1.9.12

Cine Colombia 80 Años de Película –2da Parte-


Investigación histórica: Enrique Santos Molano, María José Iragorri Casas. Cine Colombia S.A., 2011, págs. 130.
El capítulo seis, tiempos difíciles, pero fascinantes, inicia con el año 1946 y el advenimiento de un nuevo período gubernamental con la vuelta del partido conservador y la figura Mariano Ospina Pérez; pero la fecha cumbre para mostrar que sucedía con el circuito Cine Colombia, es el 9 de abril de 1948 y el denominado Bogotazo por la muerte del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, exponiendo los investigadores que cintas se exhibían ese día y sus respectivos valores en la boletería, dato de prensa que sólo sería eso, pues ese día las funciones de cine fueron suspendidas: “Todos los cines permanecen intactos, en contraste con las ruinas que se ven por todas partes. Por disposición de la alcaldía y del toque de queda imperante, los teatros se cierran doce días, desde 9 hasta el 20 de abril, inclusive. Las perdidas sufridas por los empresarios en ese paréntesis equivalen a un incendio” (p.82).

Seguir con los negocios en el mejoramiento técnico y exhibidor de la empresa Cine Colombia, es un plus exitoso en las décadas del cincuenta y sesenta, por ejemplo: contratar con la casa Eagle Lion, poseedora de los derechos de películas como Alicia en el País de la Maravillas y la adaptación mexicana de la obra literaria colombiana de José Eustacio Rivera, La Vorágine; la construcción del teatro El Cid en Bogotá ubicado en la carrera 9ª con calle 24, con 1200 butacas y estrenándolo con la cinta en technicolor El Águila del Destino;  como anécdota especial, y que seguro muchos ciudadanos colombianos recordaran, se hace mención a la exhibición de la película mexicana El Mártir del Calvario, estelarizada por Enrique Rambal Jr., y dirigida por Miguel Morayta Martínez, estrenada en Bogotá y en simultanea durante la semana santa de 1956: “Las localidades se agotan en las tres funciones diarias del jueves, el vienes y el sábado santos. Por cerca de medio siglo El Mártir del Calvario será la película más jugosa adquirida por Cine Colombia, que la repone cada semana santa, con éxito que se mantiene hasta el 2003, último año en que se exhibió” (pp.84-86).


La entrada del sistema de proyección denominada Cinema-Scope, trae la necesidad de acondicionar los teatros para poder exhibir las películas que se habían filmado con éste sistema, y que se usa con pantallas alargadas denominadas wide screen, siendo la primera película filmada con esta técnica El Manto Sagrado, filmada en 1953 y estrenada en nuestro país en 1955 en el teatro El Cid de Bogotá (p. 87). También la combinación tecnológica del cine estadounidense y europeo –Cinema-Scope /Sonido estereofónico- hace posible buscar otros espectadores  por parte de Cine Colombia que veían en las películas europeas otros temas por descubrir; igualmente, su acuerdo con Columbia Pictures que tenía los derechos de las obras de Mario Moreno “Cantinflas”, dándole al publico colombiano el gusto “cantinflesco” de ver el 16 de julio de 1956 por primera vez Caballero a la Medida (p. 88). La empresa de exhibición cinematográfica nacional no es ajena a las tragedias del país, y la explosión del 7 de agosto de 1956 en Cali en la zona céntrica se lleva uno de sus teatros, el Salón Roma. Películas como Al Compas del Reloj –Rock Around the Clock-, con Bill Haley y sus Cometas; El Último Cuplé, con Sarita Montiel; Los Diez Mandamientos, y la cinta colombiana El Río de la Tumbas, de Julio Luzardo; Cleopatra, con Elizabeth Taylor y Richard Burton; y La Novicia Rebelde, con la bella Julie Andrews, se convierten en estrenos que marcan en el número de asistentes durante semanas de programación (pp.88-91), a pesar de el azote de la censura mediada por la curia y luego la clasificación que cambiaria las reglas del juego de exhibición fílmico en un país que con los dirigentes encargados de clasificar -que cine ver-, se pasaban de “conservadores”, pero que con el pasar de los tiempos fue cambiando en su legislación constitucional hasta la resolución 0016 de 2005 expedida por la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura (pp. 91-94).

Los nuevos tiempos de Cine Colombia, finalizando la década de los sesentas, y lo que sigue en la década del setenta, trae consigo una serie de novedades acorde a las necesidades de la época, donde el público asistente tiene prioridades. Institucionalmente aparece el logo CC en diciembre de 1971, año en el que inaugura el Autocine El Limonar en Cali. En 1972, “empieza a manejar su propio negocio de comidas  al explotar directamente las confiterías de sus teatros y, en algunos casos, arrendar los espacios destinados para esta actividad”, negocio alterno que entra en función con la construcción de nuevas salas con menor capacidad de asistentes, construyéndose el Centro Cinematográfico -antecedente a los multiplex- en Bogotá entre la calle 24 y la Avenida Jiménez, los denominados Cinema numerados del 1 al 4 y caracterizados por colores, marcan otra pauta en la exhibición, sumándole la aparición de Unicentro, y el Centro Comercial Chapinero, espacios que albergan las salas de Cine Colombia en medio de la política adoptada en 1978 de tumbar los teatros de barrio que dejen de ser rentables (pp.95-98).


La entrada de Cine Colombia al Grupo Grancolombiano renueva el “negocio fílmico” dirigido a otros espacios de inversión en tres filiales –Inversiones Cineco, Caribe Films y Fundación Cine Colombia-, trasladando la dirección de la empresa que desde sus inicios había estado en Medellín a la capital colombiana (pp. 98-99). En esa nueva perspectiva de inversión, aparece dentro de sus funciones el doblaje y producción de películas, con relación a la primera labor se alían con RTI televisión teniendo una breve experiencia con el doblaje de la serie televisiva europea Los Reyes Malditos, trabajo que alcanzaría sólo unos capítulos al descubrir que éste mercado no era adecuado para su comercialización en Latinoamérica; el vinculo de Cine Colombia con Centauro Films, resulta en la coproducción de la taquillera cinta colombiana interpretada por el “gordo Benjumea” El Taxista Millonario, la adaptación de la novela La Abuela al cinematógrafo en 1980, entre otras; esa incursión bipartita entre exhibición y producción, resulto en años siguientes con la creación a Acocine, una asociación entre distribuidores, productores y directores (pp. 99-101).

Otro negocio entra en los circuitos de su trabajo cinematográfico, el video casete: “La venta en el mercado clandestino de una copia pirata de Los Reyes Malditos en formato de video casete, mueve las alarmas en el grupo, dueño a la sazón de la mayoría de las acciones de RTI y de Cine Colombia, y se pide a esta última empresa que averigüe sobre el mercado de los video casetes y la posibilidad de comercializarlo legalmente en el país”, una reflexión interesante que nos entrega datos de los avances técnicos de la nueva forma de ver películas e inclusive sobre la televisión a color y lo que esto significaba en el mercado internacional de una de sus empresas (pp. 101-102).
              
La parte final del capitulo presenta los cambios suscitados por las dificultades del Grupo Grancolombiano acaecidas por sus malos manejos financieros, donde el Estado colombiano desde el gobierno de Belisario Betancur entra en el debate con  un severo control de los grupos financieros, y a la cual Cine Colombia no fue ajeno, teniendo nuevamente una reestructuración; igualmente, la empresa decide apostarle a una revista de divulgación de sus obras de exhibición titulada Toma 7 en 1982 (pp. 103-105). Brevemente se expone la aparición de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano en 1987, donde Cine Colombia junto a Focine y la Cinemateca Distrital, juegan un papel preponderante junto a Intercol, quien era la propietaria de innumerables archivos cinematográficos, entre los que se encontraban el Archivo Fílmico de los Acevedo (p. 106). Los últimos años con el Grupo Grancolombiano, tiene un punto importante dentro del contexto internacional, la deuda externa y la restricción de divisas del gobierno de Betancur, lo que trae dificultades con los proveedores estadounidenses de películas:

…Los productores estadounidenses rechazan cualquier acuerdo distinto al pago directo en dólares por sus películas y decretan, como años atrás, el bloqueo a Colombia. La compañía debe defenderse con el stock de películas propias y con las que logra negociar en los festivales de Cannes (Francia) y el Mifed (Milán Italia). Acocine plantea la Ministerio de comunicaciones la situación poco menos que catastrófica en que se encuentra la industria exhibidora, y obtiene las resoluciones 3440, 3442 y 3443, que autorizan un aumento en el precio de la boleta, crean la categoría de salas especiales, con precio de $100 la boleta, y señalan normas para al exhibición de películas especiales. Estas medidas, y el Decreto 1676 del Presidente de la República, que aumenta el 35 % la exoneración de impuestos nacionales a la industria exhibidora cuando se presenten cortometrajes de producción nacional, “alivian un poco la situación de industria exhibidora” (p- 107).
        
Cada etapa de Cine Colombia trae cambios trascendentales, y la década de los ochentas no es ajena en los posicionamientos gerenciales, así como en los de exhibición, por ejemplo, al abrir el espacio hacia las películas europeas y latinoamericanas con Roissy Film de Francia, Cine Internacional de Alemania, RTVE de España y el ICAIC de Cuba. Al nacionalizarse el Banco de Colombia, la empresa cinematográfica se pone en venta, adquiriendo el paquete mayoritario de acciones -en 1988- la empresa vallecaucana denomina Grupo Mayagüez (pp. 108-111).  

El último capitulo de este libro, la era del multiplex, recoge el decenio final del Siglo XX, época turbulenta por la violencia con los narcotraficantes, el miedo social que se sentía en los espacios públicos, y el racionamiento energético -la señalada “hora Gaviria”-, lo que merma la asistencia a las salas, pero sin menoscabar otros proyectos que nacen en 1992, como el Cine & Bar en la Hacienda Santa Bárbara en Bogotá, y el Autocine Piedragrande en Cali (pp. 113-115). La televisión y el alquiler de video, suman a otros factores para detrimento de las denominadas salas de barrio, teatros que caen en desuso para Cine Colombia, situación que no era ajena para otros espacios del circuito cinematográfico mundial, por lo tanto, nacen en Europa los denominados multiplex “que recuperan el público y que reiteran el cine como el espectáculo favorito en los centros urbanos grandes, medianos y pequeños…, el teatro multiplex consiste en un complejo arquitectónico integrado por varias pantallas, taquillas y confitería comunes, para ofrecer al público distintas opciones de películas en un ambiente cálido” ; en el país se inaugura el 2 de diciembre de 1993 el Multiplex Cine Colombia Andino de Bogotá con cuatro salas (p.116-118). Las últimas reflexiones están dirigidas a la relación con el Cine Colombiano;  la tecnología implementada en sus salas en pro de su público; la responsabilidad social con los más necesitados; los reconocimientos y distinciones; las películas más taquilleras de la era Mayagüez; la celebración de sus 80 años en el 2007; el uso del cine digital y la tercera dimensión; finalizando con una nota del cambio de dueños en pleno siglo XXI, al pasar de la empresa vallecaucana al Grupo Santo Domingo.       

Consideraciones finales
Difícilmente se puede encasillar esta investigación histórica en la clasificación que nos entrega Allen y Gomery en su texto teoría y práctica de la historia del cine y que presentan en cuatro ítems: estética, tecnológica, económica, y social; con riesgo, podríamos afirmar que tal vez recoge mínimamente un poco cada una sin desarrollar a profundidad las temáticas, sólo dejando brochazos insubstanciales que obligan a la búsqueda de estos temas en otros textos, o por el contrario a investigarlos. Ahora, es obvio que se trata de una investigación histórica por encargo y remunerada, que exalta una labor institucional en el marco de la exhibición cinematográfica en Colombia, apareciendo los nombres y sus obras, el contexto del país en menor medida, y ante todo resaltando logros en el ámbito del nacimiento y desarrollo de una empresa.

Es un libro bien escrito y de lectura rápida, con imágenes de apoyo que complementan los textos, divididos en cada capitulo con innumerables títulos; el tono institucional de su escritura, no posibilita encontrar tensiones criticas que aporten a la reflexión del lector, por ejemplo la relación como empresa de distribución con los teatros independientes, y el movimiento de cineclubes en las décadas de los sesentas y setentas en ciudades como Bogotá, Cali y Medellín, o la situación de los teatros de barrio que eran de su propiedad y que por su envergadura arquitectónica en algunos casos, pasaron a engrosar “la sociedad de los teatros muertos”, sin imaginarse que hacían parte del patrimonio nacional.

Su aporte a la Historia del Cine en Colombia, desde el ámbito de la exhibición cinematográfica es satisfactorio, posibilita conocer la formación y cambios en las formas y medios de exhibir el cine, donde lo tecnológico, arquitectónico, económico y social suman en el conjunto. Sin lugar a dudas, la empresa de exhibición cinematográfica Cine Colombia ejerce el monopolio de su actividad en el país, con una cartelera monótona de la formula hollywoodense del momento que se instaura por varias semanas en casi todas sus salas, con excepciones valorables en su circuito cuando eligen que una de sus sedes exhiba el denominado cine arte o películas independientes, o involucre algunos ciclos de orden nacional como ocurre con eurocine; con respecto a las cintas colombianas, algunas pasan sin pena ni gloria en sus carteleras –por poca asistencia- otras se quedan lo suficiente para el rédito, agregando que en los últimos años la oferta, demanda, y calidad,  se ha ampliado.
 
Finalmente, esperaríamos un trabajo alterno, de un investigador desligado del “encargo institucional” para que busque, se inmiscuya, critique, y aporte otro texto con diferencias primarias al reseñado, que deja un gran paso con las fuentes citadas, entre las que se encuentran las reseñas periodísticas y las actas de junta.         

31.8.12

Cine Colombia 80 Años de Película –1ra parte-


Investigación histórica: Enrique Santos Molano, María José Iragorri Casas.
Cine Colombia S.A., 2011, págs. 130.

La historia institucional de la empresa de exhibición cinematográfica más antigua de Colombia, contiene siete capítulos que entregan información básica del origen y desarrollo de sus actividades desde el año 1927. Es un libro de “lujo” si lo entendemos en el orden de su trabajo editorial: diseño, papel, imágenes, etc., escrito en español y en ingles, idiomas que se encuentran en la mitad  de su grosor. Libro de sencilla lectura e innumerables datos institucionales mezclados escuetamente con la historia del país.     

El capitulo uno, hace una revisión de los orígenes del cine, desde los primeros encuentros con el arte fotográfico convertido en movimiento, pasando por los inventos hasta la aparición de los hermanos Lumière y el nacimiento del cine; la llegada del cine a Colombia con sus primeras noticias registradas en la prensa nacional, y el alba de la exhibición y producción de éste arte en nuestro territorio.       


El capitulo dos, titulado Nacimiento de Cine Colombia, repasa inicialmente la fundación de la Compañía Cine Colombia en Medellín el 7 de junio de 1927 con el propósito de “construir salas de cine y explotarlas comercialmente, alquilar, comprar y vender películas y exhibirlas o distribuirlas” (p. 27), apareciendo los nombres de su fundadores y los valores económicos de la constitución de esta sociedad; agregando que la empresa abrió oficinas en Cali y Bogotá, empezando con salas en arriendo hasta negociar el primer teatro en la capital antioqueña - el Circo España-, hasta su relación trascendental con los Di Domenico Hnos. Cía., a quienes le compraron su empresa de exhibición en 1928 por un valor de un millón doscientos cincuenta mil pesos:

…A este negocio, que evidencia cómo los esfuerzos de Cine Colombia se orientan hacia una clara y decidida política de crecimiento en el mercado nacional de cine, sigue el arrendamiento del principal cien de la capital de la república, el Olympia, entonces de propiedad de una sociedad de inversionistas bogotanos que se lo había comprado a los Di Domenico. En Cali se arrienda el teatro Colombia que, como el Circo España de Medellín, era descubierto, y en Bogotá operan el Faenza, un teatro de gran capacidad y elegancia.  La fiebre del cine en al capital de la República es de cuarenta grados, y los siete teatros de fines de la década de los veinte se llenan en todas las funciones, aunque la publicidad pagada en los diarios es nula. Sucede lo contrario en Medellín. Cine Colombia mantiene diariamente avisos pagos en los dos periódicos de a bella villa, peor los cuatro teatros de Medellín apenas llenan la mitad de sus cupos y ninguna película dura en cartelera más de un día, salvo aquellas que despiertan  el interés y la curiosidad del público, por  ejemplo las de la adorable actriz Bebe Daniels, la serie de acción y suspendo El Arquero Verde (en diez episodios) o la espectacular superproducción Ben Hur (pp. 29-32).


La garantía de calidad y entretenimiento estuvo sustentada con las relaciones ya vigentes con los teatros comprados, y las que la empresa comenzaba a realizar con las distribuidoras internacionales, las norteamericanas –Metro, Paramount, First National y United Artist-, y las europeas –Pathé y Ufa-, siendo síntoma de buen cine en el ámbito del público que asistía al espectáculo cinematográfico; pero el negocio de estos empresarios pasaría a otros niveles, el de comprar teatros ya diseñados y con cierta tradición exhibidora, a la construcción de sus propios “palacios”, el primero de ellos estrenado en Medellín el 7 de julio de 1931 con el nombre de Teatro Granada.

El acápite titulado apoyo a la producción nacional, explica los pormenores de la exhibición de dos cintas colombianas en sus salas, la primera de ellas Tuya es la Culpa, coproducción colombo-italiana rodada en Cali por la empresa Colombia Films Company, y el caso de la productora paisa Bolívar Films S.A. con el polémico film dedicado a la vida de Rafael Uribe Uribe en 1928 -una de las figuras públicas colombianas que más ha sido llevada a la pantalla-, entrando en debates públicos con los ordenes gubernamentales contrarios a su ideología política, y que tendría cierto panorama de censura a pesa de ser presentada en otros espacios del ámbito nacional (pp. 35-36).

Con respecto a la responsabilidad cívica, brevemente se expone un ejemplo en función de construcciones públicas como son la pavimentación y el alcantarillado en Medellín en el año 1928, y su accionar social como empresa comprometida con esta causa. El título, momento de peligro, presenta los pormenores de una necesidad surgida, la proyección de cine sonoro, apareciéndole a Cine Colombia competencia en la ciudad de Cali con la compañía Cine Bolívar, quienes marcarían la pauta con la exhibición de la primeras cintas con sonido traídas al país. En ese orden de ideas, la junta directiva le apunta al  cine sonoro, pero con cautela, teniendo en cuenta las repercusiones en los teatros de la nueva competencia, es decir, el riesgo de una nueva inversión económica que significaba cambios en las formas de observar y sentir las películas, debería tener un punto de análisis seguro en su decisión para dar ese paso, puntos que son expuestos en una reunión efectuada en abril de 1929 y que concretan las preocupaciones existentes por el avance cinematográfico al cual debían acceder, trascritas en el texto estos puntos, presentamos la segunda parte de lo que pensaba Fernando Isaza como gerente:  

… Aunque el gerente estime que es muy difícil  y muy costoso establecer en Colombia el cine hablado o el cine con sonidos, no lo considera imposible. Por lo tanto, su parecer es que sería muy peligroso para la Compañía que otro competidor le tomara la delantera en este sentido, ya que, según se ha dicho, aquella innovación establece un verdadero negocio nuevo, que posiblemente puede llegar a desalojar el cine silencioso. Para conjurar este peligro el gerente sugiere que se envíe a Nueva York un hombre hábil y suficientemente conocedor del negocio, a fin de que haga un estudio detenido y completo del cien hablado y del cine de sonidos y de la posibilidad de establecerlo en Colombia más o menso tarde. La opinión personal del gerente es que esta innovación no puede establecerse aún en Colombia, pero ni él tiene una información completa y suficiente  que el permita formar un juicio definitivo, ni cree que sea prudente permanecer inactivos cuando otros están estudiando el problema en Nueva York y tratando de buscarle una solución aceptable para Colombia (pp.40-41).

El capítulo tres, los años sonoros, presenta las idas y venidas de la inversión de Cine Colombia, y su entrada en la bolsa de Bogotá, catapultándola como una empresa importante en el país; además de su adaptación al cine sonoro en los teatros que tenía a su administración, datos que se corroboran con diversas actas de la junta encargada de tomar decisiones, con información precisa del agente de esta empresa en Cali que informa sobre como se ha percibido esta curiosidad sonora en la competencia -Cine Bolívar-, y en las instalaciones del Teatro Municipal de Cali cuando el 14 de junio de 1929 se exhibió la primera cinta parlante en Colombia, cuyo título Don Juan, era un musical distribuido por la Warner Brothers (pp. 43-47).

El capítulo cuatro, la crisis no es para los débiles, contextualiza inicialmente el período, la crisis económica de 1929 que con su coletazo mundial alcanzó a nuestro país, y el cambio de gobierno y hegemonía en 1930 con la llegada de Enrique Olaya Herrera a la presidencia de Colombia. El documento prosigue con el proceso de consolidación del cine sonoro en algunos teatros tomados en arrendamiento, caso del Teatro Apolo en Bogotá y el Teatro estrella en Santa Marta; también se narra el proceso de adaptación a la crisis, donde las dos empresas rivales de exhibición cinematográfica entran en comunión con el Gran Festival de Cine de Bogotá en junio de 1930 en los seis teatros capitalinos que hacían parte de los circuitos, lo que significaría según los autores, en el preámbulo para la compra y absorción de Cine Bolívar S.A. (pp. 56-57).

Dos pequeños párrafos entran en el tema, primero la mención a la película exhibida en Medellín a mediados de 1930 con el título Tempestad, obra que escenificaba los últimos días de la Rusia zarista, y los pormenores de la Revolución Rusa en 1917, tema que es visto por los miembros de la junta de Cine Colombia como de alta carga emotiva por referirse al comunismo, optando por enviarla a la bodega. El segundo tema, nuestro genio en Nueva York, hace referencia al trabajo realizado en la capital del mundo por algunos emisarios de la empresa, y a Foción Soto Echavarría, agente que con sus capacidades, parece le dio un giro importante al negocio de consecución de las películas con mejor cartel para el ámbito colombiano.

La última parte de éste capítulo, la tempestad de la crisis, se ocupa de los reordenamientos de Cine Colombia, de sus apuestas y trasegar en medio de la crisis económica que no da tregua, entre sus logros, la compra de la competencia Cine Bolívar, adquiriendo 274 nuevas películas entre silentes y sonoras, lo que la catapulta en el mercado  nacional, sin embargo “pierde uno de los teatros capitalinos en arrendamiento, el Faenza, que pasa a una empresa de poder exhibidor internacional, la Paramount:

…A Cine Colombia le gusta la competencia, que considera sana para distribuidores y exhibidores, y beneficiosa para el público. Entrega a finales de diciembre de 1930 el Faenza a sus nuevos dueños y el 1 de enero de 1931 despliega un aviso de página en los periódicos de Bogotá, en el que se anuncia distribuidor en Colombia de Fox, Metro Goldwyn Mayer, radio Pictures, First National Pictures, Universal Pictures, Vitaphone, Warner Brothers y Sono Arte Productions
Los teatros de Cine Colombia están equipados con western Electric Sound System, y en Bogotá cuenta con cuatro salas de primera categoría: teatro Real, “el salón de al aristocracia”; teatro Apolo, “donde oirá y verá lo mejor”; teatro Bogotá, “el palacio del sonido” y teatro Nariño, “el de los grandes éxitos” (pp. 62-63).             
                         
El capitulo cinco, Cine Colombia S.A., presenta un giro en su razón social, al convertirse en sociedad anónima, figura que les permitió recapitalizarse para soportar los embates venideros de los impuestos, entre los que se encontraban el de la defensa nacional como resultado del conflicto con el Perú en 1932; sin embargo, en medio de las dificultades, las labores de mejoramiento en sus teatros siguen con respecto a las adecuaciones para el cine sonoro, las relaciones con otros empresarios, y la invitación para que en muchas poblaciones del país se animen al negocio artístico y fructífero de la cinematografía, en años donde el cine parece marchar sobre un camino sin obstáculos en su parte creativa, y se posiciona como séptimo arte (pp. 65-68).

En 1935 con nuevo gobierno -Alfonso López Pumarejo-, se aclara el panorama con la rebaja de impuestos en el negocio de exhibición cinematográfica, lo que posibilita seguir invirtiendo en teatros y equipos apropiados a lo que exigía el período para una acertada proyección cinematográfica; entre los nuevos negocios aparece el contrato exclusivo con las productoras argentinas para exhibir sus obras, inaugurando sus ciclos con El Día que me Quieras, donde el “zorzal criollo” aparece en todas sus dimensiones actorales y musicales, lo que facilitó que las directivas de Cine Colombia trajeran a Carlos Gardel con contrato exclusivo para actuar en el teatro Real de Bogotá desde el 14 de junio, realizando diez conciertos con éxito total hasta su viaje a Medellín el día 24, y al día siguiente -cuando su destino sea Cali para presentarse en el Teatro Jorge Isaacs-, entre a la posteridad con el fatídico vuelo de la aeroempresa Saco que en medio de la pista aérea se estrella incendiándose, y allí el reconocido cantautor (p. 69). 


El cine en nuestro idioma, traído de Argentina y México, es una de las apuestas exitosas de la empresa Cine Colombia en la década de los treinta y cuarenta, una necesidad para aquellos ciudadanos “que no hablan ni entienden otro idioma, y a quienes les fastidia la lectura de subtítulos” (p. 70). Pero igualmente la consolidación de su programación sigue vigente por sus contactos directos con empresa distribuidoras del mejor cine mundial, donde además de Hollywood, las cintas europeas y japonesas entran en el circuito:

… La gran novedad de finales de los treinta es el primer largometraje en color que viene a Colombia, Las Aventuras de Robín Hood, con la pareja favorita de Hollywood, Errol Flynn y Olivia  de Hallivand, “en glorioso technicolor”, presentada en Bogotá en el teatro Roxy el 9 de marzo de 1939, y agotada al boletería dos días antes del estreno por una multitud de espectadores ávidos de conocer la revolución cromática del cine. El 29 de agosto el Roxy pasa Confesiones de un Espía Nazi, largometraje de intriga y suspenso, sobre exhibición tienen muchas dudas los distribuidores, pues no quieren herir susceptibilidades. La guerra mundial estalla cinco días después con la invasión de Polonia por el tercer Reich. El 20 de septiembre Cine Colombia en homenaje a Varsovia, capital de Polonia, devastada y ocupada por las tropas nazis, exhibe en el Roxy Los Húsares de la Muerte (p.72).               

Además de los datos fílmicos entregados, suma la exhibición de Blanca Nieves y los Siete Enanos de Walt Disney en 1939, que bate records de taquilla y es estrenada en simultánea en el teatro Roxy de Bogotá y Junín de Medellín. Un dato de la forma de no aceptación o reproche ante una cinta que disgusta a los espectadores, lo representa la acción de “el pateo –golpes al piso con los zapatos”, que se da en las funciones nocturnas del teatro Junín, lo que significa una responsabilidad mayor con respecto a la escogencia de las obras fílmicas y su logro como obra. El año 1943 trae consigo una dificultad económica e institucional, la nueva alza en los impuestos cinematográficos por parte de la alcaldía de Bogotá, el resultado, un cierre en los teatros capitalinos en forma de protesta, el aviso “no hay funciones” opera como presión junto al “suspendidas las exhibiciones hasta que al alcaldía suspenda su resolución”, resultando cierta protesta publica de los asistentes cinéfilos que veían como su principal espacio de divertimento se clausuraba, creando cierta zozobra y disgusto hasta que las directivas de Cine Colombia deciden reabrir con un leve alza en al boletería. También es importante anotar la aparición del considerado primer teatro de barrio dentro del circuito de exhibición, se trataba del Teatro Palermo en Bogotá - ubicado en la calle 45 con carrera 13-, el cual podía albergar 650 personas y tenía como agregado en su parte alta, el salón de Té Palermo, estrenado el 6 de diciembre de 1946 con la película de Alexander Korda, Lydia; el capitulo culmina con la información de la celebración de los veinte años de la empresa en 1947, y los datos concernientes a este acontecimiento  (pp.74-79). 

19.8.12

Cocinar es hacer magia, glosas sueltas


Aprender a cocinar debe ser una tarea básica en nuestro proceso creativo de aprendizaje junto al círculo básico familiar y los diversos entornos con los que nos vamos encontrando en nuestras vidas, convirtiéndose con el pasar de los años en un acto de supervivencia individual y colectiva. La gastronomía se convierte en un patrimonio cultural que vamos adquiriendo, siendo su poseedora más vital –casi siempre- nuestra madre, decimos entonces “no hay como la comida que prepara mi mamá”, extrañándola, y buscándola cuando el espacio lo amerita, y los manteles se preparan. En el caso colombiano, y su variopinto territorio, la diversidad alimenticia es amplia y llena de “secretos”, recetas, y aportes al sentir local, regional y nacional, que aunque comparte la fórmula, la apropia con otros ingredientes cuyos resultados son únicos.

Desde el punto de vista de la historia cultural, su aporte es importante al ser parte de la vida cotidiana de nuestras sociedades, en algún caso, fácil de rastrear, en otros, con dificultades extremas en sus fuentes. Por lo tanto, los archivos notariales - mortuorias, ventas, testamentos, otros-, las crónicas antiguas –de indias-, los cuadros de costumbres, el arte pictórico, etc., entregan elementos que han posibilitado a los investigadores desentrañar esa historia de nuestras costumbres culinarias y sus orígenes, sus aportes y encuentros con otros elementos de la preparación de un alimento, y finalmente, la más importante de todas, entregar a los interesados datos de relevancia a su arte.  

Preparar un café –si es posible colado y no en cafetera-, hacer un arroz –con la cantidad de agua necesaria y el aceite ajustado-, hervir una “aguapanela”, fritar o tibiar un huevo, asar una arepa, cocinar unas pepas –frijoles, lentejas, garbanzos, blanquillos- remojadas con antelación, cocinar papas, fritar patacones o tajadas, picar tomate y cebolla para un guiso, etc., se convierten en actividades culinarias periódicas de nuestro cronograma alimenticio anual, las cuales en el común vivir se aprenden en los entornos familiares, una escuela inicial que debe ser aprovechada con tacto, vista y olfato en nuestra cocina casera, la cual es única en la forma y ubicación de sus utensilios de uso, donde un extraño podría fácilmente perderse si asume entrar y sazonar.            

Otro tipo de preparaciones requieren de un aprendizaje y practica mayor, platos centenarios heredados por tradición oral que han pasado por diversas generaciones: sancochos, tamales, guisados, lechones, pescados, aves, colaciones, tapados, rellenos, sopas, arroces, bebidas, etc., entran en el repertorio regional de nuestro país multicultural, ofreciéndose como platos tradicionales que hacen parte del entorno turístico que se apropia. Encontrando con singularidad los mismos platos pero con variaciones que distinguen la región, el ejemplo más clásico es el denominado sancocho, plato típico de las zonas calientes y con acento tradicional de nuestro pasado africano, lo dice Eugenio Barney Cabrera: “Sango: toda cosa revuelta, mezcolanza de objetos, ensalada o revoltillo; el sancocho, está compuesto básicamente de plátano y carne vacuna, de carne sesina de preferencia, siendo peculiar así mismo el de “cola de res y el de aguja” frescas…, Si sango y sancocho en sus acepciones no culinarias quieren decir lo mismo esto es, algo así como “olla podrida”, es la última palabra la que más recuerda el caldero de los negros del Siglo XVI y la olla que prepararían sus descendientes en minas y “senzalas”, en donde quiera que ellos obligadamente se asentaron” (Barney, 1979: págs.55-56).



Sin embargo, esa tradición culinaria, aunque sigue vigente y con claro acento patrimonial, ha pasado a otros niveles, el comercial e internacional por medio de los enlatados, el de la practicidad dirán unos, el de la pereza expresarán otros, y así, en  un recorrido por algún almacén de cadena, encontraremos en uno de de sus estantes: carne y pollos desmechado, tamal, lechona, frijoles, sancocho, lentejas, etc., que suman al producto de exportación nacional que seguro algún comensal raizal lo pone en su canasta de compra, lleno de adictivos, saborizantes, y resto de químicos que lo conservan. Algunos, cambian entonces los sitios de almuerzo tradicional –corrientazo, hecho popular por Betty la Fea-, sus entornos familiares, galerías o plazas de mercado, por la “practicidad” de abrir una lata o la mejor de todas, preparar sus propios alimentos, en un país tan amplio en su oferta alimentaria.

Cocinar es hacer magia: se prepara el menú, se buscan los ingredientes, se toma de allí y de acá, el líquido vital entra en función, se prende el fuego en la estufa–leña, carbón, llama  de gas-, se pone la olla, se juntan los sabores, se revuelve, se tapa, se destapa, se prueba, se huele, se sirve, se come. Disfrutamos solos o en compañía, recibimos comentarios –sinceros o melifluos-, pasamos con agua, jugo o vino –algunos con gaseosa-, alguien repite, otro deja algo, quedan sobras –se regalan o se guardan-, la soledad llega, aquella que anuncia que los platos están “limpios” de comida y “sucios” con los rasgos del paso de las herramientas de consumo: cuchara, tenedor, cuchillo. Finalmente, un montón de trabajo espera en el lavaplatos, aquel que muchos miran de reojo y dejan a su suerte.                     

Las glosas sueltas que he escrito, tratan un sinnúmero de temas con un punto en común, la cocina y sus variados elementos dentro del entorno social en el que se enmarcan. Espero tenga su efecto en aquellos que no se han atrevido en algún momento de sus vidas, al espectáculo del acto creativo de preparar un alimento o bebida, ¡háganlo, es para su beneficio personal, el mundo los espera, sorpréndalos! También es para los atrevidos, los que traspasaron la frontera que divide el espacio de la cocina con el resto de la casa, y asumieron el reto, los que descubrieron el sabor, sazón, textura y vieron en el rostro de sus comensales una mirada de aprobación, y una sonrisa de satisfacción ante lo ofrecido en la mesa.     

Buen provecho. 

Fuente
Barney Cabrera, Eugenio (1979). Notas y Apostillas al Margen de un Libro de Cocina, imprenta Departamental, Cali.                     

Imagen tomada de: http://carlosprieto.net/?s=sancocho+de+pocho

22.7.12

Quintín Lame, una entrevista en el centro del poder: El pensamiento del hombre en ciertos trances es un secreto que debe guardar muy bien en el corazón (El Espectador, julio 12 de 1924).


El 12 de julio de 1924 Quintín Lame se encuentra en la capital colombiana, oportunidad aprovechada por el periódico “El Espectador” con su periodista Mario Ibero para abordarlo sobre varios aspectos; es interesante anotar que el documento aparece en la primera página, lo que significa que su lectura estuvo en primera plana para los lectores. Quintín aparece en un registro fotográfico de cuerpo entero con traje, su cabello largo y expresión segura con sus manos cruzadas; el titular lo complementa un subtitulo divido en tres partes: A Qué Viene Quintín Lame a Bogotá, El Suplicio de la Raza Indígena, Una Constante Denegación de Justicia por Parte de las Autoridades de Huila.  La presentación anuncia que ha llegado a la capital por la proximidad del congreso, caciques azules, de otro color y hasta un cacique de verdad: Quintín Lame. El reportero se dirige al hotel pasajeros para abordarlo, reconociéndolo con las señas particulares que para nada son difíciles de olvidar, buscándolo directamente en su habitación para indagarlo:

Homenaje a Quintín Lame, Antonio Caro 1979. 

¿Desde cuándo se halla en Bogotá?   -Llegue el día 7 de los corrientes.

¿A qué ha venido? -Vine con el exclusivo objeto de defender ante el supremo gobierno todos los derechos comunales que tienen 197 pueblos indígenas, de que soy legítimo representante.

¿Desde cuándo es usted jefe de los indígenas? -Desde 1910, fecha en que me eligieron supremo jefe de los cabildos indígenas de Pitayó, Jambaló, Toribio, Puracé, Poblazón, Cajibío, Pandiguando y algunos otros.

¿Qué edad tiene usted? -Tengo 39 años, 7 meses, 25 días y 5 y media horas hasta este momento.

¿Donde nació? -Nací y fui criado en Lame, caserío de Tierradentro.

¿Es usted casado? -Soy viudo de Pioquinta León, compañera de tribu. De ella me quedaron dos hijos: hembra y macho.

¿Desde cuando trabaja por obtener las reivindicaciones indígenas? -Desde que tuve uso de razón, es decir..., desde que empecé usar pantalones.

¿Cuantas prisiones ha sufrido? -He sufrido 14 prisiones por haberme presentado al frente de las reclamaciones de los fueros de mi raza, conculcados por las autoridades quienes están “amangualadas” con los ricos...

¿En donde sufrió la última prisión? -En la cárcel del Guamo, de la cual salí apenas hace 35 días.

¿Por qué estuvo preso? -Porque ordené a la parcialidad indígena de Ortega que levantara una casa en Llanogrande, sitio que nosotros bautizamos con el nombre de San José de Indias. A la orden mía se opuso el señor Vidal Albis, quien nos insulto a los indígenas en los términos más soeces. A una alusión que hizo a mi madre, yo lo arroje al suelo bañado de sangre de un bofetón. Por esto me apresaron, después de que se me acusó de comandar una cuadrilla de malhechores...

¿Cuál es su religión? -La católica.
Y en política... -Hoy no tengo opiniones políticas, ningún indígena puede tenerlas ahora, la bandera ni es roja ni azul: es blanca, muy blanca, como debe ser la justicia y como es la paz... Mañana puede que nos hagamos a la sombra de alguna bandera que nos ampare...

¿Y anteriormente? -Unos eran liberales y otros conservadores y hasta había republicanos... Pero como desde hace 400 y más años nuestra raza va para abajo, resolvimos formar una comunidad aparte. Las ideas de los blancos no resultan... estamos muy desengañados.
Dígame algo sobre sus conferencias -En Ibagué dicté algunas hace poco días sobre las injusticias de que somos victimas.

¿Y resultaron? -El pueblo aplaudía, pero las autoridades siguieron mudas y sordas. Aquí pienso dictar una el 20 de julio, día de la patria de ustedes y de nosotros... de nosotros a pesar de todo!

¿Qué gestiones ha desarrollado en estos días? -Pedí una entrevista al señor presidente de la república, pero me contestó que por ahora no podía atenderme porque estaba escribiendo un mensaje al congreso, y queme entendiera con el señor ministro de gobierno.

¿Y éste si lo recibió? -Me puso una cita en el ministerio para el día 10, pero me dejó esperando...

¿Y qué piensa hacer? Hoy conferenciaré con el señor ministro de guerra. Estoy también citado...

¿Qué piensa solicitar? -Justicia y más justicia contra los atropellos de los alcaldes de Ortega, Chaparral y Coyaima, pues estos señores se han posesionado por la fuerza de nuestras sementeras y han echado sus ganados en ellas para que las destruyan. Dichos alcaldes han quitado a los indígenas hasta sus herramientas de trabajo.

¿Y si cree ser atendido? Hace cuatro siglos que esperamos ser atendidos, y a pesar de ello aún confiamos...

¿Y si no lo atienden?  Quintín Lame durante un largo rato medita y me responde bajando la voz: -“El pensamiento del hombre en ciertos trances es un secreto que debe guardar muy bien en el corazón”...

Cuénteme algo sobre las misiones católicas... -Hay muchas misiones que están contra los indígenas. Solamente se valen de nosotros cuando llegan las elecciones. A los indios que se resisten a votar por Cristo les dicen que si no lo hacen quedan excomulgados y que el diablo se los llevará para el infierno. ¿Aquí también hacen lo mismo?
Aquí también Lame -¿Y ustedes si creen en eso? Algunos, sí; otros... también. -Por allá en Tierradentro ya no le tenemos miedo al infierno, porque a ninguno de los indios que ha dejado de votar por Cristo se lo ha llevado el diablo...

¿De modo que las misiones no los defienden? -Los misioneros Lazaristas dicen que los indios tenemos que darles para sus gastos y para sostener a Dios. El 12 de noviembre de 1916 la misión citada ayudó a atacarnos. Uno de los padres guió a las compañías que nos perseguían y ordenaba que mataran indios, que esos no eran cristianos. El mismo padre hacia colgar de los árboles a los indios que caían prisioneros hasta hacerlos confesar en que sitio me encontraba yo. Esto sucedió en los pueblos de Inzá y Pedregal. Lo que acabo de decirle lo puedo comprobar con documentos.

¿Los misioneros Lazaristas son colombianos? -No señor; son españoles, chapetones puros... Por allá no hay más sacerdote colombiano que el padre Mosquera. Este logró atraer de nuevo a los indígenas, y los Lazaristas le hicieron una guerra terrible. Nosotros tuvimos que defenderlo contra ellos y contra el alcalde de Insú.

¿Su periodo de jefe cuánto tiempo dura? -Es de por vida. Yo he querido renunciar varias veces, pero los de mi raza no han querido aceptar mi renuncia.
Cuándo usted muera ¿quién lo sucederá? -Mi hijo Roberto, que tiene 6 años y a quien estoy educando para que siga mis pasos...

¿Con quién más piensa hablar? -Al próximo congreso presentaré varios memoriales. Mientras no me los resuelven, no me iré de aquí.

¿Cuántas veces ha venido a Bogotá? -He venido seis veces con ésta.

¿En las otras venidas obtuvo algo? -En la primera, me atendió el gobierno muy poco; en la segunda, poquito; en la tercera, lo mismo; en la cuarta, alguito...; en la quinta, la prensa intervino y me atendió el gobierno algo...; y ahora, hasta el presente alguito...
Y Quintín Lame se lleva las manos al pecho y se lo oprime, como si del corazón se le quisiera salir su “secreto”, mientras el señor con quien lo equivoqué al llegar, nos observa por entre el ojo de la cerradura...

Manuel Quintín Lame, detenido por el subcomisario Leonardo Ramírez, Popayán , junio 10 de 1916. Colección Diego Castrillón Arboleda. 
El documento periodístico indaga sobre aspectos personales de Quintín Lame, dando muestras de seguridad ante lo que cree, y lo que representa en la comunidad indígena que él dirige, llegando a 197 pueblos con sus cabildos. Y desde que tiene uso de razón, es defensor de los derechos indígenas, lo cual le ha valido muchas prisiones. Confirma que su religión es la católica. De la política, toma vocería por todos sus hermanos de raza al indicar que ninguno debe tener una bandera tradicional color azul o rojo, que la bandera que los identifica es blanca, de justicia y paz, dejando la posibilidad abierta a que más adelante se arropen bajo una bandera. Quintín quiere solicitar justicia por los atropellos sufridos de parte de los alcaldes de Ortega, Chaparral y Coyaima, quienes se han apropiado de las tierras cultivadas por los indígenas destruyéndolas por medio de sus ganados. La duda de ser atendido sigue intacta, ya que han sido muchos los desplantes, que llegan a cuatro siglos. Sobre las misiones Lazaristas, anuncia que solo los buscaban cuando se acercan las elecciones, denunciando claramente como la influencia católica quiere sumar a partir del discurso de la iglesia con la relación cielo e infierno, votos a cristo; recuerda Quintín un hecho desafortunado en contra de la población indígena realizada por estos dignos exponentes del clero español instalados en Colombia, casi que una inquisición versión siglo XX, atada al sistema político local, regional y nacional. Su período como jefe será de por vida porque así la comunidad lo quiere, y heredará en su hijo Roberto, el conocimiento para que siga luchando en pro de los derechos indígenas cuando este muera.

Las respuestas de Quintín son el fiel testimonio de su trasegar por las esferas de su lucha con el pueblo indígena, a través de sus diálogos intelectuales; de sus visitas a la institucionalidad para expresar lo que acontece en su entorno, y traer soluciones que posibilitaran una mejor convivencia; de la clara influencia que el catolicismo tenia sobre la sociedad colombiana en zonas como la rural, a través de pequeños señoríos fundamentados con el discurso de un aliado clave de institucionalización social, que para la época tenia demasiado poder.

Tomado del artículo
Yamid Galindo Cardona, Tierra y piel en el ser indio de Quintín Lame Chantre,  Revista Historia y espacio N. 31, Departamento de Historia, Universidad del Valle, p.139 - 168, 2008.

7.7.12

El Cine en Nuestra Ciudad


El texto que presento hace parte –igual que el anterior- de la revista Universidad, artículo de José Roldán Castello en el número 23 con fecha 2 de marzo de 1929. Documento escrito por un asiduo visitante al cine que se exhibía en la capital colombiana antes y durante el período que se publica la crónica, retratando brevemente el entorno social de la ciudad, haciendo mención a dos de sus teatros, reflexionando sobre algunas actrices y actores del espectáculo fílmico –el cielo de estrellas- e inclusive animándose en un párrafo, a buscarle usos acertados al cine como método de enseñanza a “nuestro pueblo”, y a censurarlo en la exhibición local. Los documentos encontrados, revisados, transcritos y publicados en el blog, cuya fuente es la revista Universidad publicada en Bogotá a inicios del siglo pasado, se convierten en una fuente importante para descubrir “un ´poco” las formas y modos de afrontar el hecho cinematográfico a través de lo observado en el lienzo, y lo analizado como referencia critica en torno al cine; un arte, que todavía en el período, se descubría con asombro.  
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Entonces… Bogotá era una ciudad vieja, escéptica, sentimental. Vivía de complicados convencionalismos, de absurdos prejuicios, orgullosa de sus cincuenta campanarios, satisfecha con sus calles desniveladas y sin asfaltar, de sus edificios sin alares y sin cemento, del andar lento de coches y tranvías… y satisfecha y orgullosa al mismo tiempo, de sus moradores que a imagen y semejanza de la ciudad, eran sentimentales, escépticos y viejos, con la vejez en las ideas, no en los años: ciudadanos aplacibles, de imaginación escasa, de hipócrita bondad! Entonces… Bogotá estaba muy distante del mar…

Alguna vez se supo de una palabra larga, de complejo significado: Civilización! Esa fue creando otras, también largas, difíciles: electricidad… cinematógrafo!

Una noche en el Teatro Colón, la curiosidad bogotana fue a cine: una película de cuarenta y cinco metros, en colores, que copiaba la “Danza de la mariposa” bailada por Loie Fuller, artista de gran nombre en los escenarios europeos. Después se vieron corridas de toros y trozos de óperas –Carmen. Tosca, El Barbero?...- cantados en francés. Era una especie de cine-ortofónico (“proyecciones parlantes presentadas en la casa Gaumont”)  precursor del cine hablado  que los grandes productores ensayarían más tarde… entonces, el cinematógrafo era una ingenua y poco afortunada imitación.

Fig.1 Loie Fuller.

Nuestro recuerdo se acerca, se contemporiza: en la pantalla del Olympia, Pina Menichelli, Francisca Bertini, Italia Almirante! Las bellas mujeres italianas –sus cuerpos bellos- orgullosas, fingidas, interpretando pasiones de un sabor fuerte y trágico, el eterno drama de los tres: “Fuego”, “Fedora”, “La estatus de carne”… Ya era una realidad, había gesto, acción, vida… a pesar del fingimiento, a pesar de las escenas incontables en las cuales el personaje principal era la luna!

Fig.2 Pina Menichelli.

Y “Judex”? No es imposible olvidarlo. De tántos rostros confundidos, remotos, el de René Cresté, queda todavía en nuestra memoria, amable, misterioso, con algo de esos “héroes” de las novelas de aventuras, que persisten en algún rincón del recuerdo y de pronto los vemos con el mismo asombro que en la época lejana cuando soñamos imitarlos.

Fig. 3 Judex.

Otro día, la invasión americana: Perla White, Juanita Hansen, Ruth Roland. La película en serie, fastidiosamente igual, enseñadora de pillerías y malas costumbres, intrascendente e inverosímil que es tanto como decir inútil….  Y sin embargo, nuestro público creyó que por eso era civilizado, y la preferencia, la admiración, todo lo que no tuvo la Bertini, por ejemplo, fue logrado por Ruth Roland. La multitud –gusto pervertido- prefirió y todavía prefiere, la maroma –sería esplendido un circo con Ruth Roland de “estrella”- al arte, la mentira a la verdad, el puñetazo canalla a la reverencia galante, el cowboy –muñeco falso- al hombre.

Ahora… Bogotá es una ciudad joven, alegre, frívola. Sus convencionalismos son menos egoístas, sus prejuicios más amplios, tiene orgullos mayores que el lucir cincuenta campanarios… sus moradores son frívolos, alegres, jóvenes. Ahora, Bogotá no queda tan distante del mar.

Fig. 4 Carrera séptima en Bogotá, los años veinte.


El cinematógrafo ya es una copia cierta algunas veces, y otras hechos posibles en la vida. Por lo general, aquello que se ve se asimila con mayor prontitud que lo que oye o se lee. Que formidable labor de enseñanza se puede obtener del cinematógrafo, y con él, qué sencillo inculcarle a nuestro pueblo la imaginación y la cultura que no tiene, que no conoce… En todas las películas? En la seleccionadas a conciencia, con suficiente criterio artístico y moral, en aquellas que llegan aquí de tarde en tarde, sin acaso media docena al año, por la falta de competencia y por la extraña despreocupación del público que soporta arbitrariedades que en otro país serían sancionadas por el mismo público, que tiene todo el derecho de exigir porque va a pagar. Somos demasiado confiados, demasiado tolerantes. Estados conformes con dos (?…) salones de cine, mirando películas de hace tres años.

En fin: menos mal que ya no es Perla White (que deliciosa hacer un elogio de los cabellos postizos de Perla White!) que ya no es Eddie Polo… Ya nos son los maromeros.
Ahora, es la mujer: Greta Garbo! Armoniosa, frágil, humana. La mujer que tiene una mirada extraña, indecible, tal vez la mirada que obsesionó los sentidos de Monsieur de Phocas! La mujer maravillosamente bella y cruel, que hace sentir y lleva dentro de ella la angustiosa existencia de los seres que tienen un destino fatal! En la mujer que es Greta Garbo –en su armoniosa feminidad, en su mirada que siendo perversa, también se humilla, y es triste y es casta!- están todas las mujeres… de todas las razas, de todos los tiempos… algo como una infinita prolongación de cuerpos, de almas, de rostros, de secretos…    

Fig. 5 Greta Garbo.

Y Adolfo Menjou, es el hombre! “Con su cinismo, con sus infamias, con sus generosidades. Como cualquier hombre. A sí en la mayoría de las comedias que él interpreta, Menjou vive como la mayoría de los hombres: sin tener conciencia de su vida. (De la vida que está representando). El día que la tenga morirá de fastidio…” porque sus generosidades y hasta sus infamias están en al sonrisa –dibujo cínico que hacen los labios bajo la cínica sombra del bigote- una sonrisa que es todo el misterio, la careta mentirosa que los hombres se ponen para engañarse a ellos mismos y para satisfacer la curiosidad de los demás, engañándola también!

Fig. 6 Alfredo Menjou.


La creación del cinematógrafo, no fue la comedia graciosa en un rollo –Max Linder… visión suicida!- tampoco la “serie” inverosímil, ni posiblemente “la voz” de ahora…

Ha sido algo, más sencillo: una mujer y un hombre!

Tal vez porque la vida comenzó con un hombre y una mujer…

Referencia
-José Roldán Castello, El Cine en Nuestra Ciudad,  Revista Universidad, N° 123, Bogotá, 2 de marzo de 1929.


5.7.12

Curiosidad, Cinema, Inquietud


En sus páginas, la revista Universidad dirigida por Germán Arciniegas en el decenio de los años veinte del Siglo XX, dedicaba una parte al séptimo arte con el título de Cinematógrafo, exponiendo notas sueltas informando sobre las estrellas de Hollywood, la cartelera fílmica de Bogotá -Salón Olympia, Teatro Faenza, Teatro Caldas-, y aquellas que analizaban el cine desde aspectos sociológicos, educativos y culturales en tono al sentido humanístico que ofrecía la publicación capitalina. Por lo tanto, Historias en Cine-y-Filo presenta un documento titulado Curiosidad, Cinema, Inquietud, escrito por Felipe Centeno en el número 145 de Universidad el 3 de agosto de 1929, texto interesante que analiza el cine en torno a su uso como espectáculo, a el sentir de sus asistentes, a su fortaleza económica, y finalmente a su proceso dirigido a convertirse en arte.
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1895. Después de largos años de investigaciones, pruebas, ensayos -¡quimeras!-, en las ocultas retortas de los brujos modernos –los sabios- un descubrimiento más que se logra… ¡La imagen que se mueve! ¡El movimiento que se aprisiona, capta y reproduce!... Un gran paso, si, pero… Que, como tantos otros, no parece, en principio, tener otra finalidad práctica que la de dar variación, novedad, a los programas de las barracas de feria. Los brujos, los sabios son los primeros que, ilusionados con la pura abstracción del viento, no ahondan toda su trascendencia. El industrialismo lo avizora, no obstante, y en torno a la cámara y al lienzo, al blanco y al negro, comienza a tragar inacabable redada de cifras. El concurrente a la barraca, ante los primeros balbuceos del invento metido o arte, se encoge de hombros sin entusiasmarse demasiado: por mucho tiempo aún han de considerar más dignas de su aplauso las contorsiones de la “bailaora” que en el tablado se muestra en todas sus dimensiones, que no las metamorfosis de su sombra en el lienzo: la cándida y ya prehistórica mariposa en colores… Y, sin embargo, ésta es y no aquélla, la que abre mil rutas hacia mil horizontes.      

Así, en principio, el cine no cambia nada, ni trae consigo revolución alguna, ni parece ir a ninguna parte. Los públicos más selectos se asoman alguna vez a la barraca, y salen molestos, arrepentidos, jurando no volver (todavía hay intelectuales que conservan y proclaman este juicio que del cinematógrafo formaron en el 1900. Desde entonces no han visto un metro de cinta…) Pero el industrialismo sigue haciendo números y viendo que las cifras crecen, se redondean, reinventan de opulencia, se adentra con ímpetu por el camino emprendido. Todavía no se sabe si la escena muda será un bello espectáculo, pero sí  puede asegurarse que la cinta de celuloide es un buen negocio. Basta esto para que los más fuertes capitalistas la prohíjen en todas las partes del mundo: la ayuden a entrar en sociedad, debidamente ataviada e instalada. La buena presentación y el buen crédito de sus padrinos, abre el cine, como a cualquier nuevo rico, de par en para todas las puertas. Y la barraca, en torno a todo el ancho mundo, se transforma en palacio. Claro que esto no basta…


No basta,  porque…, (¿1925?). He aquí que, de pronto, sin que aquellos que lo inventaron, que lo descubrieron, ni aquellos otros que lo prohijaron, que lo dotaron y enriquecieron, pudieran advertirlo a tiempo, el cine se ha transfigurado. Ha adquirido vida propia, relieve, contorno, hondura, vibración, realidad, sentido espiritual… Donde se puso únicamente un frío invento científico y unos cuantos millones de dólares, ha surgido la gran maravilla: ha surgido un arte. Un arte insospechado, nuevecito, inédito; un arte inquieto, loco, obsesionante, torturador para quien pretende hacerlo suyo, para quien quiere conocerlo y amarlo. Veinticinco, treinta años de barraca o palacio, de sumisión absoluta a la redonda del sabio y a la bolsa del capitalista, no han bastado a matar, a destruir el germen fecundo, la chispita divina, que –acaso un poquitín de contrabando- debió de colocarse en la originaria retorta. No sabemos qué hada burlona o qué geniecillo irónico la sumaría a la mezcla; el caso es que está dando mucho que hacer. ¡Y el que tiene que dar todavía!

Porque la chispa alcanza ya proporciones de hoguera. La hoguera de esta inquietud que hoy teje sus redes –como antaño los financieros sus mallas de números- en torno al arte nuevo, que es, esencialmente, arte de torbellinos, arte de curiosidad, arte de inquietud.

Referencia
-Felipe Centeno, Curiosidad, Cinema, Inquietud,  Revista Universidad, N° 145, Bogotá, 3 de agosto de 1929.
-Imagen de la película “La Bestia del Mar” de Lloyd Bacon, EE.UU, 1926, exhibida en los días de la publicación del artículo en los teatros de cine bogotanos.