especial que algunos saben aprovechar y otros no; normalmente quien posee el conocimiento de este arte ha pasado por etapas tecnológicas y de sensibilidad, por la afición, porque es su medio de trabajo, o porque simplemente expresa su visión del mundo a través de su encuentro con el espacio y lo que observa detrás del lente. La fotografía refleja vida después de la muerte, es el vehículo de encuentro con el pasado, sin ella, es posible que no hubiéramos conocido nuestra historia particular, local, regional y nacional, con ella, por ejemplo, nos hemos encontrado con las imágenes de ese Buga antiguo y la “Hacienda El Paraíso” tomadas en el siglo XIX por Luciano Rivera y Garrido, o la arquitectura destruida de ese Cali viejo retratado por Alberto Lenis Burckardt, o las prostitutas de Buenaventura tomadas por Fernell Franco, o los disturbios del 9 de abril de 1948 retratados por Manuel Humberto Rodríguez –el mismo que tiene todavía su estudio en una casa estilo republicano en plena carrera séptima de la capital colombiana, y camina todavía las calles para registrar lo cotidiano-, o el doloroso conflicto colombiano contado gráficamente por Jesús Abad Colorado; los ejemplos son innumerables, y cada región aportara a su causa.

La fotografía es un patrimonio humano, es la posibilidad de enfocar el presente para guardarlo en pos del futuro, homenajeando el pasado; las posibilidades de que se extinga son nulas, sobrevive en convivencia con la fuerza de su propia historia, aquella que ponemos en práctica cuando vamos al álbum familiar, o con el uso de aquella cámara manual guardada como pieza de museo, o cada vez que recorremos la ciudad y nos topamos con prenderías que ofrecen cámaras manuales, o ese pulguero que ve como cada domingo un personaje con cara poco fotogénica ofrece sus servicios en la llamada “foto-agüita”.

-El Fotógrafo “de agüita”. Registro del periódico Ciudad Viva, febrero de 2008, Bogotá D.C. Pertenece a Hernán Días, cortesía de Rafael Moure-

16.3.09

El álbum fotográfico, pieza de museo familiar

Por: Yamid Galindo Cardona

Una de las actividades cada vez que llegaba una visita a la casa era sacar los álbumes fotográficos, casi siempre determinados por un acontecimiento especial que albergaba las 24 o 36 imágenes del acto: el matrimonio de los padres, el bautizo de los hijos, la primera comunión, los quince años de la nena, los cumpleaños, etc., igualmente existía otro álbum mejor resguardado y cuidado, con fotos en blanco y negro o sepia de aquellos familiares que no conocimos, de la juventud de nuestros viejos, y de algún político nacional que atrajo las multitudes, caso particular el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán. Otras fotos quedan en pequeños álbumes que las casas de revelado fotográfico comenzaron a regalar en los ochentas del siglo pasado, igualmente sueltas en sobres, bolsas o cualquier estuche. También esta la cartera que resguarda esos pequeños visores de forma triangular, que traían una foto casi siempre de alguien en movimiento, tomada en la calle por esas personas llamadas fotocineros, que luego alcanzaban su objetivo retratado para ofrecerle su obra. Es por lo anterior que la memoria de una familia desde la imagen quieta en papel, esta ahí para descubrirse, investigarse y restaurarse.

Y cada vez que la reunión lo amerita, sacamos los álbumes y se regresa al pasado con las personas que pueden dar fe del momento y la historia de vida que hay allí, incluido el sitio de la postal; entonces recordamos, preguntamos, entristecemos y reímos. ¿Qué sería si el acto de resguardar la memoria familiar no hubiese sido asumida con celo visceral? Pues simplemente se hubiera perdido. La memoria familiar, aquella que posibilita armar el pasado de nuestro entorno para reconocernos individual y colectivamente, es algo primordial para integrar a las generaciones que están y llegan, para que se reconozcan el espacio que les ha tocado afrontar desde el mismo momento de nacimiento.

Observando las fotografías la clasificación podría ser: Foto de carnet, bautizos, primeras comuniones, estudio fotográfico, matrimonio, navidad, año nuevo, reunión familiar, cumpleaños, campestre, escolar, militar, entre otras; los espacios se caracterizan por la repetición de posturas y entorno, pero con algo único, los cambios físicos del trasegar de la vida; en cuanto el espacio, la casa siempre será la de mayor uso; las iglesias una constante; los parques, el sitio donde siempre encontrabas y encuentras un fotógrafo –actividad en vía de extinción por la digitalización-, por ejemplo en Bogotá la plaza de Bolívar, en Cali la colina de San Antonio o el Paseo Bolívar con el puente Ortiz incluido, en Buga es particular que se tenga una foto en el parque de Santa Bárbara sobre el lomo de par de leones de concreto; la escuela, y el niño sentado en su pupitre con el mapamundi atrás, mirando la cámara, y sosteniendo un bolígrafo con su punta pegada a un cuaderno.

El álbum fotográfico es una pieza de museo familiar, debemos convertirnos en guardianes de esa memoria, seguir la labor de aquellas (os) que se encargaron de cuidar, y mostrar con orgullo esos retratos familiares acumulados por decenios. La digitalización de la fotografía nunca alcanzará la sensibilidad, y el tacto de sentir un recuerdo familiar a través del papel en sepia, blanco y negro o color; la era tecnológica nos aleja de esa vieja tradición, las nuevas generaciones no arman álbumes, las ubican en carpetas digitales, que guardan, cortan o eliminan dependiendo el estado ánimo; o la socializan a la red de amigos, perdiendo la privacidad familiar sensible de ser robada.

4.3.09

La Vida de los Otros




Por: Yamid Galindo Cardona

En el año 2006 se filmo una película alemana titulada “La Vida de los Otros”, cinta que recibió un sinnúmero de premios internacionales por su gran factura argumentativa, ejemplo es su escogencia a mejor película extranjera en los premios Oscar del año 2007. El espacio de la historia se desarrolla en la antigua Berlín Oriental -RDA- en los últimos años -1984- de la guerra fría, mostrando las prácticas ejercidas por la policía estatal llamada Stasi sobre el medio intelectual. La trama nos pone frente a un oficial bastante entregado a su trabajo: Escuchar que se habla desde el apartamento del piso de arriba que habita una pareja especial, un escritor y una actriz, peligrosos y sospechosos para el régimen. Los favores amorosos de la actriz a un ministro, posibilitan que el escritor quede libre de ejecución, así sus conversaciones sean escuchadas; hasta que la dama no entrega más su cuerpo y se desata una búsqueda de pruebas para colocar frente al paredón al sospechoso intelectual, pero la humanización del oficial - al enterarse de la corrupta política de su partido y entidad policial-, hace que esconda pruebas que comprometan a sus vigilados, protegiéndolos de inmediato. Lo que sigue en la historia es el miedo de la actriz por la posibilidad de ser encarcelada y torturada, pánico que tiene un triste desenlace al ser atropellada por un vehículo; luego, el oficial de la Stasi es relevado de su puesto a la oficina de correo, esta vez para leer cartas y delatar a posibles contradictores del gobierno. Finalmente, la vida colocara al escritor vigilado y al oficial jubilado, en puntos comunes bajo la post-guerra fría, un libro que narra la historia de cómo fue custodiado bajo la referencia de identidad de su guardián; el ex oficial al darse cuenta de este trabajo, decide comprarlo bajo la pregunta del librero: “Lo quiere para regalo” y la respuesta única y significativa, “Es para mi”.

En Colombia igualmente nos escuchan o nos chuzan. Días atrás se armo un gran escándalo nacional por la interceptación de llamadas por parte del Departamento Administrativo de Seguridad –DAS-; periodistas, políticos, dirigentes sindicales, magistrados, investigadores sociales, escritores, entre otros que seguro no sabemos o sospechamos saber, se vieron envueltos en esta ilegal práctica que se vuelve legal cuando hay una orden jurídica, y que el gobierno actual maneja “sin” control en aquellos que ve como sus contradictores. El escándalo pasó sin pena ni gloria, porque las soluciones tardaran en verse, y los responsables no saldrán de su concha; vimos a un ministro hablar desde los Estados Unidos sobre la necesidad de sanar a un enfermo con la eutanasia, y escuchamos a su jefe desvirtuándolo con otra solución en una escena bastante militar donde el único general sin uniforme era él, digno de un país con régimen castrense que pone a sus altos mandos en primer plano con un objetivo bastante mediático y miedoso, como queriendo mandar un mensaje directo a los que saben desde donde vienen las ordenes de escuchar “la vida de los otros”.

La cinta alemana, y el escándalo colombiano tienen gran parecido, los contextos políticos están diseñados para sospechar de aquéllos que no comparten las acciones estatales, en este caso ligadas a las contradicciones y desacuerdos con la forma de dirigir el país, cualquier ciudadano que piense diferente a como quiere el régimen, se vuelve susceptible de ser investigado y quebrantado en uno de sus derechos primordiales como es la privacidad. En este país de informantes es peligroso lanzar opiniones sobre lo que no nos gusta de su gobernante, una plaza pública, un taxi, el vecino de enfrente, o la misma vida académica, son espacios en los que te puedes ver en problemas -resultado de la polarización extrema que vivimos de izquierda y derecha-, ya que el afán de tener una nación libre de terroristas y bajo el sacro terreno de la obra de Dios, nos ha llevado a convertirnos en posibles delincuentes que buscan desestabilizar las instituciones gubernamentales, entre ellas la más importante: La Seguridad nacional.

Así como el agente de la Stasi escuchaba al intelectual, el agente del DAS grababa conversaciones para encontrar claves que desestabilizaran al estado colombiano; seguro más de un ciudadano común y corriente está en el listado, porque recuerden: Todos somos sospechosos si no estamos con el régimen.

23.2.09

El Museo la Tertulia sin energía eléctrica y administrativa

Por: Yamid Galindo Cardona

El Museo de Arte Moderno la Tertulia se quedo sin energía eléctrica, o mejor se la quitaron por el no pago de sus facturas. La semana que paso estuvo muy activa en cuanto a las informaciones periodísticas en prensa y televisión, todas apuntando a una solución rápida de la empresa encargada de este servicio, a las disculpas administrativas de la directora por falta de presupuesto, a las críticas contra el alcalde de Cali, y en la misma proporción a la Ministra de Cultura. La realidad del museo tiene como única responsable a la encargada de su dirección y a la junta que la acompaña, si reconocemos que el presupuesto nacional esta dirigido en su gran mayoría a soportar el conflicto armado, y poco en crear educación y cultura, también es cierto que nuestros museos deben tener una excelente administración que sepa utilizar los pocos recursos que el estado otorga y los que se consiguen por medio de la gestión con lo privado. Debería entonces de fiscalizarse que ha sucedido con esos recursos, cómo se han invertido, y qué se ha hecho mal, porque así las responsabilidades estén dirigidas a las entidades públicas que pueden solventar ciertos gastos como la energía y el agua, tampoco es obligación de estas asumir esas necesidades básicas que podían aliviarse con una proyección anual de gastos acorde a las ayudas económicas que llegan de todos los sectores.

María Paula Álvarez es la directora del Museo de Arte Moderno la Tertulia, la señora ha encaminado sus labores a un proyecto museístico muy importante que busca dejar la colección de arte conseguida por Maritza Uribe, Gloria Delgado y Miguel González, en estado de exhibición permanente, con el fin de acostumbrar al público caleño y vallecaucano a familiarizarse con un patrimonio que les pertenece, reconociendo en el arte mensajes de diversos artistas enfocados a actos individuales, colectivos y sociales, bajo parámetros educativos donde el niño hasta un adulto se encuentre identificado. La idea ha tenido apoyo de las entidades públicas con partidas presupuestales, dinero que ya se ha gastado dejando a medias la remodelación de un edifico que escasamente tiene nueve años de haber sido construido, es decir, fue inaugurado en el año 2000 con una retrospectiva de la obra del maestro cartagenero Enrique Grau; ahí las preguntas: ¿Se justifica reconstruir un edificio que esta relativamente nuevo? ¿Por qué no se invirtió ese presupuesto y se llevó ese proyecto en las salas antiguas, y espacio no usados, con sus respectivas remodelaciones? ¿Por qué no se dejo el edificio nuevo como parte de ese proyecto?

Es obvio que las dinámicas de dirección varían de una persona a otra: consecución de presupuesto, relaciones con los empleados, programas de exposición en artes y cinematográficos, pago de deudas a los proveedores, etc. Con la actual directora es posible que su gestión en la consecución de dinero haya sido excelente, pero en su administración pésima, a veces consiguiendo mucho se hace poco, y consiguiendo poco se puede hacer mucho, eso diferencian los últimos años de la anterior directora Gloria Delgado al frente de la institución y la señora Álvarez desde su llegada. El desfavorable accionar de su gestión al frente del museo ubicado en el antiguo “Charco del Burro” tiene algunos lunares negros que presento a continuación:

-Cierre del Taller Infantil que fundara Ruka Velasco a inicios de la década de los ochentas del siglo XX, labor que incluía algunos barrios de la ciudad, y tenía un gran apoyo de la gobernación departamental, ayuda que se perdió por falta de gestión y compromiso con esta dependencia. En la anterior dirección se construyo un edificio para el taller, luego, con su cierre, se convirtió en espacio de diversos usos.
-Despido injustificado de algunos empleados bajo argumentos amañados, y amparados en la junta que la compaña, que poco o nada hacen para el bienestar del espacio ante su poca sensibilidad con las expresiones del arte y el cine.
-Atraso en el pago de salarios, vacaciones, primas, eps, caja de compensación familiar, y el no aumento anual en los sueldos que por ley debe hacerse.
-Utilización del espacio en actividades ajenas a la labor de un museo: desfiles de modas, campañas políticas, fiestas infantiles.
-Aumento de visitantes a la zona del museo durante la noche para el consumo y expendio de alucinógenos, además de convertirse en zona de parqueo de motos.
-Desatención a la Cinemateca la Tertulia en aspectos diversos como son el mantenimiento de la sala, los proyectores, la programación, etc., labor que directamente debe realizar Eugenio Jaramillo, pero que descuida en sus aspectos primarios, resultando poca asistencia e ideas para sacarla de su decadencia.
-Cierre del almacén de objetos, libros, recordatorios: ¿Qué museo se concibe sin un almacén para que el visitante compre un objeto que le recuerde su visita?

Sobre los anteriores aspectos poco o nada se han debatido en la administración de María Paula Álvarez, ella se muestra como la directora ejemplar que sufre la falta de apoyo local, gubernamental y estatal para sacar su proyecto adelante, su oscuridad administrativa no se conoce, su poca capacidad de dirigir una entidad que se mueve entre lo privado y lo público, ha llevado a la crisis una institución que se mantenía bajo la anterior dirección estable, con dificultades pero estable, y ante todo sensible a las manifestaciones del arte y el cine, algo que posibilitaba el engranaje correcto de cada una de sus dependencias, con errores y aciertos, pero con energía para solventar la necesidades básicas.

El museo no se debe cerrar, y las personas pasan y las instituciones quedan para gracia de la ciudad. Que la energía eléctrica vuelva bajo un consenso de pago que involucre a varios actores, pero que los compromisos, rendición de cuentas, y evaluación de la actual directora se dé, porque al paso que vamos el museo seguirá teniendo dificultades ante la falta de coordinación y gasto de los dineros que les llega. En Cali tenemos gente con conocimientos administrativos y sensibles al arte, algo que la actual directora adolece para el buen funcionamiento del Museo la Tertulia; es hora de cambios, revisiones y remedios, antes de que la enfermedad se agrave y el paciente muera.

13.2.09

Memoria ochentera del balón


A Daniel G. y Santiago A.


El primer recuerdo que me llega de la pelota es una propaganda televisiva a blanco y negro –por el televisor que teníamos-, de un bombón llamado silbato, que venía en forma de pito y de varios sabores, la publicidad mostraba un partido de fútbol entre niños con los uniformes de la selección Argentina y Holanda, recreando la final del mundial de 1978, aquella que sospechosamente ganaron los del sur al definir su paso a la final con una goleada inimaginable al Perú, pero esa es otra historia que posiblemente hiera la sensibilidad de los argentinos que para la época tenían sobre sus cuerpos la bota militar. Otro momento televisivo me lleva al programa “Fútbol, el Mejor Espectáculo del Mundo” presentado por el “papá de los narradores deportivos colombianos” Carlos Arturo rueda C., programa de los sábados en la mañana que presentaba los principales clásicos del planeta fútbol, especialmente los de Suramérica: Boca vs River Plate, Peñarol vs Nacional, Flamengo vs Botafogo, entre otros; allí supe que existía dos jugadores Maradona y Zico.

Luego, la calle se convertiría en el primer escenario de mis pases errados con el balón, sitio que mi padre vetaba con justa razón ante la posibilidad de cometer algún accidente que la mayoría de las veces era romper un vidrio o asestar un balonazo a cualquier transeúnte, lo que conllevaba una queja, un disgusto, un regaño. Restringido el espacio, buscaba con mi hermano otro, el amplio corredor la casa de turno, armando arriesgadamente dos canchas con las materas del jardín de mi madre, lo que obviamente se nos fue prohibido ante la posibilidad de quebrarlas, sucediendo en algunas ocasiones, y soportando su furibundo disgusto que traía como complemento su lanzamiento libre de chancla, que en la mayoría de las veces daba en el blanco. Sin espacios riesgosos para la disciplina fútbolera, y asumiendo nuevos comportamientos aprendidos en la escuela, se traslado el juego a la cancha del centro educativo, los parques, y otros escenarios que comúnmente se llamaban peladeros, armando equipos de acuerdo a los afectos con la escogencia predeterminada al “pico-monto”, siendo casi siempre, uno de los últimos escogidos.

Ya en el colegio, mi profesor de educación física aprovechaba las dos canchas que existían de fútbol, llamaba a lista, dividía el grupo en cuatro equipos quedando troncos y calidosos juntos, y se jugaba hora y media seguida, mientras él se sentaba bajo la sombra de un árbol a realizar crucigramas y fumar cigarrillo. Forma de “enseñanza” que fue variando según el profesor de cada grado académico. A la par que se jugaba en el colegio durante el descanso y las clases de deporte, se salía a jugar a una cancha cercana o nos quedábamos hasta que la luz natural no dejaba ver la pelota; potencialmente éramos todos jugadores de fútbol que con el trasegar de nuestro crecimiento fuimos asumiendo otras situaciones que alejaron esa primera intención, ya que muchos nos inscribíamos a equipos juveniles que exigían otros compromisos, y ante todo disciplina, algo que pocos estaban dispuestos a entregar.

Estando en Cali, a alguien se le ocurrió llevarme a un clásico vallecaucano entre América vs Cali, para incentivar mi afición hacia los verdes, para decepción suya, el rojo gano 2-1, y quien escribe, decidió escoger a los “diablos” como su equipo de cabecera. América se convertiría en el equipo más ganador de los ochentas, pero igualmente el que más tristezas trajo con sus tres fallidos intentos en la final de la Copa Libertadores de América, siendo la más recordada aquella que se fue en Santiago de Chile frente al Peñarol de Montevideo. América era uno de los equipos que más invertía, traía jugadores extranjeros y colombianos que en muchos casos fracasaban por su falta de oportunidad, su presupuesto estaba sustentado por los Rodríguez Orejuela, jefes del narcotráfico caleño, y opositores del llamado “cartel de Medellín” que igualmente invertía en el Atlético Nacional, y de un personaje de apellido Gacha dueño del equipo Millonarios de Bogotá; es decir, una década bastante turbulenta en lo concerniente a la corrupción deportiva en el fútbol, algo que no cambia y se mantiene vigente desde las altas esferas, caso concreto nuestra Confederación Suramericana de Fútbol y sus interés marcados hacia la Argentina y Brasil.

Muchos afirman que uno recuerda a partir del primer mundial de fútbol que tuvo oportunidad de ver, y en algunos casos escuchar; sin ser ese el caso particular, pero si así lo fuera, a mi me toco el mundial de España 82 con su mascota “naranjito”, donde Italia fue campeón, tengo presente dos partidos en especial, Argentina vs Brasil, Brasil vs Italia, en el primero, los cariocas ganaron 3-1 y Maradona fue expulsado; en el segundo, Italia gano 3-2 con tripleta del goleador Rossi, vibrante partido que sacaría de la pelea a la considera mejor selección de ese mundial por su juego vistoso, y llevaría a los azules a la semifinal contra la Polonia de Lato. Después del mundial de 1982, el campeonato de 1986 correspondía a Latinoamérica, y Colombia sorpresivamente fue escogida para realizar este mundial, sin embargo, el presidente de la república de turno, Belisario Betancourt, decidió no proseguir con este proyecto por razones de presupuesto, y la sede se le entrego a México, así que a nuestro país le toco jugar la eliminatoria en el grupo de Argentina y Perú -estrenando nuevo uniforme, y dejando para el recuerdo ese blanco con la banda tricolor, y el anaranjado con negro-, clasificando los gauchos de primeros, y nosotros quedando por buen promedio de gol en el repechaje que nos pondría frente a los paraguayos, a la postre ganadores de esta oportunidad. México 86 consagró a los argentinos, y a Maradona como el mejor, su gol frente a los ingleses en cuartos de final sigue considerándose el mejor de la historia. Fiel a la fiebre maradoniana, me convertí en fan del pequeño hombre de gambeta y rapidez de ensueño, compre el álbum de su recorrido deportivo y casi lo lleno; asumí la camiseta rayada como propia para el siguiente mundial de 1990 celebrado en Italia, y que lastimosamente perdieron en la final con Alemania de Matheus, la misma a la que le empatamos en el último minuto con gol de Freddy Eusebio Rincón, y cantamos como si hubiéramos sido campeones, para luego decepcionarnos con el error de Higuita frente a la potencia del camerunés Milla, y volver a la realidad de nuestro fútbol.

Después del fracaso del médico Ochoa con nuestra selección Colombia, y los golpes de pecho del colombo-argentino Navarro Montoya por haber aceptado defender nuestro arco para las eliminatorias de 1986, se vino una renovación total con Maturana de director, quien con éxito en el Atlético Nacional y sus puros criollos, había conseguido la gesta de ser campeón de la Copa Libertadores en una final frente al Olympia de Paraguay desde el lanzamiento del punto de penal, agobiantes minutos de desastrosos cobros de parte y parte, hasta que llegó la puntería de Leonel Álvarez; este grupo, junto con otros jugadores entre los que se encontraban el melenudo Valderrama, escribió una página especial de nuestro fútbol que llegaría hasta el mundial de Francia 1998.
Entre recuerdos incompletos, usted señor lector podrá indagar para completar estos datos ochenteros del balón, cada uno asume sus gustos, sus jugadores, sus alegrías y tristezas, aquellas que seguro, las nuevas generaciones de aficionados están viviendo.

17.12.08

El Día que los Abuelos Bajaron al Pueblo a Fotografiarse


A mamá,
a quien de pronto este escrito
le arrebatara una sonrisa.


Por: Yamid Galindo Cardona

Eran las 4:30 de la mañana cuando el gallo cantó por primera vez, síntoma de levantarse de la cama para las labores diarias que tiene una finca dentro de su hogar en las primeras horas: atizar el fuego para el carbón, moler el maíz trillado ya cocinado desde el día anterior para las arepas, revolver lo que había quedado de la comida para el calentado, poner la aguadepanela para hacer chocolate, y fritar el chicharrón o un huevo; toda una variedad gastronómica de origen antioqueño que debía estar en punto de las siete de la mañana cuando la familia y los trabajadores ya habían tenido su primera jornada. Sin embargo, ese día por ser sábado tenía otras connotaciones, se trabajaba medio día, y se bajaba al pueblo en dirección al granero para comprar café, arroz, frijoles, cigarrillos, parba, la carne de la semana, el periódico trasnochado, y por supuesto, retratarse. Ese día muchas actividades habían quedado a cargo de los mayores de la familia, ya que Mercedes y Rafael emprendieron su camino por la trocha con su ropa de trabajo, y un maleta que albergaba lo mejor de sus vestidos; además como acompañantes unas mulas que llevaban algunos muebles hechos en madera de cedro que él había elaborado por encargo e iba entregar en el pueblo, y otras con algún revuelto de plátano, banano y yuca, que tenían de adorno en las puntas de sus costales cuatro gallinas atravesadas y envueltas en hojas de biao para que no se escaparan, las cuales iban a ser igualmente vendidas; el punto de llegada inicial era Cruce Bar, sitio donde muchos pobladores de la región llegaban y dejaban sus bestias en un potrero acondicionado para los viajantes, y esperaban un vehículo que los transportaran al centro de Buga.

Mercedes Muñoz había nacido en Manizales, hija de Jesús Muñoz quien venía de la zona del Tolima, y Carlina Giraldo, arraigada en la zona cafetera del departamento de Caldas, su unión trajo además cuatro hijos: Pedro, Jesús, Bernardo y Ligia, esta última, única sobreviviente. Rafael Cardona había nacido en Pereira, hijo de Dioclesiano Cardona y Librada Echeverri, quienes tuvieron además a: Roberta, Jova, Juan de Dios, Eduardo y Reynelda, todos fallecidos. Por los sitios de origen que se han relatado en las anteriores líneas, Mercedes y Rafael tenían arraigada fuertemente la cultura paisa dentro de su forma física, modos de vestir, su hablar, y sentir como mujer y hombre comprometidos con sus hijos, y el hogar, carácter particular de la zona antioqueña, algo que seguro algunos de sus hijos asimilaron muy bien dentro de sus relaciones posteriores, y otros no.

Rafael y Mercedes, ya unidos en franca bendición de la iglesia católica, bajo una constitución política consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, y bastante conservadora, decidieron unir sus vidas, y trasladarse a la zona vallecaucana que conocemos como colonización antioqueña, y “el otro lado de la banda” -tal como se suele llamar en términos de ubicación con los campesinos-, espacio geográfico contrario, que en este caso sería Buga y su zona montañosa. Allí hicieron vida marital, él consagrado a su oficio de carpintero fino que utilizaba las mejores maderas, liberal por convicción, tomador de café, y lector de periódicos; físicamente de perfil bien pronunciado con bigote espeso, ojos azules, estatura media, y con la costumbre diaria de no calzar sus pies. Ella dedicada como buena mujer de la época, a los cuidados de la casa con su aseo, la comida, el cuidado de un jardín, y la cría de unas gallinas; sus facciones de cara delgada, nariz puntiaguda, ojos claros, larga cabellera, y seriedad contante. Juntos compartieron hasta que la sentencia divina obró tal cual como fue escrita, es decir, la muerte los separo. Juntos construyeron una vida en el espacio rural y urbano, el primero con consecuencias que pusieron en peligro sus vidas al verse inmersos en la violencia política y partidista, en momentos donde los “pájaros” enruanados con machete y pistola abordo, buscaban a liberales por orden de las cabezas del partido conservador, y la bendición de uno que otro cura para sanar el país de tanta inmoralidad, circunstancia que puso a la familia a dormir algunas noches en compañía del cafetal. En ese compartir, la pareja tuvo ocho hijos: Saulon, Jaime, Mariela, Fanny –madre de quien escribe-,Fabio Gustavo, Rosalba, Rafael y Mercedes; algunos ya grandecitos y otros en pleno crecimiento, fueron los que se quedaron ese día sábado que los abuelos bajaron al pueblo a retratarse.

Después de realizar las vueltas en el centro, vender el revuelto y las gallinas, cobrar por los muebles encargados, y almorzar en la galería, Mercedes y Rafael pagaron un lugar donde bañar sus cuerpos y cambiar sus ropas para quedar listos y asistir al gabinete fotográfico. Dirigiéndose al centro de la ciudad entraron tal vez a foto Liner, sitio con mayor reconocimiento en asuntos fotográficos, estando allí, tomaron asiento y esperaron su turno de entrada al amplio cuarto decorado con cortinas de diversos colores, luces, trípodes, y una cámara Zeiss Ikon de fuelle antiguo con placa de vidrio, un lente y un filtro; tras de esta, un distinguido caballero de bata blanca que tenia el control de decorar y ubicar a sus distinguidos clientes, en este caso la pareja bien vestida.

Mercedes recogió y dejo partida su cabellera, ubico en sus orejas aretes circulares; su rostro no maquilló y puso en su cuello un hermoso collar que poseía unos tramos más gruesos que otros, de color perla o blanco; su vestido de talle amplio y largo, medio destapado, llegaba al antebrazo en sus mangas, y debajo de sus rodillas, con tela gruesa y delgada que podría a ver sido seda, terciopelo o satín, y de color negro, verde o morado; acondicionó su vestido con enaguas y medias largas; dejo estirada su mano derecha, y con sus dedos sostuvo un bolso señoritero; calzó unas botas de cuero con tacón, brilladas y de cordones, que se cruzaban con su vestido; y así vestida, ubico su mano izquierda sobre las hojas de una planta. Su compañero Rafael tampoco desentonó para la ocasión, organizó su cabello y bigote; puso en su cuello una pañoleta, tal vez de seda y color roja que le llegaba casi al pecho; de fondo, una camisa blanca y sobre ella un saco de paño ajustado de color café; sus pantalones, subidos más allá de su ombligo y de color negro, estaban ajustados con una correa de cuero acomodada hacia el lado izquierdo; sus pies, quedaron sin calzado, costumbre diaria que ni siquiera un retrato con su amada, merecía proteger.

Vestidos y acomodados frente al ojo fotográfico, el hombre de la cámara adorno el espacio con una mata de largos tallos y hojas, y puso a su lado otra de menor tamaño, tal vez convencido de esconder los pies descalzos de su cliente, algo que pobremente hizo. Puestos en su lugar, los flashes de las bombillas hicieron su efecto sobre el punto de foco, Mercedes y Rafael hicieron su mejor postura, abrieron sus ojos y se entregaron a la eternidad a través de esa foto, que en pleno siglo XXI podemos apreciar sus descendientes.


[1]Un relato que mezcla ficción y realidad.

28.11.08

Un poco de inspiración…, no arrebatada


Por: Yamid Galindo Cardona

Hace unos años atrás decidí que la mejor forma de desahogarme ante ciertas situaciones de mi vida cotidiana era escribiendo poemitas, costumbre que se quedó, y que hago para distraerme, en algunos días fluye la creatividad, en otros la hoja en blanco se queda en blanco. Inclusive una vez el médico de cabecera, que es bien familiar, insistió sobre la necesidad de que yo escribiera lo que sucedía con mis dedos y esa dolorosa forma de somatizar, ya que unas bombitas de agua salían, estallaban, picaban, y se laceraban, hasta el punto de mi invalidez para poder utilizar mis manos. La última vez traumática sucedió en el año 2006, ante la mala idea de la directora del Museo la Tertulia de dejarnos sin “prima salarial”, el no pago de la seguridad social, y mi dura pelea con ella a través de mis cartas sinceras, además del proceso de entrega de mi tesis con los tira y aflojes que eso conllevaba, tuve una crisis que se fue directo a mis manos, soportando un mes de tremendos dolores que pude aliviar con medicamentos homeopáticos que como siempre, agravan la situación para luego mejorarla. Brevemente, después de mi recuperación, fui al papel y saque esta pequeña inspiración…., no arrebatada:

Dedos lacerados

¡Ahí están!
Soportando el dolor.
Cada uno representa desde el corazón,
en vía al pulgar,
un hecho particular,
llevado al stress.

Los días pasan,
evolucionan como volcán.
La homeopatía abre piel, brota vino,
cierra y recupera.

Los observo,
me tranquilizo.
Soy el mejor diagnostico.
Causa y solución del hecho.

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Ante el cambio suscitado en la forma de observar a los pacientes por parte de mi hermano médico, decidí otorgarle unas líneas a su valiosa ayuda que directamente ha ido a otros seres humanos muy especiales en mi vida, su cambio, nos sirvió para entender la forma de llevar la enfermedad y asumirla de otra forma, algo que beneficiosamente hemos comprobado; presento el decimo poema de algo que se denomina Líneas de lo Complejo:

X
-a Bernardo, médico y homeopata familiar-

Cambiando la alopatía,
por la homeopatía, sucedió algo.

El conocimiento se transformó,
los diagnósticos se ampliaron,
las consultas se alargaron,
muchos sanados.

La vida tomo otro rumbo,
la práctica fortaleció el espíritu,
introdujo nuevos factores,
atrajo nuevos actores.

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Otro momento va directamente relacionado con una canción infantil, recuerdan esa que dice que al viejo hospital de los muñecos llegó el pobre pinocho malherido, por causa de un cruel espantapájaros bandido que lo atacó, y que llegó con su nariz hecha pedazos etc., y al final le hacen una operación de corazón y le colocan uno de fantasía; pues yo me imagine la historia un poco al revés, hasta el punto que podría considerarlo para mayores de 10 años, eso que dicen para no matar la inocencia infantil, digno de ser llevado al cortometraje por una mente torcida como la de Tim Burton con sus ejemplos de Vincent, Frankenweenie o La Melancólica Muerte de chico Ostra:

Pinocho muerto

Pinocho no llego vivo
al viejo hospital de los muñecos.

Lo están velando,
sobresale en él una sabana blanca,
y estirada al aire.

Es su nariz…,
quedó intacta.

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Asumiendo antes de tiempo la vejes, me puse en posición de muchas personas cuando llegan a los ochenta años, realizando una retrospectiva de esa vida, lo que resulto fueron pequeños escenarios cotidianos que de seguro, a más de uno, nos tocará vivir. Respetando de antemano esa tercera edad que en nuestros países latinoamericanos es dejada a un lado y poco interés se le da, distinto a los países orientales:

Hombre al final de su vida

El hombre dijo a los 81 años:
¡existo, más soy mortal!
Comenzó en forma retrospectiva,
a examinar sus últimos veinte años:

Consiguió un amigo inseparable, el médico.
Decidió ser atleta, sin éxito.
Quedo un espacio deshabitado en su cama.
Le llegaron nietos.
Se enamoro tres veces, de tres desconocidas.
Asistió al entierro de cinco amigos.
Leyó veinte cuatro libros.
Vio repetir al mismo presidente tres periodos.
Sintió la economía crecer y el sueldo decrecer.
Su equipo de fútbol fue campeón en la A, y luego bajo a la B.
Viajo al mar dos veces.
Vio la nieve una vez.
Comió dulces a escondidas, perdió la cuenta.
Hizo colas deprimidas, de pensión asumida.

El hombre dijo a los 82 años antes de morir:
¡existo, más soy mortal!
________________________________________

En una casa del barrio San Antonio de Cali ubicada en vía a la calle 10, entrada a la colina donde otrora se reunía un grupo que se llamaba el Corrillo del Gato Negro; soporté una pequeña experiencia que uno nunca espera a las siete de la mañana tener, un gato cae del cielo a la ventana del cuarto con su connotados ruidos de desespero y angustia ante el golpe llevado y la posibilidad de seguir cayendo, en mi susto opte por salir a buscar ayuda al cuarto del frente para socorrer al pequeño felino, que para rematar era negro, y así acabar mi levantada que se anticipo unas horas:

Gato caído en la ventana
-a Juancho-

Sucedió en la mañana,
el ruido espanto el sueño,
y el maullar trajo el encuentro.

Cinco metros lo separaban del suelo,
asustado no encontraba salida,
pero buscaba su huida.

Los pelos de sus bigotes,
salieron de su linealidad,
cambiaron su imagen,
y lo pusieron en fealdad.

No hubo salida ante el impacto,
perplejo quedó el hombre,
y el miedo angustió su mañana.

La salida se torno discreta,
tocó la puerta a buscar respuesta,
el auxilió llegó pronto,
atrapándolo del lomo.

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Siempre he creído que los zoológicos, de lógicos, no tienen nada. Aunque es una forma de preservar algunos animales que están en vía de extinción; cumpliendo su función –no todos- de preservar estas especies por medio de su reproducción en cautiverio para poder luego reintegrarlos a sus habitas naturales; pero hay otros que se dedican solamente a su explotación por medio de su exhibición como cualquier pieza de museo. Sin más preámbulos, va la última presentación, ya que bastante he dado ante esta loca idea de mostrarles parte de algo escondido, un abrazo a tod@s:

Zoo-ilógico

Detrás de cada barrote, los animales abrazan su tristeza.
En el trasegar de sus días, incrementan su pesadez
bajo el espacio cerrado de sus movimientos vigilados.

Tras el espectáculo diario entregado en su jaula,
los visitantes con niños, jóvenes y adultos,
observan la distante tragedia que cada animal
trasmite con su ida y venida.
¡Un circo legal con visos de humanidad!

Cada animal llegó por un hecho diferente:
víctima de un domador, confiscado en una predio de recreo,
intercambiado con otro zoo-ilógico, o el más natural de todos,
nacido en cautiverio.

Zoo-ilógicamente está reunido
león y cebra, hiena y gacela,
tigre y canguro, águila y guacamaya,
cocodrilo y lechuza, oso y salmón,
tiburón y ratón, serpiente y piraña.

Triste casa hábitat que cambio
la libertad de campo y mar abierto,
por cemento y alimento puesto.
Pero siga, “véalos en su estado natural”,
naturalmente aburridos.

20.11.08

Una historia “para” contar o la violencia que nos toca

¡A los muertos que sentí
y sobrevivientes que toque,
en el conflicto colombiano!

Por: Yamid Galindo Cardona

De un momento a otro comenzaron a llegar familias de campesinos desplazados al centro urbano de Buga, quienes fueron ubicados en uno de sus coliseos deportivos, una forma de gueto que de seguro angustiaba más su situación social. En los inicios de mi carrera profesional de historiador en la universidad, y ante las expectativas sobre que investigar, quise acercarme a esta población afectada y realizar un trabajo con fuentes orales, proyecto que quedo ahí, ante los consejos de algunos compañeros que me hicieron caer en cuenta de lo riesgoso de la situación, más si para el caso personal, yo era oriundo del sitio de albergue. Comenzaba un nuevo milenio y la situación política con el truncado proceso de paz del presidente de turno, en la llamada “zona de distención” de San Vicente del Caguan en el departamento del Caquetá venía en caída libre, con una característica especial de fortalecimiento del conflicto en los tres frentes de actuación, primero, la guerrilla de la FARC ganando territorio y haciéndose fuerte con sus prácticas ante la facilidad otorgada por el proceso que se gestaba y en el cual actuaban pasivamente; segundo, el Ejercito Nacional con su alta inversión presupuestal venida del llamado “Plan Colombia”, ayuda de los gringos para acabar supuestamente con la producción de narcóticos pero que indirectamente era y es utilizada en el conflicto interno; tercero, la derecha política colombiana ganando adeptos de todos los calibres, y parte de ella gestionando grupos Paramilitares en zonas donde la guerrilla era fuerte para incrementar una vez más el conflicto, un resurgir que podríamos denominar tercera violencia, y que una persona como mi papá volvía a vivir en directo.

Nuestra violencia ha traído contradicciones fuertemente marcadas que el espacio de escritura se queda corto para analizarlas, siendo importante resaltar que existen un sinnúmero de investigaciones sobre la temática, iniciando con el trabajo clásico de Orlando Fals Borda, Germán Guzmán Campos y Eduardo Umaña Luna titulado La Violencia en Colombia, pasando por el auge vivido en los ochentas que tildo a estos académicos como “violentologos”, hasta el último trabajo trascendental realizado por el Grupo Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación titulado Trujillo: Una Tragedia que no Cesa, pesquisa coordinada por el historiador Gonzalo Sánchez que durante seis meses recolecto testimonios de los familiares de las 342 personas asesinadas entre 1986 y 1994 en Trujillo, población del centro del Valle del Cauca. Sumado a estos trabajos académicos los colombianos a través de la literatura, las artes platicas, el teatro, la música, la fotografía y el cine, han dejado testimonio de la barbarie, aquella que no cesa y parece aumentar con las últimas noticias venidas de los falsos positivos donde la fuerza pública ha asesinado ciudadanos haciéndolos pasar como caídos en combate, pero claro está, esa noticia ya hace parte del olvido, porque la de hoy, la pone en segundo plano.

En la década del noventa del siglo XX, un escritor decidió entrar en la sucia carrera política colombiana, se trataba de Gustavo Álvarez Gardeazabal quien fue elegido primero alcalde de Tulua, y posteriormente gobernador de su departamento. Tulua, es su ciudad natal y espacio representativo de su obra cumbre Cóndores no Entierran Todos los Días, historia que precisamente retrata el periodo de la violencia partidista bajo la personalidad de un “pájaro” camandulero de alias “El Cóndor” y llamado León María Lozano, personaje que fuera llevado a la pantalla por el cineasta Francisco Norden con la actuación magistral de Frank Ramírez en el año 1983. Recuerdo del escritor político tres situaciones particulares, su franca oposición a la medida de otro presidente de turno que a partir de la baja reserva de agua por motivos del llamado “Fenómeno del Niño” y la disminución de energía hidroeléctrica, quiso contrarrestar la situación con una serie de apagones programados entre el año 1992-1993, adelantando en una hora, la hora oficial colombiana coincidiendo con el huso horario venezolano, la llamada “hora Gaviria” nos puso a madrugar, algo que se sostuvo solo un año debido a la gran oposición de muchos sectores que obligaron al mandatario a recomponer su medida, y a la asidua critica de Gardeazabal que por ningún motivo impuso la medida en su terruño, es decir, Tulua se convirtió en un espacio donde si usted salía, cambiaba su hora;[1] la segunda situación puso nuevamente en contravía a Gardeazabal con el gobierno nacional, esta vez se trataba de la construcción de una escuelita en Ladrilleros –zona de Buenaventura- por parte de soldados norteamericanos, tan buenas intenciones no son creíbles,[2] y el sagaz gobernador se opuso rotundamente hasta lograr su retiro; la tercera situación atañe al objetivo del escrito, en su posición de analista y visionario social y político, Gardeazabal en muchas de sus intervenciones televisivas y radiales se pronunciaba sobre la lamentable situación que vivía el país con las masacres perpetuadas por los paramilitares en zonas tan especiales como el Uraba antioqueño, y ponía el dedo en la llaga advirtiendo que esa situación a más tardar nos tocaría de lleno en las diversas zonas rurales del valle del río cauca, pues así fue.

Llegaron los paramilitares y se instalaron como bloque Calima de las AUC –Autodefensas Unidas de Colombia-, desplazando a gente humilde cuyo único sostenimiento era su trabajo dirigido a la tierra –en pocas hectáreas-, aquella que muchos tienen en cantidades ubérrimas, instalándose en muchas poblaciones que los albergaron. Buga no fue la excepción, ya que su zona montañosa tiene un número alto de veredas y se ubica estratégicamente como paso al departamento del Tolima, zona históricamente dominada por los grupos guerrilleros y que paso a convertirse en espacio de ida y venida con los paramilitares, donde el mayor perjudicado fue la población civil con un modus operandi que utilizó y utiliza los grupos de llamada autodefensa, llegando a sitios donde han pasado los guerrilleros y actuar allí a través de la intimidación con ejecuciones individuales o grupales, el caso más reconocido del sector fue el ocurrido en el año 2001 y que a continuación presento:

[…] Ese día, hacia las 10 de la mañana, un grupo de entre 20 y 30 miembros del denominado Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) partió de algún cercano a la vereda Buenos Aires con la intención de matar a sangre fría. Vestidos con uniformes camuflados, con los rostros cubiertos por pasamontañas y armados y armados hasta los dientes, los hombres de las AUC iniciaron una travesía de seis horas por la zona rural de Buga. Más o menos hacia las 3 de la tarde llegaron al corregimiento de La Magdalena, ubicado a unos 15 kilómetros del casco urbano del municipio, y se llevaron a ocho personas. La mayoría eran comerciantes y tenderos, a quienes les dijeron que tenían que ayudar a levantar un carro de las autodefensas que se había volteado en la vía. En un cruce de vías cercano, los mataron a todos.
Los hombres armados se dirigieron luego hacia la vereda Alaska, a unos 500 metros de donde habían dejado a sus primeras víctimas. Allí reunieron a un grupo de campesinos frente a la parroquia con el pretexto de leerles un comunicado. Les dijeron a los niños que se perdieran, que se fueran para una finca y no salieran. A las mujeres las encerraron en la sede de Aproplan, una microempresa comunitaria donde las campesinas elaboran champúes y pomadas con plantas medicinales. Afuera del salón los verdugos seleccionaron a 14 hombres de los presentes, algunos de ellos habían sido traídos de sus parcelas los alinearon frente a la caseta comunal y les dispararon ráfagas de fusil hasta que no quedó uno solo de pie. Los que no murieron de inmediato fueron rematados con tiros de gracia en la cabeza.
Media hora más tarde los asesinos entraron en la vereda Tres Esquinas, aun kilometro de distancia, donde al parecer asesinaron a otras personas. A continuación se dirigieron a otra área de la vereda La Habana. Allí detuvieron una chiva, en la que viajaban unos 45 pasajeros, hicieron bajar a los hombres, los obligaron a correr y les dispararon ráfagas de fusil por la espalda. A las 4 de la tarde los agresores terminaron su siniestra ronda y desaparecieron. A la morgue de Buga llegaron en total 24 cadáveres, entre los que se encontraban menores de edad y ancianos. Sin embargo, hasta el viernes pasado, una comisión del Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) estaba buscando por lo menos seis cadáveres en otras partes de la zona rural, en los límites con el municipio de San Pedro.
[3]

La vereda donde esta la finca de mi papá se encuentra precisamente en los límites con el municipio de San Pedro, corredor escogido por las AUC para su accionar, sitio donde se presentaron algunos acontecimientos que prácticamente colocaron en la zozobra diaria a los habitantes campesinos de La María, La Primavera, Guaqueros y Los Medios, cuatro veredas que tuvieron como visitantes y vecinos a este grupo paramilitar. Conocedores de la zona, prácticamente realizaron un censo de cada uno de sus habitantes, sabían cuantos bajaban al pueblo y cuantos subían - podría decirse que sistematizaron a la población, por lo que era aconsejable no visitar esos lados, ya que de seguro ibas a ser motivo de registro y duda ante sus ojos-, si eran los mismos o eran nuevas caras; inclusive uno que otro “paraco” se colocaba su ropa de civil y agraciado bajaba en la chiva, un vehículo que en su trayecto dejaba la alegría del campesino por el silencio sepulcral ante tamaño acompañante, pero algo particular sucedía, en el trayecto siempre –por ser la única vía- se iba y venia pasando frente al batallón palacé, así que extrañamente lo que sucedía a pocos kilómetros de este espacio militar en cuanto a violaciones de derechos humanos, pasaba desapercibido.

Ante la nueva situación que se vivía, una especie de secuestro in-voluntario -palabras dichas por don Bernardo un día de conversación dominguera-, muchos vecinos decidieron dejar sus parcelas abandonadas temerosos de un acontecimiento como el vivido en La Habana y sus sitios aledaños, craso error que aprovecharon los “nuevos pájaros del milenio” para habitar esos espacios y dejarlos no muy bien a la hora de su retiro, en particular una casa que tenia línea telefónica, donde el recibo de pago sobrepaso la tasa mensual de dicha familia cuando decidieron regresar, tal vez la mayoría de llamadas fueron hechas al departamento de Antioquia o la costa norte, sitios de donde al parecer eran oriundos la mayoría de individuos, al decir por el acento y los comentarios de quienes tuvieron la oportunidad de encontrárselos.

En este espacio enviolentado[4] pasaron dos situaciones familiares que hoy son anecdóticas, la primera corresponde a la mala idea que tuvo mi hermano de ir en un vehículo a la finca, su acompañante un sobrino, resulta que próximos a llegar a su destino fueron detenidos en un retén de los paramilitares, quienes armados hasta no más poder decidieron preguntar todo lo que se les ocurrió, más de media hora cotejaron informaciones y entendieron cual era el motivo de la visita, no sin antes registrarlos en sus bases de datos y mirar con cierta ganas aquella camioneta que a juzgar por su modelo, se les antojaba bastante amplia para transportarse; conociéndolos como los conozco, sé que el miedo tuvo que ser fuerte, la situación espantosa, y la fortaleza admirable, pero el riesgo corrido pudo evitarse ante lo que se vivía en el momento y los altibajos que un grupo como estos sostienen en el día a día con su accionar, algo que seguro no repetirían si lo pudieran hacer. La segunda situación involucra a otro hermano, la preocupación de mi papá y la angustia del nómada amigo apodado Lucio, como si no fuera poco la visita de aquellos violentos, se sumo la desgracia por efecto de una avalancha que destruyo la carretera, daño que duro bastantes meses antes de ser solucionado, mejor dicho, se fueron primero los “paracos” y la administración municipal con su secretaría de obras públicas no había remediado el problema, este daño de la naturaleza colocaba a los campesinos en situación desventajosa para sacar sus productos a la ciudad, lo que implicaba un gasto extra; para el caso de la finca, el trayecto era largo teniendo en cuenta su posición geográfica en la zona, por lo tanto la yegua de nombre “Leonela” sumaba un esfuerzo físico más con la carga de bananos a lado y lado de su lomo para llegar a su destino, que era un puente acondicionado por los labriegos de la zona para pasar el barranco formado y así ubicar la carga en la chiva respectiva, en una de esas acciones que normalmente se realizaba los viernes en la tarde, a su regreso mi hermano fue abordado por los paramilitares, le indicaron que necesitaban la yegua para un trabajo que significaba un esfuerzo mayor que hombre alguno no podía realizar, así que opto por seguirlos hasta un espacio cercano donde aquellos señores tenían a disposición una res para su sacrificio, animal donado por un ganadero en “agradecimiento por la excelente labor realizada en la región”, como si no fuera poco prestar a “Leonela”, a mi agraciado hermano le correspondió hacerse a cuchillos para cortar la piel del trofeo otorgado y remover vísceras, cortar músculos, y sacar las mejores partes para su consumo, además le correspondía trasportar parte del festín a otro punto de reunión paramilitar, algo así como proveer provisiones de proteína animal por encargo directo y obligado; resulta que desde la finca, a mi hermano se le esperaba desde las 6 pm y no llegó sino hasta pasadas las 10 pm, tiempo en el cual la angustia de Lucio sobrepasaba los límites ante su comprensible miedo hacia los paramilitares, y el pensar que lo peor le había sucedido, angustia que fue pasando a la cabeza de mi papá, más cuando ve llegando la yegua y con ella un hombre completamente ensangrentado de pies a cabeza, la escena no puede ser más terrorífica, algo que se soluciono con el dialogo de lo sucedido y la felicidad de saber que esa sangre correspondía a una res y no a las heridas de su hijo.

Hasta el momento no se ha resuelto la situación vivida con respeto a la incursión de los paramilitares en nuestra región, la impunidad sobresale por lo alto, quedan fosas que descubrir, militares y políticos que enjuiciar, responsabilidades que admitir, aquellas que lejanamente se ven con acciones como la extradición de la cúpula de las AUC por parte del gobierno, lavándose las manos y dejando en la jurisprudencia de un país extranjero la decisión que pudo asumir aquí, así se justifique constantemente ante la determinación tomada, y aquellos personajes oscuros comiencen a testificar desde los Estados Unidos sus delitos cometidos ante la mirada absorta de sus víctimas, aquellas que bajo una ley quedaran no muy protegidas y remuneradas por el estado. Nuestro gran territorio necesita hechos de paz ligados con inversión social, una eficaz reforma agraria, mejor y mayor inversión a la educación y menor inversión a la guerra, negocio redondo de los capitalistas locales que se postulan como presidenciales y ejercen cargos públicos, y nuestro aliado del norte que no desaprovecha la oportunidad estratégica de tenernos bajo su manto de estrellas; el conflicto sigue, pero tranquilos, el sofisma del embrujo con alta popularidad continua.

[1]En esta circunstancia social y política debido al apagón, nace un programa radial llamado “La Luciérnaga” mezcla de ficción y realidad que retrata la actualidad nacional y mundial, que al día de hoy sigue programado en las tardes de lunes a viernes –caracol radio 4 pm-, y que paradójicamente tiene entre sus participantes a Gustavo Álvarez Gardeazabal.
[2]Es obvio que las fuerzas norteamericanas en nuestro territorio no se fueron con esta acción audaz del gobernador, de antemano ya existían en el país bases militares donde ellos han estado y están instalados –rural y urbanamente-, con todo el salvo conducto que su país les otorga al no ser juzgados en un país ajeno al suyo en caso de cometer algún delito, ejemplo de lo anterior son las violaciones a dos mujeres en la población de Tolemaida –la sede de instrucción militar más importante de Colombia- en el departamento del Tolima, por parte de soldados gringos, algo que se quedo en la impunidad, así las pruebas hayan sido contundentes.
[3]Masacre de Buga, octubre de 2001. Ver el informe completo en: http://www.verdadabierta.com/web3/nunca-mas/desplazados/40-masacres/423-masacre-de-buga-valle-del-cauca-octubre-de-2001-
[4] La expresión hace parte de un articulo de Alfredo Molano, quien nos anuncia que Colombia no es un país violento sino enviolentado, ¿por quién?, esa es una pregunta amplia que nos llevaría desde el actual periodo, pasando por el narcoterrorismo, Turbay Ayala, el Frente Nacional, el Bogotazo, la Guerra de los Mil Días, las guerras civiles del siglo XIX, la Independencia, la Colonia y posiblemente la llamada conquista de América, cada uno dará sus razones, ¡entre y escoja!.

8.11.08

Las Mejores Películas del American Film Istitute -AFI’s 10 Top 10, 2008-

A Eugenio Jaramillo,
para que la siga pasando de película.


Por: Yamid Galindo Cardona

Sírvase a degustar un listado cinematográfico, seguro usted ya ha visto más de una de estas películas, tal vez tenga una copia en original o pirata de fácil acceso en este mundo globalizado. Cine que extrañamente es vendido en cualquier calle de nuestras capitales colombianas bajo el sello de “cine arte” un “nuevo género” que se me antoja a popularizado más el cine, claro está que de la mano tecnológica de los reproductores del formato DVD en todas sus extensiones, posibilitando que muchas de las películas que la historia del cine ha entregado, y que un grupo reducido de personas solo tenia acceso a ellas, ahora puedan observarse sin ningún problema económico, ya que la capacidad de adquisición ha aumentado en este orden, así que los coleccionistas reducidos que tenían su archivo fílmico celosamente guardado, ahora pertenecen a millones de personas que tienen en su casa seguramente alguna copia de la película que ni siquiera se ha estrenado, o joyas que antes difícilmente se conseguían. Al revisar su listado de cintas y compararlo con el que a continuación voy a presentar, usted quedara con el antojo de organizar su cinemateca, y sentirse orgulloso –cuando sea el momento- al decir que tiene el top 10 del American Film Institute.

Los gringos acostumbrados a elaborar listados de toda índole no podían dejar a un lado el cine, claro está, con una mejor organización que data del año 1967 en el momento que el presidente Lyndon B. Johnson firmó el tratado llamado National Foundation on the Arts and the Humanities Act. En este tratado quedo instaurado el American Film Istitute, trabajando en tres frentes reconocidos en la actualidad: primero, por elaborar desde el año 1998 un listado de las mejores películas realizadas desde que apareció el cinematógrafo; segundo, por los premios honoríficos que entrega a los personajes más destacados del celuloide estadounidense; tercero, al preservar algunas películas antiguas que se encuentren en riesgo de perderse por su alto grado de descomposición en el soporte fotográfico. Sin más preámbulos, se presenta el top 10 de igual número de géneros:

Animación
1-Blancanieves y los Siete Enanos, de David Hand, 1938.
2-Pinocho, de Ben Sharpsteen, Hamilton Luske, 1940.
3-Bambi, de David Hand, Perce Pearce, 1942.
4-El Rey León, de Roger Allers, Rob Minkoff, 1994.
5-Fantasía, de Joe Gant, Dick Huemer, 1942.
6-Toy Story, de John Lasseter, 1995.
7-La Bella y la Bestia, de Kirk Wise, Gary Trousdale, 1991.
8-Shrek, de Andrew Adamson, Vicky Jenson, 2001.
9-Cenicienta, de Wilfred Jackson, Hamilton Luske, 1950.
10- Buscando a Nemo, de Andrew Stanton, Lee Unkrich, 2003.

Comedia Romántica
1-Luces de la Ciudad, de Charles Chaplin, 1931.
2-Annie Hall, de Woody Allen, 1977.
3-Sucedio una Noche, de Frank Capra, 1934.
4-La Princesa que Quería Vivir, de William Wyler, 1953.
5-Hsitorias de Filadelfia, de George Cukor, 1941.
6-Harry y Sally, Rob Reiner, 1989.
7-La Costilla de Adán, de George Cukor, 1949.
8-Hechizo de Luna, de Norman Jewison, 1987.
9-Enseñame a Vivir, de Hal Ashby, 1971.
10-Sintonia de Amor, de Nora Ephron, 1993.

Western
1-Centauros del Desierto, de John Ford, 1956.
2-Solo Ante el Peligro, de Fred Zinnemann, 1952.
3-Shane, de George Stevens, 1953.
4-Los Imperdonables, de Clint Eastwood, 1992.
5-Red River, de Howard, Hawsk, 1948.
6-La Pandilla Salvalaje, de Sam Peckinpah, 1969.
7-Butch Cassidy and The Sundance Kid, 1969.
8-MacCabe and Mrs. Miller, de Robert Altman, 1971.
9-La Diligencia, de John Ford, 1939.
10-Cat Ballou, de Elliot Silverstein, 1965.

Deportes
1-Toro Salvaje, de Martín Scorsese, 1980.
2-Rocky, de John G. Alvidsen, 1977.
3-Orgullo de los Yanquis, de Sam Wood, 1943.
4-Hoosiers, de David Anspaugh, 1986.
5-Bull Durham, de Ron Shelton, 1988.
6-El Audaz, de Robert Rossen, 1961.
7-Caddyshack, de Harold Ramis, 1980.
8-Breaking Away, de Peter Yates, 1979.
9-National Velvet, de Clarense Brown, 1945.
10-Jerry Maguire, de Cameron Crowe, 1996.

Misterio
1-Vertigo, de Alfred Hitchcock, 1958.
2-Chinatown, de Román Polanski, 1974.
3-La Ventana Indiscreta, de Alfred Hitchcock, 1954.
4-Laura, de Otto Preminger, 1944.
5-Tercer Hombre, de Carol Reed, 1950.
6-El Halcón Maltes, de John Huston, 1941.
7-Intriga Internacional, de Alfred Hitchcock, 1959.
8-Terciopelo Azul, de David Lynch, 1986.
9-La Llamada Fatal, de Alfred Hitchcock, 1954.
10-Los Sospechosos de Siempre, de Bryan Singer, 1995.

Fantasía
1-EL Mago de Hoz, de Víctor Fleming, 1939.
2-El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, de Peter Jackson, 2001.
3-¡Que Bello es Vivir!, de Frank Capra, 1947.
4-King Kong, de Merian C. Cooper, 1933.
5-Milagro en la Calle 34, de George Seaton, 1947.
6-Campo de Sueños, de Phil Alden Robinson, 1989.
7-Harvey, de Henry Koster, 1950.
8-Groundhog Day, de Harold Ramis, 1993.
9-El Ladrón de Bagdad, de Raoul Walsh, 1924.
10-Quisiera ser Grande, de Penny Marshall, 1988.}

Ciencia Ficción
1-2001: Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick, 1968
2-Guerra de las Galaxias, de Georges Lucas, 1977.
3-E.T, de Steven Spielberg, 1982.
4-La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, 1971.
5-The Day The Eearth Stood Still, de Robert Wise, 1951.
6-Blade Runner, de Ridley Scott, 1982.
7-Alien, de Ridley Scott, 1979.
8-Terminator 2, de James Cameron, 1991.
9-Invasion of the Body Snatchers, de Don Siegel, 1956.
10-Volver al Futuro, de Robert Zemeckis, 1985.

Gangster
1-El Padrino, de Francis Ford Coppola, 1972.
2-Goodfellas, de Martín Scorsese, 1990.
3-El Padrino 2, de Francis Ford Coppola, 1974.
4-White Heat, de Raoul Walsh, 1949.
5-Bonnie and Clide, de Arthur Penn, 1967.
6-Scarface, de Howard Hawks, 1932.
7-Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, 1994.
8-El Enemigo Público, de Willian A. Wellman, 1931.
9-Litle Caesar, de Mervyn LeRoy, 1931.
10-Scarface, de Brian De Palma, 1983.

Dramas de Tribunal
1-Matar a un Ruiseñor, de Robert Mulligan, 1963.
2-Doce Hombres en Pugna, de Sidney Lumet, 1957.
3-Kramer vs Kramer, de Robert Benton, 1979.
4-El Veredicto, de Sidney Lumet, 1982.
5-Cuestión de Honor, de Rob Reiner, 1992.
6-Testigo de Cargo, de Billy Wilder, 1958.
7-Anatomia de un Asesinato, de Otto Preminger, 1959.
8-A Sangre Fría, de Richard Brooks, 1967.
9-A Cry in The Dark, de Fred Schepisi, 1988.
10-Juicio en Nuremberg, de Stanley Kramer, 1961.

Épicas
1-Lawrence the Arabia, de David Lean, 1962.
2-Ben-Hur, de William Wyler, 1952.
3-La Lista de Shindler’s, de Steven Spielberg, 1993.
4-Lo Que el Viento se Llevo, de Víctor Fleming, 1939.
5-Spartacus, de Stanley Kubrick, 1960.
6-Titanic, de James Cameron, 1997.
7-Sin Novedad en el Frente, de Lewis Milestone, 1930.
8-Rescatando al Soldado Ryan, de Steven Spielberg, 1998.
9-Reds, de Warren Beatty, 1981.
10-Los 10 Mandamientos, de Cecil B. DeMille, 1956.

De seguro las personas tendrán otras películas que incluirían en estos listados, creyendo injusto que no este allí catalogada, pero eso también dependerá de que tanto cine haya visto, recordando que “entre gustos no hay disgustos”. La escogencia de estas cintas esta valorada a partir de la historia que ha narrado, su puesta en escena, entre otras; cada una ha dejado imágenes que están en la retina del espectador, aquellas que quiere volver a ver en la movilidad que el espacio cinematográfico ha trasformado, desde un teatro oscuro hasta la sala de un apartamento. La otra posibilidad esta mediada por encontrar en esta guía una opción de acercarse a la historia del cine desde varios géneros, sobretodo en lo que respecta al cine americano, quedando para otra oportunidad una catalogación al cine europeo y latinoamericano. Que les rinda mucho comprando cine para tener este top 10, y si no lo compran, pues simplemente ejerciten la memoria recordando lo que vieron, o sintonicen un canal televisivo. Nos vemos en el próximo rollo.


PD: El canal de tv. MGM estuvo presentando en días pasados el programa dedicado al AFI’s 10 Top 10, 2008, estén en la jugada porque lo repiten.

Fuentes
-http://www.afi.com/
-Revista Kinetoscopio Vol. 18. N°83 / Agosto-Octubre 2008.

3.11.08

El Amplio Espacio Decadente de la Cinemateca la Tertulia u Otro Teatro en Vía de Extinción

Por: Yamid Galindo Cardona


En los años setentas del siglo XX cuando el Museo de Arte Moderno la Tertulia ya era una realidad por las bienales realizadas bajo el trabajo mancomunado de Maritza Uribe de Urdinola y su grupo de colaboradoras (es), así como la colección de obras de arte que empezaban a albergar estratégicamente, bajo el amparo de ese “charco del burro” ya pasado a la historia por la modernidad desastrosa con que algunos administraciones destruyeron ese Cali viejo; momentos donde la ciudad se había internacionalizado por los juegos panamericanos; cuando los ciudadanos se ganaban las congratulaciones de todo el país por cívicos y organizados, y en el fin de semana los jóvenes asistían a los cineclubes locales y un grupo comenzaba a crear lo que conocemos como Caliwood; se les ocurrió a los gestores de la Tertulia construir un escenario para presentar conciertos de cámara y cine, pasaron de alquilar teatros de barrio -ya venidos a desgracia- donde programaban cine, a tener el propio bajo el auspicio de la administración pública, la empresa privada y el trabajo de personas como el fallecido Gino Faccio quien ya tenía una reputación ganada con su participación en la construcción de la plaza de toros de cañaveralejo. Sueño realizable que necesitó de la cooperación de muchas personas para realizar allí diversos eventos representados en lo literario, musical, artístico y cinematográfico, este último sería el que a la postre pasaría a establecerse como espacio principal durante la semana, con una programación regular que hasta el día de hoy se mantiene, si es que ese “hoy” merece tenerse en cuenta.

La llegada refrescante de Ramiro Arbeláez a la Cinemateca la Tertulia unos años después de ser fundada, trajo su ya ganada experiencia en el Cine club de Cali, algo que posibilitó un trabajo encomiable que puso la sala entre las preferidas del público caleño por la programación y aspectos de exhibición, creándose un nuevo espacio social en dónde ver lo mejor del cine mundial y sus estrenos, con ciclos retrospectivos y un trabajo de amplitud inmejorable en talantes informativos y de atención a la clientela cinéfila experta y en formación, era su hoja de ruta; trabajo que entraba en pleno circuito con otras salas a nivel nacional que tenían experiencia o comenzaban a ganarla, caso de la Cinemateca Distrital de Bogotá. Esta época que recogió los años setentas y parte de los ochentas es la más fructífera y recordada, porque lo que siguió después de la salida de Arbeláez fue una breve colaboración de Luís Ospina, Julián Tenorio y su actual director Eugenio Jaramillo.

Ese impulso de la Cinemateca la Tertulia ganado desde su exhibición y bajo la dirección de Arbeláez, sigue su camino hasta mediados de la década de los noventa, cuando comienza su declive manifiesto en asistencia de público y divulgación, altibajos que cada vez son más bajos por la nula preocupación de quien la dirige y la persona que maneja las riendas de la institución en sí, la señora María Paula Álvarez. Cada vez la sala es un desierto de 300 sillas -algunas dañadas- bajo el amparo de una imagen borrosa en uno de sus proyectores; el pequeño punto publicitario en la pagina de eventos del periódico donde salía se perdió, y eso que la directora hace parte de la familia que maneja dicho diario; la pronta conversación y ayuda cinéfila se ha esfumado con la destitución arbitraria del portero en el año 2007, conocido caso que en su momento llego a oídos y estuvo en boca del medio cultural de la ciudad, por razones sospechosas de su despido; este puesto de trabajo ahora lo ocupa y realiza el vigilante de turno, aquel que contratan para realizar otras labores y deja descuidado el espacio asfaltico de nuestro antiguo charco, que valga anunciarlo, se le hace muy grande para ocuparlo.

El amplio espacio decadente que ya el público no ocupa con su presencia en la sala oscura de la Cinemateca al Tertulia, viene determinado por la falta de atención de la directora del Museo a quien de seguro poco le preocupa lo que sucede con este espacio de la cultura vallecaucana y trascendentalmente nacional; nada le importa a esta ficha de autoridad las necesidades que surgen en el día a día, tal vez porque considera todavía que ese es el “elefante blanco” que camina y camina y no cae, pero que el día que caiga sacará las mejores razones para explicar y enredar a sus escuchas diciendo que era necesario cerrarlo porque ya no iba gente y que era insostenible por la alta carga laboral de su operador y vendedora de boletas; y si eso sucede –que ojalá no sea así-, la directa responsable será ella, por su falta de preocupación hacía la sala en aspectos como la programación, la publicidad y las ideas, tal vez esta última es la que más les falta a María Paula Álvarez como directora del Museo la Tertulia y a Eugenio Jaramillo como director de la Cinemateca; en época de crisis hay que ser recursivos así se muera en el intento, algo que poco apuestan en la practica los sujetos mencionados, tal vez esperan y esperan el momento donde no dará más el espacio, tal vez perciben que sucede pero no quieren hacer nada, así tengan mucho que hacer. Señor lector, esté alerta porque tal vez en unos años veamos la Cinemateca la Tertulia cerrada, convertida en un salón alquiler de despedidas, fiestas y espectáculos, o en parqueadero: “Adelante, pase que hay cupo”, cupo que habitaron muchas personas durante más de treinta años sentados, complacidos, riendo, llorando, gritando, aplaudiendo y en últimas viviendo.

Se espera que la Cinemateca la Tertulia salga adelante con la organización de la red nacional de salas alternas Kayman que coordina el laborioso Jorge Mario Duran, tal vez con esta intervención se salga un poco de la decadencia, amanecerá y veremos. No dejemos que uno de los patrimonios culturales más importantes del país caiga en desgracia, que no se convierta en una sala donde solo los recuerdos sobrevivan, más bien exijamos que nos digan que se va hacer para sacarla adelante y realizar las mejoras pertinentes que la saquen de ese declive en que se encuentra, el mismo que se experimenta en la noches de libertad de aquellos vendedores y consumidores de alucinógenos que en alto porcentaje se han tomado los alrededores y han alejado aquellos transeúntes que veían en la rivera del río y el museo, un sitio de descanso. No permitamos que la Cinemateca la Tertulia haga parte de ese circulo exclusivo que un cinéfilo denominó Sociedad de los Teatros Muertos.