11.11.11

Evento: Cine club de Cali: Reflexiones y Documentos, 1971-1979


Organizado
Área Cultural del Banco de la Republica –Cali-
Grupo de Investigación Nación Cultura Memoria
Departamento de Historia – Universidad del Valle
Auditorio Área Cultural Banco de la República –Cali-
Noviembre 16 de 2011  4 pm a 6 pm
Calle 7 N° 4-09
Teléfonos: (2) 8836945, Conmutador: (2) 6847750, Fax: (2) 8834352
Audiencia: público general

Conferencia y conversatorio
-Yamid Galindo Cardona
Estudiante Maestría en Historia –Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
Licenciado en Historia – Universidad del Valle

-Ramiro Arbeláez Ramos
Maestría en Cine y Televisión, Universidad de Sao Paulo, Brasil
Licenciado en Historia – Universidad del Valle


El evento tiene como objetivo entregar al Área Cultural del Banco de la República de Cali, los documentos que hicieron parte del archivo del Cine club de Cali en la década de los setentas. Por lo anterior, se presenta el inventario del material a entregar, especificando el tipo y número de folios que pasaran al espacio de su benefactor para posibilitar a los investigadores locales y regionales, interesados en el movimiento cultural de la década citada, su revisión.

Archivos del Cine club de Cali
-Carpetas del Cine club de Cali  1971-1979
Algunas de estas carpetas contenían su membrete que las identificaban, otras no. Fueron revisadas y catalogadas, en vía de una organización para su posterior utilización dentro de la investigación sobre el Cine club de Cali. 

-Libro de contabilidad con Numeración del 205 al 400
Nombre: “Registro de Películas Cine club de Cali”. Contiene 3 hojas sueltas de películas programadas en “Cine Subterráneo” del año 1971 a 1973, programado en “Ciudad Solar”. Más 6 folios con anverso y reverso que dan información referente a las películas programadas en el Cine club de Cali, desde el año 1971 a 1979 de las películas número 1 al número 403.

-Publicaciones Cine club de Cali. Contiene:
Boletines Ojo al Cine del número uno al cinco con las siguientes cantidades: Del uno -1-, del dos -3, del tres -4-, del cuatro -3-, del cinco -3-.
Hojas sueltas publicitarias, ciclo de Jhon Houston en agosto de 1971. Cantidad: 4
Hoja suelta. Propuesta programa ciclo de Cine Negro. Marzo-Abril de 1976. Cantidad: 1
Hoja suelta. Mejores películas de 1975. Enero de 1976. Cantidad: 2
Hoja suelta. Programa septiembre de 1971. Cantidad: 1
Plegable Mala Compañía. Abril de 1975. Cantidad: 4
Cartón con artículo de prensa de Hernando Salcedo Silva referente al Cine club de Cali Cantidad: 1
Articulo de prensa. Cali, domingo  9 de septiembre de 1973. El Crisol -Habla Sergio Leone-
Plegables Cine club del TEC. Dirigido por Andrés Caicedo. Cantidad: 14 programas.

 -Materiales del Cine club de Cali Boletines de Exhibición.  Contiene:
Boletines de programación semanal.
Crítica cinematográfica.
Estudios de filmografía mundial.
Balances de películas.
Otros.
Cantidad: 185 documentos foliados. Año 1971-1977

-Materiales del Cine club de Cali. Contiene:
Boletines de programación semanal.
Crítica al cine colombiano.
Música antillana en el cine cubano.
Otros.
Cantidad: 20 documentos foliados. Años 1976-77-78-79

-Correspondencia Recibida. Contiene:
Informes de la Federación colombiana de Cineclubes.
Envió de películas.
Control de espectáculos. Exoneración de impuestos.
Cartas dirigidas a Ramiro Arbeláez.
Tarjetas de navidad y año nuevo.
Otros.
Cantidad: 100 documentos foliados. Año 1970-1978

-Correspondencia Enviada. Contiene:
Cartas, información variada.
Cantidad: 71 documentos foliados. Año 1973-1980

-Correspondencia por Contestar. Contiene:
Cartas recibidas y por contestar.
Cantidad: 33 documentos foliados. Año 1974-1978

-Correspondencia recibida Ojo al Cine. Contiene:
Cartas, postales, telegramas, otros.
Cantidad: 104 documentos foliados. Año 1973-1979

-Materiales Ojo al Cine. Contiene:
Critica cinematográfica.
Cantidad: 24 documentos foliados.

-Cuentas  Revista. Contiene:
Listado de suscripción a la revista Ojo al cine, colaboradores y cortesía.
Cantidad: 7 documentos foliados.

-Revista Ojo al Cine # 6 Borrador.  Contiene:
Textos de la fallida Ojo al Cine # 6 / Editorial.
Cantidad: 13 documentos foliados.


-Tarjetas del Cine club de Cali
Las tarjetas eran entregadas a la entrada del Teatro San Fernando, como guía de programación, allí se especificaban el ciclo, la fecha y las películas; además de una imagen impresa. 

Año 1971
Abril: Plegable: Ciclo Godard, primer ciclo. Cantidad: 2
Abril: La mujer casada. Cantidad: 2
Mayo: Ferdy Mayne. Cantidad: 1
Mayo: La danza de  los vampiros. Cantidad: 1
Junio: Diario de una camarera. Cantidad: 2
Julio: Mía Farrow. Cantidad: 1
Octubre: 2 de Rossen, 3 de Bergman. Cantidad: 1
Noviembre: 1 de Chabrol, 3 de Losey. Cantidad: 1
Diciembre: Otra de Chabrol, 2 de Truffaut, 1 de Buñuel y la mejor película del año. Cantidad: 1

Año 1972
Enero: 2 de Brooks, 1 de Penn, 1 de Perry. Cantidad: 3
Febrero: 1 de Preminger, 1 de Mulligan, 1 de Demy, 1 de Hopper. Cantidad: 1
Marzo: 4 de Buñuel, 4 de Wilder, 2 de Marynlin Monroe. Cantidad: 1
Abril: 2 de Truffaut, 2 de Hitchcock, 1 de C. Harrington. Cantidad: 2
Junio: Igmar Bergman. Cantidad: 1
Julio: Lindsay Anderson. Cantidad: 1
Agosto: Richard Fleischer. Cantidad: 3
Septiembre: Claude Chabrol. Cantidad: 2
Octubre: Stanley Donen. Cantidad: 2

Año 1973
Enero-Febrero: Alfred Hitchcock. Cantidad: 1
Marzo: Joseph Losey, Orson Welles. Cantidad: 1
Abril: Rafelson, Furie, Forman, Coppola. Cantidad: 2
Junio: Luchino Visconti. Cantidad: 2
Agosto: Ford, Fellini, Wilder. Cantidad: 2
Septiembre: Cine Mexicano. Cantidad: 2
Octubre: Cine Colombiano. Cantidad: 2
Noviembre-Diciembre: Cine Rojo. Cantidad: 2  

Año 1974
Enero: Las mejores películas del año. Cantidad: 2
Febrero: películas de Gangsters. Cantidad: 2
Marzo: Cine Francés. Cantidad: 2
Abril: Cuatro estrenos. Cantidad: 2
Junio: Bergman-Buñuel. Cantidad: 2
Julio: Brooks-Bogdanovich. Cantidad: 2
Septiembre: Cuatro estrenos. Cantidad: 2
Octubre-Noviembre: Jean Luc Godard. Cantidad: 2
Noviembre-Diciembre: Cine Rojo. Cantidad: 2  

Año 1975
Febrero-Marzo: Sam Peckinpah, Noel Black. Cantidad: 2
Mayo: Truffaut, Losey, Romero. Cantidad: 2
Junio: Igmar Bergman.  Cantidad: 2
Julio: Misterio. Cantidad: 2
Agosto: Luís Buñuel. Cantidad: 2
Agosto: Programas dobles. Cantidad: 2
Septiembre: Programas dobles. Cantidad: 2
Octubre-Noviembre-Diciembre: Varios directores.  Cantidad: 2  

Año 1976
Octubre: Varios directores. Cantidad: 2
Noviembre-Diciembre: Catherine Denueve. Cantidad: 2

Año 1977
Enero-Febrero: Francois Truffaut. Cantidad: 2
Febrero: Exhibición especial. Reed México Insurgente. Cantidad: 2
Marzo: Buñuel. Cantidad: 2
Abril: Oestes. Billy The Kid Daba Asco. Cantidad: 2
Mayo: Alfred Hitchcock. Cantidad: 5
Agosto: Carlos Saura. Cantidad: 2
Septiembre-Octubre: Varios directores. Cantidad: 1
Noviembre-Diciembre: Claude Chabrol: Varios directores.  Cantidad: 1  

Año 1979
Enero-Febrero-Marzo: Cine Alemán. Cantidad: 2

¡Quedan invitados! 

 

2.11.11

Álbum Familiar


Helena Rodríguez.
Museo Arqueológico La Merced
Fondo de Promoción de la Cultura.
Impresora Feriva S.A.
2011, págs., 60. 
Cali.

La autora del  Álbum Familiar es Maestra en Artes Plásticas del Instituto Departamental de Bellas Artes en Cali, ha realizado diversas exposiciones colectivas e individuales dirigidas a su tema de estudio e investigación concerniente a la fotografía desde el año 2000. El texto que se reseña es complemento de la exhibición que con el mismo título se expuso en las instalaciones del Museo Arqueológico La Merced, cuyo curador y objeto de estudio fue Miguel González, explicando que el proyecto ha sido trabajado desde varios ángulos y posibilidades: “Representan la exploración por fotografías de varias décadas, de distintos formatos y de diversos autores. El ejercicio también implica la reproducción y la edición de las mismas para ajustarlas a una uniformidad. Se han trasferido a blanco y negro todas para buscar unidad y finalmente se han intervenido en el computador pintando las imágenes. Este último gesto recrea la idea de iluminación  que era practicada cuando la fotografía a color no existía y era menester aplicarle a mano la policromía”. 

En su libro Observado e Interrogado -2010-,  Miguel González había entregado parte de su álbum fotográfico privado desde el año 1971, en sus actividades de Ciudad Solar, hasta sus vacaciones en la isla Elefanta de Mumbai del año 2010, es decir, se expuso en su trasegar cotidiano en innumerables espacios y con diversos personajes, una puesta en escena individual bajo el lente del tiempo expresado en la fotografía. Si en el libro citado, las imágenes no son el centro de estudio -hacen parte de un texto sobre su vida-, en Álbum Familiar se convierten en el centro de atención e intervención sin un texto que nos distraiga, desde el niño Miguel en 1951, hasta su visita a los vestigios de Chichén Itzá en México del presente año. Volviendo a su presentación, González enfatiza: “Este álbum con fotografías consecutivas en orden cronológico describe inevitablemente los residuos del tiempo y los distintos sucesos de la existencia. Inevitablemente se convierte en una confidencialidad expuesta y en la violación de lo privado en aras de lo público. Irónicamente el álbum familiar que ha sido reformulado en sus formatos y cromatismo aparece como una especie de documento falso y cosmético”.


Los residuos del tiempo expuestos, son una marca privada que su dueño ofrece sin mediar las diversas posibilidades que eso conlleva en su uso, desde la exposición en una sala museística donde los observadores entran en el juego de la artista, llevándose la policromía de una vida; hasta la publicación en un documento de apoyo donde el poseedor de estos registros hace su propia reflexión. Siendo un documento falso y maquillado, nos lleva a arquetipos vinculantes con las formas de engaño que hemos vivido en los últimos años desde el aparataje institucional del estado colombiano, tal vez sin buscarlo, Helena Rodríguez, a través de retocar las fotos de su objeto de estudio, nos pone un ejemplo vigente usado manidamente con la frase “no todo parece lo que es”.

El curador agrega al álbum una entrevista a la artista, para aclarar los antecedentes de su producción y la relación con lo fotográfico, sobre Álbum Familiar responde lo siguiente:

M.G.: En la presente serie se vale de la apropiación de imágenes para armar el conjunto. Interviene mediante la coloración y somete a una horizontalidad todas las obras uniformando las distintas estampas en pequeño formato de este conjunto. ¿Cómo resultó la experiencia?

H.R.: Ha sido un trabajo arduo de coloración en la pantalla de computador. He pintado minuciosamente cada detalle para reinventar cromáticamente todo el conjunto. La iconografía va desde la infancia hasta el presente y documenta la trasformación del protagonista. El Álbum Familiar es algo íntimo y privado. Las dimensiones de las fotos quieren ser consecuentes con esta idea. La nueva propuesta se articula como una biografía a  través de las imágenes que señala una travesía particular.


La biografía foto pintada, foto fija de una travesía, se convierte en un aporte plástico a través de la figura de uno de los curadores más importantes del país, un paso más a la colección que Miguel González ha venido publicando sobre sus textos curatoriales. La obra de la artista insinúa una entrada al mundo privado de una persona pública por medio de la observación y el tacto, ¿qué resulta?, una intromisión individual o colectiva en el espacio de un salón, o una apreciación individual tras el paso de cada hoja del Álbum Familiar publicado.

Contenido de Álbum Familiar
-Presentación del Curador Miguel González.
-Entrevista de Miguel González a Helera Rodríguez.   
-Sesenta fotografías intervenidas –Policromía-
-Currículo de Helena Rodríguez.
-Listado de obras.
-Currículo de Miguel González.

Imágenes
-Caratula del libro Álbum Familiar.
-Foto 35, junto a al tumba del poeta francés Guillaume Apollinaire, Cementerio Pére Lachaise, Paris 1985. De Clemencia Varela.
-Foto 45, Hablando por teléfono, Cali 1997. De Fernell Franco.
       

20.10.11

Memoria recuperada: la exposición de la biofilmografía de un país


Con motivo de los 25 años de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, se celebró uno de los mejores ciclos cinematográficos presentados en los últimos años, con apoyo de la Biblioteca Luís Ángel Arango en la sala de audiovisuales entre el 12 de agosto y 14 de octubre del año en curso. Paralelamente, los asistentes podían observar en el corredor central de la sala, la exposición de algunos documentos que se preservan sobre nuestra historia fílmica: afiches, fotos, revistas, el guión del primer largometraje del cine colombiano –María, 1922-, entre otros. También se publicó una guía de estudio que expone introductoriamente la función de preservar nuestros archivos fílmicos, además de una bibliografía y filmografía recomendada para los interesados en la investigación de nuestro cine.


El ciclo inicio  con la exhibición de tres documentos: Selección de registros del archivo histórico cinematográfico colombiano de los Acevedo 1915-1933,   Acevedo e hijos: por un arte propio, y la película Madre -1924-;  culminando con la presentación de tres trabajos: Esta fue mi vereda -1958-, Rapsodia en Bogotá -1963-, y Paramo de Cumanday -1965-. Se organizó el programa en características vinculantes a nuestra cinematografía, y que no son ajenas a la historia del cine mundial: cine silente, cine parlante y sonoro, el arribo del color, un cine nacional -con largometrajes, cortometrajes y documentales-, en una periodización definida entre los años 1924 y 1965, con un total de 29 realizaciones. La presentación estuvo a cargo de Rito Alberto Torres Moya -Subdirector Técnico de la FPFC- explicando históricamente cada obra, y su aporte a la cinematografía nacional, además de diversos aspectos sobre la restauración de estos materiales fílmicos. Contamos con la presencia del director Julio Luzardo, quien expuso un gran anecdotario de su obra El Río de las Tumbas 1965-, un aporte magistral que nos permitió conocer más de su película, y ante todo, acercarnos a su gestor; igualmente, la participación entrañable de Mady Samper, hablándonos de la vida de su madre -Gabriela Samper-, y de ese gran trabajo fílmico titulado Paramo de Cumanday.   

Asistí a la totalidad del ciclo, lo hice por dos razones: la primera, por erudición, ya que el interés que tengo sobre el cine colombiano desde la historia, me ponía sobre el espacio bogotano una oportunidad única de encuentro, posibilitándome ver sistemáticamente parte de la biofilmografía de Colombia en algunas de sus etapas; segundo, por percibir desde el espacio de exhibición, la participación del púbico a este tipo de programación, anotando la poca asistencia a algunas sesiones, un alto grado de desconocimiento sobre la cinematografía nacional, y los sentires hacia algunas obras en aspectos como los aplausos nacionalistas –cuando aparece musicalizado el himno nacional en Garras de Oro-, las duras críticas en “voz baja” al cine de Ducrane y Patria Films, la emoción ante esos halcones de la ruta que competían en una Colombia rural, las “fugas” espontáneas de la sala ante lo expuesto en la pantalla, las preguntas criticas, largas y cortas sobre lo visto en escena, y así sucesivamente diversos rasgos que aportan al espectáculo del país filmado y visto con los ojos del presente.         

La publicidad de este evento llegó a los vinculados a la red de la Biblioteca Luís Ángel Arango como socios, igualmente se pudo encontrar en el cronograma sobre papel en la calle y en el interior de su sede; también en la página de la FPFC  hubo cobertura del ciclo, además de algunas páginas en el internet, y los vínculos individuales que cada uno hizo desde sus redes sociales. Sin embargo, al decir de algunos de sus asistentes, y de otros que se han enterado sobre el camino de su exhibición, la publicidad fue poca, y las lamentaciones muchas ante no poder asistir por horarios cruzados, y otros ítems de diversa índole. Igualmente no percibí en programas televisivos nacionales –puedo estar equivocado- y sus escasas sesiones culturales, una nota sobre Memoria Recuperada. Pero también resalto esa apatía hacia nuestro cine, la recepción es poca, y siempre bajo prejuicios dañinos que opacan el sentido de nuestra cinematografía, en este caso con un interés particular vinculado a una institución que se esfuerza por salvaguardar las imágenes en movimiento de un país.


La interrogación constante de los asistentes al culminar cada reunión fue: ¿se consiguen esas películas?, con una respuesta repetitiva, si, se pueden consultar en la sede de la FPFC en el centro de Bogotá, cerca a la plaza de San Victorino, y algunas las puede solicitar en audiovisuales de la BLAA. Otro punto que se atravesó como gran interrogación fue la de los circuitos de exhibición nacional televisiva, y el por qué en estos espacios no se presentaban, la respuesta tiene una razón vinculada al sector privado: muchas de estas obras no tienen cabida en la parrilla de sus programaciones, exceptuando el canal institucional –Señal Colombia- que abre su espacio nocturno para entregar algunas de las películas programadas. También sirvió el espacio para realizar algunos vínculos académicos, conversaciones paralelas al comienzo y final de cada exhibición, y finalmente fortalecer para algunos, una visión amplia de nuestro cine.               

Finalmente, celebro esta gran oportunidad que tuvimos en Bogotá para ver una parte de nuestra historia cinematográfica, opción que los nuevos investigadores del cine nacional debieron haber aprovechado para su parcela académica, sobretodo los que se encuentran en Bogotá. Como propuesta, sería importante para el país que la Biblioteca Luís Ángel Arango realizará un ciclo itinerante en sus áreas culturales, para descentralizar un ciclo que muestra la biofilmografia de un país, y así presentar la historia del cine colombiano con sus obras  más representativas.

Adenda
Agradezco la invitación de Rito Alberto Torres a participar en el ciclo en tres de sus sesiones, un espacio aprovechado para exponer el tema que investigo en la actualidad concerniente a la producción cinematográfica en Colombia a mediados del siglo XX desde Ducrane Films y el Cine de la Extensión Cultural y bellas Artes del Ministerio de Educación.

Imágenes
-Escena del Carnaval, -Noticiero de los hermanos Acevedo 1925- Fuente, Crónicas del Cine Colombiano 1897-1950, Hernando Salcedo Silva.   
-Guía de Estudio 109: Memoria y Patrimonio Audiovisual. Biblioteca Luís Ángel Arango, Sal de Audiovisuales.
   

29.9.11

Andrés Caicedo: Un “angelito empantanado” de sesenta años

Luís Andrés Caicedo Estela nace en Cali el 29 de septiembre de 1951, hijo de Carlos Alberto Caicedo y Nellie Estela. Sus estudios escolares fueron realizados en el Colegio Pió XII y Nuestra Señora del Pilar, ingresa a tercero de bachillerato en el Colegio Calasanz de Medellín en el año 1964, regresa a Cali en 1965 al colegio San Juan Berchmans, y en 1966 al Colegio San Luís Gonzaga; finalmente nuestro personaje termina su bachillerato en la nocturna del colegio Camacho Perea en el año 1969, año que ingresa al Departamento de Teatro de la Universidad del Valle para el ensayo, estreno y presentaciones de la obra La noche de los Asesinos hasta mediados de 1970. 

A la par que crece en Cali, -la ciudad de sus historias- el jovencito se deleita leyendo obras de literatura universal, comenzando su trasegar por la escritura de obras teatrales, ficción y crítica cinematográfica con su inseparable máquina de escribir. En 1969 ingresa como actor al Teatro Experimental de Cali dirigido por Enrique Buenaventura y programa el Cine club del TEC. En 1971 funda el Cine club de Cali donde sigue el camino iniciado años anteriores como crítico cinematográfico de los periódicos de la región y nacionales, además escribe los boletines semanales entregados cada sábado en el Cine club y dirige la revista de crítica cinematográfica Ojo al Cine; establece contacto con Ciudad Solar, centro cultural fundado por Hernando Guerrero, programando una extensión del Cine club denominado Cine Subterráneo.

Fue reportero en festivales de cine,  y entrevistó a personajes del mundo cinéfilo como Sergio Leone. Viajó a los Estados Unidos con la idea de vender algunos guiones que quería plasmar en la pantalla.  Amante de la salsa y el rock –sobretodo la de Richie Ray and Bobby Cruz, Héctor Lavoe, y Rolling Stones-,  una constante en su novela cumbre Qué Viva la Música. Vivió Caicedo en un contexto mundial lleno de cambios en el que la ciudad de Cali y Colombia no fue la excepción. Soportó la dinámica de la “dictadura democrática” llamada Frente Nacional y de la revolución cultural llevada a su clímax con el Mayo del 68 Francés que influenció  muchas regiones del orbe. Caicedo nació, vivió, vio mucho cine y murió en Cali, ciudad de espacios cotidianos como la avenida sexta que ofreció ideas para elaborar una serie de relatos protagonizados por jovencitos para jovencitos, los cuales hacen parte de nuestra cultura literaria.


El 29 de septiembre de 2011, Andrés Caicedo cumpliría 60 años. Una edad madura que seguro el autor habría nutrido con algunos libros, reseñas de críticas fílmicas, la enseñanza universitaria de esa extraña enfermedad llamada “cinesífilis”, dos o tres guiones cinematográficos llevados a la pantalla, o porque no, la dirección de una cinta vampiresca de acento caleño. Mucha agua ha corrido bajo el Puente Ortiz desde el 4 de marzo de 1977 cuando a escasas cuadras en el viejo y todavía habitable edificio Corkidi sobre la avenida sexta, y a la edad de 25 años, sacaron a nuestro “angelito empantanado” hacia su destino fatal.

Andrés Caicedo era dinamizador de un proceso que venía gestándose de tiempo atrás con otras personas y otros espacios, tal es el caso del Cine club del Museo la Tertulia y el Cine club de Carlos Mayolo y Edgar Vásquez a finales de los años sesentas; a diferencia de esos cineclubes, hay un cambio en la intensidad y la forma como se llevo la actividad de exhibición en el Cine club de Cali que en cierta medida correspondía a su ritmo; Andrés amaba el cine, y más que revistas, foros y hojas sueltas sobre cine, lo que trasmitió fue una actitud, es indiscutible su participación indirecta en la cinematografía llevada a cabo  luego en la región desde directores como Luís Ospina, Carlos Mayolo y Oscar Campo, entre otros. Desde su Cine club de Cali y sus opiniones en diversos medios, logró difundir un gusto especial por ciertas obras del cine, agrupando a su alrededor toda una generación influenciada por los cambios sociales de la época y que se adaptó a un programa cinematográfico netamente influenciado por la llamada Política o cine de Autor, que corresponde inicialmente a una expresión acuñada por los críticos franceses durante la década de los sesenta, para referirse al cine poseedor de un evidente mensaje o marcada actitud que recorre toda la obra de un director.

Según Luís Ospina y Sandro Romero, la obra de Andrés Caicedo es básica y necesariamente juvenil, puesto que en vida, no se propuso otra cosa que fortalecer una imagen adolescente ante el mundo, hasta el punto de plantear que uno nunca debía dejar de ser niño y, por ende, vivir más de 24 años era una insensatez. Tal vez por lo anterior su obra se torna vigente, fresca y joven; pero su lectura se vuelve compleja cuando no se conoce el espacio físico representado en la ciudad de Cali en cuanto a las obras de invención, ciudad icono de perfiles y estados de ánimo de sus personajes. Complicado igualmente acercarse a sus análisis sobre el séptimo arte cuando la pasión por el cine no existe, es decir, la afición y  gusto por ver cine y leer sobre la temática en cuanto su tendencia y su historia, es básico para acercarse al tema-  ya que su sapiencia cinéfila  sobrepasa límites.

El complemento a las anteriores líneas corresponde al listado de sus obras divididas en cuatro partes: Cuentos, teatro, novelas y recopilación biográfica, quedando por fuera las reseñas de crítica cinematográfica, que no se especifican:

Cuento
-Infección -1966-
-Por eso yo regreso a mi ciudad -1969-
-De arriba debajo de izquierda a derecha -1969-
-Los mensajeros -1969
-Vació -1969
-Besacalles -1969-
-El espectador -1969-
-Felices amistades -1969-
-¿Lulita que no quiere abrir la puerta? -1969-
-Los dientes de caperucita -1969-

-Los mensajeros -1969-
-Destinitos fatales -1971-
-Patricialinda 1971-
-Calibanismo -1971-
-Maternidad -1974-
-En las garras del crimen -1975-
-Berenice –sin fecha-

Teatro
-Las curiosas coincidencias -1966-
-La cantante calva -1967-
-La piel del otro héroe -1967-
-Los imbéciles están de testigos -1967-
-El fin de las vacaciones -1967-
-Recibiendo al nuevo alumno -1969-
-Las sillas –versión 1969-
-La noche de los asesinos –versión 1969-
-La ciudad y los perros –versión 1970-
-El mar –versión 1972-

Novelas
-La estatua del soldadito de plomo.
-Angelitos empantanados. Angelita y Miguel Ángel -1971-
-El pretendiente -1972-
-El tiempo de la ciénaga -1972-
-Noche sin fortuna –inconclusa 1970/76-
-El atravesado -1974/75-
-¡Que viva la música! -1977-

Crítica Cinematográfica
-Ojo al Cine -1999-

Recopilación biográfica
-Andrés Caicedo. El cuento de mi vida -2007-
-El libro negro de Andrés Caicedo -2008-
-Mi Cuerpo es una Celda -2008-
 

15.9.11

La Voz pasó por Cali –segunda parte-


El 28 de febrero de 1977, Lavoe se presentó en Buenaventura, punto inicial de su fama en la región vallecaucana extendida a Cali, el primero, según sus amigos y cómplices musicales, se convirtió en un espacio donde se sentía especial por el afecto de su gente, y cercanía al estilo de vida de algunos puertorriqueños.  Allí, en el público que fue a escucharlo, estaba Andrés Caicedo, “último concierto” del escritor caleño que días después, el 4 de marzo, decidiera suicidarse y entrar en el circuito de reconocimiento literario y cinéfilo en el entorno nacional, que al día de hoy sigue en auge.     


Sobre su primera presentación en Cali,  en marzo de 1977, Umberto Valverde nos cuenta:
[…] La primera vez que vino a Cali se presentó en el Evangelista Mora. Yo vivía en Bogotá y Henry Holguín, director de la Revista Antena, me envió a cubrir la presentación. Vamos a gozar un poco. Fue un sábado y Lavoe tocaba maracas, vestía un vestido verde y chaleco, se apreciaba su enorme anillo que lleva su nombre, vamos a reír un poco, ríe tu carcajada final, Héctor reía, a su lado, José Mangual Jr, bongosero y director musical, Lavoe se quita el chaleco, el sudor le pegaba la camisa a la piel, Lavoe cantaba sin esfuerzo, sobrado, estaba en la plenitud de su vida, tenía 31 años, la gente asistió como pudo, saltaron los controles y entraron a ver a su ídolo, que te pasa, estás llorando, tienes alma de papel, luego, hacha y machete, seguro, firme y decidido, casi todo su elepé, buscando una mejor sonoridad, Willie Colón ya no estaba con él, era su banda, Lavoe se secaba el sudor, tomaba aire, bebía aguardiente, casi no hablaba, sólo sabía cantar, Mentira, la trompeta triste, Salomé no está llorando el martirio de sus penas, mujer falacia, impostora de caricias, la gente gritaba, la muchachita lloraba, el negro bembón sudaba y abrazaba a su negra, el coro entraba, cambiaba de ritmo, llegaba la rumba, y de pronto, cantó Plazos Traicioneros, después del Evangelista Mora se presentó en Las Vallas, en una de sus mejores noches en Cali, Lavoe en persona, los caleños no lo podían creer, no quiso cantar Ausencia,  recordó la Murga de Panamá en una improvisación que trajo a la memoria algunos apartes de Alegría Bomba E, ese inolvidable tema de Cortijo, es el final, Lavoe hizo el corte con las maracas, Lavoe por primera vez en Cali en 1977.


La crónica de prensa publicada por la revista TV Semana del periódico El País sobre está presentación, titula Lavoe no quiso alternar con Piper, sin embargo…, el texto es escrito por Santos Colón, y sin hacer mención al titulo, el lector se queda sin saber cual fue la situación con Piper Pimienta que por su mensaje debió a ver pasado por quien acompañaría al cantante como telonero, y la no aprobación de la estrella salsera. El concierto se realizó en el Coliseo Evangelista Mora, el cronista alerta que dos días antes de la presentación estuvo pensando en el momento que comenzara a sonar Mentiras, Hacha y Machete, Periódico de Ayer, aquellos que cantó con la orquesta de Willie Colón, que no podía olvidarse de ninguno, y que si lo hacia los pediría a gritos: “Y así sucedió. Del Evangelista salía humo y no era para más. Prohibido entrar licor; y las canecas brillaban de mano en mano como en las grandes fiestas latinas del Yankee Stadium”. Sobre las acciones de Lavoe en escena: cantando, improvisando, bailando, secándose el sudor, recibiendo licor, tirando las maracas cuando terminó su última escena, recibe el escritor una queja de alguien que dice que “maleducados estos soneros”, y la respuesta:
[…]  “oiga señora, oiga señor, esto es así, es la salsa comprende? Y algo raro tiene que pasar cuando se piden permisos en tantas fábricas, los buses llegan atestados de gentes de todos los barrios, el traje dominguero para esta ocasión, expresión alegre para la cara, aplausos, y definitivamente, estamos bien, muy contentos, ese pelao del trombón, la trompeta del gordo, timbaleta, tumbadora, Lavoe y otra vez Lavoe “Ay que soba y soba, ay que soba y soba”…, que vaina la policía se lleva a un muchacho, rechifla, quebrar de botellas “ay que soba y soba”, sentado en al radiopatrulla con la cabeza entre las manos, triste muy triste compay, y pensar que pago buena parte de lo que trabaja en al semana rompiéndose el coco, mujer falacia impostora de caricias, la ambulancia corrió rauda por la avenida, ese tipo se quebró la pierna por estarse colando, pa’lante, alta la frente, el gordo de la filmadora parece un trompo bailando vinieron todos para oírme guarachar, dos piezas más y punto final; rellenas, jugos, cholaos,  maíz, pisones y no hay plata para ir a bailar, cuanto vale el “cover”?, mejor me voy a dormir, tengo que trabajar mañana, lástima, no cantó el Todopoderoso ni Panameña, pero vamos jugando…    

Lavoe regresó a inicios del mes de agosto de 1978, y en una crónica del periódico El País, responde algunas preguntas concernientes a sus inicios y trabajos con Pacheco y Colón, y sus afectos en Europa, New York, y Panamá como artista reconocido de lo que él llama la “cultura latina”. Sobre el afán del periodista sobre escuchar que “Cali es la capital de la salsa” por boca de HL., recibe la respuesta “Eh chico, si tu quieres saber de todos los sitios que he visitado en el mundo y donde he actuado, cuál ha sido el que me ha comido el corazón y me ha trastornado el cerebro, pues te diré que es Buenaventura”. Referencia su canción “Periódico de Ayer” de Tito Curet Alonso  como la más exitosa en ese momento, además de afirmar que si le tocará escoger una orquesta de salsa en donde cantar, escogería al Eddie Palmieri, y respecto  a las  orquesta colombianas, menciona a Fruko y sus Tesos, con los que había participado en Panamá. Una semana después publican la segunda parte de la  reseña que anuncia:
[…]Esa noche el gimnasio “Evangelista Mora” sirvió no como escenario para uno de los shows más esperados de la salsa en Cali, sino para ratificar la especia ya circulante: Cali no es la capital Mundial de la salsa”. Ni el concurso de bailarines, un tanto desorganizado y “cursi” (como realmente lo fue), ni el espíritu alegre y desbordado de  Piper Pimienta Díaz, estrenando su “Banda Pimienta”, y menos la calidad y show de Héctor Lavoe, sirvieron para despertar a la masa congregada en el frío coliseo.
A Lavoe se el fue la respiración. Gran parte de su actuación la dedicó a tratar de motivar a los asistentes, pero todo fue inútil. 
Sólo seis canciones y el “Monstruo de la Salsa”, aterrado y confundido, tuvo que parar. Disgustado por la frialdad de los caleños y desesperado ante una inesperada asfixia, tuvo que claudicar. “Realmente Cali no tiene sabor”, dijo y agregó “me quedo con Buenaventura”, nadie le jala, dijo.
Héctor tiró el micrófono, bajó corriéndolas escalas del tablado y rápidamente buscó refugio  en uno de los camerinos.
Aquella noche del jueves tres de agosto sirvió para que Cali se hundiera y Buenaventura quedara exaltada como la nueva Capital de la Salsa. 



 La referencia de prensa nos muestra  la gran impresión que Buenaventura le dejo a H.L, espacio geográfico que más adelante le sirviera para descansar de sus días musicales en la discoteca Juan Pachanga Charanga de Juanchito. Igual, porque descubrimos como el cantante se acercó a las formas de asumir la rumba en ese público que ya lo hacía suyo dentro de las esferas del ritmo salsero, una con más ímpetu que otra, como ocurre en los pobladores de Buenaventura. Música y ritmo de Lavoe que todavía escuchamos en la oferta radial que programa diariamente alguna canción, o que anualmente no deja escapar la fecha de su deceso para realizar homenajes de toda índole; también en los espacios de rumba de acá o allá, no falta “una” que invite “a brillar baldosa”, con viejos y nuevos oyentes que lo descubren y redescubren en su son, ton, y sabor, recordando que “es chévere ser grande, pero es más grande ser chévere”.    


Finalmente, a Héctor lo vemos en su diversos registros fotográficos casi siempre vinculados a las caratulas de sus discos grabados con el sello Fania en compañía de Willie Colón o en solitario. En registros privados que hacen su paso al archivo general fotográfico de su fans, aquellos que descubrimos bajo las sombras de los espacios rumberos. En videos montados en la web con viejas y conocidas presentaciones, y nuevas imágenes en auge o declive de su carrera. En cuanto a la vida del cantante y sus puestas en escena, en el 2006 se estrenó la publicitada cinta El Cantante, protagonizada por Marc Anthony, y dirigida por el cubano  León Ichaso, película que recibió recias críticas por su argumento, y extensos aplausos por la puesta en escena musical en la voz de su protagonista; igualmente, se realizó una obra teatral de gran éxito llamada ¿Quién mató a Héctor Lavoe? producida por David Maldonado y con la actuación en un primer periodo del cantante Domingo Quiñones, y luego por el actor Raúl Carbonell, quién protagoniza al cantante en la película Lavoe, la historia no contada de Anthony Felton estrenada en el 2010.         
                   
Fuentes e imágenes
-Revista TV Semana, periódico El País, Sábado 12 de marzo de 1977.  
-Fernando Ortiz A., Revista Viernes Cultural, periódico El País, Sábado  4 de agosto de 1978.
-Fernando Ortiz A., Revista Viernes Cultural, periódico El País, Sábado11 de agosto de 1978.




8.9.11

“La Voz” pasó por Cali –primera parte-

-Padre nuestro que estas en la salsa, sacrificado sea tu saoco, papá Dios. No nos dejes caer en al tentación del Rock, líbranos de las raspas, protégenos de las guascas, panelas, y merengues dominicanos. Salsifica nuestro guaguancó, así como nosotros los caleños, los latinos, adoramos el yenyeré, el bolero y la frenética salsa, esperando tu protección melómana, esta tarde, como todas las tardes caleñas…-“El Loco” Valencia en “La Calle esta dura” Rumba Stereo FM Cali, en el documental “La Voz”.     

Suenan con fuerza los trombones, y entra el  coro “llegó la banda tocando salsa, para que entre en la bachata”, y muchas parejas se levantan en son bajo la leve tonalidad de unas luces que se confunden con los colores de las vestimentas de los rumberos. Luego, es inconfundible el cantante que complementa la pieza musical con su “todos están bien contentos, porque le viene a tocar, un grupo de bandiditos de la escuela musical”, se trata de Héctor Juan Pérez Martínez, mejor conocido como Héctor Lavoe. Nacido el 22 de septiembre de 1946 en Ponce Puerto Rico, y fallecido el 29 de junio de 1993 en la ciudad de New York, espacio que lo albergó a inicios de los sesentas para empezar su periplo musical hasta llegar a conformar una de las parejas más recordadas del escenario salsero junto al “malo de Bronx”  Willie Colón, y luego pertenecer a la Fania Alls Star, y ganarse el seudónimo de “el cantante de los cantantes”. 
En el año 2005 aparece el documental La Voz de Benoit de Vilmorin y Etienne Sevet, que si bien no es un documental con factura técnica deseable en cuanto su montaje y aprovechamiento del espacio que presenta en New York, Puerto Rico, Cali y Buenaventura, si lo es por algunos aportes de los entrevistados, entre los que se encuentran cantantes, músicos, locutores, académicos, y personas aficionadas a la figura del que decían era el rey de la puntualidad. Entre datos y entrevistas, vemos imágenes de algunos de sus conciertos memorables: En Panamá cantando “Todo tiene su final” en 1973, en el Coliseo Roberto Clemente de Puerto Rico en 1974 cantando “Mi gente”, con Willie Colón en el mismo San Juan en la Super Salsa de 1978 cantando “Che Che Colé”, en Guaynabo –Puerto Rico- cantando “El Cantante” en 1985, y en el Callao –Lima, Perú- en 1986.
Inicialmente Cheo Feliciano afirma que Héctor era el niño mimado en la Fania Alls Star, cumpliendo un papel importante cuando saltaban a la vista discrepancias, siendo él quien bajaba la tensión con un chiste o algo divertido para entrar en nuevo estado y acabar los problemas. Para uno de sus fanáticos en Cali, rumbero de oficio llamado Hugo Carteras, la música de Lavoe es algo “como si viniera del cielo, como si llegará un rayo de luz, lo cogiera a uno por dentro, lo alumbra todo, y se siente uno con fuerza, lo pone a llorar, pero no de tristeza, sino de alegría”. El periodista y amigo del cantante, Jairo Sánchez, nos dice que H.L era un hombre de extremos: el mejor cantante, la mejor voz, el mejor sonero, el mejor drogadicto.
Su hermana, Priscila Pérez, anuncia que él sabía que en New York había mejor ambiente para el canto, porque desde niño siempre le gusto la música, ganando a los 5 años un premio en una de las emisoras radiales del época, y cantando a los 9 años en televisión. Entra en escena Willie Colón relatando sus inicios musicales y su encuentro con H.L bajo el auspicio de Jerry Masucci y Johnny Pacheco con el sello Fania, un anecdotario que involucra asuntos de rencillas entre la banda de Lavoe –La New Yorker- y la de Colón –La Dinámica-; también contextualiza un poco el cómo nace la salsa, anunciando: “las leyes de aquí eran las mismas que en Sudáfrica, y esto hasta 1963-1964, éramos separados pero unidos, víctimas de discriminación, Martín Luther King marchaba hacia Alabama, y nosotros recibíamos palizas por nuestras descargas en el Bronx; para decirte que en el nacimiento de la salsa, aunque las letras de las canciones no eran directamente políticas, el mero hecho de estar tocando esta música extraña, en un país aun más extraño, como comunidad al margen de la sociedad, era como un desafío”.
Partiendo de las imágenes de H.L en el concierto de la “Feria del Hogar” en Perú 1986, en son de plena “Helena Helena, Helena Helena, Helena tiene un bombón, yo me voy negrita santa, pal barrio de San Antón”, Cheo Feliciano explica que es la plena en Puerto Rico, que según él, “no es otra cosa que la prensa hablada, en esta se habla de los sucesos del día, para aquellos que no tenían la radio, ni los medios para el periódico, por lo tanto escuchaban la plena”. El complemento de esta reflexión son imágenes del año 2004 de un grupo de personas que cantan “plenas” en el barrio de San Antón en Ponce Puerto Rico, y en Santurce barrio del municipio de San Juan.

El profesor Alejandro Ulloa de la Escuela de Comunicación de la Universidad del Valle, afirma que H.L no sólo cantó, sino que encarnó en vida, las letras que cantaba: “Una cosa es que un músico como Maelo Ruíz, Víctor Manuel, el mismo Gilberto Santa Rosa que son músicos de clase media, con buena educación, le canten a la salsa. Y otra cosa es que usted venga de la calle -de una cárcel, como Ismael Rivera-, como si era H.L como si era Cheo Feliciano, como si fueron otros cantantes. No solamente le cantaron a ese mundo, sino que ellos eran de ese mundo. Y como la salsa aquí fue de la marginalidad y del malandro, pues H.L encarnaba esa figura social”. La reflexión del profesor Ulloa esta ligada con el crecimiento de la ciudad, y la construcción de los barrios populares en la ciudad de Cali, donde la música venida de la Habana, México, Puerto Rico y New York, entra a ser un habitante más de la vida cotidiana que se construye, bajo la rumba callejera o privada.

Sobre las dificultades de H.L y sus vicios, dicientes inclusive con su tema “todo tiene su final”, Gilberto Colón afirma que “él daba la impresión de que todo estaba bien, pero no lo estaba por sus innumerables problemas, con otra dificultad, el quería estar en un status social que la plata de él, lo permitía, pero que él no quería estar allí…, no tenía esa gentileza, él era de la calle”. Del tema habla igualmente el violinista Alfredo de la Fe, narrando una anécdota sobre H.L y las drogas, así como el congoncero Eddie Montalvo y sus historias con las eternas rumbas. El tema empata introduciendo la voz en off del documental con la llegada de Lavoe al Cali de los ochentas, anunciando: “En New York se destaca por su desfachatez, dándole guerra a más de un empresario. Desprestigiado en el circuito, y negándose a convertirse en uno de esos cantantes para turistas de paraísos caribeños, embarca en el avión privado de su amigo colombiano Larry Landa, adinerado melómano de fortuna sospechosa rumbo a Cali”.


La historia de H.L con Cali, en palabras de Jairo Sánchez, empieza con las orquestas de salsa que llegaban a la ciudad en los setentas, porque la “sucursal del cielo” se convirtió en el epicentro del género musical. El timbalero Pichirilio, afirma que en el año 1979 él tocaba y dirigía un grupo de Piper Pimienta, época en el que Larry Landa trae de gira a H.L con su orquesta, conociéndolo en tarima, que luego en 1983, Larry lo trae a vivir a Cali, para ayudarlo en sus adiciones a la droga, contratándolo para diversos shows en su discoteca Juan Pachanga Charanga, y organizándole un grupo con el mismo nombre, del cual hizo parte. Del empresario caleño aparecen algunas referencias concernientes a su oficio, su hijo Juan Carlos Araque, afirma que la situación de Lavoe en Cali era tenaz por lo que vivía, de su padre afirma que inicio su negocio alquilando equipos de sonido y música para fiestas en la ciudad, reconocido como “ritmo lala”, cambiando luego su nombre a Larry Landa, reconocido internacionalmente por traer a los salseros del momento a la capital de la salsa, en épocas donde el producto interno bruto colombiano, comenzaba a tener fama internacionalmente por la “exquisitez” de la cocaína de exportación directa al país del norte, entonces, bajo viajes clandestinos, nos regresaba -según uno de los entrevistados-, otros tesoros, música caribeña expresada en salsa bajo la batuta de Pete “El Conde” Rodríguez, Héctor Lavoe, The Lebrón Brothers, El Conjunto Cásico los Rodríguez, La Sonora Ponceña, y otros exponentes de reconocida fama.

Su vida en Cali era entre shows en Juan Pachanga Charanga –Juanchito- con 10 o 1000 personas escuchándolo, improvisando todas las noches y cantando boleros, más las presentaciones privadas de la época, donde según Alfredo de la Fe, H.L era el más cotizado, con espectáculos que duraban hasta dos días, bajo la presión de quienes pagaban. Su ritmo era de largo, salía de las presentaciones a las seis de la mañana, se dirigía al apartamento de Alfredo de la Fe, saliendo a las once de la mañana para luego ir a la ciudad y mezclarse con la cotidianidad, sin embrago -prosigue Jairo Sánchez-, su sitio preferido era Buenaventura, porque encontraba allí sus raíces; complementa esta reflexión la de un melómano que narra como el influjo de este espacio costero al ser puerto, sirve de entrada de los acetatos que nutrirían la cultura musical de la región, ya que los nativos al ser empleados de los buques cargueros que llegaban, lograban obtener un dinero que la mayoría de las veces era invertido en un buen equipo musical, y la compra de discos vinculados al fenómeno salsero, formando una nueva cultura musical vinculada a los sonidos de New York.

Fuentes
-Documental “La Voz”
-Imagen tomada de http://medardoarias7.blogspot.com/ -Lavoe ensayando en el Club Juan Pachanga.