27.4.10

Intimidad Caicediana -2da parte-



Al amigo José L. Luna,
a quién la obra de Andrés Caicedo
le resulta familiar e interesante por su Cali del alma.

Por: Yamid Galindo Cardona.

La posibilidad de conocer la vida de Andrés Caicedo se da por el orden, clasificación, y planificación de este autor, que premonitoriamente edifico un camino intelectual enfocado al cine, y la literatura, y que a través de sus cartas, supo plasmar diversas ideas intimas que involucraban su circulo familiar y social; al día de hoy, las referencias publicadas y por publicar, dan a los acuciosos seguidores de su obra y vida, nuevas noticias para comprender y analizar sus escasos 25 años. Continuando la pasada publicación de este blog, les entrego la segunda parte dedicada a dos libros que nuevamente nos sumergen en el espacio Caicediano.

El Libro Negro de Andrés Caicedo
Editorial norma, 2008.
Colombia.
Págs. 155.
Con el título Caicedo, El Atravesado, Margarita Valencia realiza una introducción muy acorde al libro, interesante y necesaria para sus lectores; ubicando en el contexto colombiano la colección bibliográfica de A.C., con algunas referencias teóricas acertadas con respecto a esa colección acumulada en su particular biblioteca que sumaba en número 232 volúmenes, siendo la mayoría publicados en la década de los setentas del siglo XX y que se encuentra disponible en la sala de Raros y Manuscritos de la biblioteca Luis ángel Arango –blaa-:

…podemos suponer que el joven Caicedo, como la mayoría de los jóvenes, inició su biblioteca con libros de la biblioteca de sus padres: seguramente una gran parte de los 37 títulos de la Biblioteca Básica Salvat tiene este origen: esta BBS, una de tantas diseñadas para guiar al pueblo por el camino de las lecturas convenientes, es muy desigual en su tipografía interior pero de alta calidad en los contenidos y tiene cubiertas de tres colores para diferenciar su contenido; fue la primera colección que circulo en Colombia con el ánimo de colonizar espacios diferentes de las librerías ( es la clase de libros que las mamas compran en el supermercado) y fue fundamental para los lectores colombianos, en especial los lectores de provincias. Varios libros provienen de bibliotecas ajenas, como lo denuncian las firmas de otros en las páginas preliminares; uno, incluso, proclama orgullosamente el haber sido robado. Hay libros de segunda: algunos tienen, por ejemplo, el sello de la biblioteca del Centro Colombo Americano, que solía renovar con frecuencia sus libros (como el Consejo Británico) y ponía ala venta los ejemplares viejos; otros más, evidentemente acopiados durante el viaje a Estados Unidos, tienen sellos de bibliotecas de universidades. Una gran cantidad tiene sellos de librerías –libros escogidos de acuerdo con las necesidades del lector que era Caicedo ene se momento, del director de teatro, del potencial director de cine--: Librería Nacional, Letras, Librería Aguirre (de Medellín), Librería Colombiana Camacho Roldán, La Lechuza libros, Librería AL (en el pasaje Veracruz); el número de librerías es sorprendente, tanto como la variedad de libros que allí se conseguían, en particular si se tiene en cuenta el escaso desarrollo editorial en Colombia. De hecho, de los 232 volúmenes de la biblioteca de Caicedo, 81 (35%) son impresos en España, 49 en Estados Unidos / Inglaterra (21%), 56 (24%) en otros países latinoamericanos (Argentina, México, Chile, Cuba) y 14 (6%) en Colombia. De los 14 libros colombianos, doce son de autores locales, mientras que los libros latinoamericanos son de autores de todo el mundo (incluyendo una antología del cuento colombiano hecha en Uruguay); siete son hechos por el Estado y forman parte de la Biblioteca Colombiana de Cultura, editada por Juan Gustavo Cobo Borda en Colcultura, en la cual se publicó en la cual se publicó por primera vez ¡Qué Viva la Música! Una comparación a vuelo de pájaro entre los libros colombianos y los libros latinoamericanos nos deja muy mal parados: en Colombia en 1970 la industria editorial era muy endeble, tan endeble como el sustento intelectual que debía alimentarla (págs. 9-10).

La prologuista nos entrega un análisis sobre A.C. como lector, con reflexiones a obras leídas y por leer anotadas en sus diarios, con la “famosa” lista ya tan común en él de obras estudiadas en sus años de vida con sus respectivos promedios, involucrando textos sobre teatro, cine, literatura infantil, suspenso, novelas policiacas, literatura inglesa, latinoamericana y norteamericana. Culmina este prologo con dos análisis, el primero titulado Huellas en la página donde las referencias y pistas dejadas por A.C. se convierten en claves, además de “pedacitos de su vida por fuera de ellos” como nos anuncia Valencia; finalmente con el titulo de El paso del tiempo, la idea se centra en explicar los cambios en las condiciones de afrontar y resguardar un libro: “los libros de Caicedo muestran por todos los lados señales de maltrato, y también señales de afecto: cinta de enmascarar en los lomos, cinta pegante para impedir la desencuadernación, un plástico sobre la cubierta (pg. 18).

En 1988 el padre de A.C. escribió un pequeño texto donde explica el momento en que encontró un folder de pasta negra cuidadosamente elaborado con reseñas de libros, películas y obras teatrales vistas por su hijo; en el comentario de María Victoria Caicedo Estela –hermana de Andrés-, vale subrayar lo siguiente:

…Con el cuidado y la minuciosidad de un relojero antiguo, mi papá le colocó al original los refuerzos de cada página, los clasificó en sus tres categorías originales (Libros, Cine, Teatro), y numeró cada una de las páginas sin resistirse a la tentación a la que siempre sucumbe él, como es la de señalar y corregir los gazapos y colocar glosas cuando cree que éstas se requieren. Por ejemplo, en la página 89 de la sección de libros en la que Andrés reseña tres textos de Gabriel García Márquez, omite colocar el nombre del autor y mi papá cuidadosamente, lo escribe al margen con letra de imprenta…, A los diez años, en 1961, inicia su registro de libros leídos dejando en la página 67 del Libro Negro (en el manuscrito original), unas palabras que nunca cesan de sorprenderme: es un anota escrita a mano en la que dice “174 libros leídos desde los 10 años; 24.8 libros por año”. Pero además, y tal vez es lo más sorprendente, con gran disciplina, Andrés dejaba por escrito siempre un comentario, una reseña del libro leído, un riguroso hábito que posibilitó la existencia de este Libro Negro que por fin logra ver la luz (págs. 19-20-21).

Este “libro negro” es una guía didáctica muy interesante para los que quieran acercarse por primera vez a ciertas obras de la literatura universal, podría ser utilizado para incentivar a los niños, jóvenes y adultos que poco les gusta la lectura, ya que recoge obras que “pareciese” deberían de leerse y ser entendidas para comprender un poco más de nuestro entorno fantástico y real, dos ítems que los literatos combinan y acercan al público variado que los busca. Opinando que el mundo de A.C. en el momento que realiza sus lecturas, y las reseña, ha cambiado mucho en detrimento de ese entusiasmo por el bello arte de la palabra escrita y editada; sin embargo, “no todo esta perdido” y existen otros medios y espacios para llevar de la mano a aquellos que no han descubierto el mundo a través de las ideas que otros han plasmado como huella particular en busca de un colectivo.

Presento a continuación algunos ejemplos acorde al orden de publicación:

América Latina
México, Juan Rulfo.
Pedro Paramo: Esta novela se ha convertido en catorce años en un auténtico clásico de la literatura latinoamericana. La causa: el brutal acierto con que Rulfo define y se adentra en la mítica de su pueblo. Pedro Paramo es una narración donde los protagonistas sostienen un constante juego con la muerte, cuando ya no son más que simples muertos; la muerte y la vida, ese juego rápido y fácil de los hombres por los dos campos de existencia, es el ritmo constructor de esta gran novela. Rulfo no tiene necesidad de insistir en un personaje para darle perenne importancia épica dentro de su narración. Se puede decir que todo lo que toque Rulfo con su pluma, queda inmortalizado (pg. 68).

Colombia
Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad: Aquí está el resultado del experimento con La Mamá Grande. La historia de una familia desde el primero al último de sus descendientes. Familia completamente irreal, con personajes tan inverosímiles como Supermán, que viven en un medio donde las supercherías, tradiciones, supersticiones y creencias sobrenaturales toman carácter de hechos reales. Así, y aquí está el merito de la novela, los Buendía se tornan fabulosos dentro de su irrealidad. Narración absolutamente fuera de tesis, no niega ni afirma nada, sólo cuenta, expone, narra. Estupendo orden dentro del desorden. La soledad, en lo que tanto insiste, no está tomada en un sentido estrictamente real, sino en un orden sobrenatural, pero así se torna una soledad monumental, horrible, sin esperanzas. El lector va asistiendo a al vida de cada Buendía casi sin darse cuenta del recorrido del tiempo. Pero, ¿realmente hay algún aporte nuevo a la narrativa en esta novela? ¿No será que Cien años dentro de su innegable calidad literaria, se esconde entre ella misma por una oscura trampa? ¿LA INMORTALIDAD y Supervivencia? De ello estoy convencido (págs. 92-93).

Norteamérica
Tennesse Williams
Su teatro es considerado como lo mejor del realismo norteamericano. Es un teatro folclórico. Se basa en elementos de la clase media norteamericana para anunciar sus hipótesis. Un tranvía llamado deseo: Williams estudia aquí la vida matrimonial. Cónyuges engañados mutuamente, aparentemente felices, una hermana de la esposa medio loca que vive de recuerdos, todo esto para llevar el mensaje de que la realidad es una y lo que se cree de la realidad es otra cosa. El autor no sabe realmente qué características darle a su mundo, no sabe si despojarlo de esperanzas o dejarlo a medias, no sabe si hacer triunfar la maldad o la bondad. En esta obra se alcanza a contemplar perfectamente dicho problema (págs. 117-118).

Europa
España, Luís Buñuel.
Viridiana (Guión): Con u prologo de Georges Sadoull. Completo informe de la parte literaria de la obra maestra de Buñuel. Naturalmente, un guión es un elemento todavía no realizado en su plenitud. La fuerza y la poesía de Viridiana como película no están desarrolladas en el guión, que se convierte en un mero e interesante elemento informativo para el cineasta, ofreciéndole datos y aspectos que pueden pasar desapercibidos cuando se enfrenta a la proyección de la cinta. Escenas y planos modificados durante el rodaje, suprimidos en el montaje, cortados por presión de la censura, etc. Todo eso, muy bien ubicado y con la introducción de Sadoull, hacen amable y positiva la lectura de algo tan pesado como es la literatura cinematográfica (pg. 124).

Las últimas páginas de este libro negro de A.C. presenta las imágenes de las caratulas de algunos de los libros reseñados en el documento, y que se pueden revisar en la blaa.

Andrés Caicedo
Mi Cuerpo es una Celda
-una autobiografía-
La otra orilla, editorial norma.
Colombia, 2008.
Págs. 299.
La dirección y montaje de esta autobiografía o memorias, estuvo a cargo del escritor chileno Alberto Fuguet, quien nos explica cómo se hizo el libro, entendiendo el oficio realizado en esta edición como “el de un montajista que se encontró con mucho material y a un director-guionista que ya no está. Lo bueno fue que yo me topé con unos productos que sólo querían que respetará la visión del autor” (pg. 257), algo así como “un documental narrado en primera que certificará en forma segmentaría lo él vivió, sintió y vio. No tenía a mi sujeto ni cerca ni vivo, pero había cartas, diarios, poemas, críticas de cine y material que se negaba a ser catalogado” (pg.- 258).

Este documento recoge textos de las ediciones ya citadas sobre la vida de Andrés Caicedo, incluyendo nuevas referencias que tal cual como anuncia Fuguet, hacen parte de muchas formas de expresión, sobresaliendo el genero epistolar, un espacio propicio para “desnudar” muchas facetas de Caicedo en aspectos familiares, amorosos, literarios y cinematográficos, relación general que advertimos en cada libro leído. Mi Cuerpo es una Celda representa una autobiografía donde el paso de tiempo se sostuvo por la posibilidad del resguardo de esos materiales post mortem de A.C. a cargo de sus familiares y amigos, sobretodo las esquelas que soportaron la privacidad alegre o dolorosa, para ingresar al conglomerado social representado en sus lectores, rompiendo la delgada línea del ámbito privado:

…Repito: Andrés Caicedo no escribió este libro tal cual como existe y acaso no lo concibió, al menos de manera consciente, pero es su libro. No se sentó a escribir Mi cuerpo es una celda. Simplemente se sentó todos los días a escribir lo que fuera. Todo lo que esta en este libro ha sido escrito por Caicedo. El material base fueron cartas, trozos de papel, diarios a medio terminar, libretas, cuadernos argollados, críticas de cine, artículos de prensa y “escritos”. Diría que más del sesenta por ciento no ha sido publicado con anterioridad. Un ochenta por ciento del magma con que empecé a trabajar era inédito. Los fans y lectores atentos se encontrarán con material que quizás ya conocen, aunque en otro orden, y editado de otra manera. Ese libro fue insisto, montado. Editado- Algunas cartas fueron reducidas. Otras, de la misma fecha, se fusionaron. Aquellos escritos que aparecen como apuntes o posts o anotaciones en u diario de vida son un invento mío a partir de muchas frases de Andrés que aparecían en largas cartas centradas en temas ni cinéfilos ni personales (págs. 263-264).

Este documento autobiográfico inicia con una carta del año 1975 que impacta por su contenido, dirigida a su mamá en un aventón que tuvo A.C para dejar este mundo terrenal:

…Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencia, y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado…, Y ojalá que algún día puedan publicarse los libros sobre mi adolescencia que escribí con tanto esmero: El atravesado y Qué viva la música. Eso y que por favor incineren mi cuerpo: ser devorado por los gusanos sería peor que seguir viviendo…, De mí, publiquen una foto de cuando estaba niño (pg. 16).

El montaje realizado por Alberto Fuguet estuvo dividido en ocho partes que guardan cierta periodicidad, desde el año 1966 hasta el año 1977: Intro; Cambiando / encontrando la voz (1966-1972); borderline / cruzando fronteras (1973); Cali calabozo (1973-1976); el espiral descendente (1976-1977); además de unos anexos titulados: ¿Quién es quién?; Cómo se hizo este libro (el making of); Bonus tracks en tres partes, y finalmente los agradecimientos. El grado de intimidad que nos presenta A.C. en cada documento publicado es muy alto, es la desclasificación de los “archivos prohibidos” regados en familiares y amigos que se entregan en otro espacio y dinámica particular.

A modo de conclusión
El complemento a las anteriores líneas corresponde al listado de sus obras divididas en cuatro partes: Cuentos, teatro, novelas y recopilación biográfica, quedando por fuera las reseñas de crítica cinematográfica que no se especifican. Listado elaborado a partir de los datos de la colección Cara y Cruz de la editorial norma sobre la obra de Andrés Caicedo y el articulo de Ricardo Moncada Esquivel, Andrés Caicedo un Joven de Medio Siglo. Gaceta Dominical periódico “El País”, Cali septiembre 23 de 2001, p. 7. Además de lo publicado en el año 2007 y 2008.

Cuentos
Infección -1966-
Por eso yo regreso a mi ciudad -1969-
De arriba debajo de izquierda a derecha -1969-
Los mensajeros -1969-
Vació -1969
Besacalles -1969-
El espectador -1969-
Felices amistades -1969-
¿Lulita que no quiere abrir la puerta? -1969-
Los dientes de caperucita -1969-
Los mensajeros -1969-
Destinitos fatales -1971-
Patricialinda 1971-
Calibanismo -1971-
Maternidad -1974-
En las garras del crimen -1975-
Berenice –sin fecha-
Teatro
Las curiosas coincidencias -1966-
La cantante calva -1967-
La piel del otro héroe -1967-
Los imbéciles están de testigos -1967-
El fin de las vacaciones -1967-
Recibiendo al nuevo alumno -1969-
Las sillas –versión 1969-
La noche de los asesinos –versión 1969-
La ciudad y los perros –versión 1970-
El mar –versión 1972-
Novelas
La estatua del soldadito de plomo.
Angelitos empantanados. Angelita y Miguel Ángel -1971-
El pretendiente -1972-
El tiempo de la ciénaga -1972-
Noche sin fortuna –inconclusa 1970/76-
El atravesado -1974/75-
¡Que viva la música! -1973-
Crítica Cinematográfica
Ojo al Cine -1999-
Recopilación biográfica
Andrés Caicedo. El cuento de mi vida -2007-
El libro negro de Andrés Caicedo -2008-
Mi cuerpo es una celda -2008-

Según Luís Ospina y Sandro Romero, la obra de Andrés Caicedo es básica y necesariamente juvenil, puesto que en vida, no se propuso otra cosa que fortalecer una imagen adolescente ante el mundo, hasta el punto de plantear que uno nunca debía dejar de ser niño y, por ende, vivir más de 24 años era una insensatez (Ospina Luís, Romero Sandro, Invitación a la Noche, Prologo de Destinitos Fatales de Andrés Caicedo, Biblioteca de Literatura Colombiana, Editorial Oveja Negra, Bogotá Colombia, p. 9- 25). Tal vez por lo anterior, su obra se torna vigente, fresca y joven; pero su lectura se vuelve compleja cuando no se conoce el espacio físico representado en la ciudad de Cali en cuanto a las obras de invención -aclarando que la ciudad de Cali que nos relata Andrés Caicedo, no es la misma, los cambios han sido significativos, pero de forma negativa. Para el interesado sobre el tema, lo remito a la columna de prensa titulada ¿Ciudad? Escrita por el arquitecto e historiador Benjamín Barney, en el periódico El País, allí encontrara herramientas críticas, teóricas, propositivas y futuristas, sobre lo que fue, es y será Cali, desde diversos temas que involucra la ciudad-, ciudad icono de perfiles y estados de ánimo de sus personajes. Complicado igualmente acercarse a sus análisis sobre el séptimo arte cuando la pasión por el cine no existe -es decir, la afición y gusto por ver cine y leer sobre la temática en cuanto su tendencia y su historia, es básico para acercarse al tema- ya que su sapiencia cinéfila sobrepasa límites.

Agradecida notita: Tres, de las cuatro obras de A.C. reseñadas, han sido obsequiadas por Dolly Galindo C., Mónica Calero M. y Andrés Calderón M. ¡Gracias!





9.4.10

Intimidad Caicediana -1era. Parte-

Por: Yamid Galindo Cardona.

La primera vez que me acerqué a la intimidad de Andrés Caicedo fue cuando encontré los archivos abandonados del Cine club de Cali, claro está que unos años atrás con la lectura de sus obras, ya había tenido una breve introducción. Luego en el año 2002 -dudo de la fecha- la Biblioteca Departamental en la ciudad de Cali, realizó una exposición con los objetos más preciados de nuestro autor: su maquina de escribir, sus libros, algunas cartas, artículos publicados en la prensa nacional, la revista Ojo al Cine, boletines del Cine club, entre otros que la memoria no recuerda; algo así como la propiedad intelectual de Caicedo que la familia había guardado celosamente, aquella que unos años más adelante dieran a la Biblioteca Luís Ángel Arango –blaa-, en resumen, la desclasificación de la vida privada de Andrés para los interesados en su existencia y obra.

Los años 2007 y 2008 fueron bautizados por quien escribe como los años Caicedianos, precisamente se cumplían 30 años de su desaparición, y aparecían durante sus meses tres libros y dos cuadernos dedicados a su intimidad, aquella que morbosamente esculcamos para saber más de su vida y que públicamente se nos presenta en ediciones al alcance de todos. Precisamente, el objetivo de la presente edición de Historias en Cine-y-Filo, es reseñar cada una de las obras editadas, una guía para los interesados en el “angelito empantanado”, esperando quede el interés y las ganas de conseguir los textos para una mejor comprensión, los cuales están al alcance en bibliotecas públicas y librerías –como dice la publicidad- de su confianza.

Andrés Caicedo
El Cuento de mi vida
Editorial norma, marzo 2007.
Colombia.
120 Págs.

La presentación de este libro estuvo a cargo de María Victoria Caicedo Estela, quien en uno de sus párrafos nos dice que algunas piezas pertenecientes a Andrés –sus diarios- fueron rescatados de la casa de sus padres para que estos no las leyeran, guardadas celosamente hasta que fueron entregadas a la blaa, se trataba de cuatro cuadernos argollados escritos a puño y letra de Caicedo, de donde salió la edición de este documento autobiográfico y epistolar, al agregarse dos cartas dirigidas a Miguel Marías y Patricia Restrepo escritas el 4 de marzo 1977, precisamente el día de su deceso.

La primera parte titulada Remontando el Río, es un texto escrito en junio del año 1976 mientras A.C permanecía en la clínica de reposo Santo Tomás de Bogotá donde permaneció 39 días luego de su primer intento de suicidio. Encontramos entonces un documento que narra los primeros años de su vida, de la relación con sus padres, su recorrido escolar en Cali y Medellín, además de una serie de anécdotas de niñez, juventud y adultez, recreando tristezas, dificultades y logros, donde el amor, las drogas, el cine y la literatura tiene cabida; culminando con los deseos de seguir adelante con su proceso de escritura y dirección con la revista Ojo al Cine, además de otros proyectos a realizar:

…Ahora, pasado ya un mes de estar en esta clínica tengo planes urgentes para el futuro inmediato; sacar un número cinco de Ojo al Cine que sea mejor que los anteriores, gestionar la publicación de mi novela ¡Que viva la música! con las dos editoriales que me la han comprado y arreglar la publicación de un libro de cuento con Eduardo Agudelo, el dueño de la editorial que me saca la revista; asimismo, comenzar dándole forma al libro que tengo planeado sobre los Rolling Stones, entroncándolo con el relativo fracaso de mi generación. Yo siempre estuve muy influenciado por la música de los Stones y por su postura lumpesca ante la vida, aunque estuvieran disfrutando del puesto No. 1 en la industria (que hoy está en plena decadencia artística) del Rock’n Roll. Ya creo haber salido de ese estado de confusión en el que no recordaba los sueños, en el que perdía un bolígrafo todos los días y no terminaba ningún trabajo ni la lectura de ningún libro y para todos era una intolerancia que me estaba haciendo enemigos de todos los que eran amigos míos. Quiero escribir un ensayo que, ante la decadencia del cine mundial ligado a la super-perfección técnica, se llame “Por un cine imperfecto”, parafraseando un artículo del cubano Julio García Espinosa, y análisis de los films que más admiro: Persona de Ingmar Bergman, Psicosis de Alfred Hitchcock y Lilith de Robert Rossen. Así es. Ha podido ser mejor, pero que le vamos hacer (pg. 32-33).

Complementa este relato dos imágenes, la factura de admisión de A.C a la clínica; y una carta “suplicante” dirigida a sus papás con fecha 1 de julio 1976 escrita desde el sanatorio capitalino.

La segunda parte se titula Silvia, escrito por A.C a finales del año 1974. Esta población del Departamento del Cauca, llena de montañas y de indígenas Guambianos, era el sitio que la familia Caicedo Estela escogía para descansar en sus vacaciones de verano, igualmente significó el espacio donde A.C escribió su obra ¡Que Viva la Música! El relato que encontramos esta cargado de descripciones del sitio recorrido por este, en muchos casos bajo las torcis –palabra utilizada por A.C para referirse a los efectos de las drogas químicas o naturales- que pareciese crean cierta ansiedad moral que lo lleva y trae en su relato; igual que la primera parte, esta lleno de anecdotarios que involucran a otras personas, teniendo como particularidad narrativa una descripción detallada de lo que hace en el paisaje que visita y observa, más lo que le gusta:

…Lo que más me gusta, más que subir loma o saltar tapia, es leer en voz alta. Es una opresión blanca en el corazón. Un partirse en dos total: preocupación angustiosa por la opinión que se están haciendo los oyentes de aquel que al leer se está exponiendo. De allí, desconcentración paulatina de la lectura. Mi yo se esta quemando en aquellos que no veo, pues tengo los ojos fijos y abarcando sólo los caracteres impresos. Se me hace, entonces, que el que esta hablando es sólo un cascaron, una conciencia desconocida. Pero viene, repentino, el momento en que sabes complacidos a los escuchas con la intensa satisfacción nerviosa que me produce el tacto, y dura lo que una descripción corta: ante una porción de dialogo me pregunto si no habrá inconveniente en adaptar una voz de personaje para cada uno de los hablantes (pg. 44).

Las dos últimas páginas de este documento traen la indecisión de A.C sobre la posibilidad de unir todos su relatos en un solo libro, exceptuando El Tiempo de la Ciénaga; se trataba de su obras Angelita y Miguel Ángel, El Atravesado y ¡Que Viva la Música!, textos que obviamente pertenecen, si se leen con cuidado, a una misma unidad narrativa que involucra personajes y el espacio urbano de la ciudad de Cali. Las imágenes retratadas de esta sección son dos hojas de cuaderno -una línea corriente y otra cuadriculada- correspondiente a “pendientes” y apartes de su obra cumbre.

El año 1974 fue especial en la vida de A.C porque viaja los E.U en “busca de la fortuna” de lograr vender uno de sus guiones, siendo el periodo donde más observó cine, anotando sus comentarios y críticas en un cuaderno que se me antoja le servía de referencia para complementar sus escritos de crítico cinematográfico en los periódicos nacionales y su revista Ojo al Cine, algo así como el diario de un cinéfilo, complemento del listado de filmes vistos que ya llevaba registrados para su colección. Justamente, la tercera parte de este libro titulada De película por los Ángeles, corresponde a su estancia en el país del norte. Las memorias que aquí nos entrega A.C, en sus primeras páginas, explican lo que él ha sido bajo el afecto de su madre, y algunos asuntos suscitados con su padre a propósito de sus escritos, dejando notar cierto resentimiento que pasa a lo que piensa sobre su posición como empleado perteneciente a la clase media, que trabaja para ricos. También indica la indecisión para seguir adelante con el proyecto de vender sus guiones, su necesidad de regresar a Cali, y su decepción de no lograr su objetivo; enredando sus comentarios con apuntes musicales y algunas referencias cinematográficas:

…Llegaré sin nada de dinero, sin casa, a seguir viviendo con mis padres, que ya no me interesan en su comportamiento, y altercar con la gente de Ciudad Solar, a la que he sentido, en pensamientos horrorosos, como una presión contraria que no me deja escribir, cuando no puedo. Veré a Alfonso, eso sí. No le he escrito. Le habría escrito si hubiera tenido éxito. Que palabra tan mierda esta. No es eso lo que quiero decir. Tal vez aún tenga tiempo de escribirle. Tengo que escribirle a Luz Ángela también. ¿Qué hacer para comenzar algo nuevo, formar una sala propia, por ejemplo, si no tengo un centavo? ¿Entraría a la universidad, tal vez? No. Escribiría de tiempo completo. Terminaría una novela y la pondría concursar, con las señoras de Vivencias, tal vez, aunque no ganaría premio. Escribiría, sí, escribiría en mi cuarto, que no me deja ningún buen recuerdo… pero entonces ¿cómo he hecho para escribir todos estos años precisamente en ese cuarto, ese cuarto que no me gusta ahora, que me confunde y me da sueño? Haría el mismo esfuerzo y escribiría, interrumpido sólo por las horas de comida. Me llevaría bien con mis padres, hasta que al mes, a los dos meses, comiencen los primeros roces de diferencias. No lo sé. He puesto el radio y suena “Sympathy for the Devil”, una canción que me ayuda. Y ¿cómo pensar en sacar por ejemplo un apartamento, ahora que mis entradas en el cine club se han reducido del 70 al 25 por ciento? (pg. 60-61).

La cuarta parte titulada La Recta Final, es un documento escrito el día domingo bajo la sombra del Cali caluroso en el barrio San Antonio, en una casa arrendada y compartida donde A.C parecía encontrar cierta independencia para su trabajo en la agencia de publicidad, rumbas, amigos y torcis; es un “reguero de tinta” publicado bastante existencialista y triste que involucra la familia, amigos, la ciudad, y su decadencia como hombre que busca en el presente y futuro lo mejor para sobrevivir:

…¿Hacer un laboratorio de mi mismo? Esto era lo que pensaba una mañana, hace mucho tiempo, yendo a comprar papel, de mi casa al supermercado Roherma, en la Flora. Es decir, utilizar todo, las caídas y los éxitos, para iniciar una especie de estudio de la volubilidad humana. Pensé también: “Tenerme como exponente único. Las relaciones de mi ser con la naturaleza”. ¿Hice eso? Creo que me propuse como condición mínima guardar objetividad. Sí, guardar cordura y aislamiento para poder medir las curvas de mi gozo o de mi sufrimiento. Para poder llevar a cabo eso, ordenar y embellecer cada una de las observaciones sobre mi naturaleza, he debido guardar soledad completa, no aceptar invitaciones, rechazar visitas. Por eso no lo pude. Raro que hoy haya pensado en eso (pg. 88-89).

El Último Capítulo reproduce dos cartas escritas el 4 de marzo de 1977. La primera, dirigida al español Miguel Marías, colaborador de la revista Ojo al Cine, en respuesta a una que le había llegado el mismo día, una carta “urgente” con referencias literarias y cinematográficas, estas últimas con el concepto calificador numeral que le daba A.C de 1 a 5. La segunda, tiene como destinataria a su compañera Patricia Restrepo, llena de suplicas amorosas, arrepentimientos y posibilidades con referencias muy intimas que involucran nuevamente a sus amigos, su madre, y claro está, su Patricita. Igual que las anteriores partes, trae las imágenes impresas –minúsculamente- de las cartas originales.

Las páginas finales de El Cuento de mi Vida, expone las fotos familiares de su niñez junto a sus padres y hermanas en diversos momentos; una foto mientras escribía en la sede de Ciudad Solar, otra junto a Patricia Restrepo una semana antes de su muerte en Silvia; una serie de fotos de su malograda película Angelita y Migué Ángel, además de la clásica colección que Eduardo Carvajal dejará para la eterna juventud de este autor.

Cuadernos de Cine Colombiano
Andrés Caicedo, cartas de un cinéfilo
–dos volumencitos-
Secretaria de Cultura de Bogotá
Cinemateca Distrital
2007, 56 págs.

La selección, presentación y notas, estuvieron a cargo del cineasta caleño Luís Ospina. Pertenecen estos cuadernos al género epistolar, ya tratado en otros autores de importancia mundial que posibilita entrar en otros aspectos vivenciales; como dice su titulo, con referencias al cine escritas por un afectado de esa extraña enfermedad llamada cinesífilis. Divididos en dos tomos, uno data de 1971 -1973 y el otro 1974-1976. En su presentación, L.O afirma que en la recopilación de la obra de Andrés Caicedo, junto a Sandro Romero, encontraron un legajador con el título “DE MI AL CINE” que contenía en orden cronológico las copias al carbón de las cartas enviada a sus pares cinéfilos y amigos, lo que posibilitó una organización editada para los interesados en la vida de este caleño universal:

…Gracias a esa precaución anticipatoria de Andrés –siempre preocupado por el destino post-mortem de sus escritos-, es que podemos leerlas hoy. Las cartas, con su tono desgarrador y de atroz introspección, dan cuenta de su pasión por el cinematógrafo. Ahí están consignadas todas las facetas de su cinefilia: programador entusiasta de un cine club, gestor infatigable de una revista, desencantado crítico de cine para los diarios locales, director de cine angustiado, guionista frustrado y espectador aguzado. Paralelamente durante los años que comprende esta correspondencia (1971-1976) Andrés estaba trabajando en su novela ¡Qué Viva la Música!, cuyo primer ejemplar recibió el mismo día de su suicidio. Andrés era un gran escritor de cartas aún cuando no estaba lejos. No era raro que, estando uno en la misma ciudad, después de dar muchos rodeos, le dijera a uno con su tartamudez característico: “Sa-sa-bés qué viejo Luís: me-me mejor te escribo”. Y dicho y hecho, al día siguiente, por un medio o por otro, llegaba a manos de uno una larga carta mecanografiada diciendo todo lo que él no había podido decir en persona. Tal era su dificultad par comunicarse con los demás (Ospina, págs. 2-3).

Primer cuaderno: 1971-1973
La caratula, fiel a los Cuadernos de Cine Colombiano, esta a blanco y negro con una imagen medio borrosa de Andrés Caicedo sentado y escribiendo en uno de los cuartos de Ciudad Solar. Contiene 16 cartas dirigidas a Luís Ospina, Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez, Isaac león Frías, Miguel González, Juan M. Bullita y Ramón Font, escritas desde Cali, Houston y Los Ángeles. Estos documentos muestran la sapiencia cinematográfica y literaria de A.C, con glosas que apuntan temas diversos llenos de amistad, y reflexiones íntimas. También en la búsqueda de ubicar y vender sus guiones en el país del norte, sus críticas de cine a revistas y periódicos, referencias al Cine club de Cali y la revista peruana Hablemos de Cine; para los lectores presento a continuación un extracto de la carta dirigida a R.A desde Houston con fecha de junio 9 de 1973.

…Ahora que te empiezo a escribir esta carta vos debes estar ya en el san Fernando o esperando a que te entreguen el material. […] El Extranjero es la película de Visconti que menos me gusta, pero el ciclo de junio me parece buenísimo, vas a ver que tiene gran aceptación. Luís me envió los materiales con las críticas a La década prodigiosa y a Los amantes. Te felicito por tu labor, me gusto mucho la crítica a La década prodigiosa; la de Los amantes también, incluso me parece más clara que la de La década, pero es que no he visto la película. Yo coincido con la introducción al film que vos hacés, es decir, la narración se hace en base a una investigación por la verdad, precisándose de un personaje no necesariamente comprometido con los datos de la mentira (porque el film es una gran mentira divina), para que, más o menos alejado y sereno, indague y esclarezca. La otra conciencia pensante es el espectador; no tan hábil e inteligente como Paul Jansen, pero imprescindible par la misma construcción del film. En la última Hablemos de Cine (que parece que se demora) podas leer la crítica mía a La década. Ya verás que coincidimos en mucho. ¿La película gusto a la gente del Cine Club? ¿Y Rebelde sin causa? ¿Qué tal entrada tuvieron, teniendo en cuenta que era repetición? (pg. 28).

Segundo cuaderno: 1974-1976
La maquina Remington de A.C, testigo de las huellas de sus dedos, y de muchas de las cartas escritas, aparece en la portada de este segundo cuaderno. Nos entrega 29 cartas dirigidas a Miguel Marías, Hernando Salcedo Silva, Carlos Mayolo, Ramón Font, José María Arzuaga, Jorge Silva y Marta Rodríguez, Juan M. Bullita, Luís Ospina, Orlando Mora, Jaime Manrique Ardila e Isaac León Frías, escritas desde Cali y Bogotá. Como se puede observar, la planilla es amplia, y como receptores a personajes reconocidos de nuestra historia del cine, con innumerables referencias –nuevamente- al cine visto y no visto, apuntes importantes sobre la publicación que él dirigía llamada Ojo al Cine, con visos íntimos y existencialistas en algunos documentos. El ejemplo a presentar es una carta enviada a Miguel Marías:

Bogotá, octubre 5 o 6 o 7, 1975 no lo sé; y en maquina de escribir añeja, desconocida y prestada, te escribo:
…En general me resulta una lata la colaboración en diarios amarillos, cosa que vengo sufriendo desde hace muchos años: mutilación, inclusión en desorden, vetos, “correcciones en bien del lenguaje”, etc., lo que me decide a no colaborar más para ese tipo de publicaciones, lo que por otra parte me trae problemas, pues es hasta ahora la única forma de subsistir económicamente. Ya veremos cómo sale lo de El Padrino. De integrar un grupo NADA que se esta formando, los primeros que caerían serían los jefes de los “suplementos dominicales” (con ellos he sostenido siempre la misma pugna que sostuvo Poe), hoy caso todos alineados en las garras tenebrosas garras del PC, así que ni para que te los pinto: bigotico y peinado a lo Mandrake, intransigencia, actitud en contra de los jóvenes, reclamos de calidad” en la redacción, desconocimiento total de los camp, de lo cursi y de las series “B” (además de un desconocimiento del cine en general) y fijaciones puritana en cuanto a “la fuerza de trabajo”: 14 horas/diarias, aunque de eso no salga ni una sola línea buena. Únele a eso el mal genio (enfermedad que no he padecido nunca, ni eso ni el tabaco), atisbos de nuevo rico y de “inteligencia” estabilizad para que puedas tener un panorama de mis pugnas, desiguales en todo caso. Yo me cago en ellos y algún día llevarán del bulto […] (pg. 29).

Los dos “volumencitos” traen una excelente edición de los documentos, además de una completísima galería de imágenes correspondientes a las personas referenciadas en las cartas, algunas fotos de películas que se citan, aparte de la memoria del Cine club de Cali a través de muchos elementos que involucran su cotidianidad en el Teatro San Fernando.

Pareciera que el descanso eterno de A.C fuera interrumpido cada vez que sale a la luz pública novedades de su vida, para algunos es el aprovechamiento editorial y económico que vende, y del cual familiares y amigos se ven beneficiados para seguir exprimiendo sus escasos 25 años de producción intelectual; para otros, es la oportunidad de conocer más de su vida para cotejar con lo que se conoce desde la década de los setentas del Siglo XX, algo que aporta a ese “morbo” especial que los seres humanos tenemos por saber más y más de aquellos que aportaron a la cultura popular de un país, en este caso desde una ciudad que se atraviesa en muchos de sus escritos, y que podemos analizar bajo otros puntos de análisis.

5.3.10

Volvieron los políticos


Por: Yamid Galindo Cardona.

Los partidos
Ahí van, se les ve por las calles, barrios, ciudades, pueblos, veredas y cualquier espacio alejado de nuestro país, repartiendo sonrisas falsas, dando abrazos por doquier, y proponiendo lo mismo que otros ofrecieron y no cumplieron. Algunos bajo las banderas de los dos partidos tradicionales que en algún momento se repartieron el país con la disculpa de aminorar la violencia política que ellos mismos habían alimentado; otros, bajo nuevos partidos surgidos del ideario de un presidente que bajo tres pilares –la seguridad democrática, la confianza inversionista, y la cohesión social- gobernará este país durante ocho años próximos a cumplirse, muchos llegados de otras vertientes, una mezcla burocrática bastante particular que el día de hoy observa preocupada su devenir durante sus próximos años. Otro grupo, de polo amarillo, define con mayor claridad la unión de la izquierda bajo varios grupos que parecen desunidos en su punto más trascendental, como por ejemplo el apoyo político a su candidato presidencial. El verde, reuniendo a tres personajes que se desenvolvieron políticamente en una ciudad, y buscan lo propio con el país y un pequeño grupo que los sigue con esperanza. Una mano tricolor liderada por un ex alcalde, buscando encantar con su acento, y gestión al gobernar un departamento, el mapa colombiano. El resto, son grupos de “dudosa procedencia” –igual que los anteriores- que albergan alianzas paramilitares, pirámides económicas e ideologías malucas como la tan sonada revolución bolivariana del vecino que se encuentra al frente.

Los descendientes
Los “animales políticos” vienen igualmente de algunas familias que han ostentado el poder, eso que llaman “delfines”, asumiendo que son herederos de sus padres, hermanos, tíos, y primos quienes fueron alcaldes, gobernadores, senadores o presidentes, y así generación tras generación, entregan ese bastón que los ubica en la maraña construida bajo prebendas de diversa índole: Gaviria, Uribe, Lleras, Galán, Pastrana, Balcázar, Araujo, Samper, Gómez, López, Lloreda, Turbay, Pastrana, Galán, Char, Nule, Guerra, Londoño, Moreno, Abadía, y así sucesivamente saldrán apellidos en cada región del país, todos acariciados por la divina providencia.

La estrategia
Muchos acogen los “éxitos” del gobernante que han apoyado para proponer sus ideas, y según ellos, seguir adelante porque retroceder nunca; unos candidatos, alejados del gobierno de turno, asumen que hay que mantener algunas políticas implementadas, pero con mejoras trascendentales. Y esos “muchos” y “unos”, en el escenario público, dan de que hablar con los ataques mutuos, las denuncias, y el oportunismo de la coyuntura nacional con el debate actual. Y dependiendo de la chequera, hay cuñas en radio, prensa y televisión, entrevistas pagadas y hasta montajes de descredito porque en la política todo vale. Igualmente, la constante –en sus discursos- es cambiar las formas de hacer política en el país, limpiar las instituciones de la corrupción imperante y mostrarle al país que hay nuevos padres de la patria dispuestos a gobernar positivamente en la medida y necesidades básicas de ese conglomerado que los eligió.

Los que eligen
La población acude en fila un domingo después de escuchar la sirena de inicio de las elecciones y asistir a misa, a entregar su voto, luego de vivir un proceso que por doquier estuvo influenciado por la publicidad, un amigo, un cartel o la obligación por motivo laboral que significa un instinto de conservación, porque le conviene que se sostenga el actual gobierno. En ese espacio electoral se cometen muchas acciones políticamente incorrectas como la compra de votos y de conciencias con promesas o la sostenibilidad de un plan que ya viene en marcha, y beneficia cierto grupo social, muchos dirán las bases. Con la pavimentación de una calle, la construcción de un parque recreacional o de un puesto gubernamental si pone cierto número de votantes, promesas que van prometiendo y amarrando al calor de una reunión donde no falta el licor, las empanadas, el asado, los tamales o el bollo. Pero también sucede que algunos votan obligados con un fusil en el pecho, como ocurrió en las elecciones de hace cuatro y ocho años atrás, colocando caballeros y damas que se les ocurrió refundar la nación; opuestamente otros, también colocando el fusil en el pecho de algún ciudadano, lo obligan a no votar porque los candidatos de ese espacio geográfico son de la alianza gubernamental contradictoria de sus acciones bélicas. Pero es importante recordar que el gran porcentaje de los ciudadanos no se detienen a entender a los políticos, a leer sus propuestas, y asumir un papel de militante convencido de que su voto vale por la propuesta que acoge, y no por la ganga ofrecida, lo que sería en últimas un voto limpio y sincero.

Los que no se presentan, en especial los académicos e intelectuales
Hay académicos e intelectuales que desde diversos campos podrían aportar al país con ideas básicas y de interés común en la salud, la cultura, la economía, la ciencia y tecnología, la justicia, entre otros; lastimosamente el porcentaje es mínimo, debido a los “miedos escénicos” en el contexto de la vida pública nacional. Pareciese que asumir este rol los involucraría en la azarosa voluntad burocrática que tiene visos peligrosos y corruptivos, lo cual aleja de la legalidad a estos seres especiales que se piensan el país desde un escenario distinto ubicado en la academia, son observadores críticos y propositivos que no quieren involucrarse con la administración de la realidad de una nación que los cobija como elite, y como tal, no quieren quedar desnudos.

Una propuesta in-coherente
Debería de realizarse en nuestro país un examen de estado –estilo ICFES, EXADEP…- para todos los que desean llegar al legislativo, evaluando conocimientos diversos sobre las diferentes disciplinas, en historia, geografía, constitución política, economía, etc., en resumen, medir la capacidad de aquellos que nos representan, ya que hay mucho personaje que llega a esas instancias, y ni siquiera un discurso coherente, y propuesta eficaz, logra efectuar durante el periodo que legisla. Y sabemos, por la información que nos llega, que muchos buscan el botín económico mensual que se ofrece, las posibilidades del movimiento burocrático en sus regiones, y en cierta medida todas las gabelas que por orden constitucional tienen, por eso es normal encontrar viejos jubilados con pensiones millonarias beneficiados de los impuestos que el común de la población ha pagado, los que algunos llaman políticos de carrera, especialistas en “lagarteria” y amigos de ladrones de cuello blanco.

¡Ay país!
Volvieron los políticos ofreciendo como dice la canción: puentes donde no hay ríos. Ya se respira aire electoral, se ven las paredes llenas de carteles mostrando la mejor foto del aspirante, cada uno(a) con su mejor perfil para encantar al lector y buscar ser elegido; algunos lograran su objetivo, otros entrarán a la “sala de quemados” y buscarán saldar esa deuda con sus electores. Recordando e insistiendo sobre la necesidad de elegir bien, acorde a las propuestas coherentes y necesarias que se ofrezcan para la eficacia social, cultural y económica del país, asumiendo que la política es demasiado seria como para dejársela a los políticos.

Adenda: ¡No voten el voto!

Imagen de una manifestación política de Alfonso López en Cali durante la década de los cuarenta del siglo XX. Foto de Alberto Lenis B.

21.2.10

Variaciones en torno al oficio portero de cine


Por: Yamid Galindo Cardona.

Para empezar, hay que advertir que portero de cine es un oficio que ya no existe o está en vía de extinción, así como el operador de cine y otros personajes de la realidad cinematográfica. Pero, ¿qué hace un portero de cine?, muchos dirán nada, pararse allí en la entrada del teatro a recibir las boletas de los asistentes, para partirla en dos y entregarles una de las mitades; otros, con más atino ven al portero como el amigo que le cuenta si es buena o no la cinta que van a apreciar, lo cual en cierta medida ubica al portero en el ámbito de observador, comentador y hasta crítico cinematográfico, con criterio para informarles si vale la pena entrar a la sala, ya que algunos le indagan sobre los actores, contexto, género, el país, la puesta en escena, el guión etc.

El oficio al parecer es muy sencillo y enriquecedor, algo que puedo confiar por mi experiencia en la Cinemateca La Tertulia durante más de diez años: llegar a las seis de la tarde para marcar la tarjeta de empleado, sacar las llaves de la sala y la cabina para entrar en la adecuación preliminar de la primera función de siete, iniciar el viejo aparato de aire acondicionado, encender las luces laterales, sintonizar música, bajar al portón principal para recibir a los clientes y anunciarles sobre el cuidado al bajar las gradas y en algunos casos alertarlos sobre las sillas dañadas; iniciado el film y apagadas las luces, emprendía otra actividad, ubicar en la magia de la oscuridad y con el reflejo de la imagen hecha movimiento, a los asistentes que llegaban tarde e insistían que les contará detalles del film sobre el tiempo que transcurrió. Terminada la primera función, con la aceptación o no que podía traducirse en aplausos, me disponía a observar el público que salía, siempre con algún reproche o pregunta concerniente al sonido –sucedía normalmente con películas argentinas, chilenas, españolas etc.-, a lo oscuro del film, y finalmente la observación más común: los cortes en la pantalla durante los cambios del operador en algunos rollos. Luego, en el intermedio, me adentraba en cada una de las trescientas sillas para revisar los objetos dejados por los asistentes: pañuelos, moñas, monedas, peinetas, billeteras, celulares, navajas, estuches de gafas, bolsos, gorras, sacos, lapiceros, cuadernos, libros, entre otros, y dependiendo de la importancia de lo tirado, la persona volvía inmediatamente por las pertenencias. Y así tal cual como he relatado, sucedía en la segunda función, eso sí, con menor asistencia.

Para los que recuerdan Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore, les debe venir a la “mente” la escena en que Toto, el niño protagonista del film, sale de cine y camina por la plaza principal donde su madre en un rincón lo espera con el rostro lleno de incertidumbre, mientras al fondo salen Alfredo –el operador de cine protagonizado por Philippe Noiret-, y el portero analfabeta, tartamudo y lento, sucediendo el siguiente dialogo:
-Mamá: Te busque todo el día, ¿Compraste la leche?
-Toto: No.
-Mamá: Y donde está el dinero.
-Toto: Me lo robaron.
-Mamá: ¿Lo gastaste en el cine? –mientras lo golpea-
-Toto: Si.
-Mamá: ¡El cine! ¡El cine!
Alfredo y el portero entran en la escena rápidamente para proteger al niño:
-Alfredo: ¡Sra. María! ¿Qué hace?
-Portero: Vamos déjelo.
-Alfredo: ¿Y tu por qué mientes? –dirigiéndose a Toto-, lo dejamos entrar gratis, vamos díselo a tu madre. Quizá haya perdido el dinero adentro, ¿Cuánto dinero tenías?
-Toto: 50 liras.
Alfredo, mirando al portero, y confiado que este entiende el truco que va a realizar le pregunta:
-¿Qué hallaste esta noche entre las butacas?
El portero tartamudeando y un poco asustado, comienza a buscar en los bolsillos de su saco los objetos diciendo: Un peine, dos calzadores, una tabaquera; mientras Alfredo saca de su pantalón el dinero “perdido” y mágicamente lo coloca en las manos del portero anunciando: “Y 50 liras”, acto seguido se lo entrega a la madre y le dice: ¿Lo ve?, retirándose con su amado Toto mientras este voltea y le devuelve una aceptación a través de “picarle el ojo”. He recreado la escena anterior por la breve alusión a esa acción tan común de los porteros de cine cada vez que la función culmina, claro homenaje que el director contextualiza con los cambios suscitados en su Cinema Paradiso como espacio de divertimento, film nostálgico que a más de uno le llega como evocación de los Teatros de Barrio ya venidos a menos.

Ser portero de cine o haber trabajado en este oficio, es la mejor escuela de adquisición en cultura cinematográfica, aún más si se ha trabajado en un teatro que programa diferente al circuito comercial, siendo un valor agregado que posibilita otros espacios en el entorno social que se encuentra la exhibición cinematográfica, como por ejemplo, el campo de la investigación y reflexión de ese arte tan popular. Precisamente el siguiente ejemplo viene del campo científico de la historia del cine en Colombia, lo presentó el historiador Ramiro Arbeláez en el primer Encuentro Colombiano de Investigadores en Cine celebrado en octubre del año 2009 en la ciudad de Bogotá, en su charla titulada Los Terribles de Paraíso –galería-, en homenaje a la película de Marcel Carné Les enfants du Paradis, dedicada al arte de la representación y que nombraba al público que asistía al palco más alto; el profesor me sorprendió –tal vez sin querer queriendo- al proyectar un recorte de prensa muy antiguo que hace parte de su pesquisa enfocada al antiguo Teatro Moderno de Cali que dice lo siguiente:
[…] Portero inculto
Decía un escritor que en el cambio de toda administración las primeras víctimas eran los porteros. Así ha pasado con la nueva administración del “Salón Moderno”, quien retiró de la puerta de palco, a un joven correcto y educado, de apellido Aragón, para reemplazarlo por un sujeto rudo e ignorante que ni siquiera conoce la forma de tratar con la gente bien que es la que ocupa siempre esa localidad.
Aunque el cargo de un portero de un pectaculo, es, en sí, odioso, la persona q´ lo desempeña por lo menos debe estar bien trajeada, ser de fisionomía simpática, y poseer rudimentarios principios de urbanidad y cortesía, y nada de eso posee el nuevo individuo que han colocado en la puerta de palco del “Moderno”. Llamamos la atención del señor Macherna, sobre este cambio, para que su administración goce de las simpatías de que disfrutaba la de su antecesor, señor Quijano
.

El anterior caso se asemeja un poco al de un portero de cine que fue sacado “sin justa causa” hace unos años atrás en un importante teatro de la ciudad de Cali, disque por atentar contra “los bienes de la institución” a la que pertenecía, exactamente los proyectores de cine que se ubican en la cabina de esta sala; el joven era correcto, respetuoso, culto, educado, trataba bien a los asistentes, bien trajeado, “bastante simpático”, y con demasiados principios de urbanidad y cortesía. Allí, en su minúsculo espacio, fue ubicado el vigilante de la institución, lo cual cambio por completo las dinámicas de recepción con el público cinéfilo, que ya se le hacía una cara amiga; en resumen, el oficio cambio, pasando de un portero comprometido, a un acomodador desprevenido.

La última referencia la podemos encontrar brevemente en la introducción que realizaran al capítulo titulado El Cine de los Sábados del libro Ojo al Cine de Andrés Caicedo, el cineasta Luís Ospina y el escritor Sandro Romero: "Nos vemos en el San Fercho, era la consigna. Este santo y seña significaba que el Cine club de Cali tenía sus puertas abiertas y existía la garantía de descubrir, cada semana, una nueva, grata e inesperada experiencia con la pantalla. A la entrada del teatro, un portero con notable parecido a Christopher Lee, recogía las contraseñas y un colaborador repartía tarjeticas con la programación mensual”. La cita es el abre-bocas de los escritos que el “angelito empantanado” caleño realizó para las funciones semanales del Cine club de Cali los sábados al medio día, y que sirvieron como guía de aprendizaje y estudio para los asistentes a este espacio que albergaba el Teatro San Fernando en la década del setenta del siglo XX, y que unos años atrás cambió al acto sacro de las alabanzas a cargo de una iglesia de cristiana.

En conclusión, dedico este escrito a los porteros de cine desempleados en los cuatro puntos de la tierra, incluyendo Cali. Convencido en la decadencia sufrida por nuestros espacios de esparcimiento cinematográfico representado en los teatros de barrio y dos de sus baluartes tradicionales: el portero y el operador –en su forma más clásica- que como dije al inicio de esta reflexión, están en plena vía de extinción.

Fuentes
-Cinema Paradiso –DVD-
-Luís Ospina, Sandro Romero –Compiladores-. El Cine de los Sábados. Andrés Caicedo, Ojo al Cine. Editorial Norma, Bogotá 1999.
-Ramiro Arbeláez. Los Terribles de Paraíso (galería). Cali, 2009. Texto sin publicar. Agradezco al profesor por facilitarme el documento.

16.12.09

Y el Rock and Roll llegó a Cali


Por: Yamid Galindo Cardona.

Buenaventura se puede considerar un epicentro de la cultura musical que directamente benefició a la capital vallecaucana, por allí, en su vía marítima como puerto principal del pacífico colombiano, entraban los discos de acetato en sus diversas revoluciones musicales que pasaban a engrosar los programas radiales del momento, fue así que lo tropical llegado de tierras cubanas impregnó el gusto de los oyentes, igual los boleros y rancheras, melodías que llegaban de la tierra azteca. También el cine hacia lo propio, ante la fuerte cartelera de cine mexicano que inundaba las salas locales, el público veía las estrellas del momento, que participan igualmente en el séptimo arte, inclusive con artistas cubanos que tenían en México un gran mercado, involucrándose con el cine por medio de la famosa productora Churubusco Films.

Seguramente por Buenaventura llegaron otras formas musicales que algún caleño raizal había escuchado en uno sus viajes al país del norte, encargando o trayendo para su colección discográfica acetatos de Jazz, Blues y Rock; este último ritmo tuvo su iniciación en la ciudad con la exhibición de la película titulada en español La Mujer Robada –Love Me Tender- de Robert D. Webb, del año 1956, género musical y como protagonista a Elvis Presley. Así que el Teatro Colón de Cali en febrero del año 1957 estrenó esta cinta, una oportunidad para que los asistentes vieran por primera vez al Rey del Rock, el mismo que los críticos ingleses apodaban “Mr. Pelvis”, por ese movimiento de caderas que lo hizo famoso, y que la televisión norteamericana vetará presentando su show solo de la cintura para arriba, ya que se trataba de un asunto inmoral para los ojos de los televidentes, sobretodo ellas, sus fanáticas.

Unos días después en esta “sucursal del cielo”, el Teatro Aristi exhibía otra película concerniente al tema, se trataba de Al Compas del Reloj –Rock and Round The Clock- filmada en 1956 y que traía varias piezas con los artistas Bill Haley & Comest, The Platters, Tony Williams, entre otros; el programa de este film estaba auspiciado por “La Voz del Río Cauca” que organizaba el primer festival de Rock And Roll con el show artístico de Los Latinos –Locos del Rock and Roll-, el dueto colombiano Calero y Escobar y el trío Morales Pino, además las parejas de baile del nuevo ritmo. El efecto de esta cinta tuvo su resultado, ya que Relator publicaría con dos imágenes los destrozos resultantes de la exhibición de esta cinta, y el titulo “Rockanrollizar: Verbo Bárbaro para Gentes Barbarás”, la siguiente nota:
[…] Vitrinas rotas, gentes heridas, destrozos por todas partes, han sido el primer saldo del “Rock and Roll en Cali. Anoche se presentaba en el Teatro Aristi la película “Al Compas del Reloj” y ello dio ocasión a que la barbarie de muchachos y muchachas –y aun de gentes mayores- se desatara. Alguien dijo: “Rockanrollizar”, un verbo bárbaro para gentes bárbaras”. Estaba haciendo una radiografía. En todo caso Mr Elvis Presley, ha venido, con su tristemente afamado baile, a demostrar que esto de la civilización es una añagaza. Ha despertado el más oscuro primitivismo a personas quienes se les había dado credencial de cultas. Esta fotografía muestra el estado en que quedaron las vitrinas y la taquilla del Teatro Aristi. ¡Que animalidad!

Al leer el comentario, entendemos que este ritmo musical no produjo aceptación en un grupo de la sociedad, aquel en donde estaban incluidos los dueños del periódico, y que veían como la civilización era un artificio donde algunas gentes no tenían un comportamiento aceptable, y se movían como animales en los diversos espacios públicos, en este caso el cine como generador de esparcimiento. Además Relator seguía publicando en su ediciones noticias concernientes al Rock y a Elvis: Primero, que había resultado catastrófico en todos los lugares del mundo, que inclusive los ingleses, tal flemáticos, los había sacado de quicio y los había enfrentado con la policía; segundo, con la incorporación de Elvis Presley al ejercito se solucionaba un problema, ya que remedios aparentemente insignificantes, podían curar grandes males, agregando:

[…] Sin considerar que el “rock and roll” es inmoral, ya que su rápida gimnasia, sus contorsiones y sus esguinces no dejan ni tiempo ni ocasión para el pecado, si creemos que el desaforado interés que la juventud norteamericana muestra por él, es una forma de fuga de la realidad que los sociólogos del futuro analizarán debidamente. Es un mal síntoma el hecho de que la gente joven de un gran país, teniendo al frente nada menos que los gigantescos problemas del mundo contemporáneo, busque refugio en el cansancio físico que produce la frivolidad. Una juventud san debe escoger serenamente la manera de cansarse. En otra forma se cansaban los muchachos griegos. Elvis Presley es el líder de este novísimo sistema de agitación muscular. Las muchachas lo asaltan en la calle, le recorren las patillas con sus largos dedos sofisticados y le arrancan los botones del saco después de romper los cordones de policía que protegen su humanidad y su guitarra. Provocan a su alrededor esa histeria colectiva que tiene su equivalente masculino en los asaltos primaverales a los dormitorios universitarios. Pero formado ya el fenómeno social, viene el buen sentido norteamericano y todo lo remedia. Elvis Presley es llamado a filas, como todo muchacho que cumple la edad y pasa el examen médico. El hombre procede a recortarse las patillas, pero los peluqueros del ejército dicen que no es suficiente, y listan las tijeras para completar la obra. En dieciocho meses de barro, sudor y entrenamiento, el problema será solucionado: Elvis Presley se convertirá en hombre común y corriente, y ya a nadie le llamará la atención.

Pues la sentencia final de la anterior cita fue errada, Elvis siguió siendo el mismo, más famoso, y se convirtió en un icono de la cultura popular norteamericana; siguió llamando la atención e inspiro a otros en muchos espacios del orbe, aquellos que le dieron acordes y formas al género musical, creando subgéneros y posicionándolo culturalmente. Sin embargo nuestro consultado y trascendental gacetillero regional, seguía insistiendo sobre la necesidad de analizar ese fenómeno que pareciese le estaba haciendo tanto daño a la juventud caleña; teniendo en cuenta que Relator era muy leído, y servía de guía civilizador de las familias y personas que accedían a su lectura, publicó apartes de una carta pastoral del arzobispo de Lima donde afirmaba “Atrás el Rock and Roll”, y exponía las siguientes razones:

[…] Este es el mal moderno, está es la triste situación a la que se ha llegado: frecuentar la iglesia por la mañana, quizá acercarse a los Sacramentos, y en la tarde o en la noche usar vestidos procaces; o bien plocamarse católicos porque se cumplen algunos actos del culto externo como queda dicho y acudir sin ningún reparo a espectáculos y exhibiciones, donde a la inmoralidad manifiesta de ciertos bailes afro-históricos se unen ambientes que por las circunstancias que lo rodean son abiertamente pecaminosos y reprobables. Querer disimular o cohonestar esta actitud con la noble palabra de arte o con la línea de moda, o de simple pasatiempo, resulta en boca de un bautizado un sarcasmo degradante o una claudicación vergonzosa. Añádase a ello el ponzoñoso veneno que destilan publicaciones de todo género, la libertad de costumbre, el desenfrenado deseo de lujo y riquezas sin reparar en los medios de obtenerlos, la falta de comprensión, de justicia y de caridad para con el pobre y el necesitado, y se tendrá una idea de la terrible contradicción que existe entre el catolicismo de algunos y su manera de proceder en la vida diaria. Es preciso, por consiguiente, reaccionar ante tamaño mal moral y obrar consecuentemente a los dictados de la fé y de la conciencia. Al mal ejemplo, a la ligereza y a la inconsciencia, oponer la elocuente lección de una conducta elevada y digna, que por encima del tumulto de desbordadas pasiones, tiene la serena alegría y el gozo inefable de un corazón puro, unido a su Dios por la gracia y el amor.

La imagen que acompaña esta epístola sacerdotal peruana son unos danzantes africanos, tal vez conectando con la referencia que el arzobispo hace con respecto a “ciertos bailes afro-históricos” de donde tal vez percibe este representante de Dios sobre la tierra, se nutre el nuevo ritmo pecaminoso y reprobable llamado Rock and Roll. Esta publicación debió haber sido tomada con mucha seriedad por las familias ejemplares y dignas de la providencia católica que habitaban Cali, además por los párrocos que desde los pulpitos alienaron a sus feligreses con la idea del pastor limeño, así que el objetivo informativo de Relator, azuzando en contra de ese “movimiento inmoral”, pudo tener su éxito momentáneo de prohibición y veto, dirigido a las juntas de censura que de seguro prohibieron cintas que incitaban a la inmoralidad pública.

Y el Rock and Roll llegó a Cali causando escándalo, por medio del cine introdujo y motivó un nuevo ritmo sonoro a la sociedad que consumía este tipo de diversión; cautivó a un público que se nutría de otros estilos musicales, observando y escuchando con extrañeza la ligereza de su tonada y baile, que como una corriente eléctrica los movió con los diversos pasos arrolladores de inclinación hacia la pareja, la cual se cogía con una sola mano a través de avances y giros en plena pista de baile, espacio que probablemente comenzarían adecuar las fuentes de sodas, discotecas, y clubes sociales, para los nuevos aficionados. Finalmente, al pasar de los años, el Rock se convirtió en una realidad cultural y social que sirvió para acompañar ciertas ideas “revolucionarias” que buscaban cambiar el mundo, entró a los años sesentas con mucha fuerza, y marcó para la historia cultural estadounidense un medio de expresión básico que al día de hoy sobrepasó sus expectativas, y permeó este punto azul y verde ubicado en el universo llamado planeta tierra.

Fuentes
Periódico Relator, publicado en Cali
-Febrero 26 y 27
-Marzo 22 y 25

9.12.09

Zamudio


Por: Yamid Galindo Cardona.

Él se llama Jorge Isaac, pero todos lo conocen por su apellido, que parece más un sobrenombre: Zamudio. Físicamente es de estatura media, con pronunciadas entradas y pocas hebras de cabello negro en su cabeza, gafas con lentes “culo de botella”, y un bigote que pareciese nunca se hubiera afeitado y que decora junto a su boca con un cigarrillo y acostumbrado café que de tanto estar allí, ha perfumado su cuerpo. Viste de blue jeans, camisa de color blanco o azul de manga larga remangada, zapatos de color negro, y en su mano un viejo maletín ejecutivo de cuero ya envejecido por el uso, repleto de documentos, como las reseñas de los últimos libros leídos y trabajos a entregar.

Lo conocí en el año 1996 cuando llegó a la entrada de la portería del Cinemateca la Tertulia, y rápidamente giró la registradora estilo bus urbano para mostrarme una carta envejecida de diez años atrás, firmada con puño y letra de Gloria Delgado –directora del museo-, donde se autorizaba “al joven Jorge” para que ingresará sin ningún problema y sin comprar boleta a las funciones de cine. Luego supe, ya en la Universidad del Valle, que era Licenciado en Historia, por lo tanto en el futuro sería su colega académico de profesión, algo que no tardó en notar nuestro amigo cuando un día arribó de sorpresa a una de las mesas de la cafetería de la negra Diosa, en el segundo piso de la Facultad de Humanidades, compartiendo un tinto que terminé pagando yo. De ahí en adelante su asistencia al cine se tornó más constante, sus saludos más largos, casi siempre indagándome sobre autores leídos durante el semestre, sobre el ambiente académico del Departamento de Historia y la referencia constante a Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo y Renán Silva, para finalmente terminar hablando de las películas exhibidas en los años ochentas y que él observó en la cinemateca, además del llamado “grupo de Cali”.

A Zamudio le gusta asistir a los eventos académicos relacionados con la historia, que se realizan a nivel nacional, por lo anterior no es raro encontrárselo en los auditorios participando con alguna pregunta que sobrepasa el tiempo estimado, y que parece una charla alterna. Inclusive, algunos novicios investigadores, sienten cierto escozor cuando lo ven en el público, ya que es posible tener de él una pregunta bastante enredada y sobrepasada “lo que dijeron ciertos autores” etc.; el anterior comentario porque lo viví unos años atrás cuando se llegaba la semana del Foro de Estudiantes de Historia, y los estudiantes ponentes que lo conocían –en medio del miedo escénico-, buscaban el apoyo de algún profesor para que saliera en auxilio si era el caso. Hasta que le llegó la hora de ser conferencista en uno de los foros, sorprendiéndome una serie de documentos que me entregó para soportar su perfil, en especial un certificado de participación como ponente en un evento académico realizado en Cuba con el tema de su tesis de grado titulada Las Ideas Políticas de Bolívar; recuerdo de ese foro la novedad que suscito su participación como invitado especial, y el “lleno a reventar” del auditorio Germán Colmenares ese 23 de septiembre de 2004, además de presentarlo y escucharlo a pocos centímetros cuando leía su escrito titulado Desarrollos recientes acerca de la Ilustración en Colombia, siendo uno más de los sorprendidos ante su huida una vez que dio punto final a su lectura, ya que se levanto de su silla, y afanado abandonó el espacio y la sorpresa fue general.

De Jorge igualmente tengo presente su constancia como cliente al Cine club La Tertulia los sábados a las 4 pm, insistiendo sobre la necesidad de programar un ciclo de adaptaciones literarias llevadas al cine, en donde no faltara El Retrato de Dorian Grey -1945- de Albert Lewin, siempre puntual, atento, y ocupando antes de la función algún espacio del museo para desplegarse al igual que en la universidad, con el libro del momento, advirtiéndome un día al indagarle sobre lo que leía, “que esas eran lecturas de postgrado y que yo todavía no tenía el nivel para entenderlas”, sin embargo pude echarle una mirada panorámica y me enteré que se trataba del libro de Malcolm Deas titulado Del poder y la gramática. Y otros ensayos sobre historia, política y literatura colombiana.

Finalmente, debo reconocer que Jorge Isaac Zamudio Franco hace parte de la vida cotidiana del Departamento de Historia, seguro muchos egresados lo recordarán y tendrán presente bajo alguna anécdota, más aún los profesores que han tenido la posibilidad de asistirlo académicamente o por el contrario entablar alguna conversación al “estilo Zamudio”. Para los que no lo conocen, y evitan la posibilidad de cruzárselo, les informo que él simboliza muchas características humanas, algunas de las cuales nosotros poseemos y asumimos en los ambientes académicos, de pasillo, y en los encuentros institucionales etc.













20.11.09

Llegaron los inmigrantes italianos, sesenta novios para otras tantas caleñas


Por: Yamid Galindo Cardona.

La historia no es de ahora, sucedió a mediados del siglo pasado. Aunque en la actualidad encontramos a muchos forasteros, entre esos italianos, que buscan una novia por estos lados del continente, casi siempre por medio de la conexión al internet o por la postulación en una agencia matrimonial; una apuesta a la que ellos en el extranjero, y ellas –estimuladas por mejorar una posición económica y social- en nuestras ciudades apuntan.

La noticia fue publicada con gran relevancia en un periódico local, decía que eran jóvenes bien plantados, gentiles, simpáticos y con ganas de trabajar, llegados a la región vallecaucana el primer día del año 1952 por el puerto de Buenaventura, y hospedados en el Hotel “Los Balkanes” de la ciudad de Cali. El objetivo inicial de estos inmigrantes era trabajar, y según la entrevista que les efectuara el reportero del periódico Relator, se especializaban en diversas ramas de la agricultura, anotando:

[…] Y nos iremos directamente a la tierra. Sabemos que aquí hay posibilidades de trabajo y nosotros nos sentimos frente a este país con la vida y el porvenir por delante. Nuestro jefe el doctor Laurini, es profesional en Ciencias Agrarias. Otro de nuestros jefes es el doctor Eder Artoni, el iniciador y organizador principal de esta inmigración. Otros somos mecánicos, carroceros, electricistas, albañiles etc.
-¿Por cuenta de quién hicieron el viaje?
Con nuestros propios recursos hasta Buenaventura. Hemos traído todo lo necesario.
-¿Cuál es el programa de ustedes?
En primer término trabajar.
-¿Ya vieron las caleñas?
Hermosísimas. De manera que nuestro segundo fin será el contraer matrimonio con ellas, ya que la mayoría de nosotros estamos solteros. Y ya los colombianos conocen los excelentes maridos que resultamos (Relator, enero 2 1952, Cali).

Luego, el entrevistador un poco emocionado, sigue su relato informándonos que los muchachos son alegres, locuaces y de gran viveza intelectual; agregando que cuando las mujeres los vean “les echaran el guante para el altar, porque en verdad ellos están ideales para mejorar la raza, estamos seguros de que con esta inmigración habrá por lo menos más de 40 señoritas vallecaucanas que dejarán de ser solteras. ¡De ellas depende!”. Igualmente el corresponsal entrevistó al señor Lucio Velasco- jefe de economía agrícola de la secretaria de agricultura del Valle- quién informaba que estaba optimista con la llegada de tan selecta y juvenil inmigración de italianos quienes se iban a vincular al trabajo nacional en pos de contribuir a la estructura económica del país, además de tener ya algunos vínculos con hacendados que les darían un espacio en sus tierras a partir de las ambiciones salariales que cada uno tuviera, y así adjudicarles un empleo. La noticia también informaba que desde Bogotá había venido un delegado del Ministerio de Relaciones Exteriores, quien agradecía, al ser interrogado, la colaboración especial de cada una de las autoridades de la región con los ilustres visitantes, y que en palabras del funcionario “traían a Colombia el aporte de sus vidas bizarras, de sus conocimientos y de su esfuerzo para tecnificar el trabajo nacional”.

Para que la información fuera completa, el diario divulgó los nombres de los llegados a la sultana del valle, clasificándolos por profesión así:

-Agricultores: Guido Trauzi, Doménico Hari, Humberto Bennassi, Alfredo Amoretti, Alfonso Bordi, Sergio Corbelleta, Mauro Bruni, Maurilo Bruchi, Armando Briccoli, Doménico Del Vlaestro, Pride Busi, Hermes Tramelli, Arturo Piertalunga, Eddio Raverberi, Bruno Gruppini, Renzo ..llarl, Dorino Lodolini, Flaminio Molinari, Aldo Oposi, Odoaurdo Guatromini, Dandi Satori, Pietro Dignali, Rolando Briccoli, Sergio Orlandeli, Artemio Gotti, Soccolni Mauro, Soccoini Enrico, Luigi Vignali, Oreste Terboilli, Sartori Luigi, Sartori Dante, Pietro Ricoboni, Libio Minolí, Edio Maestro, Doménico Ferrari, Maestri Gino, Aldo Mantiagari.
-Constructor: Marcio Bercelli, Francisco Ferrante, Pietro Molinari, Giacobbi Testi, Marcelo Campri, Renzo Campri, Mario Folli, Villarini Gian Carbo.
-Electricista: Silvio Montiverdi.
-Mecánico: Pierino Montiverdi, Elio Callegari.
-Electricista: Nando Piesti.
-Mecánico electricista: Renzo Ramazoni.
-Soldador eléctrico: Mario Onori.
-Zapatero: Avanzi Alberto.

La misma edición de prensa divulgaba la información entregada por el secretario de agricultura departamental, mencionando que los europeos habían llegado al puerto de Buenaventura a las 5 de la tarde, que tenían entre 19 y 45 años de edad, y que sin omitir ninguna formalidad legal se les había facilitado lo concerniente al pasaporte y aduanas. Ante la pregunta: ¿Cuál es el plan de acción de los viajeros?, este representante gubernamental respondió: “Si bien es cierto que todos estos profesionales han viajado por su cuenta y riesgo, el gobierno los ha apoyado, teniendo en cuenta que su trabajo en el país debe redundar en provecho para los trabajadores y también para la economía nacional”.

Dos días después del despliegue periodístico ofrecido por la llegada de estos visitantes, Relator explicaba en una columna que a partir de lo narrado por los italianos -que en su gran mayoría eran solteros, garridos y laboriosos-, con respecto a buscar trabajo en la región y matrimonio con las bellezas caleñas, se había presentado agitación en los frentes femeninos:

[…] Pocos momentos después de que empezó a circular RELATOR con el reportaje, empezó a sonar el teléfono del Hotel “Los Balkanes” donde se hospedan los inmigrantes, con cordiales llamadas de saludo. En las horas de la noche llegaron comisiones de damas clarísimas quienes invitaron a varios italianos y los agasajaron en su casa y les dieron las primeras lecciones de los bailes colombianos. Los muchachos pasaron realmente horas dichosas y se muestran profundamente agradecidos de la hospitalidad cálida que han recibido en Colombia. De la ciudad hablan fervorosamente y manifiestan que Cali es un auténtico paraíso poblado de mujeres maravillosas. El jefe de los inmigrantes Eder Artoni, nos hizo hoy esta declaración: -Estoy realmente conmovido con la recepción que nos han dado las autoridades, el ilustrísimo señor obispo de la Diócesis, los industriales, los agricultores y la sociedad caleña en general. Este hecho compromete aún más nuestro anhelo de vincularnos a Colombia de corazón y eternamente. Debo manifestar mi emoción especial ante la gentileza e hidalguía de las adorables y hermosísimas caleñas quienes han sido de las primeras en darnos una excitante bienvenida (Relator, enero 3, 1952).

La noticia expuesta trae consigo algunas conjeturas que vale la pena asumir, agregando que es la única referencia encontrada en este periódico, sin tener reseñas posteriores, pero con la posibilidad de que otros órganos periodísticos existentes en el período como eran el Diario del Pacífico y El País, hallan sostenido más informaciones:

-Por la información reseñada con respecto a los empleados gubernamentales que los asistieron a su llegada al puerto de Buenaventura y la ciudad de Cali, se deduce que hubo un plan trazado que involucró a Italia y Colombia con sus ministerios de relaciones exteriores.

-Ante la crisis económica, política y social, que todavía a principios de la década de los cincuenta se vivía en Europa por causa de la II Guerra Mundial, este selecto grupo de hombres se aventuró con sus propios recursos a buscar un espacio en el continente suramericano, ¿por qué Cali? y no el “sueño americano” por vía de New York como era costumbre hacerlo desde el siglo XIX; o por el contrario a estos 60 italianos les correspondió esta parte del mundo de cientos que abordaron un trasatlántico.

-Particular que todavía en el periodo se tenga la “intención”, dejada entrever por quien escribe la noticia en el Relator, de “mejorar la raza” –una política muy debatida en las primeras décadas del siglo XX en nuestro país- a partir de las posibles uniones matrimoniales que se den con por lo menos 40 señoritas caleñas; y que estas hubieran buscado con afán una amistad a partir de lo leído y comentado por los extranjeros hasta el punto de llevarlos a sus casas y ponerlos a tono con la idiosincrasia nacional por medio de nuestros bailes típicos que de seguro fueron el bambuco, la guabina y la cumbia.

-¿Cuántos de estos italianos fueron vinculados a la mano de obra que necesitaba la región vallecaucana?, ¿Quiénes se quedaron y se unieron maritalmente?, ¿Cuántos se dirigieron a otros espacios de Colombia?, ¿Cuántos regresaron a Italia o prosiguieron a otro país?, ¿Avanzó el sector agrícola y laboral del Valle del Cauca con los extranjeros vinculados laboralmente a partir de la idea planteada según la cual contribuirían a la estructura económica del país? Tal vez la respuesta a las anteriores preguntas vendría de un análisis más profundo que identifique a través de censos que ciudadanos italianos se instalaron en Cali y sus alrededores, de posibles descendientes que de cuenta de esas vidas por medio de la tradición oral o por el contrario de una investigación que profundice sobre los inmigrantes que llegaron a la región vallecaucana en la postguerra.

Hay que agregar que la noticia de los italianos llegados a Cali en 1952, se asemeja a las búsquedas de muchos nacionales que viajan al extranjero a “mejorar” su estatus de vida por medio de un empleo que le posibilite enviar mesadas a su familia, casi siempre apuntando a los Estados Unidos y España. También muy parecido a aquella quimera creada unos meses atrás por el alcalde de Cali a unos ciudadanos desempleados, que por medio de una convocatoria, asistieron a un sorteo para ser seleccionados y llevados a España para cumplir labores agrícolas, con la diferencia que estos ilusos quedaron con la maleta hecha y las ganas intactas. Para terminar, actualmente encontramos en los extranjeros otras razones para venir al país, fuera de estar las laborales, es costumbre que Colombia sea un punto propicio para el turismo sexual y directamente el vinculado con las drogas, paraíso especial que ofrece una gran gama de ese factor económico prohibido pero vigente.

-En la foto parte de los italianos llegados a Cali, fuente periódico Relator.

7.11.09

Encuentro Colombiano de Investigadores en Cine, breve balance de un asistente despistado


Por: Yamid Galindo Cardona.

El recién creado Observatorio Latinoamericano de Teoría e Historia del Cine, perteneciente al Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional de Colombia, organizó entre el 21 y 23 de octubre el Encuentro Colombiano de Investigadores en Cine. Los invitados, dedicados a las pesquisas sobre las imágenes en movimiento en Colombia y Latinoamérica, entregaron en cada jornada ideas, propuestas, análisis, críticas y versiones enfocadas a la historia, la sociología, el arte, los estudios culturales y la comunicación social en su relación con el cine. Tenemos como antecedente inmediato de este tipo de reunión académica la XII Cátedra Anual de Historia Ernesto Restrepo Tirado celebrada en el año 2007, la cual estuvo dedicada al cine colombiano, publicando en el 2008 sus memorias con el titulo de Versiones Subversiones y Representaciones del Cine Colombiano. Investigaciones Recientes. Igualmente, a mediados de este año, sale publicada la Revista de Estudios Colombianos –Asociación de Colombianistas y Wabasch College- en sus números 33-34 dedicada a nuestras imágenes en movimiento. También cabe nombrar los trabajos, artículos, ponencias etc., que algunos investigadores solitarios han expuesto en congresos y seminarios diversos, siendo publicados en memorias, revistas académicas impresas o virtuales, boletines, blogs, etc.

A continuación expongo brevemente lo que vi y oí en cada una de las jornadas, compuestas por estudios de casos y mesas de trabajo:

Primera jornada
Se inició este evento con un diagnostico del estado del arte de las investigaciones sobre cine en Colombia, con un breve balance de publicaciones aparecidas desde la década de los sesentas del siglo XX hasta los primeros años de este nuevo milenio. Cira Mora y Diego Rojas, nos anunciaron que se está elaborando un “mapa del país” con respecto a los investigadores y sus perfiles, con el fin de sustentar una bibliografía que contenga información básica sobre las pesquisas que sobre el cine colombiano se han realizado, mostrándonos las cifras resultantes de la encuesta efectuada con el observatorio, y que sigue vigente - http://www.unal.edu.co/iie/observatoriodecine.html- para los interesados en entrar en está base de datos. Francisco Montaña presentó el Observatorio Latinoamericano de Teoría e Historia del Cine, asegurando que es necesario poner en el espacio académico este tipo de investigaciones sin desligarlas del trabajo creativo, buscando como propósito el trabajo en grupo, algo muy difícil en las artes, pero que podría desarrollarse a partir de nuevos enfoques y proyectos; el profesor Montaña afirmó que era necesario una red de investigadores, un punto de encuentro que reúna las diversas fuentes de información sobre la temática, inclusive creando una biblioteca virtual sobre las indagaciones realizadas en Latinoamérica, igualmente fomentando la publicación de investigaciones sobre el cine colombiano para finalmente lanzar una frase muy interesante: “este es un espacio de encuentro muy nuevo, no debe tener un dueño institucional”.

El primer estudio de caso correspondió a la investigación de Lucia Victoria Torres titulada Diez películas y cinco años de narrativa en el cine colombiano: una investigación sobre el impacto de la Ley 814 en el periodo 2005-2009, ganadora de la beca de investigación en cine del Ministerio de Cultura 2009; este proyecto tiene como auspiciante igualmente la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, donde su investigadora principal es docente, tiene como particularidad el trabajo en común con un semillero de investigación forjado en las entrañas de algunos cursos sobre apreciación cinematográfica, con un respaldo profesional muy fuerte, más una base teórica de algunos textos clásicos, vigentes y necesarios. El objetivo de la propuesta es analizar la narratología de diez largometrajes colombianos producidos como resultado de la aplicación de la ley instaurada por el estado para incentivar nuestro cine, la escogencia de esos filmes en palabras de la investigadora, se instauró bajo ciertos parámetros donde el aporte de cada uno de los involucrados fue importante, elaborando una ficha técnica, para pasar un segundo proceso dirigido a entrevistar los directores para corroborar las interpretaciones resultantes de los análisis insertados en las fichas.

Juana Suarez expuso el segundo estudio de caso titulado Escenarios para la investigación sobre cine colombiano en los programas de cine y en el dialogo global, ganadora igualmente de la beca de investigación en cine del Ministerio de Cultura 2009. La estudiosa en los últimos años ha demostrado con sus pesquisas, ser una vivaz gestora y animadora del análisis de nuestro cine, a partir de su cátedra en una universidad norteamericana, y la pronta publicación de su libro Cinembargo Colombia –investigación igualmente ganadora de la beca ya mencionada en líneas anteriores en el año 2006, contenido que ha podido presentar en algunos eventos nacionales e internacionales- por medio de la Universidad del Valle. Su exposición, bastante analítica, ilustrativa, crítica y mordaz, mostró las formas en las que se pueden llevar a cabo algunos procesos para investigar el cine colombiano, con balances dirigidos a las tareas por hacer. Igualmente, nos entregó un cotejo bibliográfico sobre lo escrito en nuestro país con respecto al cine desde diversas parcelas investigativas, y con variados criterios de juicio; también nos hablo sobre la situación de algunas instituciones públicas y privadas relacionadas con el cine, siempre con el tono de dejar dudas, soluciones y problemas a resolver. En resumen, una gran “incitadora intelectual” que deja en el público cierto aura de aceptación o reproche.

Encuentros y desencuentros entre el cine colombiano y los espectadores: exhibición, públicos y procesos sociales, es el título del tercer estudio de caso presentado, ganador de la beca de investigación en cine del Ministerio de Cultura 2009, bajo la autoría de Maritza Ceballos, quien se hizo acompañar del co-investigador Edward Goyeneche. Los objetivos de este proyecto son los de descubrir las rupturas y continuidades de la relación entre los públicos, el impacto de las películas colombianas a partir de los datos entregados por las taquillas y los conceptos de la crítica, la percepción actual que los espectadores tienen del cine colombiano, el concepto de los diversos públicos, y la preferencia de los colombianos por el cine nacional; lo anterior, para buscar elementos de contraste que arrojen resultados que desentrañen esa relación tan trascendental entre lo que se proyectaba en la pantalla y los mensajes que recibían sus emisores. Buscan los responsables de este trabajo, identificar los cambios en el concepto de espectadores, audiencia y público en diversos momentos históricos, sociales y particulares. Aunque los expositores, dieron pistas de su metodología de trabajo, y marco teórico, tuvieron una serie de críticas por parte del público participante del evento, dirigidas a la periodización, ya que en ningún momento se observó una explicación acertada en ese sentido, básica para emprender cualquier investigación histórica, más, si en sus respuestas se dio a entender que abarcarían el siglo XX, algo imposible de entregar con resultados rápidos ante el tiempo que exige el Ministerio de Cultura para finiquitar el proyecto.

Segunda jornada
Luisa Fernanda Acosta expuso el cuarto estudio de caso titulado Cine y culturas populares en Colombia: 1960-2009, proyecto ganador del Concurso Nacional de Investigación sobre Imagen en Movimiento en Colombia de la Fundación Gilberto Álzate Avendaño 2009. Este interesante proyecto se sustenta según la profesora Acosta, bajo un análisis del contexto histórico seleccionado, básico para comprender el objeto que se busca con la relación cine y cultura popular, donde las películas serán las fuentes primarias bajo las características que estas tienen y el universo que se construye desde allí, enfrentado la experiencia personal para identificar las claves simbólicas que están presentes en las cintas. Por la seguridad de su expositora, y su claridad en los objetivos, métodos y teorías a utilizar para su pesquisa, está será una investigación para tener en cuenta en sus resultados finales cuando sea publicada, básica para nuestra historiografía sobre el cine colombiano.

De la Universidad Autónoma de México nos visito David Wood con el quinto estudio de caso titulado Desde las entrañas de la nación: espacio, raza y modernidad en el cine colombiano. La estructura de análisis de este investigador con respecto a las películas que va analizar, se dividirán en cintas silentes, militantes, políticas, de reconstrucción histórica y aquellas derivadas de lo que conocemos como cine comunitario; utilizando diversos enfoques de estudio, sobresaliendo los estudios culturales para buscar los impactos y los vínculos con los fenómenos sociales y políticos, posicionando los discursos que surgen para unirlos con los diversos abordajes que poseen las películas, este autor nos entregó brevemente algunos comentarios de la películas que va analizar entre las que se destacan Alma Provinciana de Félix Joaquín Rodríguez del año 1926, y el documental de Oscar Campo titulado Noticias de Guerra.

Agarrando Pueblo 30 años después: perspectivas desde Cidade de Deus y Rosario Tijeras, se denominó la investigación de Aaron Lorenz de la Universidad de Indianápolis, Estados Unidos. A través de algunas escenas de estos tres filmes, el autor amenamente entregó su punto de vista, siendo significativo su metodología al triangular su análisis, convirtiéndose en ejemplo para muchos de los asistentes. Agregando que el vecino de silla se sintió nuevamente observado por un público variado -todavía sonriente 30 años después-, que lo veía en su papel actoral de periodista, con unos años menos, y agarrando pueblo.

La conferencia central de este evento estuvo a cargo de la profesora Ana María López, quien se encuentra vinculada a la Universidad de Tulane, Estados Unidos. La charla titulada La investigación cinematográfica en América Latina, fue un interesante balance de las principales obras que han aparecido en algunos de nuestros países latinoamericanos. Sobre sus reflexiones, menciono las siguientes: primero, que en nuestro continente se ha priorizado la producción, más no la investigación cinematográfica, además de estar concentrada en algunas instituciones, y no abierta a otras; segundo, la relación entre investigación y enseñanza; finalmente, abordó la necesidad de reenfocar el encuadre de las investigaciones hacia lo transnacional con la siguiente pregunta: ¿Qué significa pensar el cine cómo algo transnacional?

La primera mesa de trabajo titulada Problemas teóricos y estéticos. Investigación cinematográfica: entre los estudios cinematográficos y los estudios culturales, tuvo inicialmente la participación del crítico antioqueño Oswaldo Osorio, quien aboga por superar la descripción para ir en busca de los estudios transversales donde la academia intervenga para que el cine se convierta en un campo de estudio; además de defender una postura encaminada a que si es posible investigar desde la crítica cinematográfica con un método de estilo, misión y mirada científica. Jaime Correa nos entregó sus apreciaciones a partir de los estudios culturales y su experiencia como investigador, enfatizando que en Colombia no hay una tradición de los estudios cinematográficos, y presentando algunas herramientas teóricas que posibilitan llegar a puntos de investigación e insinuando la necesidad de romper las fronteras de las disciplinas. Por su parte, el profesor brasileño Joao Luiz Vieira, nos dio luces sobre el proceso cinematográfico de Brasil, y los semejantes temáticos con respecto a nuestros países, haciendo énfasis en Colombia y sus asuntos tan comunes como son el narcotráfico, la prostitución, el desempleo etc., trayendo a colación nuevamente la necesidad de pasar de proyectos investigativos nacionales a transnacionales, lo que podríamos considerar estudios comparados que integren grupos de trabajo, es decir, encontrar la mirada del otro, del que está por fuera y con otros ojos descubre y apropia diferentes posibilidades analíticas.

Problemas históricos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de historia del cine?, fue el título de la segunda mesa de trabajo que abriría Txomin Ansola González de la Universidad del País Vasco, hablándonos inicialmente sobre las tensiones interdisciplinares y los diferentes tipos de escritura que se encuentran según él, en las humanidades, las artes y las ciencias sociales; pasando a contextualizar brevemente el caso español y aseverando que está por explorarse y escribirse la historia del cine en su país, que ya en sí es muy complejo; el resto de su charla estuvo dedicada a presentar su punto de vista sobre los espacios para desarrollar una investigación histórica referente al cine, que en su estudio de caso esta alejada de la mirada panorámica, y enfocada la historia local. Ramiro Arbeláez, venido de la Universidad del Valle y con experiencia en la investigación histórica de nuestras imágenes en movimiento, y con su “alta terquedad” en desentrañar algunos asuntos pasados brevemente por el ojo de otros auspiciadores de la historia del cine colombiano, comenzó su exposición con dos preguntas centrales ¿Qué historia hemos hecho? y ¿Qué historia deberíamos hacer ahora?, para luego decirnos que hemos realizado historia estética y tecnológica, proponiendo la elaboración de una historia social como por ejemplo la dirigida a los públicos; a propósito del libro fundacional de la historiografía del cine colombiano de Hernando Martínez Pardo, Arbeláez invita a su actualización, complementándola con las diversas fuentes aparecidas desde el año 1978 hasta nuestro presente, además de entregar algunas ideas básicas para afrontar las investigaciones actuales, y relatarnos parte de su experiencia con imágenes retratadas de la prensa que sirven para adelantar sus pesquisas, y que aportaron a los asistentes como ejemplo de las posibilidades que el campo investigativo ofrece.

Tercera Jornada
La tercera mesa de trabajo titulada Otros escenarios de la investigación cinematográfica: Procesos curatoriales, investigación documental y creación artística, inició con la experiencia del investigador y crítico cinematográfico Pedro Adrian Zuluaga en la curaduría de la exposición “¡Acción! Cine en Colombia” que se organizó en el Museo Nacional de Colombia en el año 2007, informándonos sobre el relato cronológico elaborado y el tipo de materiales que se ubicaron para los visitantes; igualmente, cabe mencionar dos expresiones muy significativas que en medio de la charla lanzará nuestro conferencista, la primera, al afirmar que allí no se hizo un aporte historiográfico; la segunda, ante la pregunta ¿qué se logro? -hecha por él mismo-, y su respuesta “mucho y nada”, que desemboco en una serie de reflexiones sobre la labor que cumple este tipo de espacios en la educación y apropiación de quienes participan como receptores del mensaje. El cineasta Luís Ospina entró al escenario para comentarle al auditorio su experiencia en la realización del documental En Busca de María 1985, así como su realización titulada De la ilusión al desconcierto cine colombiano 1970-1995, una participación interesante que esbozo los acercamientos y encuentros entre la investigación histórica y el documental, con anécdotas y experiencias valiosas y divertidas. Culminó esta mesa el artista Carlos Santa, quien con su sensibilidad nos entregó algunas reflexiones en torno a su documental titulado “Fragmentos” las imágenes más bellas del cine colombiano, 1999 con la posibilidad de escucharlo y ver en la pantalla del auditorio estos fragmentos diversos en blanco y negro de una Colombia tan cercana y ajena con sus hechos políticos, artísticos, y cinematográficos, donde la sociedad estuvo retratada.

Investigación y academia: ¿La investigación cinematográfica, arte o ciencia?, fue la cuarta mesa de trabajo que tuvo como particularidad la invitación de un representante de Colciencias, quien explicó brevemente los cambios que se están presentando en esa institución del estado en lo que se denomina apropiación social del conocimiento, para involucrar las diversas manifestaciones del arte dentro de las posibilidades que la institución ofrece en sus planes estratégicos, en donde el cine debe tener un papel sobresaliente a partir de las adaptaciones que se hagan; lo anterior, con un trabajo mancomunado que debe tener de parte del interesado -en este caso los involucrados con la investigación cinematográfica-, un documento o propuesta que entregue las herramientas de inserción en lo que podríamos denominar red social nacional e internacional de ciencia. Lucia Victoria Torres y Ramiro Arbeláez, cada uno desde su experiencia en las respectivas universidades que representan, nos contaron los espacios, medios, formas y características en las que la investigación cinematográfica ha sido llevada a cabo, con sus ventajas, aciertos, desaciertos y problemas; reflexiones que aportaron para conocer las diferencias manifiestas entre dos espacios regionales, y sus vínculos minúsculos con los temas referentes a la reflexión sobre nuestras imágenes en movimiento.

El evento terminó con lo que se denominó Taller de ideas: Herramientas para la formulación de proyectos de investigación, con la acertada intervención de Silvia Arango –decana del Doctorado en Teoría e Historia de la Arquitectura y el Arte de la Universidad Nacional- aportando diversas apreciaciones con respecto a las formas como son presentados los proyectos de investigación y los errores que se comenten, toda una clase amena, sencilla y placentera que seguro muchos aprovecharon para sus propias ideas investigativas a corto y largo plazo. Finalmente, Juana Suarez nos expreso a través de unos ejemplos las formas acertadas y equivocadas de presentar un proyecto, además de entregarnos una lista de temas por explorar y seguir investigando.

En conclusión
-El evento proporcionó a los nuevos e interesados en entrar al espacio de investigación cinematográfica colombiano, una serie de elementos básicos para aplicar, escuchando propuestas y experiencias significativas que han aportado a un campo relativamente nuevo, que tiene bajo la batuta de algunas instituciones un patrocinio acertado –que podría ser más- para su desarrollo.

-Para los que estamos inmersos en el campo de investigación de nuestras imágenes en movimiento, significó la oportunidad para apropiar, aprender y socializar, esperando que más adelante seamos nosotros los encargados de entregar lo que hemos realizado, ojalá bajo la premisa de una convocatoria abierta que seleccione los trabajos a exponer bajo la modalidad de paneles temáticos.

-La posibilidad de asistir durante tres días a un programa tan variado referente a la investigación cinematográfica, y sin ningún costo, es de resaltar y aplaudir; se convierte en un regalo fabuloso que seguro los asistentes supieron aprovechar, y agradecer a partir de diversas formas, tal cual como lo presenta este asistente despistado.

Igualmente organizaron este evento: Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, y el apoyo del banco de la Republica por medio de la biblioteca Luís Ángel Arango.