18.5.10

Rusia le dice no al mundial de futbol de 1974


Por: Yamid Galindo Cardona.
En plena guerra fría, Rusia le dice no a la posibilidad de ir al mundial de futbol de 1974, las razones fueron políticas, y crearon un gran impacto en la opinión pública y los aficionados al futbol que esperaban ansiosos el listado final de las selecciones que se disputarían la copa mundial en Alemania 1974. La tradición del deporte de masas es que cada cuatro años los asociados a la Federación de Futbol Asociado –FIFA-, juegan una eliminatoria para clasificar a la ronda final del campeonato que se desarrolla en un país escogido con antelación; en las normas de escogencia –para el mundial reseñado-, se había pactado que el ganador del grupo 9 del torneo preliminar de la zona europea, jugará contra el ganador del grupo 3 de la zona sudamericana -algo que en la actualidad conocemos como repechaje-, significaba la posibilidad de participar de la cita mundialista a través de dos juegos –ida y venida-; precisamente lo anterior le sucedió a la Unión Soviética como representante europeo y a Chile como representante sudamericano. El primer partido se jugó en el viejo continente el día 26 de septiembre de 1973 –a pesar de que el gobierno de la Unión Soviética había roto relaciones diplomáticas con Chile-, precisamente días después del golpe de estado realizado por los militares en cabeza de Augusto Pinochet al gobierno socialista de Salvador Allende; el resultado, un empate a cero que dejaba abierta la fase para cualquiera de los dos equipos, sin saber que los motivos políticos entrarían en juego para evitar que este partido se hiciera en el estadio nacional de Chile.

Ante los sucesos políticos acaecidos por el cambio drástico de gobierno, la FIFA envió una comisión a revisar las condiciones del país para llevar a cabo este evento deportivo, sentenciando que si era factible llevar el partido y definir el clasificado a la justa de 1974, aclarando además que si los rusos no jugaban en Chile y se negaban ir allí, entonces automáticamente quedarían fuera de la Copa Mundial. La Unión Soviética había solicitado a la FIFA que enviará una comisión para verificar las condiciones del Estadio Nacional, además de solicitar un tercer país para llevar el cotejo futbolístico, las razones eran el golpe militar y la utilización del césped y las graderías del escenario deportivo como cárcel de simpatizantes del gobierno derrocado, pero la FIFA insistía que a su organismo no le interesaba las cuestiones políticas o que regímenes imperaban en los países. La nota que la prensa internacional y local publicó, con respecto a la queja del ente deportivo soviético fue la siguiente:

[…] Moscú (Nov. 2) UPI. La Federación Soviética de futbol dijo hoy que la selección no irá a Santiago este mes para jugar el partido de revancha contra el equipo de dicho país y exige que el encuentro sea jugado en una tercera nación. Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el Estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los “patriotas chilenos”, dijo un vocero de la federación. En Zurich, el secretario general alterno de la Federación de Futbol Asociado (FIFA) Rene Court, dijo que una comisión investigadora del organismo mundial había constatado en Chile que se iban a dar las condiciones necesaria para la celebración del cotejo y que si la selección soviética no iba a la capital chilena a jugar el partido de revancha automáticamente quedaría eliminada del grupo de 16 equipos que participaran el año próximo en la serie de finales de Alemania Occidental. La declaración soviética dice que la Federación propuso a la FIFA que el partido se jugara en el territorio de un tercer país pero que la propuesta fue rechazada por la entidad mundial. “La Unión Soviética formula una resuelta protesta y declara que en las condiciones actuales, cuando la Federación Mundial de Futbol, obrando contra los dictados del sentido común permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en territorio chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”. Dice la Federación Soviética que la junta de gobierno de Chile ha convertido al Estadio “en un campo de concentración para torturas y ejecuciones de patriotas chilenos”.

Ante la negativa de la FIFA a los requerimientos de la Unión Soviética, la federación de este país le envió un telegrama el día 6 de noviembre que anunciaba lo siguiente: “Ante esta decisión de la FIFA sobre la realización de un partido que no es aceptable que los jugadores jueguen en Chile, lamentamos que la FIFA no siga los consejos del sentido común y reconsidere su decisión”. Ante la posición de la federación rusa de futbol, se especuló sobre la posibilidad de un boicot de los países de la Europa Oriental clasificados al mundial de 1974, en este caso Polonia y Alemania Oriental quienes por primera vez hacían parte de la elite mundialista en disputa de un titulo; países que sin embargo sentaron una posición de apoyo al seleccionado ruso, sin declinar su participación, además de aquellos que todavía disputaban esa posibilidad de asistir al mundial como Bulgaria que defina con Chipre su clasificación. Debido al rumor que surgía en el mundo deportivo con respecto a la participación de aquellos países socios de la Unión Soviética, en la fase final de la copa mundo, y los tira y aflojes del ente mayor y la federación implicada, Vladimir Angerski, secretario de la sección de relaciones exteriores de la Federación Soviética de Futbol, anunciaba que la decisión soviética era independiente de lo que decidieran los países europeos del bloque oriental, además: “Jamás pondremos pie en el estadio nacional de Santiago después de lo que sucedió allí, la Unión Soviética objeta el hecho de que ese campo deportivo fue utilizado para mantener prisioneros por la junta militar de gobierno que derrocó al presidente marxista Salvador Allende”.

Según las noticias internacionales, la FIFA consulto a la federación chilena de futbol sobre la posibilidad de trasladar el partido de futbol frente a los rusos a otra ciudad, por ejemplo Viña del Mar, Arica, Rancagua o Concepción, recibiendo un si; pero ante la negativa de la federación rusa, y cumplidos los plazos para una resolución al problema, se decidió que Chile era la clasificada, noticia que emociono a los chilenos, pero que con justa causa afrontaban como una posición especial que debió ganarse sobre el terreno de juego y la lucha deportiva sin la clara interferencia política e ideológica. La selección de futbol de la Unión Soviética al no participar en el mundial de 1974, corto 16 años seguidos de ser animador de este evento desde Suecia 1958 hasta México 1970, también le represento una multa de siete mil dólares que debía cancelar a la FIFA, y supuestamente una indemnización a la federación chilena de futbol que se veía perjudicada al no recolectar por efectos de taquilla medio millón de dólares. En enero de 1974, todavía Rusia tenía esperanzas de que una nueva resolución de la FIFA le diera la razón, y obligará a Chile a jugar en un campo diferente al Estadio Nacional, pero sus esperanzas se vinieron al piso, ratificando al seleccionado suramericano con una votación de 13 a 5: Hungría, Yugoslavia, Unión Soviética y Finlandia votaron por los rusos; Estados Unidos, Francia, Irlanda del Norte, Senegal, y Alemania Occidental, votaron por Chile.

La selección rusa –CCCP- de gira por Cali jugando contra América
Esperando una solución a su querella, y alejados de lo político, los deportistas que representaban a la Unión Soviética salieron de gira por Suramérica, Colombia no fue la excepción, y claro está, Cali una opción. La idea era que jugara dos encuentros contra los equipos de la ciudad, el día 29 de noviembre frente al Deportivo Cali en las horas de la noche y contra América en día 2 de diciembre en las horas de la tarde, al final solo jugaría contra los “diablos rojos”. Los rusos llegaron el día 27 de noviembre a la ciudad y se hospedaron en el Hotel Aristi, las noticias locales indicaban que se encontraban a gusto en la ciudad, que utilizarían la cancha del Limonar que pertenecía a los verdes para sus entrenamientos, y que además poseían una gran estatura y condición física, algo que pondrían en juego frente al América de Cali y los aficionados que llegaran al estadio del barrio San Fernando.


Llegó el día del partido, y a las 4 pm se dio inicio, Rusia formó con Pilgui, Bukievski, Lorchey, Kaplinski, Kankoy, Andriasian, Dalmatoi, Yebrusijian, Alsanski, Chepel, Anichenko. América por su parte formó a Riggi, Escobar quien fue reemplazado por Carabalí, Bautista, Martínez, Jiménez, Plá, Romero que fue suplido por F. Torres, Ospina, Cáceres, Cuero y Torres que fue cambiado por Cervantes; resultado, una constante actual, perdió América por la mínima diferencia, el gol lo hizo Anichenko a los 2 minutos del segundo tiempo, el cronista Alberto Marulanda, escribió lo siguiente:

[…] El futbol mecanizado con desplazamientos rápidos, pases al vacio, llegadas precisas, se impuso al de picardía, de toque y malicia indígena…, la rotación, juego rápido, fue la principal arma que saco a relucir el seleccionado, ante un América que no pudo organizarse debido a la fuerte marcación a que fue sometida. Ambos equipos practicaron en ciertos pasajes futbol fuerte y con alguna mala intención que debió ser sancionada por el juez central Omar Delgado…, Este primer tiempo fue muy entretenido. Ambas escuadras jugaron a su estilo, aunque el seleccionado mostró una mejor estructuración. Se demostró que los puestos en el campo no están escriturados. La rotación de los jugadores rusos desconcertó en muchos momentos al América. Pero el empate a cero goles al liquidarse la etapa inicial lógicamente beneficiaba a los americanos, que como se anotaba al comienzo no estuvieron como en tardes anteriores…, Ya con hombres frescos, los equipos se organizan y comienza un continuo batallar de parte y parte. América se defendió bien. Rusia contraataco por todos los costados, pero la defensa del América supo controlar las acciones de peligro. La Unión Soviética comprende que no debe esforzarse y comienza a tocar el balón mejor que su rival. Sin embargo, América reacciona y pone en aprietos a los rusos. Cuando el partido en los cinco minutos finales se tornó emotivo dada la forma como estaban jugando los equipos, sobreviene el pitazo final de Omar Delgado, para dar por concluido el cotejo, con triunfo para la selección frente América.

Conclusión
Lo sucedido con la selección de futbol Soviética y Chile a vísperas del mundial Alemania 1974, es un hecho histórico que involucra la política y el deporte, crea cierta suspicacia ante la pregunta: ¿por qué si ya habían cortado relaciones con Chile, y analizaban la situación del Estadio Nacional como un hecho oscuro por ser este espacio un sitio de reclusión y asesinato de civiles, no asumieron una postura radical que incluyera no jugar el partido de ida en Moscú, y solo lo hicieron cuando el resultado no les favoreció? Seguro la posición de la Federación de Futbol Soviética estuvo influenciada y ordenada desde las altas esferas del poder ruso, resaltando que era el periodo Leonid Brézhnev como Secretario General del comité central del partido comunista –PCUS-, tal vez el gobernante, aconsejado por su directorio, opto por asumir una conducta ejemplarizante para el deporte internacional y su bloque político, algo que puso en la opinión publica mundial la situación chilena, pudiéndose considerar el primer acto de protesta internacional en contra de la dictadura militar, aspecto que mediáticamente pudo beneficiar a muchos seguidores de Allende para salvar su vida, y salir al exilio. Finalmente, volvemos a recordar por estos días los mundiales de futbol y sus campeones, los futbolistas con sus jugadas y goles; observamos en las calles y diversos espacios los aficionados comprando láminas para llenar el álbum Panini; la publicidad televisiva nos anuncia que quedan pocos días para iniciar el mundial en el continente africano, sin embargo muchas historias ocultas y por recordar están ahí para ser descubiertas y relatadas para aquellos aficionados a la redonda, así nuestro país este ausente de esa fiesta.

Fuentes
-El País, Cali, sábado 3 de noviembre de 1973. Eliminada la Unión Soviética.
-El País, Cali, miércoles 7 de noviembre de 1973. Chile, noveno clasificado.
-El País, Cali, martes 13 de noviembre de 1973. Autoeliminada la Unión Soviética.
-El País, Cali, viernes 30 de noviembre de 1973. Solo contra América juega URSS.
-El País, Cali, lunes 3 de diciembre de 1973. A media maquina ganaron los rusos.
-El País, Cali, domingo 6 de enero de 1974. FIFA pisoteó normas éticas.
-El País, Cali, domingo 6 de enero de 1974. Confirmada eliminación rusa.
Imágenes
-Selección de la Unión Soviética. -El País-
-América y Rusia en el Pascual Guerrero. -El País- 

11.5.10

Psicosis, una película de 50 años


Por: Yamid Galindo Cardona.
Andre Bazin advirtió en L’Observateur el 17 de enero de 1952 –ocho años antes de estrenarse la película Psicosis, y que este no vio por su prematura muerte- que “nadie pondrá en tela de juicio que Alfred Hitchcock es el hombre más hábil del cine mundial; cada una de sus películas es un viaje a las entrañas de la técnica del que regresamos deslumbrados; pero de la misma manera que ante unos fuegos artificiales. Queda por saber si hay algo más”. Y por supuesto que hubo más en el maestro del suspenso, quien ya llevaba muchos años en la meca del cine explotando su especialidad en películas de ambiente policiaco y psicológico, de la cual obviamente Psicosis hace parte con escenas que al día de hoy son referentes en aspectos diversos como el manejo de la cámara, los efectos técnicos y una ejemplar dirección artística. Para algunos críticos este es el primer éxito de A.H, film interpretado por Anthony Perkins como el desequilibrado Norman Bates, quien administra una vieja casona ubicada en una colina que guarda un secreto, el cual sólo al final de la cinta podremos descubrir; Marion CraneJane Leigh- por su parte, es la malograda huésped que llega a hospedarse y sufre una muerte en la ducha de su cuarto, escena inmortal que el cine ha catapultado como referencia para otras producciones. Entran en la cinta dos personajes, un detective privado, y la hermana de Marion, interpretada por otra rubia –una constante en las obras de A.H.- Vera Miles, quienes ayudarán a desentrañar al misterioso asesino, a partir del horror y el suspenso que se eleva a un clímax especial en la historia, acompañado por una excelente banda sonora realizada por Bernard Herrmann.

La película fue estrenada el 16 de junio de 1960 en los Estados Unidos, y parece que el segundo país que tuvo este privilegio fue Brasil el 25 de agosto del mismo año. A pesar de que estuvo nominada a cuatro premios Oscar, no logro ninguno de los galardones; y como muchas obras del cine mundial, tuvo tres partes más –Psicosis II -1983-, Psicosis III -1986-, Psicosis IV El Comienzo- la última en el año 1990 para la televisión, todas interpretadas por Anthony Perkins quien igualmente dirigió la tercera parte. Tuvo un remake en 1998 dirigida por Gus Van Sant, hecha a color y fiel copia de la primera versión, lo que fue considerado por los críticos como innecesaria y de poca efectividad cinematográfica para el público de los noventas; también existen dos versiones, una titulada Bates Motel del año1987, y A conversation with Norman del año 2005, las dos recogen particularidades de la obra original de A.H.

En Cali Psicosis –distribuida por la Paramount- se estreno el 1 de enero de 1962 en el Teatro Aristi que hacía parte del circuito Cine Colombia, en tres horarios 3:15, 6:15 y 9:15, con un valor por boleta de tres pesos. Días antes, los avisos de prensa con la programación cinematográfica, ubicaba la imagen de Alfred Hitchcock con su perfil característico y el brazo izquierdo estirado con la siguiente leyenda firmada por él: “No le permitiremos defraudarse a si mismo. Para gozar plenamente de la película Psicosis es imprescindible verla comenzando por el principio. Por lo tanto, no podemos permitir que nadie, absolutamente nadie –ni siquiera el hermano del administrador del teatro- entre a la sala una vez comenzada la proyección de la película”. Con respecto a este anuncio, Boris Izaguirre narra que para la película A.H. diseño un tráiler y una campaña de promoción muy especial: “él mismo paseándose por las inmediaciones del motel y de la casa. Dentro de las habitaciones, su rostro devuelve deleite y morbo. Cuando está en el mítico baño pareciera contener en sus labios un goce indescriptible. Mientras va del motel a la casa lo hace con un agilidad impropia de su físico, a veces corriendo con las manos blandas como una inmensa gallina desbocada. El anuncio culminaba con una advertencia del propio director: “nadie podrá entrar a esta película pasados cinco minutos”. Una estrategia, ésta, que se emplea en los teatros, adonde no se puede acceder una vez empezada la función, pero que en una película no deja de ser una imposición, porque el espectador de cine es irreverente y déspota. Hitchcock sabía qué armas poseía para imponerse a su propio espectador: el tono y la velocidad con que en Psicosis se van quemando etapas y se va esparciendo el poder de Bates y su universo” (págs. 137-138).

Psicosis exhibida en el Cine club de Cali
En el listado de las diez películas con mayor asistencia al Cine club de Cali, Psicosis ocupa el primer lugar, con un asistencia 1106 personas; para dicha función fue entregado un boletín dividido en tres partes: Información sobre Intriga Internacional; Psicosis y la filmografía de Hitchcock, del film que representa un icono especial dentro de la actividad realizada por el Cine club, se incluyen una conversación entre los cineastas Francois Truffaut y Alfred Hitchcock, cuya traducción del ingles fue realizada por Andrés Caicedo y Javier Cardona, al inicio se sugiere la importancia de que la lectura del texto se haga después de vista la película; el documento, que se extiende en 6 paginas tamaño oficio, trae consigo muchas ideas en torno a la realización del filme en varios aspectos; a continuación el comentario de Truffaut sobre una escena clave y la posterior respuesta de Hitchcock, comentario que resulta importante para cualquiera que haya observado la película:

[…] F.T. –El acuchillamiento de Janet Leigh también quedó muy bien hecho.
A.H. –Nos tomó siete días realizar esta escena, y había setenta distintas colocaciones de cámara para 45 segundos de película. Teníamos un torso artificial, hecho especialmente para la escena, con la sangre que se suponía le goteaba del cuchillo, pero yo no lo utilicé. Usé una muchacha de verdad, una modelo desnuda que remplazó a Janet Leigh. De la señorita Leigh no mostramos más que las manos, hombros y cabeza. Todo lo demás fue suplantado. Naturalmente, el cuchillo jamás tocaba el cuerpo; todo esto fue hecho en el montaje. Filmé unas tomas en cámara lenta para poder ocultar los senos. Las tomas lentas no fueron aceleradas posteriormente ya que al ser montadas daban una impresión de velocidad normal.
F.T. – Es una escena excepcionalmente violenta.
A.H. –es la más violenta de toda la película. A medida que el film avanza hay menos violencia, porque la memoria del primer asesinato es tan punzante que se mantiene en los pasajes de suspenso final (Boletín exhibición # 91, película Psicosis de Alfred Hitchcock. Febrero 24 de 1973. p. 12).

El amplio boletín dedicado a dos películas de Hitchcock, lo entrega la cinefilia pura por parte de los miembros del Cine club de Cali, al presentar como agregado a la información una hoja ilustrativa de crítica y denuncia, sobre una de las escenas de la película Psicosis que se encuentran en al final de uno de los rollos. Buscaron la forma de copiar 12 fotogramas y entregárselos al público de una forma explicativa; podría considerarse como uno de los actos más afortunados y bellos dentro del papel que cumplió el Cine club de Cali como exhibidor cinematográfico, representa una denuncia ante el uso inapropiado del material cinematográfico:

[…] La ilustración corresponde a una escena a la copia de Psicosis que exhibimos hoy, única disponible en toda Colombia. Se trata de nada menos que de la muerte de Arbogast, situada en la cola de uno de los rollos finales. Con profunda consternación advertimos su ausencia cuando la película fue exhibida en el autocine “El Limonar”. Como las colas son las porciones del film que más sufren el descuido y el maltrato, son bien explicables las causas de la mutilación. Valga la ocasión entonces, para sentar una protesta por el mínimo cuidado que se le dispensa al film, que es, de hecho, la materia cinematográfica en un su organización definitiva, y quienes tengan que ver con su difusión están sujetos, de antemano, a una gravísima responsabilidad. Responsabilidad que los comerciantes del cine no han querido asumir, ya que en algunos casos son personas que no sólo no entienden de cine, sino que además les disgusta el cine.

La imagen recortada fue tal cual presentada a los asistentes de la exhibición del Cine club de Cali como no aparecía en la copia, con la siguiente información:

[…] Hacemos entonces un desglose de la escena, en el sentido que indica la flecha:
1-Arbogast inspecciona las escaleras.
2-Visión subjetiva de las escaleras.
3-Arbogast sube.
4-Gran toma desde arriba a la madre que entra a cuadro armada de un cuchillo.
5-La madre acuchilla a Arbogast.
6,7,8-Arbogast cae dando tumbos por las escaleras.
9-Visión subjetiva de las escaleras.
10-Arbogast cae de espaldas en el vestíbulo.
11,12-El cuchillo de la madre se entierra en su cuerpo, una y otra vez…
(La escena dura unos ocho segundos)

Finalmente
Aficionado al cine que se respete, ha visto Psicosis, una obra maestra clave de la historia del cine que debe estar en la colección particular de los coleccionistas, y de los ciclos que cualquier Cine club programa en su corta y larga vida. Ese mundo del suspenso que supo filmar A.H. con cada una de sus producciones, significa una etapa básica de un género que se mantiene vigente y parece reinventarse con excelentes, regulares y pésimas películas, con viejos y nuevos admiradores que encuentran en estas historias, acercamientos a la realidad de la sociedad en la cual están basadas algunas de estas cintas.

Referencias
-Archivos de prensa programación de cine, periódico El País, Cali años 60s.
-Andre Bazin, El Cine de la Crueldad. Editorial Vizcaina, Madrid, 1977.
-Boletín exhibición # 91, película Psicosis de Alfred Hitchcock. Febrero 24 de 1973. p. 12
-Boris Izaguirre, El Armario Secreto de Hitchcock. Editorial Espasa, Madrid, 2005.
-Yamid Galindo, Cine club de Cali, 1971-1979. Tesis Licenciatura en Historia, Universidad del Valle, octubre de 2006.









27.4.10

Intimidad Caicediana -2da parte-



Al amigo José L. Luna,
a quién la obra de Andrés Caicedo
le resulta familiar e interesante por su Cali del alma.

Por: Yamid Galindo Cardona.

La posibilidad de conocer la vida de Andrés Caicedo se da por el orden, clasificación, y planificación de este autor, que premonitoriamente edifico un camino intelectual enfocado al cine, y la literatura, y que a través de sus cartas, supo plasmar diversas ideas intimas que involucraban su circulo familiar y social; al día de hoy, las referencias publicadas y por publicar, dan a los acuciosos seguidores de su obra y vida, nuevas noticias para comprender y analizar sus escasos 25 años. Continuando la pasada publicación de este blog, les entrego la segunda parte dedicada a dos libros que nuevamente nos sumergen en el espacio Caicediano.

El Libro Negro de Andrés Caicedo
Editorial norma, 2008.
Colombia.
Págs. 155.
Con el título Caicedo, El Atravesado, Margarita Valencia realiza una introducción muy acorde al libro, interesante y necesaria para sus lectores; ubicando en el contexto colombiano la colección bibliográfica de A.C., con algunas referencias teóricas acertadas con respecto a esa colección acumulada en su particular biblioteca que sumaba en número 232 volúmenes, siendo la mayoría publicados en la década de los setentas del siglo XX y que se encuentra disponible en la sala de Raros y Manuscritos de la biblioteca Luis ángel Arango –blaa-:

…podemos suponer que el joven Caicedo, como la mayoría de los jóvenes, inició su biblioteca con libros de la biblioteca de sus padres: seguramente una gran parte de los 37 títulos de la Biblioteca Básica Salvat tiene este origen: esta BBS, una de tantas diseñadas para guiar al pueblo por el camino de las lecturas convenientes, es muy desigual en su tipografía interior pero de alta calidad en los contenidos y tiene cubiertas de tres colores para diferenciar su contenido; fue la primera colección que circulo en Colombia con el ánimo de colonizar espacios diferentes de las librerías ( es la clase de libros que las mamas compran en el supermercado) y fue fundamental para los lectores colombianos, en especial los lectores de provincias. Varios libros provienen de bibliotecas ajenas, como lo denuncian las firmas de otros en las páginas preliminares; uno, incluso, proclama orgullosamente el haber sido robado. Hay libros de segunda: algunos tienen, por ejemplo, el sello de la biblioteca del Centro Colombo Americano, que solía renovar con frecuencia sus libros (como el Consejo Británico) y ponía ala venta los ejemplares viejos; otros más, evidentemente acopiados durante el viaje a Estados Unidos, tienen sellos de bibliotecas de universidades. Una gran cantidad tiene sellos de librerías –libros escogidos de acuerdo con las necesidades del lector que era Caicedo ene se momento, del director de teatro, del potencial director de cine--: Librería Nacional, Letras, Librería Aguirre (de Medellín), Librería Colombiana Camacho Roldán, La Lechuza libros, Librería AL (en el pasaje Veracruz); el número de librerías es sorprendente, tanto como la variedad de libros que allí se conseguían, en particular si se tiene en cuenta el escaso desarrollo editorial en Colombia. De hecho, de los 232 volúmenes de la biblioteca de Caicedo, 81 (35%) son impresos en España, 49 en Estados Unidos / Inglaterra (21%), 56 (24%) en otros países latinoamericanos (Argentina, México, Chile, Cuba) y 14 (6%) en Colombia. De los 14 libros colombianos, doce son de autores locales, mientras que los libros latinoamericanos son de autores de todo el mundo (incluyendo una antología del cuento colombiano hecha en Uruguay); siete son hechos por el Estado y forman parte de la Biblioteca Colombiana de Cultura, editada por Juan Gustavo Cobo Borda en Colcultura, en la cual se publicó en la cual se publicó por primera vez ¡Qué Viva la Música! Una comparación a vuelo de pájaro entre los libros colombianos y los libros latinoamericanos nos deja muy mal parados: en Colombia en 1970 la industria editorial era muy endeble, tan endeble como el sustento intelectual que debía alimentarla (págs. 9-10).

La prologuista nos entrega un análisis sobre A.C. como lector, con reflexiones a obras leídas y por leer anotadas en sus diarios, con la “famosa” lista ya tan común en él de obras estudiadas en sus años de vida con sus respectivos promedios, involucrando textos sobre teatro, cine, literatura infantil, suspenso, novelas policiacas, literatura inglesa, latinoamericana y norteamericana. Culmina este prologo con dos análisis, el primero titulado Huellas en la página donde las referencias y pistas dejadas por A.C. se convierten en claves, además de “pedacitos de su vida por fuera de ellos” como nos anuncia Valencia; finalmente con el titulo de El paso del tiempo, la idea se centra en explicar los cambios en las condiciones de afrontar y resguardar un libro: “los libros de Caicedo muestran por todos los lados señales de maltrato, y también señales de afecto: cinta de enmascarar en los lomos, cinta pegante para impedir la desencuadernación, un plástico sobre la cubierta (pg. 18).

En 1988 el padre de A.C. escribió un pequeño texto donde explica el momento en que encontró un folder de pasta negra cuidadosamente elaborado con reseñas de libros, películas y obras teatrales vistas por su hijo; en el comentario de María Victoria Caicedo Estela –hermana de Andrés-, vale subrayar lo siguiente:

…Con el cuidado y la minuciosidad de un relojero antiguo, mi papá le colocó al original los refuerzos de cada página, los clasificó en sus tres categorías originales (Libros, Cine, Teatro), y numeró cada una de las páginas sin resistirse a la tentación a la que siempre sucumbe él, como es la de señalar y corregir los gazapos y colocar glosas cuando cree que éstas se requieren. Por ejemplo, en la página 89 de la sección de libros en la que Andrés reseña tres textos de Gabriel García Márquez, omite colocar el nombre del autor y mi papá cuidadosamente, lo escribe al margen con letra de imprenta…, A los diez años, en 1961, inicia su registro de libros leídos dejando en la página 67 del Libro Negro (en el manuscrito original), unas palabras que nunca cesan de sorprenderme: es un anota escrita a mano en la que dice “174 libros leídos desde los 10 años; 24.8 libros por año”. Pero además, y tal vez es lo más sorprendente, con gran disciplina, Andrés dejaba por escrito siempre un comentario, una reseña del libro leído, un riguroso hábito que posibilitó la existencia de este Libro Negro que por fin logra ver la luz (págs. 19-20-21).

Este “libro negro” es una guía didáctica muy interesante para los que quieran acercarse por primera vez a ciertas obras de la literatura universal, podría ser utilizado para incentivar a los niños, jóvenes y adultos que poco les gusta la lectura, ya que recoge obras que “pareciese” deberían de leerse y ser entendidas para comprender un poco más de nuestro entorno fantástico y real, dos ítems que los literatos combinan y acercan al público variado que los busca. Opinando que el mundo de A.C. en el momento que realiza sus lecturas, y las reseña, ha cambiado mucho en detrimento de ese entusiasmo por el bello arte de la palabra escrita y editada; sin embargo, “no todo esta perdido” y existen otros medios y espacios para llevar de la mano a aquellos que no han descubierto el mundo a través de las ideas que otros han plasmado como huella particular en busca de un colectivo.

Presento a continuación algunos ejemplos acorde al orden de publicación:

América Latina
México, Juan Rulfo.
Pedro Paramo: Esta novela se ha convertido en catorce años en un auténtico clásico de la literatura latinoamericana. La causa: el brutal acierto con que Rulfo define y se adentra en la mítica de su pueblo. Pedro Paramo es una narración donde los protagonistas sostienen un constante juego con la muerte, cuando ya no son más que simples muertos; la muerte y la vida, ese juego rápido y fácil de los hombres por los dos campos de existencia, es el ritmo constructor de esta gran novela. Rulfo no tiene necesidad de insistir en un personaje para darle perenne importancia épica dentro de su narración. Se puede decir que todo lo que toque Rulfo con su pluma, queda inmortalizado (pg. 68).

Colombia
Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad: Aquí está el resultado del experimento con La Mamá Grande. La historia de una familia desde el primero al último de sus descendientes. Familia completamente irreal, con personajes tan inverosímiles como Supermán, que viven en un medio donde las supercherías, tradiciones, supersticiones y creencias sobrenaturales toman carácter de hechos reales. Así, y aquí está el merito de la novela, los Buendía se tornan fabulosos dentro de su irrealidad. Narración absolutamente fuera de tesis, no niega ni afirma nada, sólo cuenta, expone, narra. Estupendo orden dentro del desorden. La soledad, en lo que tanto insiste, no está tomada en un sentido estrictamente real, sino en un orden sobrenatural, pero así se torna una soledad monumental, horrible, sin esperanzas. El lector va asistiendo a al vida de cada Buendía casi sin darse cuenta del recorrido del tiempo. Pero, ¿realmente hay algún aporte nuevo a la narrativa en esta novela? ¿No será que Cien años dentro de su innegable calidad literaria, se esconde entre ella misma por una oscura trampa? ¿LA INMORTALIDAD y Supervivencia? De ello estoy convencido (págs. 92-93).

Norteamérica
Tennesse Williams
Su teatro es considerado como lo mejor del realismo norteamericano. Es un teatro folclórico. Se basa en elementos de la clase media norteamericana para anunciar sus hipótesis. Un tranvía llamado deseo: Williams estudia aquí la vida matrimonial. Cónyuges engañados mutuamente, aparentemente felices, una hermana de la esposa medio loca que vive de recuerdos, todo esto para llevar el mensaje de que la realidad es una y lo que se cree de la realidad es otra cosa. El autor no sabe realmente qué características darle a su mundo, no sabe si despojarlo de esperanzas o dejarlo a medias, no sabe si hacer triunfar la maldad o la bondad. En esta obra se alcanza a contemplar perfectamente dicho problema (págs. 117-118).

Europa
España, Luís Buñuel.
Viridiana (Guión): Con u prologo de Georges Sadoull. Completo informe de la parte literaria de la obra maestra de Buñuel. Naturalmente, un guión es un elemento todavía no realizado en su plenitud. La fuerza y la poesía de Viridiana como película no están desarrolladas en el guión, que se convierte en un mero e interesante elemento informativo para el cineasta, ofreciéndole datos y aspectos que pueden pasar desapercibidos cuando se enfrenta a la proyección de la cinta. Escenas y planos modificados durante el rodaje, suprimidos en el montaje, cortados por presión de la censura, etc. Todo eso, muy bien ubicado y con la introducción de Sadoull, hacen amable y positiva la lectura de algo tan pesado como es la literatura cinematográfica (pg. 124).

Las últimas páginas de este libro negro de A.C. presenta las imágenes de las caratulas de algunos de los libros reseñados en el documento, y que se pueden revisar en la blaa.

Andrés Caicedo
Mi Cuerpo es una Celda
-una autobiografía-
La otra orilla, editorial norma.
Colombia, 2008.
Págs. 299.
La dirección y montaje de esta autobiografía o memorias, estuvo a cargo del escritor chileno Alberto Fuguet, quien nos explica cómo se hizo el libro, entendiendo el oficio realizado en esta edición como “el de un montajista que se encontró con mucho material y a un director-guionista que ya no está. Lo bueno fue que yo me topé con unos productos que sólo querían que respetará la visión del autor” (pg. 257), algo así como “un documental narrado en primera que certificará en forma segmentaría lo él vivió, sintió y vio. No tenía a mi sujeto ni cerca ni vivo, pero había cartas, diarios, poemas, críticas de cine y material que se negaba a ser catalogado” (pg.- 258).

Este documento recoge textos de las ediciones ya citadas sobre la vida de Andrés Caicedo, incluyendo nuevas referencias que tal cual como anuncia Fuguet, hacen parte de muchas formas de expresión, sobresaliendo el genero epistolar, un espacio propicio para “desnudar” muchas facetas de Caicedo en aspectos familiares, amorosos, literarios y cinematográficos, relación general que advertimos en cada libro leído. Mi Cuerpo es una Celda representa una autobiografía donde el paso de tiempo se sostuvo por la posibilidad del resguardo de esos materiales post mortem de A.C. a cargo de sus familiares y amigos, sobretodo las esquelas que soportaron la privacidad alegre o dolorosa, para ingresar al conglomerado social representado en sus lectores, rompiendo la delgada línea del ámbito privado:

…Repito: Andrés Caicedo no escribió este libro tal cual como existe y acaso no lo concibió, al menos de manera consciente, pero es su libro. No se sentó a escribir Mi cuerpo es una celda. Simplemente se sentó todos los días a escribir lo que fuera. Todo lo que esta en este libro ha sido escrito por Caicedo. El material base fueron cartas, trozos de papel, diarios a medio terminar, libretas, cuadernos argollados, críticas de cine, artículos de prensa y “escritos”. Diría que más del sesenta por ciento no ha sido publicado con anterioridad. Un ochenta por ciento del magma con que empecé a trabajar era inédito. Los fans y lectores atentos se encontrarán con material que quizás ya conocen, aunque en otro orden, y editado de otra manera. Ese libro fue insisto, montado. Editado- Algunas cartas fueron reducidas. Otras, de la misma fecha, se fusionaron. Aquellos escritos que aparecen como apuntes o posts o anotaciones en u diario de vida son un invento mío a partir de muchas frases de Andrés que aparecían en largas cartas centradas en temas ni cinéfilos ni personales (págs. 263-264).

Este documento autobiográfico inicia con una carta del año 1975 que impacta por su contenido, dirigida a su mamá en un aventón que tuvo A.C para dejar este mundo terrenal:

…Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencia, y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado…, Y ojalá que algún día puedan publicarse los libros sobre mi adolescencia que escribí con tanto esmero: El atravesado y Qué viva la música. Eso y que por favor incineren mi cuerpo: ser devorado por los gusanos sería peor que seguir viviendo…, De mí, publiquen una foto de cuando estaba niño (pg. 16).

El montaje realizado por Alberto Fuguet estuvo dividido en ocho partes que guardan cierta periodicidad, desde el año 1966 hasta el año 1977: Intro; Cambiando / encontrando la voz (1966-1972); borderline / cruzando fronteras (1973); Cali calabozo (1973-1976); el espiral descendente (1976-1977); además de unos anexos titulados: ¿Quién es quién?; Cómo se hizo este libro (el making of); Bonus tracks en tres partes, y finalmente los agradecimientos. El grado de intimidad que nos presenta A.C. en cada documento publicado es muy alto, es la desclasificación de los “archivos prohibidos” regados en familiares y amigos que se entregan en otro espacio y dinámica particular.

A modo de conclusión
El complemento a las anteriores líneas corresponde al listado de sus obras divididas en cuatro partes: Cuentos, teatro, novelas y recopilación biográfica, quedando por fuera las reseñas de crítica cinematográfica que no se especifican. Listado elaborado a partir de los datos de la colección Cara y Cruz de la editorial norma sobre la obra de Andrés Caicedo y el articulo de Ricardo Moncada Esquivel, Andrés Caicedo un Joven de Medio Siglo. Gaceta Dominical periódico “El País”, Cali septiembre 23 de 2001, p. 7. Además de lo publicado en el año 2007 y 2008.

Cuentos
Infección -1966-
Por eso yo regreso a mi ciudad -1969-
De arriba debajo de izquierda a derecha -1969-
Los mensajeros -1969-
Vació -1969
Besacalles -1969-
El espectador -1969-
Felices amistades -1969-
¿Lulita que no quiere abrir la puerta? -1969-
Los dientes de caperucita -1969-
Los mensajeros -1969-
Destinitos fatales -1971-
Patricialinda 1971-
Calibanismo -1971-
Maternidad -1974-
En las garras del crimen -1975-
Berenice –sin fecha-
Teatro
Las curiosas coincidencias -1966-
La cantante calva -1967-
La piel del otro héroe -1967-
Los imbéciles están de testigos -1967-
El fin de las vacaciones -1967-
Recibiendo al nuevo alumno -1969-
Las sillas –versión 1969-
La noche de los asesinos –versión 1969-
La ciudad y los perros –versión 1970-
El mar –versión 1972-
Novelas
La estatua del soldadito de plomo.
Angelitos empantanados. Angelita y Miguel Ángel -1971-
El pretendiente -1972-
El tiempo de la ciénaga -1972-
Noche sin fortuna –inconclusa 1970/76-
El atravesado -1974/75-
¡Que viva la música! -1973-
Crítica Cinematográfica
Ojo al Cine -1999-
Recopilación biográfica
Andrés Caicedo. El cuento de mi vida -2007-
El libro negro de Andrés Caicedo -2008-
Mi cuerpo es una celda -2008-

Según Luís Ospina y Sandro Romero, la obra de Andrés Caicedo es básica y necesariamente juvenil, puesto que en vida, no se propuso otra cosa que fortalecer una imagen adolescente ante el mundo, hasta el punto de plantear que uno nunca debía dejar de ser niño y, por ende, vivir más de 24 años era una insensatez (Ospina Luís, Romero Sandro, Invitación a la Noche, Prologo de Destinitos Fatales de Andrés Caicedo, Biblioteca de Literatura Colombiana, Editorial Oveja Negra, Bogotá Colombia, p. 9- 25). Tal vez por lo anterior, su obra se torna vigente, fresca y joven; pero su lectura se vuelve compleja cuando no se conoce el espacio físico representado en la ciudad de Cali en cuanto a las obras de invención -aclarando que la ciudad de Cali que nos relata Andrés Caicedo, no es la misma, los cambios han sido significativos, pero de forma negativa. Para el interesado sobre el tema, lo remito a la columna de prensa titulada ¿Ciudad? Escrita por el arquitecto e historiador Benjamín Barney, en el periódico El País, allí encontrara herramientas críticas, teóricas, propositivas y futuristas, sobre lo que fue, es y será Cali, desde diversos temas que involucra la ciudad-, ciudad icono de perfiles y estados de ánimo de sus personajes. Complicado igualmente acercarse a sus análisis sobre el séptimo arte cuando la pasión por el cine no existe -es decir, la afición y gusto por ver cine y leer sobre la temática en cuanto su tendencia y su historia, es básico para acercarse al tema- ya que su sapiencia cinéfila sobrepasa límites.

Agradecida notita: Tres, de las cuatro obras de A.C. reseñadas, han sido obsequiadas por Dolly Galindo C., Mónica Calero M. y Andrés Calderón M. ¡Gracias!





9.4.10

Intimidad Caicediana -1era. Parte-

Por: Yamid Galindo Cardona.

La primera vez que me acerqué a la intimidad de Andrés Caicedo fue cuando encontré los archivos abandonados del Cine club de Cali, claro está que unos años atrás con la lectura de sus obras, ya había tenido una breve introducción. Luego en el año 2002 -dudo de la fecha- la Biblioteca Departamental en la ciudad de Cali, realizó una exposición con los objetos más preciados de nuestro autor: su maquina de escribir, sus libros, algunas cartas, artículos publicados en la prensa nacional, la revista Ojo al Cine, boletines del Cine club, entre otros que la memoria no recuerda; algo así como la propiedad intelectual de Caicedo que la familia había guardado celosamente, aquella que unos años más adelante dieran a la Biblioteca Luís Ángel Arango –blaa-, en resumen, la desclasificación de la vida privada de Andrés para los interesados en su existencia y obra.

Los años 2007 y 2008 fueron bautizados por quien escribe como los años Caicedianos, precisamente se cumplían 30 años de su desaparición, y aparecían durante sus meses tres libros y dos cuadernos dedicados a su intimidad, aquella que morbosamente esculcamos para saber más de su vida y que públicamente se nos presenta en ediciones al alcance de todos. Precisamente, el objetivo de la presente edición de Historias en Cine-y-Filo, es reseñar cada una de las obras editadas, una guía para los interesados en el “angelito empantanado”, esperando quede el interés y las ganas de conseguir los textos para una mejor comprensión, los cuales están al alcance en bibliotecas públicas y librerías –como dice la publicidad- de su confianza.

Andrés Caicedo
El Cuento de mi vida
Editorial norma, marzo 2007.
Colombia.
120 Págs.

La presentación de este libro estuvo a cargo de María Victoria Caicedo Estela, quien en uno de sus párrafos nos dice que algunas piezas pertenecientes a Andrés –sus diarios- fueron rescatados de la casa de sus padres para que estos no las leyeran, guardadas celosamente hasta que fueron entregadas a la blaa, se trataba de cuatro cuadernos argollados escritos a puño y letra de Caicedo, de donde salió la edición de este documento autobiográfico y epistolar, al agregarse dos cartas dirigidas a Miguel Marías y Patricia Restrepo escritas el 4 de marzo 1977, precisamente el día de su deceso.

La primera parte titulada Remontando el Río, es un texto escrito en junio del año 1976 mientras A.C permanecía en la clínica de reposo Santo Tomás de Bogotá donde permaneció 39 días luego de su primer intento de suicidio. Encontramos entonces un documento que narra los primeros años de su vida, de la relación con sus padres, su recorrido escolar en Cali y Medellín, además de una serie de anécdotas de niñez, juventud y adultez, recreando tristezas, dificultades y logros, donde el amor, las drogas, el cine y la literatura tiene cabida; culminando con los deseos de seguir adelante con su proceso de escritura y dirección con la revista Ojo al Cine, además de otros proyectos a realizar:

…Ahora, pasado ya un mes de estar en esta clínica tengo planes urgentes para el futuro inmediato; sacar un número cinco de Ojo al Cine que sea mejor que los anteriores, gestionar la publicación de mi novela ¡Que viva la música! con las dos editoriales que me la han comprado y arreglar la publicación de un libro de cuento con Eduardo Agudelo, el dueño de la editorial que me saca la revista; asimismo, comenzar dándole forma al libro que tengo planeado sobre los Rolling Stones, entroncándolo con el relativo fracaso de mi generación. Yo siempre estuve muy influenciado por la música de los Stones y por su postura lumpesca ante la vida, aunque estuvieran disfrutando del puesto No. 1 en la industria (que hoy está en plena decadencia artística) del Rock’n Roll. Ya creo haber salido de ese estado de confusión en el que no recordaba los sueños, en el que perdía un bolígrafo todos los días y no terminaba ningún trabajo ni la lectura de ningún libro y para todos era una intolerancia que me estaba haciendo enemigos de todos los que eran amigos míos. Quiero escribir un ensayo que, ante la decadencia del cine mundial ligado a la super-perfección técnica, se llame “Por un cine imperfecto”, parafraseando un artículo del cubano Julio García Espinosa, y análisis de los films que más admiro: Persona de Ingmar Bergman, Psicosis de Alfred Hitchcock y Lilith de Robert Rossen. Así es. Ha podido ser mejor, pero que le vamos hacer (pg. 32-33).

Complementa este relato dos imágenes, la factura de admisión de A.C a la clínica; y una carta “suplicante” dirigida a sus papás con fecha 1 de julio 1976 escrita desde el sanatorio capitalino.

La segunda parte se titula Silvia, escrito por A.C a finales del año 1974. Esta población del Departamento del Cauca, llena de montañas y de indígenas Guambianos, era el sitio que la familia Caicedo Estela escogía para descansar en sus vacaciones de verano, igualmente significó el espacio donde A.C escribió su obra ¡Que Viva la Música! El relato que encontramos esta cargado de descripciones del sitio recorrido por este, en muchos casos bajo las torcis –palabra utilizada por A.C para referirse a los efectos de las drogas químicas o naturales- que pareciese crean cierta ansiedad moral que lo lleva y trae en su relato; igual que la primera parte, esta lleno de anecdotarios que involucran a otras personas, teniendo como particularidad narrativa una descripción detallada de lo que hace en el paisaje que visita y observa, más lo que le gusta:

…Lo que más me gusta, más que subir loma o saltar tapia, es leer en voz alta. Es una opresión blanca en el corazón. Un partirse en dos total: preocupación angustiosa por la opinión que se están haciendo los oyentes de aquel que al leer se está exponiendo. De allí, desconcentración paulatina de la lectura. Mi yo se esta quemando en aquellos que no veo, pues tengo los ojos fijos y abarcando sólo los caracteres impresos. Se me hace, entonces, que el que esta hablando es sólo un cascaron, una conciencia desconocida. Pero viene, repentino, el momento en que sabes complacidos a los escuchas con la intensa satisfacción nerviosa que me produce el tacto, y dura lo que una descripción corta: ante una porción de dialogo me pregunto si no habrá inconveniente en adaptar una voz de personaje para cada uno de los hablantes (pg. 44).

Las dos últimas páginas de este documento traen la indecisión de A.C sobre la posibilidad de unir todos su relatos en un solo libro, exceptuando El Tiempo de la Ciénaga; se trataba de su obras Angelita y Miguel Ángel, El Atravesado y ¡Que Viva la Música!, textos que obviamente pertenecen, si se leen con cuidado, a una misma unidad narrativa que involucra personajes y el espacio urbano de la ciudad de Cali. Las imágenes retratadas de esta sección son dos hojas de cuaderno -una línea corriente y otra cuadriculada- correspondiente a “pendientes” y apartes de su obra cumbre.

El año 1974 fue especial en la vida de A.C porque viaja los E.U en “busca de la fortuna” de lograr vender uno de sus guiones, siendo el periodo donde más observó cine, anotando sus comentarios y críticas en un cuaderno que se me antoja le servía de referencia para complementar sus escritos de crítico cinematográfico en los periódicos nacionales y su revista Ojo al Cine, algo así como el diario de un cinéfilo, complemento del listado de filmes vistos que ya llevaba registrados para su colección. Justamente, la tercera parte de este libro titulada De película por los Ángeles, corresponde a su estancia en el país del norte. Las memorias que aquí nos entrega A.C, en sus primeras páginas, explican lo que él ha sido bajo el afecto de su madre, y algunos asuntos suscitados con su padre a propósito de sus escritos, dejando notar cierto resentimiento que pasa a lo que piensa sobre su posición como empleado perteneciente a la clase media, que trabaja para ricos. También indica la indecisión para seguir adelante con el proyecto de vender sus guiones, su necesidad de regresar a Cali, y su decepción de no lograr su objetivo; enredando sus comentarios con apuntes musicales y algunas referencias cinematográficas:

…Llegaré sin nada de dinero, sin casa, a seguir viviendo con mis padres, que ya no me interesan en su comportamiento, y altercar con la gente de Ciudad Solar, a la que he sentido, en pensamientos horrorosos, como una presión contraria que no me deja escribir, cuando no puedo. Veré a Alfonso, eso sí. No le he escrito. Le habría escrito si hubiera tenido éxito. Que palabra tan mierda esta. No es eso lo que quiero decir. Tal vez aún tenga tiempo de escribirle. Tengo que escribirle a Luz Ángela también. ¿Qué hacer para comenzar algo nuevo, formar una sala propia, por ejemplo, si no tengo un centavo? ¿Entraría a la universidad, tal vez? No. Escribiría de tiempo completo. Terminaría una novela y la pondría concursar, con las señoras de Vivencias, tal vez, aunque no ganaría premio. Escribiría, sí, escribiría en mi cuarto, que no me deja ningún buen recuerdo… pero entonces ¿cómo he hecho para escribir todos estos años precisamente en ese cuarto, ese cuarto que no me gusta ahora, que me confunde y me da sueño? Haría el mismo esfuerzo y escribiría, interrumpido sólo por las horas de comida. Me llevaría bien con mis padres, hasta que al mes, a los dos meses, comiencen los primeros roces de diferencias. No lo sé. He puesto el radio y suena “Sympathy for the Devil”, una canción que me ayuda. Y ¿cómo pensar en sacar por ejemplo un apartamento, ahora que mis entradas en el cine club se han reducido del 70 al 25 por ciento? (pg. 60-61).

La cuarta parte titulada La Recta Final, es un documento escrito el día domingo bajo la sombra del Cali caluroso en el barrio San Antonio, en una casa arrendada y compartida donde A.C parecía encontrar cierta independencia para su trabajo en la agencia de publicidad, rumbas, amigos y torcis; es un “reguero de tinta” publicado bastante existencialista y triste que involucra la familia, amigos, la ciudad, y su decadencia como hombre que busca en el presente y futuro lo mejor para sobrevivir:

…¿Hacer un laboratorio de mi mismo? Esto era lo que pensaba una mañana, hace mucho tiempo, yendo a comprar papel, de mi casa al supermercado Roherma, en la Flora. Es decir, utilizar todo, las caídas y los éxitos, para iniciar una especie de estudio de la volubilidad humana. Pensé también: “Tenerme como exponente único. Las relaciones de mi ser con la naturaleza”. ¿Hice eso? Creo que me propuse como condición mínima guardar objetividad. Sí, guardar cordura y aislamiento para poder medir las curvas de mi gozo o de mi sufrimiento. Para poder llevar a cabo eso, ordenar y embellecer cada una de las observaciones sobre mi naturaleza, he debido guardar soledad completa, no aceptar invitaciones, rechazar visitas. Por eso no lo pude. Raro que hoy haya pensado en eso (pg. 88-89).

El Último Capítulo reproduce dos cartas escritas el 4 de marzo de 1977. La primera, dirigida al español Miguel Marías, colaborador de la revista Ojo al Cine, en respuesta a una que le había llegado el mismo día, una carta “urgente” con referencias literarias y cinematográficas, estas últimas con el concepto calificador numeral que le daba A.C de 1 a 5. La segunda, tiene como destinataria a su compañera Patricia Restrepo, llena de suplicas amorosas, arrepentimientos y posibilidades con referencias muy intimas que involucran nuevamente a sus amigos, su madre, y claro está, su Patricita. Igual que las anteriores partes, trae las imágenes impresas –minúsculamente- de las cartas originales.

Las páginas finales de El Cuento de mi Vida, expone las fotos familiares de su niñez junto a sus padres y hermanas en diversos momentos; una foto mientras escribía en la sede de Ciudad Solar, otra junto a Patricia Restrepo una semana antes de su muerte en Silvia; una serie de fotos de su malograda película Angelita y Migué Ángel, además de la clásica colección que Eduardo Carvajal dejará para la eterna juventud de este autor.

Cuadernos de Cine Colombiano
Andrés Caicedo, cartas de un cinéfilo
–dos volumencitos-
Secretaria de Cultura de Bogotá
Cinemateca Distrital
2007, 56 págs.

La selección, presentación y notas, estuvieron a cargo del cineasta caleño Luís Ospina. Pertenecen estos cuadernos al género epistolar, ya tratado en otros autores de importancia mundial que posibilita entrar en otros aspectos vivenciales; como dice su titulo, con referencias al cine escritas por un afectado de esa extraña enfermedad llamada cinesífilis. Divididos en dos tomos, uno data de 1971 -1973 y el otro 1974-1976. En su presentación, L.O afirma que en la recopilación de la obra de Andrés Caicedo, junto a Sandro Romero, encontraron un legajador con el título “DE MI AL CINE” que contenía en orden cronológico las copias al carbón de las cartas enviada a sus pares cinéfilos y amigos, lo que posibilitó una organización editada para los interesados en la vida de este caleño universal:

…Gracias a esa precaución anticipatoria de Andrés –siempre preocupado por el destino post-mortem de sus escritos-, es que podemos leerlas hoy. Las cartas, con su tono desgarrador y de atroz introspección, dan cuenta de su pasión por el cinematógrafo. Ahí están consignadas todas las facetas de su cinefilia: programador entusiasta de un cine club, gestor infatigable de una revista, desencantado crítico de cine para los diarios locales, director de cine angustiado, guionista frustrado y espectador aguzado. Paralelamente durante los años que comprende esta correspondencia (1971-1976) Andrés estaba trabajando en su novela ¡Qué Viva la Música!, cuyo primer ejemplar recibió el mismo día de su suicidio. Andrés era un gran escritor de cartas aún cuando no estaba lejos. No era raro que, estando uno en la misma ciudad, después de dar muchos rodeos, le dijera a uno con su tartamudez característico: “Sa-sa-bés qué viejo Luís: me-me mejor te escribo”. Y dicho y hecho, al día siguiente, por un medio o por otro, llegaba a manos de uno una larga carta mecanografiada diciendo todo lo que él no había podido decir en persona. Tal era su dificultad par comunicarse con los demás (Ospina, págs. 2-3).

Primer cuaderno: 1971-1973
La caratula, fiel a los Cuadernos de Cine Colombiano, esta a blanco y negro con una imagen medio borrosa de Andrés Caicedo sentado y escribiendo en uno de los cuartos de Ciudad Solar. Contiene 16 cartas dirigidas a Luís Ospina, Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez, Isaac león Frías, Miguel González, Juan M. Bullita y Ramón Font, escritas desde Cali, Houston y Los Ángeles. Estos documentos muestran la sapiencia cinematográfica y literaria de A.C, con glosas que apuntan temas diversos llenos de amistad, y reflexiones íntimas. También en la búsqueda de ubicar y vender sus guiones en el país del norte, sus críticas de cine a revistas y periódicos, referencias al Cine club de Cali y la revista peruana Hablemos de Cine; para los lectores presento a continuación un extracto de la carta dirigida a R.A desde Houston con fecha de junio 9 de 1973.

…Ahora que te empiezo a escribir esta carta vos debes estar ya en el san Fernando o esperando a que te entreguen el material. […] El Extranjero es la película de Visconti que menos me gusta, pero el ciclo de junio me parece buenísimo, vas a ver que tiene gran aceptación. Luís me envió los materiales con las críticas a La década prodigiosa y a Los amantes. Te felicito por tu labor, me gusto mucho la crítica a La década prodigiosa; la de Los amantes también, incluso me parece más clara que la de La década, pero es que no he visto la película. Yo coincido con la introducción al film que vos hacés, es decir, la narración se hace en base a una investigación por la verdad, precisándose de un personaje no necesariamente comprometido con los datos de la mentira (porque el film es una gran mentira divina), para que, más o menos alejado y sereno, indague y esclarezca. La otra conciencia pensante es el espectador; no tan hábil e inteligente como Paul Jansen, pero imprescindible par la misma construcción del film. En la última Hablemos de Cine (que parece que se demora) podas leer la crítica mía a La década. Ya verás que coincidimos en mucho. ¿La película gusto a la gente del Cine Club? ¿Y Rebelde sin causa? ¿Qué tal entrada tuvieron, teniendo en cuenta que era repetición? (pg. 28).

Segundo cuaderno: 1974-1976
La maquina Remington de A.C, testigo de las huellas de sus dedos, y de muchas de las cartas escritas, aparece en la portada de este segundo cuaderno. Nos entrega 29 cartas dirigidas a Miguel Marías, Hernando Salcedo Silva, Carlos Mayolo, Ramón Font, José María Arzuaga, Jorge Silva y Marta Rodríguez, Juan M. Bullita, Luís Ospina, Orlando Mora, Jaime Manrique Ardila e Isaac León Frías, escritas desde Cali y Bogotá. Como se puede observar, la planilla es amplia, y como receptores a personajes reconocidos de nuestra historia del cine, con innumerables referencias –nuevamente- al cine visto y no visto, apuntes importantes sobre la publicación que él dirigía llamada Ojo al Cine, con visos íntimos y existencialistas en algunos documentos. El ejemplo a presentar es una carta enviada a Miguel Marías:

Bogotá, octubre 5 o 6 o 7, 1975 no lo sé; y en maquina de escribir añeja, desconocida y prestada, te escribo:
…En general me resulta una lata la colaboración en diarios amarillos, cosa que vengo sufriendo desde hace muchos años: mutilación, inclusión en desorden, vetos, “correcciones en bien del lenguaje”, etc., lo que me decide a no colaborar más para ese tipo de publicaciones, lo que por otra parte me trae problemas, pues es hasta ahora la única forma de subsistir económicamente. Ya veremos cómo sale lo de El Padrino. De integrar un grupo NADA que se esta formando, los primeros que caerían serían los jefes de los “suplementos dominicales” (con ellos he sostenido siempre la misma pugna que sostuvo Poe), hoy caso todos alineados en las garras tenebrosas garras del PC, así que ni para que te los pinto: bigotico y peinado a lo Mandrake, intransigencia, actitud en contra de los jóvenes, reclamos de calidad” en la redacción, desconocimiento total de los camp, de lo cursi y de las series “B” (además de un desconocimiento del cine en general) y fijaciones puritana en cuanto a “la fuerza de trabajo”: 14 horas/diarias, aunque de eso no salga ni una sola línea buena. Únele a eso el mal genio (enfermedad que no he padecido nunca, ni eso ni el tabaco), atisbos de nuevo rico y de “inteligencia” estabilizad para que puedas tener un panorama de mis pugnas, desiguales en todo caso. Yo me cago en ellos y algún día llevarán del bulto […] (pg. 29).

Los dos “volumencitos” traen una excelente edición de los documentos, además de una completísima galería de imágenes correspondientes a las personas referenciadas en las cartas, algunas fotos de películas que se citan, aparte de la memoria del Cine club de Cali a través de muchos elementos que involucran su cotidianidad en el Teatro San Fernando.

Pareciera que el descanso eterno de A.C fuera interrumpido cada vez que sale a la luz pública novedades de su vida, para algunos es el aprovechamiento editorial y económico que vende, y del cual familiares y amigos se ven beneficiados para seguir exprimiendo sus escasos 25 años de producción intelectual; para otros, es la oportunidad de conocer más de su vida para cotejar con lo que se conoce desde la década de los setentas del Siglo XX, algo que aporta a ese “morbo” especial que los seres humanos tenemos por saber más y más de aquellos que aportaron a la cultura popular de un país, en este caso desde una ciudad que se atraviesa en muchos de sus escritos, y que podemos analizar bajo otros puntos de análisis.

5.3.10

Volvieron los políticos


Por: Yamid Galindo Cardona.

Los partidos
Ahí van, se les ve por las calles, barrios, ciudades, pueblos, veredas y cualquier espacio alejado de nuestro país, repartiendo sonrisas falsas, dando abrazos por doquier, y proponiendo lo mismo que otros ofrecieron y no cumplieron. Algunos bajo las banderas de los dos partidos tradicionales que en algún momento se repartieron el país con la disculpa de aminorar la violencia política que ellos mismos habían alimentado; otros, bajo nuevos partidos surgidos del ideario de un presidente que bajo tres pilares –la seguridad democrática, la confianza inversionista, y la cohesión social- gobernará este país durante ocho años próximos a cumplirse, muchos llegados de otras vertientes, una mezcla burocrática bastante particular que el día de hoy observa preocupada su devenir durante sus próximos años. Otro grupo, de polo amarillo, define con mayor claridad la unión de la izquierda bajo varios grupos que parecen desunidos en su punto más trascendental, como por ejemplo el apoyo político a su candidato presidencial. El verde, reuniendo a tres personajes que se desenvolvieron políticamente en una ciudad, y buscan lo propio con el país y un pequeño grupo que los sigue con esperanza. Una mano tricolor liderada por un ex alcalde, buscando encantar con su acento, y gestión al gobernar un departamento, el mapa colombiano. El resto, son grupos de “dudosa procedencia” –igual que los anteriores- que albergan alianzas paramilitares, pirámides económicas e ideologías malucas como la tan sonada revolución bolivariana del vecino que se encuentra al frente.

Los descendientes
Los “animales políticos” vienen igualmente de algunas familias que han ostentado el poder, eso que llaman “delfines”, asumiendo que son herederos de sus padres, hermanos, tíos, y primos quienes fueron alcaldes, gobernadores, senadores o presidentes, y así generación tras generación, entregan ese bastón que los ubica en la maraña construida bajo prebendas de diversa índole: Gaviria, Uribe, Lleras, Galán, Pastrana, Balcázar, Araujo, Samper, Gómez, López, Lloreda, Turbay, Pastrana, Galán, Char, Nule, Guerra, Londoño, Moreno, Abadía, y así sucesivamente saldrán apellidos en cada región del país, todos acariciados por la divina providencia.

La estrategia
Muchos acogen los “éxitos” del gobernante que han apoyado para proponer sus ideas, y según ellos, seguir adelante porque retroceder nunca; unos candidatos, alejados del gobierno de turno, asumen que hay que mantener algunas políticas implementadas, pero con mejoras trascendentales. Y esos “muchos” y “unos”, en el escenario público, dan de que hablar con los ataques mutuos, las denuncias, y el oportunismo de la coyuntura nacional con el debate actual. Y dependiendo de la chequera, hay cuñas en radio, prensa y televisión, entrevistas pagadas y hasta montajes de descredito porque en la política todo vale. Igualmente, la constante –en sus discursos- es cambiar las formas de hacer política en el país, limpiar las instituciones de la corrupción imperante y mostrarle al país que hay nuevos padres de la patria dispuestos a gobernar positivamente en la medida y necesidades básicas de ese conglomerado que los eligió.

Los que eligen
La población acude en fila un domingo después de escuchar la sirena de inicio de las elecciones y asistir a misa, a entregar su voto, luego de vivir un proceso que por doquier estuvo influenciado por la publicidad, un amigo, un cartel o la obligación por motivo laboral que significa un instinto de conservación, porque le conviene que se sostenga el actual gobierno. En ese espacio electoral se cometen muchas acciones políticamente incorrectas como la compra de votos y de conciencias con promesas o la sostenibilidad de un plan que ya viene en marcha, y beneficia cierto grupo social, muchos dirán las bases. Con la pavimentación de una calle, la construcción de un parque recreacional o de un puesto gubernamental si pone cierto número de votantes, promesas que van prometiendo y amarrando al calor de una reunión donde no falta el licor, las empanadas, el asado, los tamales o el bollo. Pero también sucede que algunos votan obligados con un fusil en el pecho, como ocurrió en las elecciones de hace cuatro y ocho años atrás, colocando caballeros y damas que se les ocurrió refundar la nación; opuestamente otros, también colocando el fusil en el pecho de algún ciudadano, lo obligan a no votar porque los candidatos de ese espacio geográfico son de la alianza gubernamental contradictoria de sus acciones bélicas. Pero es importante recordar que el gran porcentaje de los ciudadanos no se detienen a entender a los políticos, a leer sus propuestas, y asumir un papel de militante convencido de que su voto vale por la propuesta que acoge, y no por la ganga ofrecida, lo que sería en últimas un voto limpio y sincero.

Los que no se presentan, en especial los académicos e intelectuales
Hay académicos e intelectuales que desde diversos campos podrían aportar al país con ideas básicas y de interés común en la salud, la cultura, la economía, la ciencia y tecnología, la justicia, entre otros; lastimosamente el porcentaje es mínimo, debido a los “miedos escénicos” en el contexto de la vida pública nacional. Pareciese que asumir este rol los involucraría en la azarosa voluntad burocrática que tiene visos peligrosos y corruptivos, lo cual aleja de la legalidad a estos seres especiales que se piensan el país desde un escenario distinto ubicado en la academia, son observadores críticos y propositivos que no quieren involucrarse con la administración de la realidad de una nación que los cobija como elite, y como tal, no quieren quedar desnudos.

Una propuesta in-coherente
Debería de realizarse en nuestro país un examen de estado –estilo ICFES, EXADEP…- para todos los que desean llegar al legislativo, evaluando conocimientos diversos sobre las diferentes disciplinas, en historia, geografía, constitución política, economía, etc., en resumen, medir la capacidad de aquellos que nos representan, ya que hay mucho personaje que llega a esas instancias, y ni siquiera un discurso coherente, y propuesta eficaz, logra efectuar durante el periodo que legisla. Y sabemos, por la información que nos llega, que muchos buscan el botín económico mensual que se ofrece, las posibilidades del movimiento burocrático en sus regiones, y en cierta medida todas las gabelas que por orden constitucional tienen, por eso es normal encontrar viejos jubilados con pensiones millonarias beneficiados de los impuestos que el común de la población ha pagado, los que algunos llaman políticos de carrera, especialistas en “lagarteria” y amigos de ladrones de cuello blanco.

¡Ay país!
Volvieron los políticos ofreciendo como dice la canción: puentes donde no hay ríos. Ya se respira aire electoral, se ven las paredes llenas de carteles mostrando la mejor foto del aspirante, cada uno(a) con su mejor perfil para encantar al lector y buscar ser elegido; algunos lograran su objetivo, otros entrarán a la “sala de quemados” y buscarán saldar esa deuda con sus electores. Recordando e insistiendo sobre la necesidad de elegir bien, acorde a las propuestas coherentes y necesarias que se ofrezcan para la eficacia social, cultural y económica del país, asumiendo que la política es demasiado seria como para dejársela a los políticos.

Adenda: ¡No voten el voto!

Imagen de una manifestación política de Alfonso López en Cali durante la década de los cuarenta del siglo XX. Foto de Alberto Lenis B.

21.2.10

Variaciones en torno al oficio portero de cine


Por: Yamid Galindo Cardona.

Para empezar, hay que advertir que portero de cine es un oficio que ya no existe o está en vía de extinción, así como el operador de cine y otros personajes de la realidad cinematográfica. Pero, ¿qué hace un portero de cine?, muchos dirán nada, pararse allí en la entrada del teatro a recibir las boletas de los asistentes, para partirla en dos y entregarles una de las mitades; otros, con más atino ven al portero como el amigo que le cuenta si es buena o no la cinta que van a apreciar, lo cual en cierta medida ubica al portero en el ámbito de observador, comentador y hasta crítico cinematográfico, con criterio para informarles si vale la pena entrar a la sala, ya que algunos le indagan sobre los actores, contexto, género, el país, la puesta en escena, el guión etc.

El oficio al parecer es muy sencillo y enriquecedor, algo que puedo confiar por mi experiencia en la Cinemateca La Tertulia durante más de diez años: llegar a las seis de la tarde para marcar la tarjeta de empleado, sacar las llaves de la sala y la cabina para entrar en la adecuación preliminar de la primera función de siete, iniciar el viejo aparato de aire acondicionado, encender las luces laterales, sintonizar música, bajar al portón principal para recibir a los clientes y anunciarles sobre el cuidado al bajar las gradas y en algunos casos alertarlos sobre las sillas dañadas; iniciado el film y apagadas las luces, emprendía otra actividad, ubicar en la magia de la oscuridad y con el reflejo de la imagen hecha movimiento, a los asistentes que llegaban tarde e insistían que les contará detalles del film sobre el tiempo que transcurrió. Terminada la primera función, con la aceptación o no que podía traducirse en aplausos, me disponía a observar el público que salía, siempre con algún reproche o pregunta concerniente al sonido –sucedía normalmente con películas argentinas, chilenas, españolas etc.-, a lo oscuro del film, y finalmente la observación más común: los cortes en la pantalla durante los cambios del operador en algunos rollos. Luego, en el intermedio, me adentraba en cada una de las trescientas sillas para revisar los objetos dejados por los asistentes: pañuelos, moñas, monedas, peinetas, billeteras, celulares, navajas, estuches de gafas, bolsos, gorras, sacos, lapiceros, cuadernos, libros, entre otros, y dependiendo de la importancia de lo tirado, la persona volvía inmediatamente por las pertenencias. Y así tal cual como he relatado, sucedía en la segunda función, eso sí, con menor asistencia.

Para los que recuerdan Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore, les debe venir a la “mente” la escena en que Toto, el niño protagonista del film, sale de cine y camina por la plaza principal donde su madre en un rincón lo espera con el rostro lleno de incertidumbre, mientras al fondo salen Alfredo –el operador de cine protagonizado por Philippe Noiret-, y el portero analfabeta, tartamudo y lento, sucediendo el siguiente dialogo:
-Mamá: Te busque todo el día, ¿Compraste la leche?
-Toto: No.
-Mamá: Y donde está el dinero.
-Toto: Me lo robaron.
-Mamá: ¿Lo gastaste en el cine? –mientras lo golpea-
-Toto: Si.
-Mamá: ¡El cine! ¡El cine!
Alfredo y el portero entran en la escena rápidamente para proteger al niño:
-Alfredo: ¡Sra. María! ¿Qué hace?
-Portero: Vamos déjelo.
-Alfredo: ¿Y tu por qué mientes? –dirigiéndose a Toto-, lo dejamos entrar gratis, vamos díselo a tu madre. Quizá haya perdido el dinero adentro, ¿Cuánto dinero tenías?
-Toto: 50 liras.
Alfredo, mirando al portero, y confiado que este entiende el truco que va a realizar le pregunta:
-¿Qué hallaste esta noche entre las butacas?
El portero tartamudeando y un poco asustado, comienza a buscar en los bolsillos de su saco los objetos diciendo: Un peine, dos calzadores, una tabaquera; mientras Alfredo saca de su pantalón el dinero “perdido” y mágicamente lo coloca en las manos del portero anunciando: “Y 50 liras”, acto seguido se lo entrega a la madre y le dice: ¿Lo ve?, retirándose con su amado Toto mientras este voltea y le devuelve una aceptación a través de “picarle el ojo”. He recreado la escena anterior por la breve alusión a esa acción tan común de los porteros de cine cada vez que la función culmina, claro homenaje que el director contextualiza con los cambios suscitados en su Cinema Paradiso como espacio de divertimento, film nostálgico que a más de uno le llega como evocación de los Teatros de Barrio ya venidos a menos.

Ser portero de cine o haber trabajado en este oficio, es la mejor escuela de adquisición en cultura cinematográfica, aún más si se ha trabajado en un teatro que programa diferente al circuito comercial, siendo un valor agregado que posibilita otros espacios en el entorno social que se encuentra la exhibición cinematográfica, como por ejemplo, el campo de la investigación y reflexión de ese arte tan popular. Precisamente el siguiente ejemplo viene del campo científico de la historia del cine en Colombia, lo presentó el historiador Ramiro Arbeláez en el primer Encuentro Colombiano de Investigadores en Cine celebrado en octubre del año 2009 en la ciudad de Bogotá, en su charla titulada Los Terribles de Paraíso –galería-, en homenaje a la película de Marcel Carné Les enfants du Paradis, dedicada al arte de la representación y que nombraba al público que asistía al palco más alto; el profesor me sorprendió –tal vez sin querer queriendo- al proyectar un recorte de prensa muy antiguo que hace parte de su pesquisa enfocada al antiguo Teatro Moderno de Cali que dice lo siguiente:
[…] Portero inculto
Decía un escritor que en el cambio de toda administración las primeras víctimas eran los porteros. Así ha pasado con la nueva administración del “Salón Moderno”, quien retiró de la puerta de palco, a un joven correcto y educado, de apellido Aragón, para reemplazarlo por un sujeto rudo e ignorante que ni siquiera conoce la forma de tratar con la gente bien que es la que ocupa siempre esa localidad.
Aunque el cargo de un portero de un pectaculo, es, en sí, odioso, la persona q´ lo desempeña por lo menos debe estar bien trajeada, ser de fisionomía simpática, y poseer rudimentarios principios de urbanidad y cortesía, y nada de eso posee el nuevo individuo que han colocado en la puerta de palco del “Moderno”. Llamamos la atención del señor Macherna, sobre este cambio, para que su administración goce de las simpatías de que disfrutaba la de su antecesor, señor Quijano
.

El anterior caso se asemeja un poco al de un portero de cine que fue sacado “sin justa causa” hace unos años atrás en un importante teatro de la ciudad de Cali, disque por atentar contra “los bienes de la institución” a la que pertenecía, exactamente los proyectores de cine que se ubican en la cabina de esta sala; el joven era correcto, respetuoso, culto, educado, trataba bien a los asistentes, bien trajeado, “bastante simpático”, y con demasiados principios de urbanidad y cortesía. Allí, en su minúsculo espacio, fue ubicado el vigilante de la institución, lo cual cambio por completo las dinámicas de recepción con el público cinéfilo, que ya se le hacía una cara amiga; en resumen, el oficio cambio, pasando de un portero comprometido, a un acomodador desprevenido.

La última referencia la podemos encontrar brevemente en la introducción que realizaran al capítulo titulado El Cine de los Sábados del libro Ojo al Cine de Andrés Caicedo, el cineasta Luís Ospina y el escritor Sandro Romero: "Nos vemos en el San Fercho, era la consigna. Este santo y seña significaba que el Cine club de Cali tenía sus puertas abiertas y existía la garantía de descubrir, cada semana, una nueva, grata e inesperada experiencia con la pantalla. A la entrada del teatro, un portero con notable parecido a Christopher Lee, recogía las contraseñas y un colaborador repartía tarjeticas con la programación mensual”. La cita es el abre-bocas de los escritos que el “angelito empantanado” caleño realizó para las funciones semanales del Cine club de Cali los sábados al medio día, y que sirvieron como guía de aprendizaje y estudio para los asistentes a este espacio que albergaba el Teatro San Fernando en la década del setenta del siglo XX, y que unos años atrás cambió al acto sacro de las alabanzas a cargo de una iglesia de cristiana.

En conclusión, dedico este escrito a los porteros de cine desempleados en los cuatro puntos de la tierra, incluyendo Cali. Convencido en la decadencia sufrida por nuestros espacios de esparcimiento cinematográfico representado en los teatros de barrio y dos de sus baluartes tradicionales: el portero y el operador –en su forma más clásica- que como dije al inicio de esta reflexión, están en plena vía de extinción.

Fuentes
-Cinema Paradiso –DVD-
-Luís Ospina, Sandro Romero –Compiladores-. El Cine de los Sábados. Andrés Caicedo, Ojo al Cine. Editorial Norma, Bogotá 1999.
-Ramiro Arbeláez. Los Terribles de Paraíso (galería). Cali, 2009. Texto sin publicar. Agradezco al profesor por facilitarme el documento.

16.12.09

Y el Rock and Roll llegó a Cali


Por: Yamid Galindo Cardona.

Buenaventura se puede considerar un epicentro de la cultura musical que directamente benefició a la capital vallecaucana, por allí, en su vía marítima como puerto principal del pacífico colombiano, entraban los discos de acetato en sus diversas revoluciones musicales que pasaban a engrosar los programas radiales del momento, fue así que lo tropical llegado de tierras cubanas impregnó el gusto de los oyentes, igual los boleros y rancheras, melodías que llegaban de la tierra azteca. También el cine hacia lo propio, ante la fuerte cartelera de cine mexicano que inundaba las salas locales, el público veía las estrellas del momento, que participan igualmente en el séptimo arte, inclusive con artistas cubanos que tenían en México un gran mercado, involucrándose con el cine por medio de la famosa productora Churubusco Films.

Seguramente por Buenaventura llegaron otras formas musicales que algún caleño raizal había escuchado en uno sus viajes al país del norte, encargando o trayendo para su colección discográfica acetatos de Jazz, Blues y Rock; este último ritmo tuvo su iniciación en la ciudad con la exhibición de la película titulada en español La Mujer Robada –Love Me Tender- de Robert D. Webb, del año 1956, género musical y como protagonista a Elvis Presley. Así que el Teatro Colón de Cali en febrero del año 1957 estrenó esta cinta, una oportunidad para que los asistentes vieran por primera vez al Rey del Rock, el mismo que los críticos ingleses apodaban “Mr. Pelvis”, por ese movimiento de caderas que lo hizo famoso, y que la televisión norteamericana vetará presentando su show solo de la cintura para arriba, ya que se trataba de un asunto inmoral para los ojos de los televidentes, sobretodo ellas, sus fanáticas.

Unos días después en esta “sucursal del cielo”, el Teatro Aristi exhibía otra película concerniente al tema, se trataba de Al Compas del Reloj –Rock and Round The Clock- filmada en 1956 y que traía varias piezas con los artistas Bill Haley & Comest, The Platters, Tony Williams, entre otros; el programa de este film estaba auspiciado por “La Voz del Río Cauca” que organizaba el primer festival de Rock And Roll con el show artístico de Los Latinos –Locos del Rock and Roll-, el dueto colombiano Calero y Escobar y el trío Morales Pino, además las parejas de baile del nuevo ritmo. El efecto de esta cinta tuvo su resultado, ya que Relator publicaría con dos imágenes los destrozos resultantes de la exhibición de esta cinta, y el titulo “Rockanrollizar: Verbo Bárbaro para Gentes Barbarás”, la siguiente nota:
[…] Vitrinas rotas, gentes heridas, destrozos por todas partes, han sido el primer saldo del “Rock and Roll en Cali. Anoche se presentaba en el Teatro Aristi la película “Al Compas del Reloj” y ello dio ocasión a que la barbarie de muchachos y muchachas –y aun de gentes mayores- se desatara. Alguien dijo: “Rockanrollizar”, un verbo bárbaro para gentes bárbaras”. Estaba haciendo una radiografía. En todo caso Mr Elvis Presley, ha venido, con su tristemente afamado baile, a demostrar que esto de la civilización es una añagaza. Ha despertado el más oscuro primitivismo a personas quienes se les había dado credencial de cultas. Esta fotografía muestra el estado en que quedaron las vitrinas y la taquilla del Teatro Aristi. ¡Que animalidad!

Al leer el comentario, entendemos que este ritmo musical no produjo aceptación en un grupo de la sociedad, aquel en donde estaban incluidos los dueños del periódico, y que veían como la civilización era un artificio donde algunas gentes no tenían un comportamiento aceptable, y se movían como animales en los diversos espacios públicos, en este caso el cine como generador de esparcimiento. Además Relator seguía publicando en su ediciones noticias concernientes al Rock y a Elvis: Primero, que había resultado catastrófico en todos los lugares del mundo, que inclusive los ingleses, tal flemáticos, los había sacado de quicio y los había enfrentado con la policía; segundo, con la incorporación de Elvis Presley al ejercito se solucionaba un problema, ya que remedios aparentemente insignificantes, podían curar grandes males, agregando:

[…] Sin considerar que el “rock and roll” es inmoral, ya que su rápida gimnasia, sus contorsiones y sus esguinces no dejan ni tiempo ni ocasión para el pecado, si creemos que el desaforado interés que la juventud norteamericana muestra por él, es una forma de fuga de la realidad que los sociólogos del futuro analizarán debidamente. Es un mal síntoma el hecho de que la gente joven de un gran país, teniendo al frente nada menos que los gigantescos problemas del mundo contemporáneo, busque refugio en el cansancio físico que produce la frivolidad. Una juventud san debe escoger serenamente la manera de cansarse. En otra forma se cansaban los muchachos griegos. Elvis Presley es el líder de este novísimo sistema de agitación muscular. Las muchachas lo asaltan en la calle, le recorren las patillas con sus largos dedos sofisticados y le arrancan los botones del saco después de romper los cordones de policía que protegen su humanidad y su guitarra. Provocan a su alrededor esa histeria colectiva que tiene su equivalente masculino en los asaltos primaverales a los dormitorios universitarios. Pero formado ya el fenómeno social, viene el buen sentido norteamericano y todo lo remedia. Elvis Presley es llamado a filas, como todo muchacho que cumple la edad y pasa el examen médico. El hombre procede a recortarse las patillas, pero los peluqueros del ejército dicen que no es suficiente, y listan las tijeras para completar la obra. En dieciocho meses de barro, sudor y entrenamiento, el problema será solucionado: Elvis Presley se convertirá en hombre común y corriente, y ya a nadie le llamará la atención.

Pues la sentencia final de la anterior cita fue errada, Elvis siguió siendo el mismo, más famoso, y se convirtió en un icono de la cultura popular norteamericana; siguió llamando la atención e inspiro a otros en muchos espacios del orbe, aquellos que le dieron acordes y formas al género musical, creando subgéneros y posicionándolo culturalmente. Sin embargo nuestro consultado y trascendental gacetillero regional, seguía insistiendo sobre la necesidad de analizar ese fenómeno que pareciese le estaba haciendo tanto daño a la juventud caleña; teniendo en cuenta que Relator era muy leído, y servía de guía civilizador de las familias y personas que accedían a su lectura, publicó apartes de una carta pastoral del arzobispo de Lima donde afirmaba “Atrás el Rock and Roll”, y exponía las siguientes razones:

[…] Este es el mal moderno, está es la triste situación a la que se ha llegado: frecuentar la iglesia por la mañana, quizá acercarse a los Sacramentos, y en la tarde o en la noche usar vestidos procaces; o bien plocamarse católicos porque se cumplen algunos actos del culto externo como queda dicho y acudir sin ningún reparo a espectáculos y exhibiciones, donde a la inmoralidad manifiesta de ciertos bailes afro-históricos se unen ambientes que por las circunstancias que lo rodean son abiertamente pecaminosos y reprobables. Querer disimular o cohonestar esta actitud con la noble palabra de arte o con la línea de moda, o de simple pasatiempo, resulta en boca de un bautizado un sarcasmo degradante o una claudicación vergonzosa. Añádase a ello el ponzoñoso veneno que destilan publicaciones de todo género, la libertad de costumbre, el desenfrenado deseo de lujo y riquezas sin reparar en los medios de obtenerlos, la falta de comprensión, de justicia y de caridad para con el pobre y el necesitado, y se tendrá una idea de la terrible contradicción que existe entre el catolicismo de algunos y su manera de proceder en la vida diaria. Es preciso, por consiguiente, reaccionar ante tamaño mal moral y obrar consecuentemente a los dictados de la fé y de la conciencia. Al mal ejemplo, a la ligereza y a la inconsciencia, oponer la elocuente lección de una conducta elevada y digna, que por encima del tumulto de desbordadas pasiones, tiene la serena alegría y el gozo inefable de un corazón puro, unido a su Dios por la gracia y el amor.

La imagen que acompaña esta epístola sacerdotal peruana son unos danzantes africanos, tal vez conectando con la referencia que el arzobispo hace con respecto a “ciertos bailes afro-históricos” de donde tal vez percibe este representante de Dios sobre la tierra, se nutre el nuevo ritmo pecaminoso y reprobable llamado Rock and Roll. Esta publicación debió haber sido tomada con mucha seriedad por las familias ejemplares y dignas de la providencia católica que habitaban Cali, además por los párrocos que desde los pulpitos alienaron a sus feligreses con la idea del pastor limeño, así que el objetivo informativo de Relator, azuzando en contra de ese “movimiento inmoral”, pudo tener su éxito momentáneo de prohibición y veto, dirigido a las juntas de censura que de seguro prohibieron cintas que incitaban a la inmoralidad pública.

Y el Rock and Roll llegó a Cali causando escándalo, por medio del cine introdujo y motivó un nuevo ritmo sonoro a la sociedad que consumía este tipo de diversión; cautivó a un público que se nutría de otros estilos musicales, observando y escuchando con extrañeza la ligereza de su tonada y baile, que como una corriente eléctrica los movió con los diversos pasos arrolladores de inclinación hacia la pareja, la cual se cogía con una sola mano a través de avances y giros en plena pista de baile, espacio que probablemente comenzarían adecuar las fuentes de sodas, discotecas, y clubes sociales, para los nuevos aficionados. Finalmente, al pasar de los años, el Rock se convirtió en una realidad cultural y social que sirvió para acompañar ciertas ideas “revolucionarias” que buscaban cambiar el mundo, entró a los años sesentas con mucha fuerza, y marcó para la historia cultural estadounidense un medio de expresión básico que al día de hoy sobrepasó sus expectativas, y permeó este punto azul y verde ubicado en el universo llamado planeta tierra.

Fuentes
Periódico Relator, publicado en Cali
-Febrero 26 y 27
-Marzo 22 y 25

9.12.09

Zamudio


Por: Yamid Galindo Cardona.

Él se llama Jorge Isaac, pero todos lo conocen por su apellido, que parece más un sobrenombre: Zamudio. Físicamente es de estatura media, con pronunciadas entradas y pocas hebras de cabello negro en su cabeza, gafas con lentes “culo de botella”, y un bigote que pareciese nunca se hubiera afeitado y que decora junto a su boca con un cigarrillo y acostumbrado café que de tanto estar allí, ha perfumado su cuerpo. Viste de blue jeans, camisa de color blanco o azul de manga larga remangada, zapatos de color negro, y en su mano un viejo maletín ejecutivo de cuero ya envejecido por el uso, repleto de documentos, como las reseñas de los últimos libros leídos y trabajos a entregar.

Lo conocí en el año 1996 cuando llegó a la entrada de la portería del Cinemateca la Tertulia, y rápidamente giró la registradora estilo bus urbano para mostrarme una carta envejecida de diez años atrás, firmada con puño y letra de Gloria Delgado –directora del museo-, donde se autorizaba “al joven Jorge” para que ingresará sin ningún problema y sin comprar boleta a las funciones de cine. Luego supe, ya en la Universidad del Valle, que era Licenciado en Historia, por lo tanto en el futuro sería su colega académico de profesión, algo que no tardó en notar nuestro amigo cuando un día arribó de sorpresa a una de las mesas de la cafetería de la negra Diosa, en el segundo piso de la Facultad de Humanidades, compartiendo un tinto que terminé pagando yo. De ahí en adelante su asistencia al cine se tornó más constante, sus saludos más largos, casi siempre indagándome sobre autores leídos durante el semestre, sobre el ambiente académico del Departamento de Historia y la referencia constante a Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo y Renán Silva, para finalmente terminar hablando de las películas exhibidas en los años ochentas y que él observó en la cinemateca, además del llamado “grupo de Cali”.

A Zamudio le gusta asistir a los eventos académicos relacionados con la historia, que se realizan a nivel nacional, por lo anterior no es raro encontrárselo en los auditorios participando con alguna pregunta que sobrepasa el tiempo estimado, y que parece una charla alterna. Inclusive, algunos novicios investigadores, sienten cierto escozor cuando lo ven en el público, ya que es posible tener de él una pregunta bastante enredada y sobrepasada “lo que dijeron ciertos autores” etc.; el anterior comentario porque lo viví unos años atrás cuando se llegaba la semana del Foro de Estudiantes de Historia, y los estudiantes ponentes que lo conocían –en medio del miedo escénico-, buscaban el apoyo de algún profesor para que saliera en auxilio si era el caso. Hasta que le llegó la hora de ser conferencista en uno de los foros, sorprendiéndome una serie de documentos que me entregó para soportar su perfil, en especial un certificado de participación como ponente en un evento académico realizado en Cuba con el tema de su tesis de grado titulada Las Ideas Políticas de Bolívar; recuerdo de ese foro la novedad que suscito su participación como invitado especial, y el “lleno a reventar” del auditorio Germán Colmenares ese 23 de septiembre de 2004, además de presentarlo y escucharlo a pocos centímetros cuando leía su escrito titulado Desarrollos recientes acerca de la Ilustración en Colombia, siendo uno más de los sorprendidos ante su huida una vez que dio punto final a su lectura, ya que se levanto de su silla, y afanado abandonó el espacio y la sorpresa fue general.

De Jorge igualmente tengo presente su constancia como cliente al Cine club La Tertulia los sábados a las 4 pm, insistiendo sobre la necesidad de programar un ciclo de adaptaciones literarias llevadas al cine, en donde no faltara El Retrato de Dorian Grey -1945- de Albert Lewin, siempre puntual, atento, y ocupando antes de la función algún espacio del museo para desplegarse al igual que en la universidad, con el libro del momento, advirtiéndome un día al indagarle sobre lo que leía, “que esas eran lecturas de postgrado y que yo todavía no tenía el nivel para entenderlas”, sin embargo pude echarle una mirada panorámica y me enteré que se trataba del libro de Malcolm Deas titulado Del poder y la gramática. Y otros ensayos sobre historia, política y literatura colombiana.

Finalmente, debo reconocer que Jorge Isaac Zamudio Franco hace parte de la vida cotidiana del Departamento de Historia, seguro muchos egresados lo recordarán y tendrán presente bajo alguna anécdota, más aún los profesores que han tenido la posibilidad de asistirlo académicamente o por el contrario entablar alguna conversación al “estilo Zamudio”. Para los que no lo conocen, y evitan la posibilidad de cruzárselo, les informo que él simboliza muchas características humanas, algunas de las cuales nosotros poseemos y asumimos en los ambientes académicos, de pasillo, y en los encuentros institucionales etc.