17.6.10

El eterno retorno de la capucha y la piedra

Por: Yamid Galindo Cardona.
Las universidades públicas colombianas poseen en su amplia gama de estudiantes un sector que se distingue por la beligerancia a través de la capucha y la piedra, dos elementos muy simbólicos que significan una de las formas de protesta en contra de alguna medida gubernamental, universitaria o por el contrario la celebración de algo trascendental que los ha marcado como grupo: la muerte de un líder estudiantil, el aniversario de “x” personaje, el día del estudiante revolucionario, etc. Esconder el rostro es un acto de invisibilidad hacia su oponente interno y externo dentro de una universidad o por fuera de ella, es el miedo al reconocimiento por las razones de seguridad que eso implica por adoptar una posición de protesta con su adversario natural, la policía y su grupo especial de retención que distinguimos como ESMAD. La piedra o “roca” como le llaman algunos entusiastas estudiantes, es el arma esencial para iniciar la batalla callejera, además de las “papas explosivas”, aquellas que estruendosamente avisan al resto de la comunidad universitaria que nuevamente se presenta la protesta estudiantil, lo que supone en muchos casos abandonar lo que se esta haciendo y evacuar la universidad. Algunos estudiantes, sobretodo los primíparos, deciden asistir desde una distancia aceptable, a las idas y venidas de la lucha, espectadores del conflicto, se convierten en actores principales cuando los policías deciden ingresar unos metros y corretear a sus oponentes, así que los ávidos espectadores emprenden igualmente huída, soportando el acecho, y la incomodidad de los gases lacrimógenos que lastiman los ojos y la garganta, y así sucesivamente cada semestre, se presentan estos actos que a muchos incomodan y a otros –muy pocos- les gusta; conflicto universitario que se convierte generalmente en urbano, y que ha dejado muertos, detenidos, vandalismo y sobretodo incomodidad en aquellos que piensan en otras formas de asumir la protesta.

Cada semestre la Universidad del Valle trae el eterno retorno de la capucha y la piedra, algunos observan esta posición como una verdadera forma de hacerse sentir ante los problemas más básicos que surgen con la institucionalidad, otros lo asumen como un medio que agrede al resto de la comunidad que se aparta de este grupo minoritario que resalta consignas de grupos subversivos venidos a menos; pero también se percibe la aceptación de estos movimientos, y se asumen como parte de la cotidianidad universitaria, así sus acciones estén por fuera de las formas primarias de solucionar y asentir una posición. En esta universidad se presentaba y tal vez se presenta, una característica con el conflicto de los estudiantes encapuchados, la elección del jueves después de medio día como espacio para el acto “sublime” de salir en grupo a parar el transito, lanzar consignas y esperar a que su adversario se presente, si es que ya no los espera atentos y listos para responder, arrancando la faena de ataques mutuos que puede extenderse la tarde entera, bajo el lente noticioso que seguro en las horas de la noche, hará eco de lo sucedido; este día tan especial hizo que fuera no muy propicio para recibir clases, por la constante perdida de estas, y el no cumplimiento del programa propuesto, así que mucho profesores vieron y ven con mal ceño, que les programen este día y en la tarde un curso.

Entre los años 2005-2006, el artista plástico y profesor de artes visuales y estéticas de la Universidad del Valle Rosemberg Sandoval, sorprendió a la comunidad universitaria con algo que el título dibujo textual –múltiple y de distribución gratuita- que traía como firma Brigada de Corrección Moral, un pliego de papel que trae en su contenido el pensamiento del artista con respecto a la acción de los estudiantes con el “tropel” desproporcionado que se efectúa en la vía principal para acceder al centro universitario, el texto dice:

…El lanzamiento de las papitas explosivas, y para nadie con exaltación de gesto, aquí en la Universidad y allí sobre la avenida Pasoancho, me parece manierista, sobreactuado, tímido, tierno, y obediente. ¿Para qué jugar al terrorismo en un país sin Estado, con mucho miedo, abnegado y en guerra como Colombia? ¿Y por qué vomitar obviedades bizarras en nuestro lugar de investigación, trabajo, comunicación y cofradía? Manchar con aerosol a estas alturas la Universidad, es tan elemental y fácil como hacerlo en la casa donde habitamos o encima del vestido de nuestra mamá, pues esas imágenes fatigadas y con pasado dilatado ya no dicen nada. ¿En dónde está la poética? Si esas acciones fuesen ejercicios de arte, hechos en un taller de performance, les criticaría a mis estudiantes la falta de homogeneidad entre tratamiento e intención, y les haría ver la incoherencia entre el discurso y el método utilizado. Pues uno de pobre no puede darse el lujo de cometer errores, y los cadáveres de clase baja cada vez serán más y más callados.
Como artista, como profesor del Departamento de Artes Visuales y Estética de la Facultad de Artes Integradas, y como ciudadano, he sido testigo, como muchos de ustedes, de la pasión, muerte, y deterioro moral de nuestro bello país, legitimado por los medios carroñeros y reforzado desde los años ochentas por la mezcla nefanda de la delincuencia común, paramilitares, guerrilla, narcotráfico, Estado, Iglesia y su cola de cristianismos de fe, esperanza y caridad, que celebran, asienten, alimentan y gerencian todo ese mierdero (el gran negocio). ¡Ah claro! Y todos esos grupos de exterminio están activados y muy conectados entre sí por su gusto cursi, ultraconservador y fervorosamente proimperialista. Recuerden que los Estados Unidos fabrican cinco de cada diez armas que se disparan en el mundo, y Colombia es uno de los mayores consumidores de esas armas; es decir, que ellos además de intervenirnos con sus multinacionales, incluida CNN, lo hacen también filtrándose en nuestras Fuerzas Armadas, que funcionan como extensión del Pentágono y además se cagan de la risa viéndonos caer políticamente, económicamente, físicamente, culturalmente y moralmente. Colombia malgasta en guerra 385.000 pesos por segundo, 12 billones de pesos anuales. Si uno lucha, debe hacerlo con inteligencia y con güevas, y en el tiempo y lugar que debe ser. Una acción política puede convertirse en una obra de arte, como la que ocurrió en enero de 1979 cuando 350 presos del IRA que se negaron a llevar ropa de presidiarios y a bañarse diariamente dentro de la cárcel de Maze, en Irlanda del Norte, decidieron orinarse en el piso y embadurnar con sus excrementos las paredes y el cielo raso de sus celdas. Esta acción, hecha en privado, puede situarse como una maravillosa performance –instalación de sobrevivencia del siglo XX. O un reconocimiento histórico puede convertirse en fetiche como el que hizo el Museo Nacional de Bogotá a la tolla amarilla de Tirofijo, que de manera impecable se exhibe en una vitrina de una de las salas del Museo (ese trapo amarillo, especie de sudario, impregnado de historia no oficial, condensa la utopía de un campesino colombiano, un Simón Bolívar contemporáneo, que con su vida y sudor puso en crisis todos los aparatos de poder de la nación, y ha visto desfilar y morir a muchos presidentes y ministros norteamericanos). O la del 11 de septiembre de 2001, en donde la insurgencia suicida perversamente religiosa y de la mano de la CIA, le demostró al mundo como se hace un “estudio” para una obra de arte en vivo; o mejor, como se ejecuta un bello comentario vaporoso y recontextualizado de Guernica de Picasso y cómo se intensifica y agita Splitting, de Gordon Matta-Clark.
El Arte esta por encima de las ideologías, las certezas y la condición socioeconómica; va más rápido que la sociedad y tiene un filo de libertad y de actitud política. Es expresión y construcción de una realidad imantada de valor moral. Se reelabora a partir de la historia y se recapitula en nuestro contexto, sin ser historicista. De alguna manera el Arte transpira el lugar donde se elabora y con su carácter pedagógico de salvación y orfandad es lo único que nos permite convivir con la barbarie, con la indigencia, con la locura y con la muerte. El tiempo es lo único que nos puede des-hacer. Hacer Arte desde la marginalidad y con la marginalidad es mi único delito.

La obra de Rosemberg Sandoval hay que asumirla como una posición intelectual de alguien que se ha sentido afectado e involucrado con las acciones del grupo de “capuchos”, asume desde su campo artístico y académico una acción textual exhibida en las paredes para que otros se involucren a través de la lectura y se sientan de acuerdo o no con su reflexión, cargada de elementos artísticos, históricos, políticos y sociales, partiendo de la actividad que él denomina “lanzamiento de las papitas explosivas”. Esa acción del artista puede ser asumida por otros académicos a través de comunicados y posiciones con respecto a la constante del tropel semestral, sin embargo en algunos casos la intimidación y el miedo interno ante la situación, puede socavar la intención de asumir una postura por los extremismos y dogmatismos que existen en estos invisibles personajes que se esconden bajo la mascara de la insurgencia interna universitaria.

Es necesario la realización de una investigación sobre el movimiento estudiantil en la universidad y sus formas de lucha, las más sublimes y las más grotescas, si es que existió un movimiento estudiantil en sus años de existencia, o solo olas de buen trabajo político; ahí en ese contexto investigativo, se podrían definir muchos factores del por qué con el trasegar de los años y semestres de estudio, ese eterno regreso de reivindicar luchas se presenta bajo la simbología del “hombre invisible” bajo un pasamontañas, las arengas subversivas, las papas explosivas y finalmente la más antigua de las armas, una piedra.





7.6.10

Sicaresca televisiva


Por: Yamid Galindo Cardona.

Asistimos a un periodo lleno de sicaresca televisiva, los últimos años y los que vendrán con un nuevo canal televisivo, aplicarán la formula del rating retratando una realidad colombina que deja muchos extraditados al país del norte, muertos, y una economía paralela e ilegal por medio del narcotráfico. Los dos canales privados del país, a través de sus guionistas que adaptan libros popularmente aceptados, nos anuncian que el sicario y delincuente colombiano tiene un espacio, retratando la cotidianidad de algunas regiones con hechos reales y de ficción, dos factores que enganchan al televidente que seguro tiene, ha tenido o conoce a alguien que estuvo involucrado con el dinero fácil, la opulencia y por último la decadencia reflejada en una tumba en Colombia o una cárcel en Estados Unidos, ya que la máxima publicitaria de unos años atrás que decía “también caerán” se da tal cual con cada narcotraficante que salta a la palestra pública y es perseguido por el estado.

Sin Tetas no hay Paraíso, El Cartel de los Sapos, El Capo, Las Muñecas de la Mafia, Rosario Tijeras, entre otras, han ocupado la expectativa del ciudadano en horarios que llaman triple A, después de la andanada de noticias de las 7 pm., que por lo regular traen las mismas informaciones con personajes diferentes: el político de turno corrupto, el accidente vial, la violación de hoy, el extorsionista capturado, el falso positivo descubierto, el militar enjuiciado, los goles de futbol refritos, las modelos con la noticia de farándula etc. En medio de la “picaresca” que le imprimen nuestros actores a sus papeles representados, descubrimos el chiste rápido y cruel, y hasta gozamos con estos personajes, pareciese que la crueldad pasa a un segundo plano, y estos ciudadanos llamados traquetos, lava-perros, entre otros apelativos, son los nuevos héroes del siglo XXI que bajo la ilegalidad logran lo que desean e indirectamente mandan un mensaje para muchos jóvenes que incautos asumen que esa es una posibilidad atractiva, rápida y chévere para escalar socialmente, tener una gran casa, el último modelo de carro, y una “chimba de vieja”, a la cual seguro, le aplicaran los arreglos pertinentes por medio de la cirugía plástica en cara, tetas y culo; en resumen, una vida plástica, fácil y peligrosa en el intrincado circulo de la “cosa nostra” regional y local, la cual obviamente tiene otra escala desde las esferas gubernamentales, como por ejemplo un ministro de gobierno y justicia cualquiera, de un país cualquiera, que tiene un hermano delincuente que fue fiscal y esta siendo procesado por sus relaciones con ciertos delincuentes.

La sicaresca televisiva para algunos es una clara apología al delito, que no aporta al sentido educativo que la pantalla chica debe tener, que desinforma, y envía un ejemplo nefasto al televidente que asume –en algunos casos- como receptor la obra que le ofrecen, una posibilidad atractiva que algunos de sus conciudadanos han vivido: el delito y el asesinato como negocio, la ilegalidad como algo legal ante las faltas de oportunidades que este país ofrece, y que la sociedad soporta, acepta y convive, ya que hace parte de la cotidianidad de la esquina, el barrio y la ciudad en sus circuitos más específicos y obligatorios. Para otros, es necesario que nuestro conflicto en todas sus vertientes, tenga formas de representatividad para no olvidar y conservar en la memoria colectiva la historia del país, por eso el arte desde la plástica, el teatro, el cine, así como la literatura, las ciencias sociales, y los mismos medios de comunicación como la televisora, se convierten en espacios importantes y claves para que estas manifestaciones oprobiosas se muestren, y las generaciones actuales y por venir se den cuenta lo que ha sucedido, para que no se olvide y “tal vez” nunca copiemos ese pasado; sin embargo hay que anotar que la crítica fundamentada es importante para entender lo que nos presentan, siendo necesario que se obligue a los canales televisivos un horario extra donde se le indique al espectador la obra programada, con debate y participación ciudadana, algo muy difícil porque la reglamentación interna de estas empresas y su lucha por la pauta y el rating, no lo posibilita, siendo el único espacio eso que conocemos con el título de “defensor del televidente”, un programa que se ubica en la parrilla con horarios extremos para el gran porcentaje de observadores -después de media noche-, perdiendo su sentido, ya que allí los televidentes envían sus quejas sobre lo que les presentan, y el director, o sus productores entran a recusar las dudas y observaciones que les remiten.

El delito filmado ha sido una constante en la historia del cine y la televisión, es una formula exitosa por el gusto que desata en sus seguidores y lo que genera para sus productores en el ámbito de la producción, lo que resulta en dividendos económicos y de exportación, otro punto que sus detractores ponen sobre el debate por “la imagen negativa que se muestra del país”. Entramos entonces en un género televisivo y cinematográfico que no dejará de contar historias sobre sicarios, narcotraficantes y el conflicto armado, asumiendo que la gente le gusta verse reflejada en este país que basa parte de su economía en la coca hecha polvo. Estamos lejos de una solución a ese mal endémico de la producción, exportación, y consumo de este alucinógeno, es un hecho que el procedimiento del estado colombiano con la colaboración de los Estados Unidos y el llamado Plan Colombia ha sido un fracaso, se insiste con fumigaciones, controles aeroportuarios, marítimos, y persecuciones policivas, y la guerra contra las drogas sigue igual, con más narcos y consumidores, recordando que siempre que se captura un jefe de la mafia, este tiene su reemplazo en la estructura y así sucesivamente, algo muy particular que tiene inclusive su sección en el programa radial La Luciérnaga titulado “DEA Airlines, te lleva seguro, seguro te lleva”, cuando el estado envía al país del norte uno de los nacionales pedido en extradición.

Nos guste o no, la sicaresca televisiva hace parte de nuestra cultura, cada uno por el morbo que le produce, así no sea de su preferencia, se asoma para observar e identificar factores que se le hacen familiares, algunos se enganchan otros abandonan, pero en el diario vivir es posible escuchar a la gente del común comentar el último capitulo y tal vez reír o asentir alguna experiencia con respecto a esa realidad denominada narcotráfico.

PD: En Bogotá, en el Museo de la Policía Nacional –que es un hermoso edificio restaurado-, existe un salón dedicado a Pablo Escobar y los carteles de la droga, inclusive se puede observar un modelo a escala de este personaje con la ropa del día de su muerte, y su larga barba.

31.5.10

Apostillas post-electorales

Por: Yamid Galindo Cardona.

Hace rato tenía definido quien iba ser mi candidato a la presidencia de la República de Colombia, y también, hace rato, sabía que no ganaría, tal cual como sucedió; así que el “dolor” post-electoral después de conocer rápidamente los resultados, fue leve, pausado y reflexivo. El candidato del establecimiento tenía a su favor la bendición de un hombre añejo de ocho años que con su popularidad no dejaba de dar visos de aceptación, actuó y actuará mientras se presenta la segunda vuelta, como jefe de campaña sin serlo en la práctica, ya que diariamente tiene los micrófonos abiertos de diversas emisoras donde puede desplegar su pensamiento sobre la actualidad política y lo que según él, le conviene al país, con un claro sesgo partidista de continuidad en la persona que obtuvo su bendición, después de perder ante las instancias judiciales su tercer intento de quedarse en el poder. Y a fe que le salió la táctica, gano su ficha, y él posa como un demócrata que no violo su fuero de primer mandatario, y la procuraduría muda, tal cual como se le fue encomendada la tarea, aquella que si hizo con ese sospechoso remedo de político que gobernaba al Valle del Cauca y que se cayó por un pre-candidato godo. Igualmente, el aparataje de la era Uribe estuvo al servicio del candidato “iluminado”, para el menos analista de los colombianos, que son la gran mayoría, fue claro que los programas gubernamentales como familias en acción estuvieron a la orden del candidato bajo el miedo de ser un subsidio que podría quitarse en caso tal que el candidato ganador fuera otro; o igualmente, algo que correspondería a otro análisis, los mensajes subliminales aparecidos con una gran carga publicitaria del miedo, venida del Ministerio de Defensa en los últimos meses, y presentada en medios televisivos y radiales.

Ganó Santos, y esa es la realidad con la que muchos colombianos no están de acuerdo, sobretodos aquellos que le apostaron al “cambio” con Mockus, los que se insertaron en esa moda política llamada ola verde, donde los girasoles unos días atrás parecían florecer y florecer con las encuestas que le daban un gran porcentaje, y que algunos se atrevieron a denominar como voto de opinión, pero que al día crucial quedo en ascuas ante la contundente victoria del arfil estatal. El tercer candidato, feliz ante su posición, acentuó sobre su eficacia en los programas que propuso, denunciando las encuestas que lo daban como uno de los grandes perdedores, y tal vez abriendo el camino para buscar una coalición con el ganador, recordando que Vargas hizo parte y apoyo con mucha energía el gobierno que nos deja en sus primeros cuatro años, así que su vena uribista volverá a tener sangre burocrática por medio de la inyección santista. La cuarta posición en esta competencia electoral, le correspondió al polo opuesto de la derecha, con un Petro brillante y atemorizante para algunos, con un partido político que parece en sus entrañas esta dividido, y mal representado en la capital del país con su gobernante, algo palpable al medir el número de electores obtenidos en Bogotá; me atrevería a afirmar que la victoria es más personal por la figura que presenta Gustavo Petro, que por lo que representa la izquierda política en Colombia.

Al partido conservador y liberal en representación de la camaleónica Nohemí y el parco Pardo, les fue mal, y se escucha entonces que los partidos tradicionales están en franca decadencia, y van a su inminente desaparición, una gran mentira que seguro con el tiempo se podrá corroborar, ya que ellos, y sus “animales políticos”, pertenecen todavía a la fauna gubernamental, y seguro con acuerdos y negociaciones llegarán a las toldas ganadoras. El resto de candidatos poco fueron expuestos publicitariamente, y ajenos al aparataje político, pasaron desapercibidos y sus votos poco cuentan en el mapa político que desde el 7 de agosto de este año se abrirá paso.

Es importante advertir que estas elecciones estuvieron marcadas por la determinación de muchas personas en asumir posiciones políticas sin tapujos, un ejemplo palpable fueron las diversas redes en la internet, allí observé invitaciones y debates que pasaron a otros ámbitos, esperando que los implicados no queden enemistados por asuntos políticos y doctrinarios en cuanto a sus posiciones y las formas de entender nuestro acontecer nacional desde esta esfera. Las redes fueron sustento para el auge del partido verde y su candidato Mockus, algo que su adversario descubrió a tiempo para entonar su campaña y llevarla al triunfo, claro está, con la sospecha siempre latente de la picardía, descubierta la semana pasada con el apoyo de algunos estudiantes de la Universidad Cooperativa de Colombia bajo la tutela de su rector.

Finalmente, tendremos segunda vuelta, allí veremos el alcance del partido verde y su candidato para cautivar al electorado indeciso y libre de elegir que ya sin su candidato en juego, buscará la mejor opción, recordando que el blanco también lo es; Santos por su parte no bajará la guardia, y con el apoyo del gobierno, su maquinaria, y ese excelente jefe de campaña y debate, seguro vendrá con más ímpetu a su deseo infantil, juvenil y adulto que se instaura en la Casa de Nariño, por lo tanto las columnas de opinión opositoras así como los caricaturistas, tendrán cuatro años más para enfilar sus opiniones y entregarnos posiciones que ayudarán al análisis y comprensión de este país que eligió lo que cree, se merece.

PD: Que la sorpresa se dé el 20 de junio es un anhelo de muchos, así que un maremoto con grandes olas verdes, es la posibilidad de una votación que equiparé y pasé al elegido.





18.5.10

Rusia le dice no al mundial de futbol de 1974


Por: Yamid Galindo Cardona.
En plena guerra fría, Rusia le dice no a la posibilidad de ir al mundial de futbol de 1974, las razones fueron políticas, y crearon un gran impacto en la opinión pública y los aficionados al futbol que esperaban ansiosos el listado final de las selecciones que se disputarían la copa mundial en Alemania 1974. La tradición del deporte de masas es que cada cuatro años los asociados a la Federación de Futbol Asociado –FIFA-, juegan una eliminatoria para clasificar a la ronda final del campeonato que se desarrolla en un país escogido con antelación; en las normas de escogencia –para el mundial reseñado-, se había pactado que el ganador del grupo 9 del torneo preliminar de la zona europea, jugará contra el ganador del grupo 3 de la zona sudamericana -algo que en la actualidad conocemos como repechaje-, significaba la posibilidad de participar de la cita mundialista a través de dos juegos –ida y venida-; precisamente lo anterior le sucedió a la Unión Soviética como representante europeo y a Chile como representante sudamericano. El primer partido se jugó en el viejo continente el día 26 de septiembre de 1973 –a pesar de que el gobierno de la Unión Soviética había roto relaciones diplomáticas con Chile-, precisamente días después del golpe de estado realizado por los militares en cabeza de Augusto Pinochet al gobierno socialista de Salvador Allende; el resultado, un empate a cero que dejaba abierta la fase para cualquiera de los dos equipos, sin saber que los motivos políticos entrarían en juego para evitar que este partido se hiciera en el estadio nacional de Chile.

Ante los sucesos políticos acaecidos por el cambio drástico de gobierno, la FIFA envió una comisión a revisar las condiciones del país para llevar a cabo este evento deportivo, sentenciando que si era factible llevar el partido y definir el clasificado a la justa de 1974, aclarando además que si los rusos no jugaban en Chile y se negaban ir allí, entonces automáticamente quedarían fuera de la Copa Mundial. La Unión Soviética había solicitado a la FIFA que enviará una comisión para verificar las condiciones del Estadio Nacional, además de solicitar un tercer país para llevar el cotejo futbolístico, las razones eran el golpe militar y la utilización del césped y las graderías del escenario deportivo como cárcel de simpatizantes del gobierno derrocado, pero la FIFA insistía que a su organismo no le interesaba las cuestiones políticas o que regímenes imperaban en los países. La nota que la prensa internacional y local publicó, con respecto a la queja del ente deportivo soviético fue la siguiente:

[…] Moscú (Nov. 2) UPI. La Federación Soviética de futbol dijo hoy que la selección no irá a Santiago este mes para jugar el partido de revancha contra el equipo de dicho país y exige que el encuentro sea jugado en una tercera nación. Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el Estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los “patriotas chilenos”, dijo un vocero de la federación. En Zurich, el secretario general alterno de la Federación de Futbol Asociado (FIFA) Rene Court, dijo que una comisión investigadora del organismo mundial había constatado en Chile que se iban a dar las condiciones necesaria para la celebración del cotejo y que si la selección soviética no iba a la capital chilena a jugar el partido de revancha automáticamente quedaría eliminada del grupo de 16 equipos que participaran el año próximo en la serie de finales de Alemania Occidental. La declaración soviética dice que la Federación propuso a la FIFA que el partido se jugara en el territorio de un tercer país pero que la propuesta fue rechazada por la entidad mundial. “La Unión Soviética formula una resuelta protesta y declara que en las condiciones actuales, cuando la Federación Mundial de Futbol, obrando contra los dictados del sentido común permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en territorio chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”. Dice la Federación Soviética que la junta de gobierno de Chile ha convertido al Estadio “en un campo de concentración para torturas y ejecuciones de patriotas chilenos”.

Ante la negativa de la FIFA a los requerimientos de la Unión Soviética, la federación de este país le envió un telegrama el día 6 de noviembre que anunciaba lo siguiente: “Ante esta decisión de la FIFA sobre la realización de un partido que no es aceptable que los jugadores jueguen en Chile, lamentamos que la FIFA no siga los consejos del sentido común y reconsidere su decisión”. Ante la posición de la federación rusa de futbol, se especuló sobre la posibilidad de un boicot de los países de la Europa Oriental clasificados al mundial de 1974, en este caso Polonia y Alemania Oriental quienes por primera vez hacían parte de la elite mundialista en disputa de un titulo; países que sin embargo sentaron una posición de apoyo al seleccionado ruso, sin declinar su participación, además de aquellos que todavía disputaban esa posibilidad de asistir al mundial como Bulgaria que defina con Chipre su clasificación. Debido al rumor que surgía en el mundo deportivo con respecto a la participación de aquellos países socios de la Unión Soviética, en la fase final de la copa mundo, y los tira y aflojes del ente mayor y la federación implicada, Vladimir Angerski, secretario de la sección de relaciones exteriores de la Federación Soviética de Futbol, anunciaba que la decisión soviética era independiente de lo que decidieran los países europeos del bloque oriental, además: “Jamás pondremos pie en el estadio nacional de Santiago después de lo que sucedió allí, la Unión Soviética objeta el hecho de que ese campo deportivo fue utilizado para mantener prisioneros por la junta militar de gobierno que derrocó al presidente marxista Salvador Allende”.

Según las noticias internacionales, la FIFA consulto a la federación chilena de futbol sobre la posibilidad de trasladar el partido de futbol frente a los rusos a otra ciudad, por ejemplo Viña del Mar, Arica, Rancagua o Concepción, recibiendo un si; pero ante la negativa de la federación rusa, y cumplidos los plazos para una resolución al problema, se decidió que Chile era la clasificada, noticia que emociono a los chilenos, pero que con justa causa afrontaban como una posición especial que debió ganarse sobre el terreno de juego y la lucha deportiva sin la clara interferencia política e ideológica. La selección de futbol de la Unión Soviética al no participar en el mundial de 1974, corto 16 años seguidos de ser animador de este evento desde Suecia 1958 hasta México 1970, también le represento una multa de siete mil dólares que debía cancelar a la FIFA, y supuestamente una indemnización a la federación chilena de futbol que se veía perjudicada al no recolectar por efectos de taquilla medio millón de dólares. En enero de 1974, todavía Rusia tenía esperanzas de que una nueva resolución de la FIFA le diera la razón, y obligará a Chile a jugar en un campo diferente al Estadio Nacional, pero sus esperanzas se vinieron al piso, ratificando al seleccionado suramericano con una votación de 13 a 5: Hungría, Yugoslavia, Unión Soviética y Finlandia votaron por los rusos; Estados Unidos, Francia, Irlanda del Norte, Senegal, y Alemania Occidental, votaron por Chile.

La selección rusa –CCCP- de gira por Cali jugando contra América
Esperando una solución a su querella, y alejados de lo político, los deportistas que representaban a la Unión Soviética salieron de gira por Suramérica, Colombia no fue la excepción, y claro está, Cali una opción. La idea era que jugara dos encuentros contra los equipos de la ciudad, el día 29 de noviembre frente al Deportivo Cali en las horas de la noche y contra América en día 2 de diciembre en las horas de la tarde, al final solo jugaría contra los “diablos rojos”. Los rusos llegaron el día 27 de noviembre a la ciudad y se hospedaron en el Hotel Aristi, las noticias locales indicaban que se encontraban a gusto en la ciudad, que utilizarían la cancha del Limonar que pertenecía a los verdes para sus entrenamientos, y que además poseían una gran estatura y condición física, algo que pondrían en juego frente al América de Cali y los aficionados que llegaran al estadio del barrio San Fernando.


Llegó el día del partido, y a las 4 pm se dio inicio, Rusia formó con Pilgui, Bukievski, Lorchey, Kaplinski, Kankoy, Andriasian, Dalmatoi, Yebrusijian, Alsanski, Chepel, Anichenko. América por su parte formó a Riggi, Escobar quien fue reemplazado por Carabalí, Bautista, Martínez, Jiménez, Plá, Romero que fue suplido por F. Torres, Ospina, Cáceres, Cuero y Torres que fue cambiado por Cervantes; resultado, una constante actual, perdió América por la mínima diferencia, el gol lo hizo Anichenko a los 2 minutos del segundo tiempo, el cronista Alberto Marulanda, escribió lo siguiente:

[…] El futbol mecanizado con desplazamientos rápidos, pases al vacio, llegadas precisas, se impuso al de picardía, de toque y malicia indígena…, la rotación, juego rápido, fue la principal arma que saco a relucir el seleccionado, ante un América que no pudo organizarse debido a la fuerte marcación a que fue sometida. Ambos equipos practicaron en ciertos pasajes futbol fuerte y con alguna mala intención que debió ser sancionada por el juez central Omar Delgado…, Este primer tiempo fue muy entretenido. Ambas escuadras jugaron a su estilo, aunque el seleccionado mostró una mejor estructuración. Se demostró que los puestos en el campo no están escriturados. La rotación de los jugadores rusos desconcertó en muchos momentos al América. Pero el empate a cero goles al liquidarse la etapa inicial lógicamente beneficiaba a los americanos, que como se anotaba al comienzo no estuvieron como en tardes anteriores…, Ya con hombres frescos, los equipos se organizan y comienza un continuo batallar de parte y parte. América se defendió bien. Rusia contraataco por todos los costados, pero la defensa del América supo controlar las acciones de peligro. La Unión Soviética comprende que no debe esforzarse y comienza a tocar el balón mejor que su rival. Sin embargo, América reacciona y pone en aprietos a los rusos. Cuando el partido en los cinco minutos finales se tornó emotivo dada la forma como estaban jugando los equipos, sobreviene el pitazo final de Omar Delgado, para dar por concluido el cotejo, con triunfo para la selección frente América.

Conclusión
Lo sucedido con la selección de futbol Soviética y Chile a vísperas del mundial Alemania 1974, es un hecho histórico que involucra la política y el deporte, crea cierta suspicacia ante la pregunta: ¿por qué si ya habían cortado relaciones con Chile, y analizaban la situación del Estadio Nacional como un hecho oscuro por ser este espacio un sitio de reclusión y asesinato de civiles, no asumieron una postura radical que incluyera no jugar el partido de ida en Moscú, y solo lo hicieron cuando el resultado no les favoreció? Seguro la posición de la Federación de Futbol Soviética estuvo influenciada y ordenada desde las altas esferas del poder ruso, resaltando que era el periodo Leonid Brézhnev como Secretario General del comité central del partido comunista –PCUS-, tal vez el gobernante, aconsejado por su directorio, opto por asumir una conducta ejemplarizante para el deporte internacional y su bloque político, algo que puso en la opinión publica mundial la situación chilena, pudiéndose considerar el primer acto de protesta internacional en contra de la dictadura militar, aspecto que mediáticamente pudo beneficiar a muchos seguidores de Allende para salvar su vida, y salir al exilio. Finalmente, volvemos a recordar por estos días los mundiales de futbol y sus campeones, los futbolistas con sus jugadas y goles; observamos en las calles y diversos espacios los aficionados comprando láminas para llenar el álbum Panini; la publicidad televisiva nos anuncia que quedan pocos días para iniciar el mundial en el continente africano, sin embargo muchas historias ocultas y por recordar están ahí para ser descubiertas y relatadas para aquellos aficionados a la redonda, así nuestro país este ausente de esa fiesta.

Fuentes
-El País, Cali, sábado 3 de noviembre de 1973. Eliminada la Unión Soviética.
-El País, Cali, miércoles 7 de noviembre de 1973. Chile, noveno clasificado.
-El País, Cali, martes 13 de noviembre de 1973. Autoeliminada la Unión Soviética.
-El País, Cali, viernes 30 de noviembre de 1973. Solo contra América juega URSS.
-El País, Cali, lunes 3 de diciembre de 1973. A media maquina ganaron los rusos.
-El País, Cali, domingo 6 de enero de 1974. FIFA pisoteó normas éticas.
-El País, Cali, domingo 6 de enero de 1974. Confirmada eliminación rusa.
Imágenes
-Selección de la Unión Soviética. -El País-
-América y Rusia en el Pascual Guerrero. -El País- 

11.5.10

Psicosis, una película de 50 años


Por: Yamid Galindo Cardona.
Andre Bazin advirtió en L’Observateur el 17 de enero de 1952 –ocho años antes de estrenarse la película Psicosis, y que este no vio por su prematura muerte- que “nadie pondrá en tela de juicio que Alfred Hitchcock es el hombre más hábil del cine mundial; cada una de sus películas es un viaje a las entrañas de la técnica del que regresamos deslumbrados; pero de la misma manera que ante unos fuegos artificiales. Queda por saber si hay algo más”. Y por supuesto que hubo más en el maestro del suspenso, quien ya llevaba muchos años en la meca del cine explotando su especialidad en películas de ambiente policiaco y psicológico, de la cual obviamente Psicosis hace parte con escenas que al día de hoy son referentes en aspectos diversos como el manejo de la cámara, los efectos técnicos y una ejemplar dirección artística. Para algunos críticos este es el primer éxito de A.H, film interpretado por Anthony Perkins como el desequilibrado Norman Bates, quien administra una vieja casona ubicada en una colina que guarda un secreto, el cual sólo al final de la cinta podremos descubrir; Marion CraneJane Leigh- por su parte, es la malograda huésped que llega a hospedarse y sufre una muerte en la ducha de su cuarto, escena inmortal que el cine ha catapultado como referencia para otras producciones. Entran en la cinta dos personajes, un detective privado, y la hermana de Marion, interpretada por otra rubia –una constante en las obras de A.H.- Vera Miles, quienes ayudarán a desentrañar al misterioso asesino, a partir del horror y el suspenso que se eleva a un clímax especial en la historia, acompañado por una excelente banda sonora realizada por Bernard Herrmann.

La película fue estrenada el 16 de junio de 1960 en los Estados Unidos, y parece que el segundo país que tuvo este privilegio fue Brasil el 25 de agosto del mismo año. A pesar de que estuvo nominada a cuatro premios Oscar, no logro ninguno de los galardones; y como muchas obras del cine mundial, tuvo tres partes más –Psicosis II -1983-, Psicosis III -1986-, Psicosis IV El Comienzo- la última en el año 1990 para la televisión, todas interpretadas por Anthony Perkins quien igualmente dirigió la tercera parte. Tuvo un remake en 1998 dirigida por Gus Van Sant, hecha a color y fiel copia de la primera versión, lo que fue considerado por los críticos como innecesaria y de poca efectividad cinematográfica para el público de los noventas; también existen dos versiones, una titulada Bates Motel del año1987, y A conversation with Norman del año 2005, las dos recogen particularidades de la obra original de A.H.

En Cali Psicosis –distribuida por la Paramount- se estreno el 1 de enero de 1962 en el Teatro Aristi que hacía parte del circuito Cine Colombia, en tres horarios 3:15, 6:15 y 9:15, con un valor por boleta de tres pesos. Días antes, los avisos de prensa con la programación cinematográfica, ubicaba la imagen de Alfred Hitchcock con su perfil característico y el brazo izquierdo estirado con la siguiente leyenda firmada por él: “No le permitiremos defraudarse a si mismo. Para gozar plenamente de la película Psicosis es imprescindible verla comenzando por el principio. Por lo tanto, no podemos permitir que nadie, absolutamente nadie –ni siquiera el hermano del administrador del teatro- entre a la sala una vez comenzada la proyección de la película”. Con respecto a este anuncio, Boris Izaguirre narra que para la película A.H. diseño un tráiler y una campaña de promoción muy especial: “él mismo paseándose por las inmediaciones del motel y de la casa. Dentro de las habitaciones, su rostro devuelve deleite y morbo. Cuando está en el mítico baño pareciera contener en sus labios un goce indescriptible. Mientras va del motel a la casa lo hace con un agilidad impropia de su físico, a veces corriendo con las manos blandas como una inmensa gallina desbocada. El anuncio culminaba con una advertencia del propio director: “nadie podrá entrar a esta película pasados cinco minutos”. Una estrategia, ésta, que se emplea en los teatros, adonde no se puede acceder una vez empezada la función, pero que en una película no deja de ser una imposición, porque el espectador de cine es irreverente y déspota. Hitchcock sabía qué armas poseía para imponerse a su propio espectador: el tono y la velocidad con que en Psicosis se van quemando etapas y se va esparciendo el poder de Bates y su universo” (págs. 137-138).

Psicosis exhibida en el Cine club de Cali
En el listado de las diez películas con mayor asistencia al Cine club de Cali, Psicosis ocupa el primer lugar, con un asistencia 1106 personas; para dicha función fue entregado un boletín dividido en tres partes: Información sobre Intriga Internacional; Psicosis y la filmografía de Hitchcock, del film que representa un icono especial dentro de la actividad realizada por el Cine club, se incluyen una conversación entre los cineastas Francois Truffaut y Alfred Hitchcock, cuya traducción del ingles fue realizada por Andrés Caicedo y Javier Cardona, al inicio se sugiere la importancia de que la lectura del texto se haga después de vista la película; el documento, que se extiende en 6 paginas tamaño oficio, trae consigo muchas ideas en torno a la realización del filme en varios aspectos; a continuación el comentario de Truffaut sobre una escena clave y la posterior respuesta de Hitchcock, comentario que resulta importante para cualquiera que haya observado la película:

[…] F.T. –El acuchillamiento de Janet Leigh también quedó muy bien hecho.
A.H. –Nos tomó siete días realizar esta escena, y había setenta distintas colocaciones de cámara para 45 segundos de película. Teníamos un torso artificial, hecho especialmente para la escena, con la sangre que se suponía le goteaba del cuchillo, pero yo no lo utilicé. Usé una muchacha de verdad, una modelo desnuda que remplazó a Janet Leigh. De la señorita Leigh no mostramos más que las manos, hombros y cabeza. Todo lo demás fue suplantado. Naturalmente, el cuchillo jamás tocaba el cuerpo; todo esto fue hecho en el montaje. Filmé unas tomas en cámara lenta para poder ocultar los senos. Las tomas lentas no fueron aceleradas posteriormente ya que al ser montadas daban una impresión de velocidad normal.
F.T. – Es una escena excepcionalmente violenta.
A.H. –es la más violenta de toda la película. A medida que el film avanza hay menos violencia, porque la memoria del primer asesinato es tan punzante que se mantiene en los pasajes de suspenso final (Boletín exhibición # 91, película Psicosis de Alfred Hitchcock. Febrero 24 de 1973. p. 12).

El amplio boletín dedicado a dos películas de Hitchcock, lo entrega la cinefilia pura por parte de los miembros del Cine club de Cali, al presentar como agregado a la información una hoja ilustrativa de crítica y denuncia, sobre una de las escenas de la película Psicosis que se encuentran en al final de uno de los rollos. Buscaron la forma de copiar 12 fotogramas y entregárselos al público de una forma explicativa; podría considerarse como uno de los actos más afortunados y bellos dentro del papel que cumplió el Cine club de Cali como exhibidor cinematográfico, representa una denuncia ante el uso inapropiado del material cinematográfico:

[…] La ilustración corresponde a una escena a la copia de Psicosis que exhibimos hoy, única disponible en toda Colombia. Se trata de nada menos que de la muerte de Arbogast, situada en la cola de uno de los rollos finales. Con profunda consternación advertimos su ausencia cuando la película fue exhibida en el autocine “El Limonar”. Como las colas son las porciones del film que más sufren el descuido y el maltrato, son bien explicables las causas de la mutilación. Valga la ocasión entonces, para sentar una protesta por el mínimo cuidado que se le dispensa al film, que es, de hecho, la materia cinematográfica en un su organización definitiva, y quienes tengan que ver con su difusión están sujetos, de antemano, a una gravísima responsabilidad. Responsabilidad que los comerciantes del cine no han querido asumir, ya que en algunos casos son personas que no sólo no entienden de cine, sino que además les disgusta el cine.

La imagen recortada fue tal cual presentada a los asistentes de la exhibición del Cine club de Cali como no aparecía en la copia, con la siguiente información:

[…] Hacemos entonces un desglose de la escena, en el sentido que indica la flecha:
1-Arbogast inspecciona las escaleras.
2-Visión subjetiva de las escaleras.
3-Arbogast sube.
4-Gran toma desde arriba a la madre que entra a cuadro armada de un cuchillo.
5-La madre acuchilla a Arbogast.
6,7,8-Arbogast cae dando tumbos por las escaleras.
9-Visión subjetiva de las escaleras.
10-Arbogast cae de espaldas en el vestíbulo.
11,12-El cuchillo de la madre se entierra en su cuerpo, una y otra vez…
(La escena dura unos ocho segundos)

Finalmente
Aficionado al cine que se respete, ha visto Psicosis, una obra maestra clave de la historia del cine que debe estar en la colección particular de los coleccionistas, y de los ciclos que cualquier Cine club programa en su corta y larga vida. Ese mundo del suspenso que supo filmar A.H. con cada una de sus producciones, significa una etapa básica de un género que se mantiene vigente y parece reinventarse con excelentes, regulares y pésimas películas, con viejos y nuevos admiradores que encuentran en estas historias, acercamientos a la realidad de la sociedad en la cual están basadas algunas de estas cintas.

Referencias
-Archivos de prensa programación de cine, periódico El País, Cali años 60s.
-Andre Bazin, El Cine de la Crueldad. Editorial Vizcaina, Madrid, 1977.
-Boletín exhibición # 91, película Psicosis de Alfred Hitchcock. Febrero 24 de 1973. p. 12
-Boris Izaguirre, El Armario Secreto de Hitchcock. Editorial Espasa, Madrid, 2005.
-Yamid Galindo, Cine club de Cali, 1971-1979. Tesis Licenciatura en Historia, Universidad del Valle, octubre de 2006.









27.4.10

Intimidad Caicediana -2da parte-



Al amigo José L. Luna,
a quién la obra de Andrés Caicedo
le resulta familiar e interesante por su Cali del alma.

Por: Yamid Galindo Cardona.

La posibilidad de conocer la vida de Andrés Caicedo se da por el orden, clasificación, y planificación de este autor, que premonitoriamente edifico un camino intelectual enfocado al cine, y la literatura, y que a través de sus cartas, supo plasmar diversas ideas intimas que involucraban su circulo familiar y social; al día de hoy, las referencias publicadas y por publicar, dan a los acuciosos seguidores de su obra y vida, nuevas noticias para comprender y analizar sus escasos 25 años. Continuando la pasada publicación de este blog, les entrego la segunda parte dedicada a dos libros que nuevamente nos sumergen en el espacio Caicediano.

El Libro Negro de Andrés Caicedo
Editorial norma, 2008.
Colombia.
Págs. 155.
Con el título Caicedo, El Atravesado, Margarita Valencia realiza una introducción muy acorde al libro, interesante y necesaria para sus lectores; ubicando en el contexto colombiano la colección bibliográfica de A.C., con algunas referencias teóricas acertadas con respecto a esa colección acumulada en su particular biblioteca que sumaba en número 232 volúmenes, siendo la mayoría publicados en la década de los setentas del siglo XX y que se encuentra disponible en la sala de Raros y Manuscritos de la biblioteca Luis ángel Arango –blaa-:

…podemos suponer que el joven Caicedo, como la mayoría de los jóvenes, inició su biblioteca con libros de la biblioteca de sus padres: seguramente una gran parte de los 37 títulos de la Biblioteca Básica Salvat tiene este origen: esta BBS, una de tantas diseñadas para guiar al pueblo por el camino de las lecturas convenientes, es muy desigual en su tipografía interior pero de alta calidad en los contenidos y tiene cubiertas de tres colores para diferenciar su contenido; fue la primera colección que circulo en Colombia con el ánimo de colonizar espacios diferentes de las librerías ( es la clase de libros que las mamas compran en el supermercado) y fue fundamental para los lectores colombianos, en especial los lectores de provincias. Varios libros provienen de bibliotecas ajenas, como lo denuncian las firmas de otros en las páginas preliminares; uno, incluso, proclama orgullosamente el haber sido robado. Hay libros de segunda: algunos tienen, por ejemplo, el sello de la biblioteca del Centro Colombo Americano, que solía renovar con frecuencia sus libros (como el Consejo Británico) y ponía ala venta los ejemplares viejos; otros más, evidentemente acopiados durante el viaje a Estados Unidos, tienen sellos de bibliotecas de universidades. Una gran cantidad tiene sellos de librerías –libros escogidos de acuerdo con las necesidades del lector que era Caicedo ene se momento, del director de teatro, del potencial director de cine--: Librería Nacional, Letras, Librería Aguirre (de Medellín), Librería Colombiana Camacho Roldán, La Lechuza libros, Librería AL (en el pasaje Veracruz); el número de librerías es sorprendente, tanto como la variedad de libros que allí se conseguían, en particular si se tiene en cuenta el escaso desarrollo editorial en Colombia. De hecho, de los 232 volúmenes de la biblioteca de Caicedo, 81 (35%) son impresos en España, 49 en Estados Unidos / Inglaterra (21%), 56 (24%) en otros países latinoamericanos (Argentina, México, Chile, Cuba) y 14 (6%) en Colombia. De los 14 libros colombianos, doce son de autores locales, mientras que los libros latinoamericanos son de autores de todo el mundo (incluyendo una antología del cuento colombiano hecha en Uruguay); siete son hechos por el Estado y forman parte de la Biblioteca Colombiana de Cultura, editada por Juan Gustavo Cobo Borda en Colcultura, en la cual se publicó en la cual se publicó por primera vez ¡Qué Viva la Música! Una comparación a vuelo de pájaro entre los libros colombianos y los libros latinoamericanos nos deja muy mal parados: en Colombia en 1970 la industria editorial era muy endeble, tan endeble como el sustento intelectual que debía alimentarla (págs. 9-10).

La prologuista nos entrega un análisis sobre A.C. como lector, con reflexiones a obras leídas y por leer anotadas en sus diarios, con la “famosa” lista ya tan común en él de obras estudiadas en sus años de vida con sus respectivos promedios, involucrando textos sobre teatro, cine, literatura infantil, suspenso, novelas policiacas, literatura inglesa, latinoamericana y norteamericana. Culmina este prologo con dos análisis, el primero titulado Huellas en la página donde las referencias y pistas dejadas por A.C. se convierten en claves, además de “pedacitos de su vida por fuera de ellos” como nos anuncia Valencia; finalmente con el titulo de El paso del tiempo, la idea se centra en explicar los cambios en las condiciones de afrontar y resguardar un libro: “los libros de Caicedo muestran por todos los lados señales de maltrato, y también señales de afecto: cinta de enmascarar en los lomos, cinta pegante para impedir la desencuadernación, un plástico sobre la cubierta (pg. 18).

En 1988 el padre de A.C. escribió un pequeño texto donde explica el momento en que encontró un folder de pasta negra cuidadosamente elaborado con reseñas de libros, películas y obras teatrales vistas por su hijo; en el comentario de María Victoria Caicedo Estela –hermana de Andrés-, vale subrayar lo siguiente:

…Con el cuidado y la minuciosidad de un relojero antiguo, mi papá le colocó al original los refuerzos de cada página, los clasificó en sus tres categorías originales (Libros, Cine, Teatro), y numeró cada una de las páginas sin resistirse a la tentación a la que siempre sucumbe él, como es la de señalar y corregir los gazapos y colocar glosas cuando cree que éstas se requieren. Por ejemplo, en la página 89 de la sección de libros en la que Andrés reseña tres textos de Gabriel García Márquez, omite colocar el nombre del autor y mi papá cuidadosamente, lo escribe al margen con letra de imprenta…, A los diez años, en 1961, inicia su registro de libros leídos dejando en la página 67 del Libro Negro (en el manuscrito original), unas palabras que nunca cesan de sorprenderme: es un anota escrita a mano en la que dice “174 libros leídos desde los 10 años; 24.8 libros por año”. Pero además, y tal vez es lo más sorprendente, con gran disciplina, Andrés dejaba por escrito siempre un comentario, una reseña del libro leído, un riguroso hábito que posibilitó la existencia de este Libro Negro que por fin logra ver la luz (págs. 19-20-21).

Este “libro negro” es una guía didáctica muy interesante para los que quieran acercarse por primera vez a ciertas obras de la literatura universal, podría ser utilizado para incentivar a los niños, jóvenes y adultos que poco les gusta la lectura, ya que recoge obras que “pareciese” deberían de leerse y ser entendidas para comprender un poco más de nuestro entorno fantástico y real, dos ítems que los literatos combinan y acercan al público variado que los busca. Opinando que el mundo de A.C. en el momento que realiza sus lecturas, y las reseña, ha cambiado mucho en detrimento de ese entusiasmo por el bello arte de la palabra escrita y editada; sin embargo, “no todo esta perdido” y existen otros medios y espacios para llevar de la mano a aquellos que no han descubierto el mundo a través de las ideas que otros han plasmado como huella particular en busca de un colectivo.

Presento a continuación algunos ejemplos acorde al orden de publicación:

América Latina
México, Juan Rulfo.
Pedro Paramo: Esta novela se ha convertido en catorce años en un auténtico clásico de la literatura latinoamericana. La causa: el brutal acierto con que Rulfo define y se adentra en la mítica de su pueblo. Pedro Paramo es una narración donde los protagonistas sostienen un constante juego con la muerte, cuando ya no son más que simples muertos; la muerte y la vida, ese juego rápido y fácil de los hombres por los dos campos de existencia, es el ritmo constructor de esta gran novela. Rulfo no tiene necesidad de insistir en un personaje para darle perenne importancia épica dentro de su narración. Se puede decir que todo lo que toque Rulfo con su pluma, queda inmortalizado (pg. 68).

Colombia
Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad: Aquí está el resultado del experimento con La Mamá Grande. La historia de una familia desde el primero al último de sus descendientes. Familia completamente irreal, con personajes tan inverosímiles como Supermán, que viven en un medio donde las supercherías, tradiciones, supersticiones y creencias sobrenaturales toman carácter de hechos reales. Así, y aquí está el merito de la novela, los Buendía se tornan fabulosos dentro de su irrealidad. Narración absolutamente fuera de tesis, no niega ni afirma nada, sólo cuenta, expone, narra. Estupendo orden dentro del desorden. La soledad, en lo que tanto insiste, no está tomada en un sentido estrictamente real, sino en un orden sobrenatural, pero así se torna una soledad monumental, horrible, sin esperanzas. El lector va asistiendo a al vida de cada Buendía casi sin darse cuenta del recorrido del tiempo. Pero, ¿realmente hay algún aporte nuevo a la narrativa en esta novela? ¿No será que Cien años dentro de su innegable calidad literaria, se esconde entre ella misma por una oscura trampa? ¿LA INMORTALIDAD y Supervivencia? De ello estoy convencido (págs. 92-93).

Norteamérica
Tennesse Williams
Su teatro es considerado como lo mejor del realismo norteamericano. Es un teatro folclórico. Se basa en elementos de la clase media norteamericana para anunciar sus hipótesis. Un tranvía llamado deseo: Williams estudia aquí la vida matrimonial. Cónyuges engañados mutuamente, aparentemente felices, una hermana de la esposa medio loca que vive de recuerdos, todo esto para llevar el mensaje de que la realidad es una y lo que se cree de la realidad es otra cosa. El autor no sabe realmente qué características darle a su mundo, no sabe si despojarlo de esperanzas o dejarlo a medias, no sabe si hacer triunfar la maldad o la bondad. En esta obra se alcanza a contemplar perfectamente dicho problema (págs. 117-118).

Europa
España, Luís Buñuel.
Viridiana (Guión): Con u prologo de Georges Sadoull. Completo informe de la parte literaria de la obra maestra de Buñuel. Naturalmente, un guión es un elemento todavía no realizado en su plenitud. La fuerza y la poesía de Viridiana como película no están desarrolladas en el guión, que se convierte en un mero e interesante elemento informativo para el cineasta, ofreciéndole datos y aspectos que pueden pasar desapercibidos cuando se enfrenta a la proyección de la cinta. Escenas y planos modificados durante el rodaje, suprimidos en el montaje, cortados por presión de la censura, etc. Todo eso, muy bien ubicado y con la introducción de Sadoull, hacen amable y positiva la lectura de algo tan pesado como es la literatura cinematográfica (pg. 124).

Las últimas páginas de este libro negro de A.C. presenta las imágenes de las caratulas de algunos de los libros reseñados en el documento, y que se pueden revisar en la blaa.

Andrés Caicedo
Mi Cuerpo es una Celda
-una autobiografía-
La otra orilla, editorial norma.
Colombia, 2008.
Págs. 299.
La dirección y montaje de esta autobiografía o memorias, estuvo a cargo del escritor chileno Alberto Fuguet, quien nos explica cómo se hizo el libro, entendiendo el oficio realizado en esta edición como “el de un montajista que se encontró con mucho material y a un director-guionista que ya no está. Lo bueno fue que yo me topé con unos productos que sólo querían que respetará la visión del autor” (pg. 257), algo así como “un documental narrado en primera que certificará en forma segmentaría lo él vivió, sintió y vio. No tenía a mi sujeto ni cerca ni vivo, pero había cartas, diarios, poemas, críticas de cine y material que se negaba a ser catalogado” (pg.- 258).

Este documento recoge textos de las ediciones ya citadas sobre la vida de Andrés Caicedo, incluyendo nuevas referencias que tal cual como anuncia Fuguet, hacen parte de muchas formas de expresión, sobresaliendo el genero epistolar, un espacio propicio para “desnudar” muchas facetas de Caicedo en aspectos familiares, amorosos, literarios y cinematográficos, relación general que advertimos en cada libro leído. Mi Cuerpo es una Celda representa una autobiografía donde el paso de tiempo se sostuvo por la posibilidad del resguardo de esos materiales post mortem de A.C. a cargo de sus familiares y amigos, sobretodo las esquelas que soportaron la privacidad alegre o dolorosa, para ingresar al conglomerado social representado en sus lectores, rompiendo la delgada línea del ámbito privado:

…Repito: Andrés Caicedo no escribió este libro tal cual como existe y acaso no lo concibió, al menos de manera consciente, pero es su libro. No se sentó a escribir Mi cuerpo es una celda. Simplemente se sentó todos los días a escribir lo que fuera. Todo lo que esta en este libro ha sido escrito por Caicedo. El material base fueron cartas, trozos de papel, diarios a medio terminar, libretas, cuadernos argollados, críticas de cine, artículos de prensa y “escritos”. Diría que más del sesenta por ciento no ha sido publicado con anterioridad. Un ochenta por ciento del magma con que empecé a trabajar era inédito. Los fans y lectores atentos se encontrarán con material que quizás ya conocen, aunque en otro orden, y editado de otra manera. Ese libro fue insisto, montado. Editado- Algunas cartas fueron reducidas. Otras, de la misma fecha, se fusionaron. Aquellos escritos que aparecen como apuntes o posts o anotaciones en u diario de vida son un invento mío a partir de muchas frases de Andrés que aparecían en largas cartas centradas en temas ni cinéfilos ni personales (págs. 263-264).

Este documento autobiográfico inicia con una carta del año 1975 que impacta por su contenido, dirigida a su mamá en un aventón que tuvo A.C para dejar este mundo terrenal:

…Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencia, y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado…, Y ojalá que algún día puedan publicarse los libros sobre mi adolescencia que escribí con tanto esmero: El atravesado y Qué viva la música. Eso y que por favor incineren mi cuerpo: ser devorado por los gusanos sería peor que seguir viviendo…, De mí, publiquen una foto de cuando estaba niño (pg. 16).

El montaje realizado por Alberto Fuguet estuvo dividido en ocho partes que guardan cierta periodicidad, desde el año 1966 hasta el año 1977: Intro; Cambiando / encontrando la voz (1966-1972); borderline / cruzando fronteras (1973); Cali calabozo (1973-1976); el espiral descendente (1976-1977); además de unos anexos titulados: ¿Quién es quién?; Cómo se hizo este libro (el making of); Bonus tracks en tres partes, y finalmente los agradecimientos. El grado de intimidad que nos presenta A.C. en cada documento publicado es muy alto, es la desclasificación de los “archivos prohibidos” regados en familiares y amigos que se entregan en otro espacio y dinámica particular.

A modo de conclusión
El complemento a las anteriores líneas corresponde al listado de sus obras divididas en cuatro partes: Cuentos, teatro, novelas y recopilación biográfica, quedando por fuera las reseñas de crítica cinematográfica que no se especifican. Listado elaborado a partir de los datos de la colección Cara y Cruz de la editorial norma sobre la obra de Andrés Caicedo y el articulo de Ricardo Moncada Esquivel, Andrés Caicedo un Joven de Medio Siglo. Gaceta Dominical periódico “El País”, Cali septiembre 23 de 2001, p. 7. Además de lo publicado en el año 2007 y 2008.

Cuentos
Infección -1966-
Por eso yo regreso a mi ciudad -1969-
De arriba debajo de izquierda a derecha -1969-
Los mensajeros -1969-
Vació -1969
Besacalles -1969-
El espectador -1969-
Felices amistades -1969-
¿Lulita que no quiere abrir la puerta? -1969-
Los dientes de caperucita -1969-
Los mensajeros -1969-
Destinitos fatales -1971-
Patricialinda 1971-
Calibanismo -1971-
Maternidad -1974-
En las garras del crimen -1975-
Berenice –sin fecha-
Teatro
Las curiosas coincidencias -1966-
La cantante calva -1967-
La piel del otro héroe -1967-
Los imbéciles están de testigos -1967-
El fin de las vacaciones -1967-
Recibiendo al nuevo alumno -1969-
Las sillas –versión 1969-
La noche de los asesinos –versión 1969-
La ciudad y los perros –versión 1970-
El mar –versión 1972-
Novelas
La estatua del soldadito de plomo.
Angelitos empantanados. Angelita y Miguel Ángel -1971-
El pretendiente -1972-
El tiempo de la ciénaga -1972-
Noche sin fortuna –inconclusa 1970/76-
El atravesado -1974/75-
¡Que viva la música! -1973-
Crítica Cinematográfica
Ojo al Cine -1999-
Recopilación biográfica
Andrés Caicedo. El cuento de mi vida -2007-
El libro negro de Andrés Caicedo -2008-
Mi cuerpo es una celda -2008-

Según Luís Ospina y Sandro Romero, la obra de Andrés Caicedo es básica y necesariamente juvenil, puesto que en vida, no se propuso otra cosa que fortalecer una imagen adolescente ante el mundo, hasta el punto de plantear que uno nunca debía dejar de ser niño y, por ende, vivir más de 24 años era una insensatez (Ospina Luís, Romero Sandro, Invitación a la Noche, Prologo de Destinitos Fatales de Andrés Caicedo, Biblioteca de Literatura Colombiana, Editorial Oveja Negra, Bogotá Colombia, p. 9- 25). Tal vez por lo anterior, su obra se torna vigente, fresca y joven; pero su lectura se vuelve compleja cuando no se conoce el espacio físico representado en la ciudad de Cali en cuanto a las obras de invención -aclarando que la ciudad de Cali que nos relata Andrés Caicedo, no es la misma, los cambios han sido significativos, pero de forma negativa. Para el interesado sobre el tema, lo remito a la columna de prensa titulada ¿Ciudad? Escrita por el arquitecto e historiador Benjamín Barney, en el periódico El País, allí encontrara herramientas críticas, teóricas, propositivas y futuristas, sobre lo que fue, es y será Cali, desde diversos temas que involucra la ciudad-, ciudad icono de perfiles y estados de ánimo de sus personajes. Complicado igualmente acercarse a sus análisis sobre el séptimo arte cuando la pasión por el cine no existe -es decir, la afición y gusto por ver cine y leer sobre la temática en cuanto su tendencia y su historia, es básico para acercarse al tema- ya que su sapiencia cinéfila sobrepasa límites.

Agradecida notita: Tres, de las cuatro obras de A.C. reseñadas, han sido obsequiadas por Dolly Galindo C., Mónica Calero M. y Andrés Calderón M. ¡Gracias!





9.4.10

Intimidad Caicediana -1era. Parte-

Por: Yamid Galindo Cardona.

La primera vez que me acerqué a la intimidad de Andrés Caicedo fue cuando encontré los archivos abandonados del Cine club de Cali, claro está que unos años atrás con la lectura de sus obras, ya había tenido una breve introducción. Luego en el año 2002 -dudo de la fecha- la Biblioteca Departamental en la ciudad de Cali, realizó una exposición con los objetos más preciados de nuestro autor: su maquina de escribir, sus libros, algunas cartas, artículos publicados en la prensa nacional, la revista Ojo al Cine, boletines del Cine club, entre otros que la memoria no recuerda; algo así como la propiedad intelectual de Caicedo que la familia había guardado celosamente, aquella que unos años más adelante dieran a la Biblioteca Luís Ángel Arango –blaa-, en resumen, la desclasificación de la vida privada de Andrés para los interesados en su existencia y obra.

Los años 2007 y 2008 fueron bautizados por quien escribe como los años Caicedianos, precisamente se cumplían 30 años de su desaparición, y aparecían durante sus meses tres libros y dos cuadernos dedicados a su intimidad, aquella que morbosamente esculcamos para saber más de su vida y que públicamente se nos presenta en ediciones al alcance de todos. Precisamente, el objetivo de la presente edición de Historias en Cine-y-Filo, es reseñar cada una de las obras editadas, una guía para los interesados en el “angelito empantanado”, esperando quede el interés y las ganas de conseguir los textos para una mejor comprensión, los cuales están al alcance en bibliotecas públicas y librerías –como dice la publicidad- de su confianza.

Andrés Caicedo
El Cuento de mi vida
Editorial norma, marzo 2007.
Colombia.
120 Págs.

La presentación de este libro estuvo a cargo de María Victoria Caicedo Estela, quien en uno de sus párrafos nos dice que algunas piezas pertenecientes a Andrés –sus diarios- fueron rescatados de la casa de sus padres para que estos no las leyeran, guardadas celosamente hasta que fueron entregadas a la blaa, se trataba de cuatro cuadernos argollados escritos a puño y letra de Caicedo, de donde salió la edición de este documento autobiográfico y epistolar, al agregarse dos cartas dirigidas a Miguel Marías y Patricia Restrepo escritas el 4 de marzo 1977, precisamente el día de su deceso.

La primera parte titulada Remontando el Río, es un texto escrito en junio del año 1976 mientras A.C permanecía en la clínica de reposo Santo Tomás de Bogotá donde permaneció 39 días luego de su primer intento de suicidio. Encontramos entonces un documento que narra los primeros años de su vida, de la relación con sus padres, su recorrido escolar en Cali y Medellín, además de una serie de anécdotas de niñez, juventud y adultez, recreando tristezas, dificultades y logros, donde el amor, las drogas, el cine y la literatura tiene cabida; culminando con los deseos de seguir adelante con su proceso de escritura y dirección con la revista Ojo al Cine, además de otros proyectos a realizar:

…Ahora, pasado ya un mes de estar en esta clínica tengo planes urgentes para el futuro inmediato; sacar un número cinco de Ojo al Cine que sea mejor que los anteriores, gestionar la publicación de mi novela ¡Que viva la música! con las dos editoriales que me la han comprado y arreglar la publicación de un libro de cuento con Eduardo Agudelo, el dueño de la editorial que me saca la revista; asimismo, comenzar dándole forma al libro que tengo planeado sobre los Rolling Stones, entroncándolo con el relativo fracaso de mi generación. Yo siempre estuve muy influenciado por la música de los Stones y por su postura lumpesca ante la vida, aunque estuvieran disfrutando del puesto No. 1 en la industria (que hoy está en plena decadencia artística) del Rock’n Roll. Ya creo haber salido de ese estado de confusión en el que no recordaba los sueños, en el que perdía un bolígrafo todos los días y no terminaba ningún trabajo ni la lectura de ningún libro y para todos era una intolerancia que me estaba haciendo enemigos de todos los que eran amigos míos. Quiero escribir un ensayo que, ante la decadencia del cine mundial ligado a la super-perfección técnica, se llame “Por un cine imperfecto”, parafraseando un artículo del cubano Julio García Espinosa, y análisis de los films que más admiro: Persona de Ingmar Bergman, Psicosis de Alfred Hitchcock y Lilith de Robert Rossen. Así es. Ha podido ser mejor, pero que le vamos hacer (pg. 32-33).

Complementa este relato dos imágenes, la factura de admisión de A.C a la clínica; y una carta “suplicante” dirigida a sus papás con fecha 1 de julio 1976 escrita desde el sanatorio capitalino.

La segunda parte se titula Silvia, escrito por A.C a finales del año 1974. Esta población del Departamento del Cauca, llena de montañas y de indígenas Guambianos, era el sitio que la familia Caicedo Estela escogía para descansar en sus vacaciones de verano, igualmente significó el espacio donde A.C escribió su obra ¡Que Viva la Música! El relato que encontramos esta cargado de descripciones del sitio recorrido por este, en muchos casos bajo las torcis –palabra utilizada por A.C para referirse a los efectos de las drogas químicas o naturales- que pareciese crean cierta ansiedad moral que lo lleva y trae en su relato; igual que la primera parte, esta lleno de anecdotarios que involucran a otras personas, teniendo como particularidad narrativa una descripción detallada de lo que hace en el paisaje que visita y observa, más lo que le gusta:

…Lo que más me gusta, más que subir loma o saltar tapia, es leer en voz alta. Es una opresión blanca en el corazón. Un partirse en dos total: preocupación angustiosa por la opinión que se están haciendo los oyentes de aquel que al leer se está exponiendo. De allí, desconcentración paulatina de la lectura. Mi yo se esta quemando en aquellos que no veo, pues tengo los ojos fijos y abarcando sólo los caracteres impresos. Se me hace, entonces, que el que esta hablando es sólo un cascaron, una conciencia desconocida. Pero viene, repentino, el momento en que sabes complacidos a los escuchas con la intensa satisfacción nerviosa que me produce el tacto, y dura lo que una descripción corta: ante una porción de dialogo me pregunto si no habrá inconveniente en adaptar una voz de personaje para cada uno de los hablantes (pg. 44).

Las dos últimas páginas de este documento traen la indecisión de A.C sobre la posibilidad de unir todos su relatos en un solo libro, exceptuando El Tiempo de la Ciénaga; se trataba de su obras Angelita y Miguel Ángel, El Atravesado y ¡Que Viva la Música!, textos que obviamente pertenecen, si se leen con cuidado, a una misma unidad narrativa que involucra personajes y el espacio urbano de la ciudad de Cali. Las imágenes retratadas de esta sección son dos hojas de cuaderno -una línea corriente y otra cuadriculada- correspondiente a “pendientes” y apartes de su obra cumbre.

El año 1974 fue especial en la vida de A.C porque viaja los E.U en “busca de la fortuna” de lograr vender uno de sus guiones, siendo el periodo donde más observó cine, anotando sus comentarios y críticas en un cuaderno que se me antoja le servía de referencia para complementar sus escritos de crítico cinematográfico en los periódicos nacionales y su revista Ojo al Cine, algo así como el diario de un cinéfilo, complemento del listado de filmes vistos que ya llevaba registrados para su colección. Justamente, la tercera parte de este libro titulada De película por los Ángeles, corresponde a su estancia en el país del norte. Las memorias que aquí nos entrega A.C, en sus primeras páginas, explican lo que él ha sido bajo el afecto de su madre, y algunos asuntos suscitados con su padre a propósito de sus escritos, dejando notar cierto resentimiento que pasa a lo que piensa sobre su posición como empleado perteneciente a la clase media, que trabaja para ricos. También indica la indecisión para seguir adelante con el proyecto de vender sus guiones, su necesidad de regresar a Cali, y su decepción de no lograr su objetivo; enredando sus comentarios con apuntes musicales y algunas referencias cinematográficas:

…Llegaré sin nada de dinero, sin casa, a seguir viviendo con mis padres, que ya no me interesan en su comportamiento, y altercar con la gente de Ciudad Solar, a la que he sentido, en pensamientos horrorosos, como una presión contraria que no me deja escribir, cuando no puedo. Veré a Alfonso, eso sí. No le he escrito. Le habría escrito si hubiera tenido éxito. Que palabra tan mierda esta. No es eso lo que quiero decir. Tal vez aún tenga tiempo de escribirle. Tengo que escribirle a Luz Ángela también. ¿Qué hacer para comenzar algo nuevo, formar una sala propia, por ejemplo, si no tengo un centavo? ¿Entraría a la universidad, tal vez? No. Escribiría de tiempo completo. Terminaría una novela y la pondría concursar, con las señoras de Vivencias, tal vez, aunque no ganaría premio. Escribiría, sí, escribiría en mi cuarto, que no me deja ningún buen recuerdo… pero entonces ¿cómo he hecho para escribir todos estos años precisamente en ese cuarto, ese cuarto que no me gusta ahora, que me confunde y me da sueño? Haría el mismo esfuerzo y escribiría, interrumpido sólo por las horas de comida. Me llevaría bien con mis padres, hasta que al mes, a los dos meses, comiencen los primeros roces de diferencias. No lo sé. He puesto el radio y suena “Sympathy for the Devil”, una canción que me ayuda. Y ¿cómo pensar en sacar por ejemplo un apartamento, ahora que mis entradas en el cine club se han reducido del 70 al 25 por ciento? (pg. 60-61).

La cuarta parte titulada La Recta Final, es un documento escrito el día domingo bajo la sombra del Cali caluroso en el barrio San Antonio, en una casa arrendada y compartida donde A.C parecía encontrar cierta independencia para su trabajo en la agencia de publicidad, rumbas, amigos y torcis; es un “reguero de tinta” publicado bastante existencialista y triste que involucra la familia, amigos, la ciudad, y su decadencia como hombre que busca en el presente y futuro lo mejor para sobrevivir:

…¿Hacer un laboratorio de mi mismo? Esto era lo que pensaba una mañana, hace mucho tiempo, yendo a comprar papel, de mi casa al supermercado Roherma, en la Flora. Es decir, utilizar todo, las caídas y los éxitos, para iniciar una especie de estudio de la volubilidad humana. Pensé también: “Tenerme como exponente único. Las relaciones de mi ser con la naturaleza”. ¿Hice eso? Creo que me propuse como condición mínima guardar objetividad. Sí, guardar cordura y aislamiento para poder medir las curvas de mi gozo o de mi sufrimiento. Para poder llevar a cabo eso, ordenar y embellecer cada una de las observaciones sobre mi naturaleza, he debido guardar soledad completa, no aceptar invitaciones, rechazar visitas. Por eso no lo pude. Raro que hoy haya pensado en eso (pg. 88-89).

El Último Capítulo reproduce dos cartas escritas el 4 de marzo de 1977. La primera, dirigida al español Miguel Marías, colaborador de la revista Ojo al Cine, en respuesta a una que le había llegado el mismo día, una carta “urgente” con referencias literarias y cinematográficas, estas últimas con el concepto calificador numeral que le daba A.C de 1 a 5. La segunda, tiene como destinataria a su compañera Patricia Restrepo, llena de suplicas amorosas, arrepentimientos y posibilidades con referencias muy intimas que involucran nuevamente a sus amigos, su madre, y claro está, su Patricita. Igual que las anteriores partes, trae las imágenes impresas –minúsculamente- de las cartas originales.

Las páginas finales de El Cuento de mi Vida, expone las fotos familiares de su niñez junto a sus padres y hermanas en diversos momentos; una foto mientras escribía en la sede de Ciudad Solar, otra junto a Patricia Restrepo una semana antes de su muerte en Silvia; una serie de fotos de su malograda película Angelita y Migué Ángel, además de la clásica colección que Eduardo Carvajal dejará para la eterna juventud de este autor.

Cuadernos de Cine Colombiano
Andrés Caicedo, cartas de un cinéfilo
–dos volumencitos-
Secretaria de Cultura de Bogotá
Cinemateca Distrital
2007, 56 págs.

La selección, presentación y notas, estuvieron a cargo del cineasta caleño Luís Ospina. Pertenecen estos cuadernos al género epistolar, ya tratado en otros autores de importancia mundial que posibilita entrar en otros aspectos vivenciales; como dice su titulo, con referencias al cine escritas por un afectado de esa extraña enfermedad llamada cinesífilis. Divididos en dos tomos, uno data de 1971 -1973 y el otro 1974-1976. En su presentación, L.O afirma que en la recopilación de la obra de Andrés Caicedo, junto a Sandro Romero, encontraron un legajador con el título “DE MI AL CINE” que contenía en orden cronológico las copias al carbón de las cartas enviada a sus pares cinéfilos y amigos, lo que posibilitó una organización editada para los interesados en la vida de este caleño universal:

…Gracias a esa precaución anticipatoria de Andrés –siempre preocupado por el destino post-mortem de sus escritos-, es que podemos leerlas hoy. Las cartas, con su tono desgarrador y de atroz introspección, dan cuenta de su pasión por el cinematógrafo. Ahí están consignadas todas las facetas de su cinefilia: programador entusiasta de un cine club, gestor infatigable de una revista, desencantado crítico de cine para los diarios locales, director de cine angustiado, guionista frustrado y espectador aguzado. Paralelamente durante los años que comprende esta correspondencia (1971-1976) Andrés estaba trabajando en su novela ¡Qué Viva la Música!, cuyo primer ejemplar recibió el mismo día de su suicidio. Andrés era un gran escritor de cartas aún cuando no estaba lejos. No era raro que, estando uno en la misma ciudad, después de dar muchos rodeos, le dijera a uno con su tartamudez característico: “Sa-sa-bés qué viejo Luís: me-me mejor te escribo”. Y dicho y hecho, al día siguiente, por un medio o por otro, llegaba a manos de uno una larga carta mecanografiada diciendo todo lo que él no había podido decir en persona. Tal era su dificultad par comunicarse con los demás (Ospina, págs. 2-3).

Primer cuaderno: 1971-1973
La caratula, fiel a los Cuadernos de Cine Colombiano, esta a blanco y negro con una imagen medio borrosa de Andrés Caicedo sentado y escribiendo en uno de los cuartos de Ciudad Solar. Contiene 16 cartas dirigidas a Luís Ospina, Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez, Isaac león Frías, Miguel González, Juan M. Bullita y Ramón Font, escritas desde Cali, Houston y Los Ángeles. Estos documentos muestran la sapiencia cinematográfica y literaria de A.C, con glosas que apuntan temas diversos llenos de amistad, y reflexiones íntimas. También en la búsqueda de ubicar y vender sus guiones en el país del norte, sus críticas de cine a revistas y periódicos, referencias al Cine club de Cali y la revista peruana Hablemos de Cine; para los lectores presento a continuación un extracto de la carta dirigida a R.A desde Houston con fecha de junio 9 de 1973.

…Ahora que te empiezo a escribir esta carta vos debes estar ya en el san Fernando o esperando a que te entreguen el material. […] El Extranjero es la película de Visconti que menos me gusta, pero el ciclo de junio me parece buenísimo, vas a ver que tiene gran aceptación. Luís me envió los materiales con las críticas a La década prodigiosa y a Los amantes. Te felicito por tu labor, me gusto mucho la crítica a La década prodigiosa; la de Los amantes también, incluso me parece más clara que la de La década, pero es que no he visto la película. Yo coincido con la introducción al film que vos hacés, es decir, la narración se hace en base a una investigación por la verdad, precisándose de un personaje no necesariamente comprometido con los datos de la mentira (porque el film es una gran mentira divina), para que, más o menos alejado y sereno, indague y esclarezca. La otra conciencia pensante es el espectador; no tan hábil e inteligente como Paul Jansen, pero imprescindible par la misma construcción del film. En la última Hablemos de Cine (que parece que se demora) podas leer la crítica mía a La década. Ya verás que coincidimos en mucho. ¿La película gusto a la gente del Cine Club? ¿Y Rebelde sin causa? ¿Qué tal entrada tuvieron, teniendo en cuenta que era repetición? (pg. 28).

Segundo cuaderno: 1974-1976
La maquina Remington de A.C, testigo de las huellas de sus dedos, y de muchas de las cartas escritas, aparece en la portada de este segundo cuaderno. Nos entrega 29 cartas dirigidas a Miguel Marías, Hernando Salcedo Silva, Carlos Mayolo, Ramón Font, José María Arzuaga, Jorge Silva y Marta Rodríguez, Juan M. Bullita, Luís Ospina, Orlando Mora, Jaime Manrique Ardila e Isaac León Frías, escritas desde Cali y Bogotá. Como se puede observar, la planilla es amplia, y como receptores a personajes reconocidos de nuestra historia del cine, con innumerables referencias –nuevamente- al cine visto y no visto, apuntes importantes sobre la publicación que él dirigía llamada Ojo al Cine, con visos íntimos y existencialistas en algunos documentos. El ejemplo a presentar es una carta enviada a Miguel Marías:

Bogotá, octubre 5 o 6 o 7, 1975 no lo sé; y en maquina de escribir añeja, desconocida y prestada, te escribo:
…En general me resulta una lata la colaboración en diarios amarillos, cosa que vengo sufriendo desde hace muchos años: mutilación, inclusión en desorden, vetos, “correcciones en bien del lenguaje”, etc., lo que me decide a no colaborar más para ese tipo de publicaciones, lo que por otra parte me trae problemas, pues es hasta ahora la única forma de subsistir económicamente. Ya veremos cómo sale lo de El Padrino. De integrar un grupo NADA que se esta formando, los primeros que caerían serían los jefes de los “suplementos dominicales” (con ellos he sostenido siempre la misma pugna que sostuvo Poe), hoy caso todos alineados en las garras tenebrosas garras del PC, así que ni para que te los pinto: bigotico y peinado a lo Mandrake, intransigencia, actitud en contra de los jóvenes, reclamos de calidad” en la redacción, desconocimiento total de los camp, de lo cursi y de las series “B” (además de un desconocimiento del cine en general) y fijaciones puritana en cuanto a “la fuerza de trabajo”: 14 horas/diarias, aunque de eso no salga ni una sola línea buena. Únele a eso el mal genio (enfermedad que no he padecido nunca, ni eso ni el tabaco), atisbos de nuevo rico y de “inteligencia” estabilizad para que puedas tener un panorama de mis pugnas, desiguales en todo caso. Yo me cago en ellos y algún día llevarán del bulto […] (pg. 29).

Los dos “volumencitos” traen una excelente edición de los documentos, además de una completísima galería de imágenes correspondientes a las personas referenciadas en las cartas, algunas fotos de películas que se citan, aparte de la memoria del Cine club de Cali a través de muchos elementos que involucran su cotidianidad en el Teatro San Fernando.

Pareciera que el descanso eterno de A.C fuera interrumpido cada vez que sale a la luz pública novedades de su vida, para algunos es el aprovechamiento editorial y económico que vende, y del cual familiares y amigos se ven beneficiados para seguir exprimiendo sus escasos 25 años de producción intelectual; para otros, es la oportunidad de conocer más de su vida para cotejar con lo que se conoce desde la década de los setentas del Siglo XX, algo que aporta a ese “morbo” especial que los seres humanos tenemos por saber más y más de aquellos que aportaron a la cultura popular de un país, en este caso desde una ciudad que se atraviesa en muchos de sus escritos, y que podemos analizar bajo otros puntos de análisis.